"Por estas calles": Un espejo de la realidad venezolana que marcó un antes y un después

Hablar de "Por estas calles" es concentrarse en un hito. Esta producción marcó un antes y un después dentro de la problemática socioeconómica, política y cultural de Venezuela. Su guión, personajes, temática y desenlace hicieron mella en el colectivo nacional. Todo coincidió, El Caracazo, la inestabilidad del país, el Golpe de Estado de 1992 y un Radio Caracas Televisión (RCTV) sumergido en la inopia delante de su más acérrimo adversario en horario estelar, Venevisión.

Fue tan viral -cuando serlo no era un deporte, si no una hazaña- que frases como la del título, todavía hoy, así sea casi un arcaísmo, son utilizadas por muchos. Este axioma interrogativo, pertenece a Eudomar Santos, interpretado por el actor Franklin Virgüez. Quizás con este desliz gramatical, iniciamos la soez manía de apocopar palabras. Tal vez fue esto lo que nos enseñó a diferenciar entre apóstrofe y apóstrofo.

Actor Franklin Virgüez interpretando a Eudomar Santos

La ausencia de una trama neurálgica en la novela, era el motivo por el cual se hizo tan arraigada en el sentir popular. La ruptura de paradigmas la catapultó. Ya no era la cachifa hija del millonario dueño de la mansión, siendo ella el producto de un affair entre el magnate y el ama de llaves, quien cliché al fin, aún era personal de confianza de la familia. No, los tópicos figuraban entre tráfico de drogas, porte ilícito de armas, sexo, violencia en los colegios, realidad caraqueña pura, inclusive, nos estaba vaticinando al flagelo del narcotráfico, sin atisbos de redención -connotación actual-, para aquel entonces, se le daba la evocación lasciva, que tuvo, tiene y tendrá.

Escena de la telenovela

Marialejandra Martín, Aroldo Betancourt, Gledys Ibarra y Carlos Villamizar, este último mejor conocido como “el hombre de la etiqueta” - sinónimo coloquial de justiciero anónimo- son sólo un extracto del elenco. Sin embargo, superponer las artes actorales ante el ingenio del guión, sería una bajeza. Así que hay que reconocer con creces al verdadero padre de la criatura, Ibsen Martínez, sencillamente genial.

Nelson Hippolytte Ortega (1996), referente del periodismo venezolano, en una entrevista al no menos conocido José Ignacio Cabrujas, padre de "El Paseo de la Gracia de Dios" - competencia de la novela en el canal 4- le preguntó:

-“El fracaso” si es que se puede llamar “fracaso” de El paseo de la gracia de Dios, precisamente por no tener el rating de Por estas calles te hizo decir en privado: “No quiero quedar como la abuelita de las telenovelas” ¿Qué significa eso?-Que no quiero quedar como el tipo que trató de hacer pervivir un género… de verdad que no tiene sentido, son razones ya mías, de mi propia vida, pero ¡vamos! con esta novela termino un ciclo de mi vida, no sólo el ciclo de la telenovela, un ciclo de mi vida. A mí no me gusta fracasar, yo le tengo pánico a esa palabra. Para mí la telenovela se me está transformando en un fracaso, en un fracaso. Yo no te estoy diciendo se acabó la telenovela para mí, no; al mismo tiempo he dicho a quien me ha querido oír que ésta es mi última telenovela.

Y vaya que poner en tres y dos a Cabrujas era una herejía. Así de polémica fue "Por estas calles".

Por eso, en vez de detenerme a hablar un determinado capítulo, me estaciono en la remembranza de esta pieza como baremo, en la medición del estancamiento que experimenta la patria, ¿O involución? Llamado a la reflexión.

Gráfico comparativo del índice de desarrollo socioeconómico en Venezuela

Mutó el género de la novela. Yordano, el intérprete del tema homónimo "Por estas calles", venció un cáncer y nosotros somos el mismo país de 1992, pero tal vez más hundidos. Carentes de pensadores, atiborrados de personajillos de pacotilla, y peor aún… “Y hay algunos que hasta se lanzan pa' presidente”.

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