Desde hace unos años, una corriente en entornos pseudocientíficos, redes sociales y medios de comunicación cuestiona el consumo de leche después de la lactancia, argumentando que el hombre es el único mamífero que sigue consumiéndola después de esta etapa. En base a estas afirmaciones, podríamos preguntarnos: ¿tiene alguna base científica esta afirmación?
La costumbre de tomar leche es relativamente moderna en la historia del Homo sapiens, como consecuencia de un interesante proceso evolutivo.
La leche en la historia y la evolución humana
Desde el Neolítico (hace más de 10.000 años), el hombre ha consumido y utilizado leche de diferentes especies de rumiantes con la aparición de la ganadería y el asentamiento de las poblaciones nómadas.
Fue indiscutible su importancia en las civilizaciones antiguas. A quién no le suenan los baños de Cleopatra en leche de burra para conservar su inigualable belleza en tiempos egipcios; la leyenda de Rómulo y Remo, legendarios fundadores de Roma, amamantados por una loba; y en el esplendor griego, la glorificación de la leche cuando dio nombre a nuestra galaxia, la Vía Láctea, al considerar que nació del líquido nutricio liberado por los pechos de la diosa Hera.

Primeros indicios arqueológicos del consumo humano
Restos de leche hallados en vasijas documentan su consumo habitual en humanos, más allá de la lactancia, desde hace más de 6.000 años. Esta costumbre se produjo a partir de la domesticación de herbívoros rumiantes, por ser menos peligrosos y más fáciles de manejar que los carnívoros. Además, no competían directamente por los alimentos con nuestra especie.
La obtención de la leche tampoco comprometía la vida de los animales. Este proceso, conocido como la revolución de los productos secundarios, permitió la selección y especialización de especies como vacas y cabras. Así se produjo el paso de las comunidades cazadoras-recolectoras a las primeras sociedades agrícolas y ganaderas.
Adaptación humana al consumo de leche
La digestión de la leche está regulada, principalmente, por dos factores: la presencia de microorganismos que consumen lactosa -un tipo de azúcar exclusivo de la leche- y la acción de la lactasa. Esta enzima es la responsable de descomponer la lactosa en azúcares más sencillos y lograr su absorción hacia la sangre.
Estudios arqueológicos y genéticos han determinado que los primeros humanos que consumieron leche no podían digerir la lactosa. Solo pequeñas proporciones de la población tenían esa capacidad hace 8.000 años.
Sin embargo, la asociación cultural de los humanos y los animales productores de leche aumentó rápidamente la distribución de esta nueva capacidad entre las personas. Así surgió la adaptación intestinal para producir lactasa y digerir de manera permanente la leche, mientras no se interrumpa su consumo. A esta nueva característica se le llama persistencia de la lactasa y está determinada en nuestros genes.
Tales mutaciones afectaron a los grupos de humanos que domesticaron animales productores de leche, una ventaja competitiva que se fue heredando por selección natural. Es el caso de las poblaciones del norte y centro de Europa, así como de algunas sociedades del norte de África y Medio Oriente.
En cambio, para las culturas con poca o ninguna relación con animales lecheros resultaba poco útil esta adaptación. Eso explica que en la mayoría de la población asiática, así como en gran parte del continente africano y las culturas nativas americanas, prevalezca la intolerancia a la lactosa.
Somos capaces de digerir la leche y los productos lácteos gracias a un proceso evolutivo de miles de años atrás, donde adquirimos la capacidad de poder tomarla durante todas las etapas de la vida después de la etapa de lactancia materna. Y es esta capacidad de digestión de la lactosa adquirida por la evolución humana la que hoy en día nos hace poder aprovechar los beneficios de este grupo de alimentos, existiendo hoy en día más de 2.000 millones de personas que son tolerantes a la lactosa.
A partir de 1958, fecha en que se establece la obligatoriedad de la producción y comercialización de la leche higienizada (primero la pasteurización y después la esterilización), el consumo de leche aumenta de forma progresiva paralelamente al nivel de formación y poder adquisitivo de la población española. La leche está presente en el 95% de los hogares españoles (según el estudio de la consultora Kantar de 2014) y cada año se comercializan más de 3.200 millones de litros de leche.
Animación: historia de la alimentación humana
Animales que producen y consumen leche en la edad adulta
La lógica es simple: los mamíferos producen leche para alimentar a sus crías, los ovíparos no. No obstante, muchos animales en los que las personas no suelen pensar tienen su propia manera para alimentar a sus crías con leche.
El ornitorrinco: un fósil viviente
Un fósil viviente que nos puede ilustrar el complicado proceso de la evolución de la leche es el ornitorrinco, una maravilla de la evolución. Pone huevos, pero amamanta a sus crías. No es un ave, pero tiene un hocico en forma de pico de pato. Carece de dientes y sus machos tienen un espolón venenoso.
El ornitorrinco jamás ha dejado de sorprender a los biólogos expertos: su peculiar apariencia, su afición por el agua y sus facultades venenosas siguen intrigándolos. Estos animalitos son mamíferos, pero sus crías vienen al mundo en huevos. Previo al alumbramiento, la madre ornitorrinco prepara una madriguera para anidarlos.

