La píxide, también conocida como porta viático o caja de formas, es un pequeño recipiente, generalmente cilíndrico y con tapa, que desempeña un papel fundamental en la liturgia católica. Es uno de los nombres más comunes para los recipientes utilizados para transportar y almacenar las hostias consagradas.
Historia y Materiales

Las píxides, dada su función sagrada, son piezas de gran importancia dentro de la Iglesia Católica. Históricamente, han sido fabricadas en metales preciosos o con baños de oro tanto en el exterior como en el interior. También existen muchos diseños hechos de latón. Las tapas de las píxides suelen estar decoradas con elementos relacionados con la Comunión o con Cristo, reflejando su significado teológico.
La Píxide y la Eucaristía
Las Hostias Consagradas están profundamente relacionadas con la Eucaristía y con las celebraciones litúrgicas. Un sacerdote, diácono o persona autorizada frecuentemente lleva la Eucaristía a personas fuera de la iglesia que desean recibir la Sagrada Comunión. La píxide es el recipiente esencial para esta labor pastoral.
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El Viático: Provisión para el Camino
El Viático, conocido como provisión para el camino, es el nombre que se da a la Eucaristía recibida por los moribundos. Este sacramento se ofrece como alimento y fortaleza espiritual en el momento de la muerte. El Viático se administra tanto en la Misa como fuera de ella, proporcionando al moribundo la comunión bajo las dos especies cuando es posible.
Durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, existía la costumbre de custodiar una o varias hostias consagradas en el domicilio. Sin embargo, tanto en Oriente como en Occidente, a partir del siglo V esta costumbre deja de estar permitida, y la Reserva solo podía ser preservada en las iglesias.
Otros Vasos Litúrgicos Relevantes
Además de la píxide, existen otros vasos litúrgicos de gran importancia:
El Cáliz
El cáliz es el principal y primero de todos los vasos sagrados y sirve para la consagración del vino que se ha de transformar en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. El Redentor en la Última Cena usó un cáliz para instituir la Eucaristía.

En los siglos II y III se usaron cálices de vidrio y también de plata y oro. Tertuliano ya nos habla de cálices decorados con la figura del Buen Pastor. Luego que la Iglesia disfrutó de la paz, se vio agasajada por Constantino con ricos dones, entre los que se cuentan preciosos cálices de plata y oro. En el siglo VIII se permitió a las iglesias muy pobres que pudieran tener cálices de estaño para celebrar; pero no de vidrio o de madera, ni tampoco de latón o cobre, para que no se formase cardenillo y pudiese provocar el vómito.
Evolución de los Cálices
Como en los primeros siglos de la Iglesia los fieles participaban de las dos especies en la Comunión, los cálices eran de mucho mayor tamaño que los actuales y aún se usaban dos o tres cálices. El arte cristiano, al enriquecer los cálices con dibujos, esmaltes y piedras preciosas, no dejó de expresar en ellos ideas altamente teológicas, representando unas veces los misterios de la vida de Cristo, especialmente su Pasión; otras, símbolos de la divina Escritura, como el maná del cielo, la serpiente de bronce, el agua que brota de la roca, el racimo de uvas de la tierra de promisión, el cordero pascual, los panes de la proposición; otras, las virtudes cardinales o teologales, etc.
La Patena
Al igual que el cáliz, la patena es un principalísimo vaso litúrgico. Las mismas disposiciones rigen para aquel que para esta, y ambos pasaron por vicisitudes semejantes. Es ya antiquísimo el uso de la patena, y de ella hacen mención las liturgias primitivas.

Como la costumbre en los primeros siglos de la Iglesia era que los fieles comulgasen dentro de la Misa, por eso las patenas eran entonces grandes y más hondas que las actuales. En ellas se colocaba el Pan eucarístico y se fraccionaba y repartía la Comunión. Por eso se les llamaba, como a los cálices, ministeriales. Para manejar esas patenas muchas de ellas tenían asas, y resultaban una especie de bandejas. Había patenas no solo de oro y plata, sino hasta de vidrio.
De estas grandes patenas con tapa evolucionaron los copones o ciborios que hace derivar su nombre de "cibus" (comida) porque contiene el pan del cielo. Los copones, altos a la manera de cálices pero con tapa y cubiertos de conopeo recuerdan las antiguas torres eucarísticas que servían de tabernáculo o sagrario.
La Custodia
Para exponer el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles y para llevarlo en procesión se usa un vaso que se llama custodia porque guarda la Hostia Santa. También se llama ostensorio, de osténdere (mostrar) porque en él se manifiesta, se expone a la vista y se muestra la Sagrada Eucaristía al pueblo.

La costumbre de exponer el Santísimo data de la Edad Media tras la negación de la presencia real de Cristo en la Eucaristía por Berengario en el siglo XII. Al principio se exponía en los mismos copones, y así no era visible la Hostia, sino el vaso en el que estaba, como se hace hoy con la exposición menor. En el siglo XV ya las custodias fueron definitivamente de la forma actual. En la época del Renacimiento se construyeron asimismo en forma de templete pero de estilo romano y desde fines del siglo XVI se empiezan a dar las que hoy están más en uso en forma de sol radiante, las cuales en el siglo XVIII llevan círculos de cabecitas de ángeles rodeando al viril central.
Custodias en España
En España se denomina también "custodia" a un tipo de pieza de orfebrería, en forma de torre de regular altura, en la que se entroniza para ser procesionada la custodia propiamente dicha. Para diferenciarla de esta, se la suele llamar también custodia de asiento. Las mayores y más artísticas custodias de asiento se encuentran en las catedrales de España y entre ellas, destacan las de la familia Arfe de orfebres españoles de origen alemán.
| Orfebre | Custodias Destacadas | Estilo |
|---|---|---|
| Enrique de Arfe | Toledo, Mezquita-Catedral de Córdoba | Gótico tardío |
| Antonio de Arfe | Catedral de Santiago de Compostela, Medina de Rioseco | Plateresco |
| Juan de Arfe | Ávila, Sevilla, Valladolid | Plateresco |
Las ya mencionadas de Toledo y Sevilla junto a la de Baeza, se consideran las más importantes de España por su valor artístico, siendo la última realizada por el Antequerano Gaspar Núñez de Castro y la única de estas características que procesiona a hombros de portadores u horquilleros, detalle que le otorga gran vistosidad y devoción a la fiesta.