La nutrición es un pilar fundamental para el bienestar en todas las etapas de la vida. Desde la infancia hasta la edad adulta, los patrones alimenticios evolucionan y presentan desafíos únicos. Es común que los padres se desconcierten ante los cambios en los hábitos alimentarios de sus hijos, como cuando un niño pasa de devorar yogures y bayas a solo aceptar galletas saladas y queso. Comprender lo más importante en cada etapa y edad puede ayudar a los padres a centrarse menos en la perfección de la alimentación saludable y más en comprender los patrones importantes.
Hábitos Alimenticios Saludables desde la Infancia
“Inculcar hábitos saludables y empezar a una edad temprana, puede servir como guía”, afirma Michelle. “Como padres, debemos asegurarnos de ofrecer una variedad de alimentos ricos en nutrientes y de satisfacer las necesidades calóricas cambiantes de nuestros hijos a través de frutas, verduras, productos lácteos, proteínas magras, grasas saludables y cereales integrales.” Básicamente, son los mismos alimentos que nos nutren desde el jardín de infancia hasta la universidad y más allá.
Niños en Edad Escolar
En general, un punto de partida para un plato sano para los niños en edad escolar es aproximadamente la mitad de productos frescos (frutas y verduras), una cuarta parte de proteínas y una cuarta parte de carbohidratos ricos en nutrientes, con una ración de lácteos como acompañamiento. Los niños en la escuela primaria se encuentran en un periodo de crecimiento constante y se vuelven más activos e independientes. En su lugar, ofrezca una variedad de frutas y verduras, preparadas de diferentes maneras. Según Michelle, un niño puede necesitar entre ocho y diez intentos antes de aceptar un alimento nuevo.
La escuela primaria también es un buen momento para que los padres mantengan conversaciones con los niños sobre las opciones de comida, por ejemplo, los beneficios nutricionales de las frutas y verduras. Michelle habla sobre la importancia de “dejar que el hambre sea su guía”. Aconseja adoptar la práctica de dejar que los niños presten atención a las señales de hambre. Comer cuando tienen hambre y parar cuando están llenos, y evitar obligarlos a terminarse toda la comida del plato. “La elección de las palabras es importante; no queremos que nuestros hijos tengan asociaciones negativas con la comida”.
Pre-adolescentes y Adolescentes
Los niños de esta edad suelen experimentar un crecimiento acelerado, se ven más influenciados por sus compañeros y comienzan a tomar muchas más decisiones alimentarias por sí mismos. Las primeras lecciones elementales sobre la alimentación saludable son útiles ahora que los niños ingieren más comidas fuera de casa. “Siempre que sea posible, tome las sugerencias de comida de su hijo e incorpórelas a su rotación de comidas”, afirma Michelle. Cuando planifica la semana con antelación, deja que sus hijos elijan entre dos opciones saludables para muchas comidas: ellos eligen la que quieren que ella prepare.
Cuando se trata de ser quisquillosos con la comida en esta etapa, “una idea que funciona para mí es separar la comida”, añade Michelle. “Por ejemplo, hice un pastel de pollo desestructurado con esta idea en mente”. Entonces, cada niño podía elegir qué verduras agregar o si quería salsa. “Mi hijo mayor lo comió mejor de esa manera”.

Nutrición en Números para Pre-adolescentes y Adolescentes
En los últimos grados de la escuela primaria y en la escuela secundaria, las necesidades de calorías aumentan unos cientos de calorías al día. La escuela secundaria conlleva cambios hormonales y el crecimiento se acelera de nuevo. Los niños de esta edad necesitan suficiente proteína para los estirones, calcio y vitamina D, ya que la masa ósea se acumula rápidamente, y hierro, especialmente para las jóvenes que empiezan a menstruar. “Sin duda, durante este tiempo hay muchas hormonas y emociones en juego”, menciona Michelle. “También puede haber presión por parte de los compañeros y se pueden saltar comidas”. Tenga siempre a mano refrigerios rápidos, prácticos y saludables. Los frutos secos o las frutas son excelentes opciones, añade.
Los adolescentes de 13 a 18 años han alcanzado su demanda máxima de nutrientes desde la infancia, lo que es necesario para sostener un rápido crecimiento y desarrollo junto con los cambios hormonales. La proteína, el hierro y la vitamina D siguen siendo fundamentales. Las vitaminas B son importantes para el metabolismo energético y la función cerebral. El magnesio y el potasio son clave para la función muscular y nerviosa. Además, aunque los adolescentes a menudo comen más, no siempre comen mejor. Michelle aconseja seguir ofreciendo una variedad de alimentos, aumentar las porciones de las comidas y ofrecer una segunda ración a la hora de comer si muestran un aumento del apetito.
Alimentación saludable para niños - Hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas...
De los 14 a los 18 años, las necesidades calóricas vuelven a aumentar.
Muchas familias alimentan a los niños en varias etapas a la vez. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero intente que la preparación de la comida sea lo más sencilla posible y haga lo posible por evitar preparar varias comidas desde el principio, indica Michelle. Prepare toda la comida que pueda la noche anterior o durante el fin de semana. Cuanto más involucre a los niños en la cocina, mejor, añade Michelle. “Estas son importantes lecciones de vida que llevarán a la edad adulta”, menciona. Dé a los niños tareas adecuadas para su edad en la cocina. “Puede que los cortes de los pimientos no sean perfectos y que la cocina haya quedado hecha un desastre, pero es importante.”
“No se obsesione con las cantidades de alimentos que se consumen ni en el cumplimiento de los objetivos calóricos”, menciona Michelle, “porque las cantidades que los niños comen van a fluctuar. Lo más importante es la variedad de alimentos, las comidas equilibradas y dejar que el hambre sea la guía de los niños. “Los niños, especialmente a una edad temprana, observan todo lo que hacemos”. Tómese tiempo para comer juntos en familia y hable sobre cómo los alimentos benefician y nutren nuestro cuerpo.
Nutrición y la Enfermedad de Parkinson
Aventurarse por el laberinto informativo sobre la nutrición y los consejos que hay a disposición del público es un reto, aun para los consumidores sanos. Si se le añade a la mezcla la enfermedad de Parkinson (EP, o PD, por sus siglas en inglés) dicho reto se complica aún más. Es difícil para una persona sentirse bien y mantener su energía cuando no se está alimentando adecuadamente. Alimentarse adecuadamente implica comer regularmente (sin saltearse ninguna comida), consumir una variedad de alimentos de todos los grupos alimenticios (granos, vegetales, frutas, leche y productos lácteos, carnes y frijoles) y comer prudentemente para mantener un peso saludable.

