El calabacín y la berenjena son dos verduras versátiles que nos permiten crear una gran variedad de platos deliciosos. A menudo, cuando están en temporada, tendemos a comprar más de lo que podemos consumir, y congelarlos es una excelente manera de conservarlos para disfrutar de su sabor en cualquier momento del año. En este artículo, exploraremos diversas formas de aprovechar el calabacín y la berenjena congelados, transformándolos en platos exquisitos y nutritivos.
Ensalada de calabacín y berenjena marinados
Una excelente opción para los días calurosos es una ensalada de calabacín y berenjena marinados. La idea de hacer esta receta surgió de un libro que siempre tengo a mano, Simply Vibrant, de Anya Kassoff. Los protagonistas son el calabacín y la berenjena, horneados y luego marinados. Con ellos puedes hacer maravillas: ponerlos en una ensalada, meterlos en un bocata, echárselos a un poco de pasta, o comértelos tal cual solos. Están deliciosos.
Para prepararla, corta las berenjenas y los calabacines longitudinalmente en cuartos, y puedes hacer trozos de diferentes tamaños. Hornea durante 20 minutos. Una vez horneados, marínalos a tu gusto. Pon en un recipiente las lechugas y hojas verdes que más te apetezca. Si no tienes edamame, te propongo que, como legumbre, le eches garbanzos cocidos o alubias blancas. Esta ensalada es perfecta para una cena ligera y refrescante.

Albóndigas de calabacín y berenjena
Las albóndigas de calabacín y berenjena son una receta fácil y, aunque requiere de tiempo y paciencia, el resultado merece ese pequeño esfuerzo. Se pueden preparar en cualquier época del año, y quedan muy jugosas. Pelamos y picamos finamente el diente de ajo y la cebolla. Calentamos un poco de aceite de oliva en una cacerola o sartén grande y pochamos a fuego suave.
Mientras tanto lavamos el calabacín y lo rallamos. Cuando el ajo y la cebolla estén transparentes añadimos el calabacín rallado y la berenjena picada. Sofreímos a fuego bajo durante 20 minutos, removiendo de vez en cuando. A continuación añadimos los tomates, previamente rallados, y sofreímos 10 minutos más o hasta que quede líquido alguno.
Cuando la mezcla de verduras esté fría la mezclamos con el huevo batido y cinco cucharadas de pan rallado. Salpimentamos al gusto y condimentamos también con una cucharadita de perejil seco. Tomamos pequeñas porciones de la mezcla (que es bastante blandita) y formamos las albóndigas, que pasamos por pan rallado y freímos en abundante aceite muy caliente. En cuanto estén doradas las retiramos y dejamos escurrir el exceso de grasa sobre papel absorbente. Servimos calientes o frías. Al gusto.
Albondigas de calabacín | vegetariana| saludable| Ros Emely
Ratatouille con vegetales orgánicos
Sumérgete en el encanto de la cocina provenzal con esta exquisita receta de ratatouille, elaborada con ingredientes orgánicos de temporada. Cosechados con cuidado y respeto por la tierra, los vegetales orgánicos utilizados en esta receta aportan una frescura inigualable y un sabor auténtico que te transportará directamente a los campos del sur de Francia.
Cortar en rodajas el tomate, calabacín, berenjena y cebolla. En una fuente de horno, colocar primero el sofrito de cebolla, pimiento y tomate, y encima del sofrito colocar las rodajas de tomate, calabacín, berenjena, y cebolla de forma alterna, hasta cubrir la fuente, salpimentar y por último añadir el orégano por encima.

Pisto de calabacín y berenjena
Preparamos pisto de calabacín y berenjena, con pimientos verdes italianos, cebolla y tomate frito, todo un clásico de la cocina Manchega.
Lo primero que hacemos es pelar los calabacines y las cebollas. Lavamos bien las berenjenas y los pimientos. Picamos los cuatro ingredientes, por separado, en cuadraditos y los reservamos. En una cazuela ponemos el aceite y la cebolla y, a fuego lento, dejamos que la cebolla se haga unos cinco minutos. Después añadimos el pimiento y esperamos otros diez minutos, moviendo de vez en cuando para que no se nos queme.
Una vez que cebolla y pimiento están casi hechos, añadimos el calabacín y la berenjena y rehogamos un poquito. Añadimos el bote de tomate y la sal (al gusto). Dejamos que se haga, siempre a fuego lento, durante 40 minutos. Podemos servir fría o templada, aunque a mí me gusta recién hecha.

Crema fría de calabacín
Las cremas de calabacín bio entran muy bien en cualquier época del año, pero si no las has probado en frío en verano seguro que te van a sorprender. Primero de todo ponemos una sartén con una pizca de aceite de oliva virgen extra. En ella iremos pochando las verduras bio cortadas en trocitos hasta que estén empezando a ponerse tiernas y doraditas. Es el momento de añadir el orégano y otras especias que nos apetezcan. El tomillo también le pega mucho. Entonces las pasamos a un vaso de batidora y las trituramos bien añadiendo el yogur. Podemos poner más o menos cantidad de yogur según los comensales y cómo de cremosa queremos que quede nuestra crema. ¡Y ya está! Ya solo nos queda ponerla a enfriar en la nevera para que esté bien fresquita. Es un plato ideal para una cena suave y refrescante.
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