El queso crema Philadelphia es un producto lácteo ampliamente reconocido. A pesar de su nombre, el queso crema Philadelphia se originó en el estado de Nueva York, no en Filadelfia.
En 1872, William Lawrence, un lechero de Chester, Nueva York, intentó hacer Neufchâtel, un queso ácido y desmenuzable que era popular en Europa en aquel tiempo. Sin embargo, por accidente, añadió demasiada crema, creando un queso más rico y fácil de untar, que más tarde se conocería como "queso crema". No fue hasta 1880 que se comercializó como "Queso Crema Filadelfia". Ese mismo año, Lawrence se unió a AL Reynolds, un distribuidor de queso de Nueva York, para vender grandes cantidades de este producto. A lo largo de los años, la compañía experimentó algunos cambios y el nombre registrado Philadelphia fue vendido a Phenix Cheese Company, ubicada en South Edmeston, Nueva York. En 1928, Phenix se fusionó con Kraft, dando lugar a la Kraft-Phenix Cheese Company.
A pesar de su nombre, el queso crema Philadelphia se originó en el estado de Nueva York, no en Filadelfia.
En esa época, Filadelfia era conocida por sus granjas lecheras de alta calidad y por producir quesos más cremosos, así que decidieron utilizar el nombre "Filadelfia" en los bloques de queso crema envueltos en papel de aluminio.
El queso Philadelphia se elabora a partir de leche y crema pasteurizadas, que se mezclan y calientan a temperaturas controladas. Este proceso asegura una emulsión uniforme y elimina microorganismos dañinos, garantizando la seguridad del producto final. Para mantener su consistencia y durabilidad, se añaden estabilizantes y emulsificantes durante la producción. Estos aditivos evitan la separación de los ingredientes, permitiendo que el queso mantenga su suavidad y sea fácil de untar.
El queso Philadelphia es muy versátil y se puede utilizar en una amplia variedad de recetas. Se usa comúnmente como relleno para los bocadillos o para untar en tostadas, como ingrediente clave en cheesecakes, salsas, y platos elaborados.
Lawrence, el fabricante de productos lácteos de Nueva York que descubrió el queso de untar, lo hizo al aumentar el contenido de crema en la receta original utilizada hasta entonces en su fábrica. Es esta consistencia la que hace que el queso Philadelphia sea ideal para dar cuerpo, cremosidad y textura a pasteles de queso, bizcochos o tartas. Pero también es perfecto para dar un toque a la pasta, la quiche o distintos rellenos. Salvo en recetas de repostería que requieran horneado, por lo general no suele cocerse ni calentarse. Lo habitual es servirlo fresco dentro de todo tipo de alimentos como salmón ahumado, pimiento o berenjena. También está muy rico con hierbas frescas como cebollino, miel o mermelada.
Hoy en día es rara la receta que no incluye queso Philadelphia entre sus ingredientes, ya sea como protagonista o como complemento de muchas recetas fáciles y rápidas que te sacan del apuro cuando no sabes qué hacer de comer.
No tiene corteza y es denso, pero a la vez presenta una textura que se deshace fácilmente al degustarlo.
Sus propiedades y beneficios son muy variados. Este tipo de queso cuenta con un elevado aporte de grasas, aunque puede variar entre unas marcas y otras. Si lo consumes de forma moderada no hay de qué preocuparse.
- Proteínas: Aunque tiene menos que otros quesos, como por ejemplo el de cabra, aporta proteínas indispensables para el crecimiento del cabello y las uñas, así como el buen desarrollo de los músculos.
- Vitaminas: Cuenta con muchas de ellas, como la vitamina A que puede contribuir a mejorar la visión, el funcionamiento del corazón y los pulmones. Además, tiene vitaminas D, B2, B3 y B12.
- Minerales: Destaca la presencia de fósforo que facilita la digestión, limpia los riñones, y fortalece huesos y dientes.

El queso Philadelphia se distribuye a nivel mundial, con una fuerte presencia en Estados Unidos y Europa, donde ha consolidado su reputación como líder en el mercado de quesos crema. La marca se beneficia de la vasta red de distribución de sus propietarios, Kraft Heinz y Mondelez International, que les permite llegar a supermercados, restaurantes y tiendas especializadas en alimentos. Además, la marca ha diversificado su oferta, desarrollando productos específicos para mercados locales, como versiones bajas en grasa o saborizadas, para satisfacer las preferencias regionales.
Al pertenecer al grupo de quesos frescos, el queso Philadelphia es un producto que siempre debe estar en el frigorífico, así que procura no romper la cadena de frío cuando vayas a comprarlo. Su presentación más habitual es en tarrina; de hecho, lo ideal es que no lo saques de ella y lo vayas cogiendo de allí según lo necesites. Por otro lado, si alguna vez te has preguntado si se puede o no congelar el queso Philadelphia, te diremos que no es lo más recomendable, ya que al descongelarse pierden consistencia.
El queso Philadelphia cuenta con el hándicap de que una vez abierto deberás consumirlo en poco tiempo. Por lo general este plazo suele ser inferior a diez días, pero saldrás de dudas consultando la etiqueta del producto. En cualquier caso, si lo notas viscoso, arenoso o cristalizado es mejor que lo retires porque son señales de que se ha estropeado.
La marca ha enfrentado críticas por su publicidad y las percepciones de género.
Pechugas de pollo en salsa de queso ¡Increiblemente delicioso!
Seguro que en este momento se te ocurren un montón de recetas con queso Philadelphia, bien porque las hagas a menudo, porque hayas oído hablar de ellas o porque las hayas degustado en alguna ocasión.

tags: #queso #philadelphia #sabores