La sopa castellana, también conocida como sopa de ajo, es un plato emblemático de la cocina española, un verdadero tesoro culinario que representa la esencia de la gastronomía popular. Esta receta humilde, económica y tremendamente nutritiva es ideal para combatir el frío y nos trae los aromas de antaño.
Por obra y gracia de la cocina, unos miserables cachos de pan seco, unos ajos, aceite de oliva y unos trozos de cerdo se transforman misteriosamente en una maravilla gastronómica de primer orden. Aunque sea una sopa, la contundencia de una sopa de ajo o una sopa castellana le permite ser un plato único bastante contundente.

Orígenes y Tradición
La sopa de ajo era un plato de subsistencia, humilde, que normalmente no llevaba ningún tipo de proteína animal. En origen se elaboraba con ingredientes muy básicos y humildes de la cocina, productos que prácticamente había en cualquier casa y que servía de alimento, quizás el único del día, para la familia. Era una forma de aprovechar el pan duro y con mucho arte sacar de unos ajos, un poco de aceite (o la grasa que se tuviera), pimentón y agua un cocidillo que llenaba el estómago y encima estaba rico.
En los últimos tiempos se ha ido añadiendo jamón y/o chorizo, que le dan contundencia al plato. Sin embargo, en su versión más sencilla, la sopa castellana se reduce a pan, ajo, pimentón y agua.
Variantes y Personalización
Como todos los clásicos de la cocina popular, la sopa de ajo no tiene una receta canónica, y en cada región, pueblo y casa se hace de maneras diferentes. Esta sopa, que es el arma definitiva contra todos aquellos que identifican la buena comida con los productos caros, presenta múltiples variantes dependiendo de las zonas y casi de las casas.
- Unos le ponen jamón.
- Otros, chorizo.
- Otros, las dos cosas.
- Y algunos, hasta comino.
Todas son válidas, porque en los platos de la cocina popular no valen dogmas: cada cual le echaba lo que tenía a mano y lo que le gustaba, sin andarse con tonterías ni integrismos de supuesto entendido en gastronomía.
Lo que sí es fundamental también es añadir huevo a la preparación. Lo más habitual es hacer un huevo poché que se acaba fundiendo ligeramente con la sopa bien caliente. El huevo se puede poner también escalfado, es decir, ponerlo en crudo y entero al acabar la cocción y con el calor restante se hará perfectamente. El huevo se puede añadir batido o sin batir. En los cafés zampan un par de huevos por ración; en las tabernas, uno solo, generalmente, y en los lugares modestos se bate un huevecillo y se vierte para que dé sabor y apariencia y alcance la ilusión del huevo para todos con poco gasto.

La Receta Clásica
La receta que proponemos en esta ocasión seguramente nos recordará la cocina de nuestras abuelas. Se utilizan ingredientes muy básicos, como el pan, e incluso es recomendable guardar el del día anterior. Además del pan, la receta incluye jamón, ajo, pimentón, aceite de oliva virgen y huevos.
Ingredientes para 4 personas:
- 150 g de pan candeal o similar (sentado, del día anterior)
- 100 g de chorizo (preferiblemente para guisar)
- 4 dientes de ajo
- 4 yemas de huevo (opcional)
- 1 cucharada de pimentón (dulce, preferiblemente de la Vera)
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal
- Para el caldo (opcional, ¾ litro de agua o caldo de cocido):
- 1/2 kg de carcasa o alas de pollo
- 400 g de puntas o hueso de jamón
- 1 cebolla
- 1 puerro
- 1 zanahoria
- 3 o 4 ramas de perejil
- Sal
Instrucciones:
- Preparar el caldo (si se utiliza): Juntar todos los ingredientes del caldo en una olla rápida. Cubrir de agua (entre litro y litro y medio) y cocer durante una hora. Dejar que se temple. Colar y desengrasar con una cuchara (la grasa flota en la superficie).
- Dorar los ajos: Dorar los ajos laminados en aceite abundante (unas 6 cucharadas) a fuego suave. Retirarlos y reservarlos.
- Rehogar el chorizo: En el mismo aceite, rehogar el chorizo cortado en rodajas finas. Retirarlo y reservarlo junto a los ajos.
- Tostar el pan: Tostar el pan troceado en el mismo aceite. Mucho mejor si el pan está sentado, del día anterior, porque cuanto más seco esté más líquido absorbe de la sopa y más meloso queda.
- Añadir el pimentón y el caldo: Espolvorear el pimentón por encima, mezclar y rehogar unos segundos. Es muy importante no quemar el pimentón para que no amargue; de ahí la conveniencia de echarlo con la cazuela retirada del fuego. Rápidamente añadir el caldo (o agua), los ajos y el chorizo.
- Cocer la sopa: Hervir suave entre 5 y 10 minutos hasta que el pan se hidrate completamente.
- Rectificar y servir: Corregir de sal y terminar, si se quiere, con una yema de huevo por persona en cada cuenco. Se puede servir con una loncha de pan frito encima.
Sopas de ajo o sopa castellana para desayunar. Esto revitaliza el cuerpo y mente.
Consejos del Comidista
El pan es clave para una buena sopa castellana. Mucho mejor si el pan utilizado es candeal. Mucho mejor si el pan está sentado, del día anterior, porque cuanto más seco esté más líquido absorbe de la sopa y más meloso queda.
En cuanto al caldo, no es estrictamente necesario, porque hay quien la hace con agua, pero un caldo mixto de pollo y cerdo aporta un sabor más profundo.
Si el ajo te sienta como un tiro, no temas: el cocimiento logra que, por algún motivo ignoto, no repita.

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