El Bordón y la Calabaza del Peregrino: Símbolos Inseparables del Camino de Santiago

Aunque la apariencia de quienes realizan el Camino de Santiago ha evolucionado con el paso de los años, ciertos símbolos del peregrino clásico siguen vivos. Tres de los más conocidos son la concha, el bordón y la calabaza. Estos elementos, junto a otros como la esclavina o el sombrero, formaban parte de la indumentaria de un peregrino cualquiera de la Edad Media y siglos posteriores.

Es innegable que estos símbolos son parte inseparable del Camino de Santiago y de aquellos que tienen el placer de llevarlo a cabo. Por eso sobreviven y se siguen viendo, más allá de su utilidad, como souvenirs y elementos decorativos que conectan al peregrino actual con la rica historia de la ruta jacobea.

Símbolos del Camino de Santiago: Concha, bordón y calabaza

El Bordón del Peregrino: Apoyo y Protección en la Ruta Jacobea

El bordón es el bastón tradicional que usaban los peregrinos, una vara de madera de cierto grosor, larga y recta. Antiguamente, los senderos del Camino de Santiago eran mucho más difíciles y este utensilio era indispensable para hacer más amable el viaje y solventar algunos obstáculos, como pequeños riachuelos en los que hacía falta un impulso para saltarlos.

Se trata de una especie de vara muy recta y larga, que debía tener más altura que la del hombro del peregrino que la iba a usar. Se realizaba con madera resistente y su corte era grueso, hasta alcanzar el pomo con el que se completaba la parte superior del bordón. Su altura ayuda a mantener la espalda recta y a tener un punto de apoyo estable durante largas jornadas de camino.

Pero el bordón no solo servía como apoyo. En ocasiones también era usado como arma con la que defenderse de los bandidos que atracaban en el Camino o de animales salvajes. Otro de sus usos era el de “portaequipajes”. Como representan algunas obras del siglo XV, en la parte final del bordón se amarraba una calabaza llena de agua o vino para hidratarse durante la caminata. Hasta se vincula con un empleo medicinal, ya que usándolo se favorece la circulación del torrente sanguíneo en las manos de los cansados peregrinos.

El Bordón en la Historia y Simbolismo

El primer texto en el que se habla y describe al bordón data del siglo XII: el Codex Calixtinus. En esta obra se explica que el bordón era bendecido en las iglesias junto con el zurrón como parte de un ritual antes de salir hacia Santiago de Compostela. En este sentido, la obra expone que el bordón es el tercer pie del peregrino, y un medio de “defensa del hombre contra los lobos y los perros”, a los que compara con el diablo tentador.

Incluso le otorga propiedades curativas narrando la vez que el apóstol Santiago sanó a un peregrino enfermo con uno. Según cuenta la tradición, en la catedral santiaguera existe una columna de bronce cerca del altar mayor en la que en su día se expuso el bordón original del santo.

Tal es su popularidad que a finales de la Edad Media se incluyó como parte del atuendo de los peregrinos en reproducciones pequeñas bordadas en la ropa. También en las realizadas con marfil, metal, hueso que iban cosidas a los sombreros, conocidas como "bordoncitos".

Representación de un peregrino medieval con bordón y calabaza

Actualmente, muchos peregrinos sustituyen el bordón por el bastón de senderismo. Si valoras la ergonomía sobre la tradición, los bastones te ayudan a repartir el esfuerzo, mejorar el equilibrio en bajadas y proteger las rodillas en descensos largos. Una buena opción intermedia es llevar un bordón como símbolo y usar un bastón técnico cuando el terreno lo demande.

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La Calabaza del Peregrino: La Cantimplora Ancestral del Camino

La imagen característica del peregrino medieval no solo estaba representada por la concha y el bordón, sino también por la calabaza. Esta hacía de cantimplora en la que guardar el agua o el vino, para hidratarse durante el viaje. De esta forma, el santo viajero podía rellenarla cuantas veces quisiera, valiéndose de este recipiente para beber. O también, de acuerdo con la solidaridad inherente al Camino, ofrecer agua a quien lo necesitara para refrescarse.

La especie utilizada es la Lagenaria siceraria, conocida como calabaza del peregrino o calabaza vinatera. El uso de la calabaza peregrina es anterior a la historia del Camino de Santiago, usada en un inicio por la población africana, de donde posteriormente se extendería a América y Europa.

