Una isla con tomate: la multifacética obra de Tony Leblanc

Una isla con tomate es la tercera y última película en la que Tony Leblanc asume todas las responsabilidades: productor, director, guionista, músico y, por supuesto, protagonista.

Tony Leblanc en una película

La visión creativa de Leblanc

En esta ocasión, Leblanc se decantará también por el Eastmancolor y recurrirá a uno de los más renombrados operadores españoles: Manuel Berenguer. Sin embargo, en un cambio de registro que parece ser la norma de su filmografía, se lanza esta vez por el camino de la farsa cómica de raíz tebeística.

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Colaboraciones y fuentes de inspiración

Nada menos que una comedia de náufragos a cuya ideación contribuyen el director y guionista Pío Ballesteros y el periodista anarquista Eduardo Guzmán, que se ha visto obligado a reciclarse después de la Guerra Civil en escritor de novelas de a duro para la editorial Rollán con los seudónimos de Eddie Thorny y Edward Goodman.

Aunque Leblanc se atribuye el argumento -inexistente, por otra parte-, la explicación del barullo en el que se ven metidos los cuatro náufragos procede, sin duda, de Los habitantes de la casa deshabitada, una comedia de misterio de Enrique Jardiel Poncela cuya adaptación cinematográfica -Fantasmas en la casa (Pedro L. Ramírez, 1959)- Leblanc ha protagonizado recientemente.

Trama y desarrollo

Sinopsis: Tres hombres y una mujer desembarcan en una isla aparentemente desierta.

Claro, que la comedia de Jardiel brilla por su intriga trazada con tiralíneas y su brillantez escénica, en tanto que en Una isla con tomate todo se resuelve con una conversación en un tresillo entre cinco personajes que los libretistas se sacan de la manga cuando conviene. Dan con ello, una explicación racional a lo que no la necesitaba.

Escena de náufragos en una isla

Personajes y situaciones disparatadas

Porque, vamos a ver… ¿Quién va a buscar una causa lógica a las situaciones disparatadas que se han ido produciendo en la isla cuando antes se ha presentado a Ulpiano como un tragamillas náuticas capaz de irse nadando a las antípodas y volver de una tirada? ¿O a Renato como un recién casado tan celoso que se lleva de viaje de novios a su mujer en una balsa? ¿O al polizón Pepe que, puesto a elegir entre volver a casa con su mujer o arrojarse a un océano infestado de tiburones, elige los tiburones?

Infografía sobre los personajes de

En la isla se irán presentando desde caníbales aterradores a seductoras nativas de los Mares del Sur, de toros bravos a piratas… Claro, que estos forman parte de un sueño de Pepe de profundo significado psicoanalítico, porque el feroz pirata Bocanegra, con el que mantiene un duelo a sable, resulta ser su padre. Acaso tirando de esa veta onírica y con un poco más de rigor en el escalamiento de las situaciones cómicas la cinta hubiera alcanzado mayor vuelo.

Precedentes y referencias culturales

Es decir, que la cinta no es un triple salto mortal con el que Tony Leblanc buscara partirse la crisma. Sus bases eran firmes y se asentaban en experiencias anteriores en los más diversos campos de la cultura popular. En lo escénico podemos buscarle un precedente en aquella revista escrita por Gila en 1952 y protagonizada por él mismo, José Luis Ozores y Leblanc, en la que encarnaban a tres polizones cuyas historias para distraer el hambre servían de urdimbre a los números musicales.

De hecho, Leblanc refrita el chiste en el que, después de poner a los otros a babear cual perros de Pavlov con una suculenta tortilla de patata, Peliche Ozores la guardaba porque, si se la comían, por la noche no iban a tener hambre. Marcos Ordóñez busca una referencia en los chistes de náufragos de Coll en el TBO, pero la elegancia gráfica del dibujante y su sentido visual del slapstick queda en entredicho por gags como el de los juanetes de Renato, que Miguel Pérez Ferrero “Donald” tildaba en su reseña en ABC de “ocurrencias de gusto más que dudoso”.

La última incursión como cineasta total

Aunque la crítica siguiera confiando en Tony Leblanc como realizador, animándole a que se saliera de sendas trilladas, ya anunciamos al principio de estas líneas que Una isla con tomate supuso su último empeño como cineasta total.

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