A todos nos ha pasado más de una vez que un guiso, como la batata guisada, parece saber mejor al día siguiente de prepararlo. Esta experiencia culinaria no es una casualidad, sino que tiene una explicación científica. La doctora Kantha Shelke del Instituto de Tecnólogos de Alimentos de Estados Unidos explica que "a medida que la comida se enfría y se deja reposar en el refrigerador, y luego se vuelve a calentar, algunas de estas reacciones continúan teniendo lugar, lo que mejora el sabor". Esto demuestra que los alimentos no finalizan su proceso una vez cocinados, sino que su elaboración continúa.
Un buen ejemplo de ello es la carne guisada, ya que el colágeno de la misma se convierte en gelatina incluso hasta media hora después de haber estado en el fuego. Las patatas y las batatas son otros de los ingredientes que mejoran su sabor cuando los platos están reposados porque, al enfriarse, absorben su propia composición y estructura molecular, tal y como señala Shelke. Por lo que parece que los guisos, los caldos y todos las legumbres cocinadas mejoran su sabor cuando tienen un pequeño reposo.
Sin embargo, para disfrutar de estos beneficios y garantizar la seguridad alimentaria, es crucial almacenar y recalentar correctamente la batata guisada.

Conservación segura de la batata guisada
La clave para la seguridad de los alimentos es conservar la temperatura tanto de las comidas calientes como de las frías. El objetivo es reducir el tiempo que los alimentos permanecen en la “zona de peligro”, que es una temperatura de entre 40 y 140 grados Fahrenheit (entre 4 y 60 grados Celsius), donde las bacterias crecen y se reproducen con facilidad.
Para ello, la mejor opción es poner las sobras en el refrigerador apenas termines de comer. Después de 2 horas, es necesario enfriar los alimentos que estuvieron fuera del refrigerador a temperatura ambiente típica en una fiesta o un pícnic. En verano, este tiempo se reduce a una hora.
Las sobras se pueden guardar durante 3 o 4 días en el refrigerador. Después de eso, el riesgo de intoxicación alimentaria aumenta, ya que pueden aparecer gérmenes, también conocidos como bacterias. Generalmente, las bacterias no cambian el sabor, el olor ni el aspecto de los alimentos, por lo que no se puede saber si es peligroso comer algo. Si crees que no podrás comer las sobras dentro de 4 días, congélalas inmediatamente. Las sobras congeladas se mantienen durante un tiempo largo.
Consejos para refrigerar correctamente
La comida cocinada deberá ser refrigerada en recipientes limpios antes de que se haya enfriado completamente. La lógica nos dice que no hay que meter corriendo la olla hirviendo de legumbres o el guiso de turno en la nevera. Lo primero es apagar el fuego, apartar la olla o sartén y quitar la tapa. En cuanto deje de hervir, lo más recomendable es traspasar el contenido a los recipientes donde vayamos a guardar la comida, mejor si dividimos en varios más pequeños que en uno solo más grande. Se enfriará y conservará mejor si son de vidrio grueso con una tapa hermética. Si dejamos estos recipientes sobre una cama de hielo o agua muy fría, o si los hemos tenido en el congelador previamente, lograremos templar aún más rápido esas sobras.
Olvídate de guardar la comida en ollas, sartenes o platos con papel film por encima. Asegúrate de conservar tus platos preparados en recipientes herméticos fabricados en materiales adecuados para su conservación, como el vidrio.

El truco del almidón resistente en la batata
La batata, al igual que la patata, contiene almidón. Existe un tipo de almidón muy especial que se conoce como almidón resistente. Se trata de un tipo de almidón al que últimamente se le están atribuyendo propiedades positivas muy relevantes, especialmente para la microbiota intestinal.
El almidón se presenta en forma de pequeños ovillos de glucosa. Durante la digestión, estos ovillos se rompen, liberando glucosa. Sin embargo, en ciertas situaciones, no somos capaces de romper el ovillo de glucosa. ¡El almidón resistente es genial! Al no poder digerirlo, este compacto paquete de almidón será un manjar para nuestras "bacterias buenas" en el intestino.
Tipos de almidón resistente
Es necesario remarcar que no todo el almidón resistente es igual. Existen 5 tipos:
- Tipo 1: Almidón físicamente no digerible. Se encuentra en estructuras celulares que no logramos digerir.
- Tipo 2: Almidón crudo. Por ejemplo, la patata cruda o el plátano verde son ricos en almidón resistente tipo 2.
- Tipo 3: Almidón retrogradado.
- Tipo 4: Almidón modificado químicamente.
- Tipo 5: Complejos lípido-amilosa.
Para obtener el almidón resistente tipo 3, que es el más beneficioso, existe un truco: una vez enfriada la patata (o batata), la podemos volver a calentar, eso sí, a temperaturas no superiores a 130 ºC para mantener la nueva estructura creada y evitar que se vuelva, de nuevo, digerible y absorbible.

Recalentamiento de la batata guisada
Para recalentar las sobras de batata guisada de forma segura, la temperatura interna debe alcanzar los 165 grados Fahrenheit (74 grados Celsius). Revuelve la comida al recalentarla para asegurarte de que no queden partes frías. Es necesario descongelar las sobras antes de cocinarlas.
Hay tres maneras de descongelar las sobras de forma segura:
- En el refrigerador.
- En el microondas.
- Con agua fría.
Cómo recalentar comida corectamente - Recetas de cocina
Almacenamiento de batatas crudas
En numerosas ocasiones nos juntamos con una gran cantidad de batatas o boniatos en casa. Este tubérculo tiene una gran cantidad de beneficios para nuestro cuerpo, pero como hemos dicho en otras ocasiones, de nada conviene abusar. La batata cuenta con carbohidratos buenos, que producen energía para todo el día, nos ayuda con nuestra salud intestinal, con la presión arterial y es una alternativa más que buena a las patatas fritas, puesto que es una guarnición que le da un puntito dulce a nuestro plato y mucho más sana.
Estos tubérculos necesitan almacenarse en un lugar oscuro, que no les dé la luz directa y con una temperatura de entre 13 y 15 grados.
Congelar batatas
Existen varias formas de congelar este producto y, de esa manera, conseguiremos alargar su vida útil hasta un año. Eso sí, debes tener en cuenta que su forma de conservación en congelador es cocinado.
- Congelar en forma de puré: Cocemos el boniato en agua y trituramos para convertirlo en puré. Podemos añadir un chorrito de limón para que conserve su color y no se oxide. Cuando tengamos el puré solo necesitaremos repartirlo en bolsas de congelación o tuppers.
- Congelar en gajos: Como las patatas gajo que compramos congeladas para freírlas directamente. Este tubérculo es un gran complemento para nuestro plato, una guarnición perfecta y un gran sustituto a las patatas fritas. Además, podemos hacerlas al horno de forma mucho más sana. En primer lugar, lavaremos bien los boniatos con su piel (esto nos ayudará a que tengan un punto crujiente por fuera) y los cortaremos en trozos medianos. En un bol aparte mezclaremos ajo en polvo, orégano, tomillo, romero, pimienta, sal, aceite y una cucharadita de miel. Iremos rebozando los trozos en esta mezcla y los repartiremos a lo largo de una bandeja de horno. Este estará precalentado a 180°, para que cuando llegue el momento podamos meterlos a asar, dando pequeñas vueltas cada cierto tiempo para que se hagan bien por todos los lados. Cuando veamos que están doraditos, los retiramos y dejamos enfriar completamente antes de congelar.