Peces y aves: formas inusuales de "lactancia"
Este pez originario de las zonas bajas del río Amazonas comparte la responsabilidad de la lactancia con su pareja. Ambos padres peces secretan una sustancia blanca de sus escamas cuando sus huevos erosionan.
Los mitos que rodean a los animales acuáticos permanecen: si son peces o nadan, producen huevos y, por lo tanto, no producen leche, ¿no? ¡Pues no! Los delfines son una de las muchas especies acuáticas mamíferas y producen leche para su descendencia. Los pequeños delfines nacen de la manera usual: crecen en el vientre de la madre conectados mediante el cordón umbilical y reposando en la placenta hasta que llega el momento.
Las palomas también son una especie en la que ambos padres producen leche. El líquido resultante se conoce coloquialmente como "leche de buche". Este nombre se debe a que las palomas padres tienen una bolsa membranosa conectada al esófago. Días antes de que los huevos erosionen, la membrana comienza a llenarse de una secreción espesa y blanquecina.

Insectos y anfibios con "leche"
Algunas especies de cucaracha producen leche para sus crías; la más destacada en esta labor es la cucaracha del Pacífico. Este tipo de insecto no expulsa un saco de sus huevos al momento del alumbramiento, sino que lo mantiene en su útero hasta que los bebés dentro de él completan el desarrollo. Cuando las pequeñas cucarachas tienen tripas, comienzan a ingerir la leche que su madre produce en su matriz. Por lo tanto, cuando estas crías nacen ya están listas para el mundo.
Esta pequeña es pariente cercana de anfibios como la rana o la salamandra. Existen clasificaciones variadas para esta especie, pero la que habita en las montañas de Taita (Kenia), es toda una innovadora a la hora de alimentar a los productos resultantes de sus huevos. Para comenzar el proceso, la madre cecilia se desprende de la capa más gruesa de su piel y esta se transforma en una membrana blanca rica en nutrientes. Los bebés toman el alimento pegándose a la piel de su madre y raspándola con sus dientes. Al momento de terminar, la madre cecilia habrá perdido hasta el 14 % de su masa corporal. No cabe duda que la naturaleza tiene formas misteriosas de proveer a las nuevas generaciones de alimento.

Valor nutricional de la leche
Actualmente en el mundo científico se reconoce a la leche y los derivados como alimentos de un elevado valor nutritivo, ya que en su composición están presentes prácticamente todos los nutrientes en cantidades relativamente altas, aunque no es un alimento totalmente completo, como no lo es ningún otro alimento, ya que su contenido en algunos nutrientes como hierro y vitamina C es muy pobre. No en vano, varios expertos en el tema han reconocido que “no existe ningún vaso de nada que aporte todos los nutrientes que aporta un vaso de leche”.
Por este motivo, la leche y los derivados lácteos son alimentos básicos, que muy difícilmente se pueden sustituir en el marco de una alimentación equilibrada y que juegan un papel muy importante durante todas las etapas de la vida gracias a su aporte de proteínas, energía, grasas, minerales y vitaminas.
| Nutriente | Aporte de la leche | Función principal |
|---|---|---|
| Proteínas | Alto | Crecimiento y reparación de tejidos |
| Energía | Alto | Vitalidad y funcionamiento corporal |
| Grasas | Alto | Fuente de energía y absorción de vitaminas |
| Minerales (Calcio, Fósforo) | Alto | Huesos y dientes fuertes |
| Vitaminas (D, B12) | Alto | Regulación de funciones corporales |
| Hierro | Bajo | Transporte de oxígeno (necesita suplemento) |
| Vitamina C | Bajo | Sistema inmunitario (necesita suplemento) |