El pimiento, una joya de las plantas solanáceas, encuentra su momento cumbre en verano, una época ideal para su cultivo gracias a la abundancia de sol y calor, características que España ofrece en gran medida. Existe una variedad asombrosa de pimientos, incluyendo los picantes como jalapeños, serranos, tabascos, guindillas y chiles. Si bien muchos disfrutan del picante, es importante conocer que su intensidad se mide en la escala Scoville, determinada por la concentración de capsaicina, el compuesto activo responsable de esa sensación de ardor. Personalmente, prefiero aquellos pimientos que combinan un sabor excepcional con un picante moderado, como el jalapeño y el serrano, aunque el habanero, con su inconfundible sabor afrutado y un picante considerable, también tiene su encanto.
La capsaicina, más allá de su efecto picante, actúa como un vasodilatador, lo cual puede ser beneficioso para la salud de nuestras arterias.
Uno de mis métodos de conservación de vegetales preferidos es la lactofermentación, y el pimiento es un candidato excepcional para este proceso. La transformación que experimenta es verdaderamente fascinante. Su contenido natural de azúcares sirve de alimento para las bacterias lácticas, que son las artífices de esta metamorfosis. Los pimientos rojos, con su mayor concentración de azúcares, son especialmente adecuados para fermentaciones prolongadas.

El Desafío del Moho y las Soluciones para una Fermentación Exitosa
Un desafío común al fermentar chiles es su propensión a desarrollar moho en la superficie. Aunque no siempre tóxico, este moho puede consumir la acidez del fermento, deteriorar su sabor y, si se ignora, arruinarlo por completo. Para evitar esto, es crucial mantener la superficie libre de moho.
Mi método predilecto para fermentar pimientos implica la creación de una pasta triturada. El proceso comienza retirando los tallos, pero conservando la piel y las semillas, ya que estas últimas albergan gran parte del ardor característico del chile. Los pimientos se trituran hasta obtener una consistencia de pasta media, evitando un puré excesivamente fino. A esta pasta se le añade un 5% de sal respecto a su peso. La cantidad de sal puede ajustarse según el gusto personal, pero un mínimo del 3% es recomendable, especialmente en climas cálidos, para prevenir el deterioro del fermento.
Otra técnica consiste en sumergir los pimientos enteros en salmuera. Se colocan en un frasco con una salmuera al 5% y se dejan fermentar durante aproximadamente 10 días. Este método requiere una vigilancia constante para evitar accidentes, como la explosión del frasco debido a la acumulación de gases.
La clave para una fermentación exitosa, ya sea en pasta o enteros, reside en mantener el producto sumergido en su propio jugo o salmuera para asegurar la ausencia de oxígeno. Es fundamental mover la pasta de chiles varias veces al día para distribuir la acidez y prevenir la formación de moho. Asimismo, es necesario liberar el gas acumulado, especialmente durante los primeros 20 días o más, dependiendo de la temperatura ambiente. La fermentación es un proceso anaeróbico, lo que significa que requiere la ausencia de oxígeno para que las bacterias lácticas realicen su labor transformadora.
Métodos de Fermentación y Contenedores
Existen diversas opciones para los recipientes de fermentación:
- Bote de cristal con tapa hermética: Requiere abrirlo periódicamente para liberar el gas y evitar la acumulación de presión.
- Bote de cristal con banda de goma (tipo Fido): Crea una cámara de CO2 en la parte superior. Es necesario abrirlo ligeramente a diario para liberar el gas, pero cuidando de no introducir oxígeno. Mover el bote sin abrirlo también ayuda a distribuir la acidez.
- Bote con airlock (válvula de fermentación): Este sistema permite la salida del CO2 y evita la entrada de oxígeno, minimizando el riesgo de moho y permitiendo un mayor olvido del proceso.
La fermentación láctica se produce cuando las bacterias y levaduras presentes de forma natural en los alimentos descomponen los carbohidratos en ácidos, gases o alcohol. En la lactofermentación, el ácido láctico es el principal subproducto, generado por bacterias lácticas que se alimentan de azúcares en un ambiente sin oxígeno. Estas bacterias se encuentran de forma natural en animales y humanos, así como en frutas, granos, vegetales y carne.

