La tarta de queso sin horno es una opción deliciosa y sencilla que no requiere mucho tiempo ni ser un experto. Es una receta que se puede hacer con antelación o simplemente unas horas antes y triunfa donde la lleves. Es una de esas maravillas que hay que guardar como oro en paño, no solo por su facilidad, sino también porque le encanta a los niños ya que es dulce y fresquita. Los amantes de las cheesecake opinarán que no hay "mejor momento" para degustar esta tarta de queso sin horno, pues todo el día vale. Sin embargo, si tenemos que elegir uno, nos quedamos con el momento postre. Rematar una comida con este dulce tan suave y aterciopelado es una buena decisión, sobre todo si lo acompañamos de frutos rojos.
Las tartas de queso sin horno no llevan huevo ni harina, ya que no vamos a cocinar la crema. Podemos utilizar gelatina o cuajada para darles consistencia. Un segundo método para dar consistencia a una tarta de queso sin horno es utilizar nata montada y luego mezclarla con queso y azúcar. Tras varias horas en la nevera cuajará y quedará suficientemente consistente para poder cortarla.

Historia y origen de la tarta de queso
Es una creencia generalizada que la tarta de queso se creó en Nueva York, pero si investigamos un poco acerca de la historia, descubrimos que la apetencia por la combinación queso y dulce es ancestral, existiendo múltiples fórmulas adaptadas a la idiosincrasia de cada cultura.
En primer lugar, lo que pocos saben es que el origen de la tarta de queso tiene lugar en la antigua Grecia. Se usaba con queso mató, aunque el resultado es bastante diferente al actual, siendo una textura más dura. Este pastel era considerado un alimento muy energético y, de hecho, se ha constatado que en el año 776 a.C. Tanto apetito despertaba que cuando los romanos comenzaron a atacar los territorios griegos, la tarta de queso se convirtió en botín de guerra, tan preciado como las joyas, pinturas y esculturas. Los romanos modificaron la antigua receta griega incluyendo huevo. De esta forma convirtieron al dulce en un bocado más blando y parecido a lo que hoy consideramos tarta de queso. La popular cheesecake nace cuando aparece en 1930 el queso crema. Al ser el postre más popular en la ciudad, y haberse esparcido por el mundo, hay múltiples versiones, pero parece que la original, atribuida a un cocinero judío, lleva una base de bizcocho seco o galletas desmenuzadas, el queso crema y una capa de mermelada.
En España el origen de las tartas de queso puede encontrarse en el norte, sobre todo en la quesada pasiega de Cantabria. Es un dulce tostado por fuera, pero por dentro tiene la textura del mazapán. Sus ingredientes difieren ligeramente, siendo principalmente leche de vaca cuajada, mantequilla, huevos y harina, pero lo que le otorga su sabor característico son las cáscaras de limón y canela.
Ingredientes clave
- 200 gr. de galletas (Tipo maría, digestive…)
- 80 gr. de mantequilla
- 200 gr. de nata líquida 35% m.g. (la nata para montar debe tener al menos 35% de materia grasa, esta se monta mejor)
- 200 gr. queso de untar (tipo philadelphia)
- 300 gr. de leche desnatada o la que utilicéis
- 170 gr. de azúcar
- 6 hojas de gelatina (o 12g en polvo)
- Mermelada (para la cobertura)

Los mejores quesos para tu tarta
Los mejores quesos para hacer una Tarta de queso son la Ricotta, que le dará una textura mantecosa, o el mascarpone para que quede más cremoso. En Inglaterra se suele utilizar queso cheddar y en Alemania, cottage.
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Paso a paso: cómo hacer tarta de queso sin horno
Realizar esta tarta de queso no tiene complicación alguna. Te vamos a explicar, de forma muy sencilla, los 3 pasos que hay que seguir, porque, como verás, esta tarta tiene 3 capas.
1. Preparación de la base de galletas
- Preparamos la base de la tarta. Para ello, metemos las galletas en una trituradora. Las batimos bien. Si no tienes, puedes colocar las galletas en una bolsa hermética y machacarlas con un rodillo o una botella.
- Una vez tengas las galletas trituradas, añade la mantequilla a temperatura ambiente cortada en dados y vuelve a triturar, o mezcla la mantequilla fundida y remueve hasta que consigas una especie de arena.
- Ponemos esta mezcla en el fondo de un molde desmontable para tartas. Si antes lo untas con aceite o con mantequilla, mejor. Puedes poner papel vegetal en el fondo del molde.
- Aplastamos todo uniformemente en el fondo del molde con el dorso de una cuchara o con la mano. Procura no dejar huecos libres porque encima irá la tarta, y no queremos que se cuele por ellos. Ten presente que la base debe ser gruesa. Así, será más visible al desmoldar la tarta. Además, no se romperá al cortar las porciones.
- Dejamos enfriar mientras preparamos el relleno.

