En el lenguaje coloquial, un porro, bareto, canuto, carrujo, churro, petardo o troncho es un cigarro total o parcialmente relleno de cannabis. Se trata del formato más común de consumir marihuana, y un solo porro puede contener entre 0.5 y 1 gramo de esta droga. Sin embargo, debido a la pirólisis, solo el 10-25 % del principio activo es absorbido por el consumidor (50-250 mg), cantidad suficiente para sentir los efectos psicoactivos.
A diferencia del consumo oral de cannabis, la inhalación del humo produce efectos casi inmediatos, teniendo su pico entre los 30 y 60 minutos. El cannabis se fuma en forma de porro porque mediante la combustión se obtienen los efectos psicotrópicos. Dicho de otra manera, el cannabis en estado natural (crudo) no es psicoactivo en sí mismo. La planta produce, entre otras muchas sustancias, ácido tetrahidrocannabinólico (THCA) y ácido cannabidiólico (CBDA), que son precursores del tetrahidrocannabinol (THC) y del cannabidiol (CBD) respectivamente, que sí tienen efectos psicoactivos. Cuando se les aplica calor, estas moléculas precursoras se rompen y de ellas se separa el grupo carboxilo.
Historia y evolución del consumo de porros
El consumo de cannabis por el ser humano tiene una tradición milenaria. Sin embargo, el cigarrillo de cannabis posee una historia relativamente reciente. En épocas anteriores la marihuana se fumaba mediante los llamados "one hitters", es decir, pipas, narguiles, bongs y chílams.
Según el académico John Charles Chasteen, el primer registro sobre un cigarrillo de cannabis se encuentra en México en 1856, cuando un farmacéutico de la Universidad de Guadalajara observó cómo los campesinos cultivaban Cannabis, cosechaban sus hojas y flores, y las mezclaban con tabaco para enrollarlas en cigarrillos. En el entonces joven estado mexicano, el cannabis no estaba regulado legalmente y se consideraba una práctica "poco católica". Entre las clases humildes, la marihuana suponía un sustituto barato del pulque, una bebida embriagadora típica de la época. La marihuana se menciona en la popular canción «La Cucaracha», cantada durante la Revolución mexicana (1910-1921). Incluso, la misma palabra "marihuana" sería un regalo de los mexicanos al mundo.
Al mismo tiempo, surgiría en Jamaica el movimiento social y revolucionario llamado rastafarismo, cuyos miembros adoptaron la "ganja" como parte de su idiosincrasia. Tras la guerra de Secesión (1861-1865), se impulsó la expansión de la red ferroviaria por todo el país, y cientos de jóvenes mexicanos emigraron al norte para trabajar en ello, llevando consigo la práctica de fumar cannabis. En 1870, la casa farmacéutica francesa Grimault & Cie. ya comercializaba cigarrillos de cannabis.
Al inicio de los locos años 20, el gobierno estadounidense inició una guerra de catorce años contra el alcohol. Los cigarros de cannabis estuvieron muy presentes desde un principio en la época del jazz. En inglés, "jazz cigarette" es una forma alternativa de llamar al porro. Esta época fue muy prolífica para la aparición de términos eufemísticos, como "joint" o "reefer". Durante los años 70, el trigésimo séptimo presidente de la federación, Richard Nixon, emprendió su particular guerra contra las drogas.

Terminología y variantes del porro
El término "porro" es el más difundido en entornos hispanohablantes. Sin embargo, existen numerosas variantes y nombres coloquiales para referirse a un cigarrillo de cannabis, como por ejemplo:
- Bareto
- Canuto
- Carrujo
- Churro
- Petardo
- Troncho
En Sudamérica, "paragua" o "paraguayo" se refiere al cigarrillo de cannabis de mala calidad, cuando está "pangola" (Ven.), es decir, que no produce los efectos psicoactivos deseados. La "L" es un cigarro de marihuana liado con un papel de tamaño más grande de lo normal, del inglés "large", o bien de la forma de L al enganchar dos papeles pequeños. El "blunt" o "phily" es un cigarro de marihuana liado con las hojas de tabaco de un puro vaciado; por extensión, también un cigarrillo. El "spliff" es un cigarrillo en el que se mezclan cannabis y tabaco.
Una de las teorías más aceptadas sobre el origen del término "porro" lo asocia al puerro (Allium ampeloprasum), ya que, como el puerro, el porro es blanco al principio y verde al final. "Hacer un submarino" consiste en fumar uno o varios cigarros de marihuana en una habitación pequeña, cerrando puertas y ventanas para generar un aire densificado de humo.
Preparación y composición
Un porro se confecciona con partículas secas de cannabis. La hierba se desmenuza con la ayuda de un grinder para facilitar la confección y la combustión. Los diferentes tipos y tamaños de papel de liar son el medio más común para enrollar un porro. De no disponer de papel de liar, también se pueden usar hojas de tembu (bidi), hojas de tabaco (blunt), hojas de maíz, papel de calco, de estraza o de periódico.
El porro también se compone de un filtro, que se coloca en el extremo que va a tocar con la boca. Existen muchos tipos de filtros disponibles, siendo el más común la "cartaja", que es una tira de cartón enrollada sobre sí misma para darle la forma redondeada. En la actualidad, los tamaños y formas del porro se han diversificado enormemente, dando lugar a verdaderas obras de arte fumable, como las creadas por artistas como Tony Greenhand.