La Evolución del Sabor: De lo Afrutado a lo Complejo
Tras aproximadamente un mes de fermentación a unos 25ºC, la transformación de los azúcares está casi completa, dando paso a una fase de envejecimiento y maduración. Inicialmente, el fermento presenta un sabor afrutado y a chile fresco acidificado. Con el tiempo, evoluciona hacia notas más maduras, perdiendo el carácter del chile fresco y adquiriendo matices de crianza, a veces con toques oxidados. Personalmente, disfruto de una añejación de 4 a 6 meses, o hasta un año, buscando un equilibrio entre el sabor original del chile y la complejidad aportada por la fermentación. Algunas pastas de chiles de 3 o 4 años desarrollan una acidez pronunciada y notas tostadas, reminiscentes de vinos envejecidos en barrica.
La belleza de la lactofermentación radica en la versatilidad del resultado, que dependerá del tiempo de fermentación y las preferencias del elaborador. Una ventaja notable es su durabilidad sin necesidad de refrigeración.
Ampliando Horizontes: Adiciones y Variaciones
La pasta de chiles base es un lienzo para la creatividad culinaria. Se pueden incorporar ingredientes como ajo y jengibre para potenciar el sabor. Un toque ahumado se puede lograr con pimentón de la Vera, copos de Gochugaru coreano o chile chipotle seco. Para una Sriracha casera, se puede añadir pera u otra fruta para un contrapunto dulce, junto con jengibre. La adición de especias como canela, anís estrellado o semillas de cilantro puede dar lugar a pastas tipo Harissa árabe.
Inspirándose en la salsa Tabasco, se puede añadir vinagre de manzana y dejar macerar durante al menos un mes. Para obtener una salsa más suave y agradable al paladar, se pueden retirar las pieles y semillas utilizando aparatos específicos para hacer salsas.

Beneficios de los Alimentos Lactofermentados
Los alimentos lactofermentados son una fuente de compuestos beneficiosos para la salud, producidos por las bacterias lácticas. Estas bacterias, como los lactobacilos, son parte integral de nuestro microbioma intestinal y juegan un papel crucial en la digestión y la inmunidad. La lactofermentación no solo preserva los alimentos, sino que también puede aumentar su contenido de vitaminas, como la C, B, K y PP, y hacerlos más fáciles de digerir al predigerir las fibras.
A diferencia de la conservación por tratamiento térmico, la lactofermentación preserva la integridad de las vitaminas sensibles al calor. El ácido láctico producido durante el proceso inhibe el crecimiento de bacterias putrefactoras, asegurando la conservación del alimento y aportando un sabor característico y complejo.
Ejemplos de Alimentos Lactofermentados
La lactofermentación es un proceso ancestral presente en diversas culturas. Algunos ejemplos notables incluyen:
- Chucrut: Elaborado a partir de col fermentada con salmuera, es rico en probióticos y vitamina C.
- Kéfir: Una bebida fermentada, ya sea de leche o de frutas, originaria del Cáucaso.
- Masa madre: Obtenida por la fermentación de cereales, es la base para la elaboración de pan artesanal.
- Miso: Pasta de soja fermentada, ingrediente fundamental de la gastronomía japonesa, rica en probióticos y con un distintivo sabor umami.
- Kimchi: Plato tradicional coreano a base de col fermentada con una mezcla de especias.
- Pepinillos fermentados: A diferencia de los encurtidos en vinagre, estos se preparan en salmuera, son crudos y ricos en bacterias beneficiosas.
Otros alimentos como las frutas, el pescado (ej. salsa nuoc mam), las hierbas aromáticas e incluso algunos vegetales como la aguaturma, las patatas (con precauciones) y los tomates pueden ser lactofermentados, ofreciendo perfiles de sabor únicos y beneficios para la salud.
PIMENTÓN artesanal. Cultivo, ahumado y elaboración de este condimento natural culinario | Documental
La lactofermentación es un arte que requiere atención al detalle, pero cuyos resultados son gratificantes tanto en sabor como en beneficios para la salud. Conocer las técnicas y precauciones básicas permite disfrutar de un mundo de sabores complejos y alimentos vivos.