2. Elaboración del relleno cremoso
- Pon la gelatina a remojo en agua unos 10 minutos, hasta que se hidrate, siguiendo las instrucciones del fabricante. Generalmente hay que remojarla en agua antes de emplearla.
- En una cazuela ponemos la nata, el queso para untar y el azúcar. Calentamos y removemos constantemente, sin que llegue a hervir en ningún momento. Puedes disolver el azúcar en la nata caliente, agregar la leche y el queso crema. Cocina hasta que se integren completamente.
- Cuando se hayan integrado bien todos los ingredientes, sin grumos, añadimos las hojas de gelatina escurridas. Nunca pongas la gelatina en el fuego porque podría perder su poder gelificante.
- Vierte toda esta mezcla sobre la base de galletas. Puedes utilizar una cuchara para que la masa no caiga directamente sobre la base y así evitar que ésta se pueda despegar.
- Tapa con film transparente y deja reposar la tarta en el frigorífico un mínimo de 6 horas (mejor de un día para otro).
3. Preparación de la cobertura
- Pasado el tiempo de reposo, preparamos la cobertura superior. En otra olla ponemos la mermelada (de fresa u otro tipo de fruta) y la calentamos. Cuando esté a punto de romper a hervir, añadimos el resto de la gelatina (si es necesario) o un chorrito de agua y un sobre de gelatina. Mezclamos bien y cocemos a fuego lento un minuto.
- Lo vertemos encima de la base de queso. La tarta aún no estará cuajada por completo pero sí lo suficiente para aguantar esta capa. Déjalo enfriar un poco antes de verterlo sobre el queso para que no derrita la base de queso.
- Volvemos a meter en la nevera y dejamos un mínimo de 6 horas, o un par de horas más.

Ideas y variantes para tu tarta de queso
- Para la base, en nuestra receta hemos usado galletas digestive, pero puedes optar por unas galletas María tostadas o unas con chips de chocolate.
- Una vez tengas las galletas trituradas, puedes agregar un poco de canela en polvo.
- En el momento de triturar las galletas, añade algún fruto seco (nueces, almendras, avellanas…), cacao en polvo o coco rallado deshidratado.
- Esta tarta queda muy bonita con la ralladura y el limón en almíbar, pero también puedes optar por decorarla con unos frutos rojos (arándanos, moras, frambuesas, grosellas en ramillete…) que le aportarán un toque de color. Otra opción es agregar unas virutas de chocolate o dibujar unos hilos de chocolate fundido por encima.
- Si quieres hacer tu propia versión de tarta de queso y te preocupa la consistencia de la mezcla, puedes recurrir a un truco: utilizar como base unas Tortas Inés Rosales dulces o unas Tortitas con canela sin azúcares. Unta una capa de crema a la Torta y luego pon encima otra capa de Torta. De esta forma, conseguirás una tarta de queso sin hornear tipo hojaldrada, que admite múltiples posibilidades.
Cómo hacer limón en almíbar
Es realmente muy sencillo, pues solo consiste en hervir las rodajas de limón en un almíbar denso, aproximadamente unos 20 minutos. Tras ese tiempo, las rodajas de limón siguen enteras, pero ya han absorbido parte del almíbar, con lo que están ácidas y a la vez dulces. La proporción de azúcar y agua para conseguir un almíbar espeso es esta: 250 gramos de azúcar por 225 mililitros de agua. Los ponemos en un cazo al fuego y los llevamos a ebullición.