Diferencias en el consumo: Europa vs. América
La práctica de mezclar cannabis con tabaco es más o menos extendida por todo el mundo. Sin embargo, un estudio de 2017 observó una notable tendencia entre los países de Europa a mezclar los cigarrillos de cannabis con tabaco (hasta en un 94% de las veces en Italia, 86% en Francia u 80% en España, entre otros). Mientras tanto, en América se prefieren "todo verdes" (se agrega tabaco apenas un 14% de las veces en Brasil y Colombia, 9% en México o 8% en Estados Unidos, entre otros).
Esto puede deberse a varios motivos, entre los cuales está la diferencia de precio de la marihuana en Europa, mucho mayor respecto a América. Otro motivo es que en Europa, históricamente, se usaba más el hachís, el cual necesariamente se debe mezclar con tabaco, mientras que en América el hachís es poco habitual. Se desconoce la situación en otros continentes al no haber suficientes datos.

Efectos y consideraciones médicas
Debido a las restricciones sobre el cannabis, los ensayos clínicos acerca de sus efectos sobre la salud son todavía escasos. La principal preocupación médica recae en los daños provocados en los pulmones, cosa que no ocurre cuando es consumido oralmente. La marihuana es la segunda sustancia más fumada por el ser humano, después del tabaco, y al igual que este, su combustión libera cientos de sustancias en el cuerpo.
Sin embargo, la técnica de fumar un porro es distinta a la de un cigarro de tabaco, ya que se realizan inhalaciones más profundas y mantenidas en el tiempo con el objetivo de obtener una mejor absorción. Entre los efectos físicos de fumar marihuana se encuentra el aumento de la frecuencia cardíaca un 20-25%, que se extiende por las siguientes 3 horas, además de hipotensión ortostática en dosis altas, y alteraciones observables en el electrocardiograma del segmento ST y la onda T. También se han identificado latidos prematuros, independientes del ritmo cardíaco habitual (extrasístoles ventriculares).
Es importante diferenciar entre el cannabis natural y la "marihuana sintética" o "falsa marihuana". Esta última se fabrica en laboratorios, no contiene THC natural y puede ser impredecible y peligrosa, con riesgos para la salud más perjudiciales que el cannabis cultivado. Los cannabinoides sintéticos pueden ser muy tóxicos, hasta el punto de provocar problemas graves de salud o incluso la muerte, a diferencia del cannabis natural que no presenta toxicidad o esta resulta muy baja.
La adicción a la marihuana es un tema complejo. Si bien no es tan proclive a generar adicción como otras sustancias como los opiáceos, la adicción puede desarrollarse dentro de una casuística personal determinada, influenciada por el estado emocional y el entorno del individuo.
El consumo de marihuana durante el embarazo puede tener efectos dañinos en el feto, afectando el desarrollo del sistema nervioso central y pudiendo estar relacionado con el desarrollo de ciertos tumores. Además, la madre puede presentar complicaciones obstétricas y un mayor riesgo de maltrato infantil.
¿La marihuana es mala para el cerebro? - Anees Bahji
Mito: Es un producto inofensivo para la salud, ya que es un producto natural.
Realidad: Producto natural y producto inocuo no son sinónimos. El tabaco y el opio también son naturales y nadie duda de sus riesgos. El cannabis contiene muchos de los carcinógenos y mutágenos del tabaco y en mayor cantidad (un 50% más). Además, la forma de consumirlo (fumada, sin filtro y con aspiraciones profundas) aumenta los riesgos de padecer cáncer.
Mito: Las drogas que más se consumen entre los jóvenes son el alcohol y el tabaco, y éstas son legales.
Realidad: La marihuana es una droga ilícita en muchos países, y su consumo no está exento de riesgos para la salud.
Mito: Los usos médicos del cannabis se realizan de manera controlada y no tienen nada que ver con su uso recreativo.
Realidad: Si bien existen investigaciones sobre los usos terapéuticos del cannabis, estos se realizan bajo supervisión médica y no deben confundirse con el consumo recreativo.