Preparación y Características

Antes de usarla, los peregrinos tenían que prepararla para su óptimo uso. Para ello vaciaban la calabaza de semillas y posteriormente la ponían a secar, endureciéndose durante el proceso. Existen dos métodos principales para "curarla":

  1. Enterradas: Se metían en un pequeño barranco enterradas desde septiembre hasta marzo. Se les cortaba el pedúnculo, se les hacía un agujero y se rellenaban con piedras pequeñas y agua, agitándolas diariamente por 4 o 5 días.
  2. Sin enterrar: Se dejaba secar simplemente al aire y se curaba de manera similar al método anterior, aunque era un proceso más lento.

Las calabazas más grandes se usaban para agua, mientras que las más pequeñas, a menudo forradas con piel de cabra, se utilizaban para vino o vinagre. Dado su bajo coste y la inexistencia de botellas o cantimploras como las que se llevan hoy, no tardó en convertirse en uno de los grandes imprescindibles para realizar el Camino de Santiago. Para transportar el recipiente sin que entorpeciera el caminar, los peregrinos se la amarraban a la cintura o al propio bordón.

Calabazas del peregrino decoradas como souvenirs

Otros Usos de la Calabaza Lagenaria Siceraria

La versatilidad de la Lagenaria siceraria va más allá de su función como cantimplora en el Camino de Santiago. A lo largo de los siglos, sus aplicaciones han sido variadísimas:

  • Recipientes domésticos: En la Calabria Extremeña, por ejemplo, se usaba para contener agua, conservando su sabor y frescura.
  • Almacenamiento de semillas: En la región de Cuenca, se colgaban al cuello para transportar las diferentes semillas que iba a plantar el agricultor.
  • Recipiente de pólvora: En algún tiempo sirvieron a los cazadores para guardar pólvora.
  • Flotadores: Se han usado como flotadores en las redes de pescar e incluso como antiguos flotadores de bañistas.
  • Instrumentos musicales: También se utilizan para fabricar diversos instrumentos, como una caja de resonancia, algunos instrumentos de percusión y de cuerda.
  • Artesanías y ornamentos: Hoy tienen más aplicación como ornamento, apreciada por su variedad de formas y colores. Una vez secadas, pueden ser decoradas con pinturas o marcas de fuego.
  • Decoración y sombra: Se usaban para adornar y dar sombra a pérgolas y verjas, cubriéndolas con una densa masa.
  • Disfraces: En la Calabria Extremeña, eran usadas por los "pantasmas" (fantasmas) para ponerse en la cabeza y asustar a la gente.
Usos históricos y actuales de la Calabaza del Peregrino (Lagenaria siceraria)
Uso Descripción Período/Contexto
Cantimplora Almacenar agua o vino para hidratarse durante el viaje. Desde la antigüedad, especialmente en el Camino de Santiago.
Recipiente doméstico Contener líquidos, como agua, conservando su frescura. Uso tradicional en diversas regiones, como Extremadura.
Transporte de semillas Para llevar semillas a plantar por los agricultores. Uso agrícola, por ejemplo en Cuenca.
Contenedor de pólvora Almacenar pólvora para cazadores. Antiguamente.
Flotador En redes de pescar y como ayuda para bañistas. Antiguamente.
Instrumento musical Fabricación de cajas de resonancia, percusión, cuerdas. En diversas culturas, especialmente cálidas.
Ornamento/Artesanía Decoración, pintadas o con marcas de fuego. Desde la antigüedad hasta la actualidad.
Sombra y decoración Cubrir pérgolas y verjas. Uso ornamental.
Disfraces Como parte de indumentaria para asustar (ej. "pantasmas"). Tradiciones populares hasta la Guerra Civil en algunas zonas.

Origen y Distribución Geográfica

El origen geográfico de la Lagenaria siceraria ha sido objeto de numerosos debates. Es pantropical y subtropical esencialmente. Se han encontrado pruebas de su distribución desde muy antiguo, tanto en el Viejo Mundo como en el Nuevo. Se han encontrado ejemplares en tumbas egipcias que datan de 3500 a 3300 a. de C., en entierros peruanos fechados aproximadamente en 3000 a. de C. y en cuevas de México de aproximadamente 7000 a. de C.

La explicación más lógica para su distribución global se da por dispersión natural de las semillas, y no cultural. Experimentos realizados han demostrado que estos frutos pueden flotar durante períodos tan prolongados como dos años en agua de mar sin que las semillas pierdan su capacidad de germinar, lo que permite su propagación a través de los océanos.

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