Si usted no se está alimentando tan bien como debiera, sería conveniente que consultara a un dietista profesional que pueda ayudarle a evaluar sus necesidades en cuanto al consumo de alimentos y discutir con usted estrategias para mejorar su dieta. También podría ser conveniente buscar la ayuda de otras personas, tanto para comprar y preparar los alimentos, como para mantener a mano alimentos nutritivos y fáciles de comer.
Osteoporosis y la Enfermedad de Parkinson
Las personas con Parkinson son propensas a la osteoporosis, una enfermedad causada por una baja densidad en los minerales de los huesos. La osteoporosis puede ser especialmente preocupante para una persona con Parkinson, quien afronta un mayor riesgo de caerse. El resultado inevitable es una mayor probabilidad de fracturas, las cuales son peligrosas y dolorosas, además de estar en detrimento de la calidad de vida de la persona. Pregúntele a su médico acerca de hacerse una prueba de la densidad de los minerales en sus huesos, llamada densitometría. Para mantener la salud de sus huesos, asegúrese de que su dieta incluya abundante calcio y vitamina D. La leche y los productos lácteos son las fuentes dietéticas más ricas en calcio. Se recomiendan tres porciones al día (una porción es una taza de leche o yogur, y una y media onzas de queso sólido). Usted también puede obtener vitamina D saliendo regularmente al aire libre y consumiendo alimentos ricos en vitamina D (tales como la leche fortificada con vitamina D, el yogur o los cereales de desayuno, y la grasa de pescado). Los suplementos vienen en varias formas. Unos son más fáciles de tolerar que otros.
Manejo del Estreñimiento
El estreñimiento es común en la enfermedad de Parkinson. Aunque el estreñimiento observado en el Parkinson es debido en gran parte a la enfermedad misma, pueden implementarse ciertas medidas en el estilo de vida que podrían ayudar a manejarlo. Estas incluyen consumir alimentos ricos en fibra (panes de grano integral, cereales o molletes (muffins) de salvado, frutas y vegetales, frijoles [habichuelas] y legumbres, y ciruelas) además de beber abundante líquido.
Efectos Secundarios de la Medicación
Los medicamentos utilizados para tratar el Parkinson pueden causar efectos secundarios relacionados con la nutrición, tales cómo náuseas y falta de apetito. Típicamente estos efectos secundarios son más molestos al inicio del tratamiento. Normalmente, el cuerpo se va adaptando poco a poco y estos desaparecen. Sin embargo, algunos individuos continúan teniendo problemas con ellos. Tomar un pequeño bocado (como una ginger ale y unas pocas galletas saladas) junto con los medicamentos podría ayudar a controlar estos efectos secundarios. Los aminoácidos (de la proteína dietética) pueden interferir con la absorción de la levodopa en el cerebro.
Suplementos y Terapias Dietéticas
Los suplementos (tanto nutricionales como herbales) y las terapias dietéticas están en los primeros lugares de la lista de terapias complementarias utilizadas por las personas con Parkinson. A pesar de las persuasivas teorías acerca de la eficacia de varios suplementos o factores dietéticos en el retraso del avance de la enfermedad, no existen respuestas definitivas basadas en la evidencia. Algunas terapias han sido estudiadas solamente en tubos de ensayo o en animales de laboratorio. Se han hecho pocos ensayos en humanos (por ejemplo los que examinan los suplementos de vitaminas antioxidantes), y la mayoría han producido resultados decepcionantes.

Algunos alimentos que están en la categoría de los que “no hacen daño y podrían ayudar” (al menos en teoría) incluyen el café (varios estudios en la población sugieren que el café podría proteger contra el Parkinson, particularmente a los hombres), el té verde, una variedad de frutas y vegetales, los alimentos ricos en vitamina E tales como el germen de trigo, las nueces y semillas, y el aceite de origen vegetal. Al pensar acerca del valor potencial de utilizar este o aquel suplemento, considere los factores de costo, seguridad y eficacia, y asegúrese de que no sean simplemente el producto de exageraciones publicitarias.
Los síntomas del Parkinson varían de persona a persona y según la etapa de la enfermedad. Cada persona debe establecer cuáles son sus prioridades nutricionales basadas en los problemas que afronta. En los comienzos del Parkinson, debemos hacer énfasis en alimentarnos bien y mantener un peso saludable.