El alfajor de la fábrica La Olla de Cobre, originaria de San Antonio de Areco, Argentina, ha sido reconocido como el mejor del mundo por Taste Atlas, una guía culinaria internacional. Este prestigioso galardón se basa en las votaciones de chefs, críticos y degustadores, y consolida a la marca como un referente global en la producción de alfajores.
Historia y Orígenes de La Olla de Cobre
La historia de La Olla de Cobre se remonta a 1978, cuando Carlos Gabba y Teresa Fanelli fundaron una fábrica artesanal de alfajores, bombones y chocolates. Inicialmente, la producción se realizaba sin maquinaria industrial, utilizando ollas de cobre para fundir el cacao, de ahí el nombre de la marca. Con el tiempo, la marca ganó reconocimiento en San Antonio de Areco y en ciudades vecinas, gracias a la recomendación de turistas que visitaban la zona.
Carlos Gabba recuerda sus inicios: "El pueblo era mucho más chico de lo que es ahora. Areco no tenía una buena llegada al río. Se podía llegar hasta el boulevard, que en ese momento era de tierra, pero la costanera estaba toda enrejada y con tapiales. La gente, para llegar hasta el río, tenía que cruzar por el puente viejo. Luego de mucho trabajo entre vecinos y comisiones de turismo, logramos recuperar ese espacio". Plantaron árboles, colocaron pérgolas, bancos, cortaron el pasto, limpiaron la costanera y quitaron las rejas, logrando que los vecinos y turistas conocieran y disfrutaran del río.
Fue en ese contexto de creciente turismo social, con jubilados visitando el pueblo, cuando Carlos y Teresa decidieron vincular su emprendimiento con esta actividad. "Hacer algo que se pudieran llevar de Areco. Enseguida pensamos en alfajores, porque el alfajor es un clásico del turismo. Vos vas a la costa o al sur y hay alfajores", explica Carlos.

El Secreto de un Alfajor Exquisito
Carlos y Teresa se vincularon con especialistas en la fabricación de alfajores con el objetivo de crear el mejor producto posible, sin importar el precio. Querían que fuera exquisito y de la más alta calidad. Para ello, contrataron a expertos en el oficio de la chocolatería y cuidaron cada detalle en el "diseño" de su alfajor ideal. Descubrieron que el chocolate que se usaba en la época era de mala calidad.
Antes de lograr la receta actual, realizaron cientos de pruebas para alcanzar el sabor exacto. "Al principio no teníamos la máquina para bañarlos, entonces le poníamos azúcar. Fuimos evolucionando hasta que logramos tener las máquinas y luego no tuvo muchas variantes. Las galletitas, el chocolate ecuatoriano y el dulce de leche siguen siendo el mismo de aquel entonces", cuenta Carlos, quien se define con orgullo como chocolatero.
En 2021, Carlos Gabba y Teresa Fanelli revelaron que el secreto de sus alfajores reside en la masa, similar a la de un bizcochuelo, que le otorga una textura blanda inigualable. Esta característica es clave para su sabor y consistencia.
Reconocimiento Mundial por Taste Atlas
En mayo de 2025, Taste Atlas, una publicación culinaria que recopila opiniones y puntajes de comensales y expertos de todo el mundo, eligió a los alfajores de La Olla de Cobre como los mejores del mundo. La marca obtuvo cinco estrellas en la evaluación y superó a otras 19 marcas argentinas en el ranking de los mejores alfajores. Esta distinción se suma a un reconocimiento previo de la misma web, que había elegido a los alfajores argentinos como la mejor galletita del mundo.
La Olla de Cobre encabezó el listado de los 20 alfajores destacados del globo, consolidando la reputación de San Antonio de Areco como cuna de la excelencia alfajorera. Los arequeros, que ya conocían la calidad de sus alfajores, vieron confirmada su opinión a nivel global.

Proceso de Producción y Control de Calidad
Para hacer frente a la creciente demanda, los dueños de La Olla de Cobre modernizaron la fábrica con maquinaria de última generación, lo que les permite producir más de 10.000 alfajores semanales. A pesar de la modernización, Carlos Gabba mantiene un riguroso control de calidad:
"Todos los días me como uno. Los pruebo, veo cómo salieron y controlo la calidad, sabor y textura".
Carlos observa el proceso de armado de los alfajores con la sorpresa de quien ve por primera vez: las tapas, un copo altísimo de dulce de leche espeso depositado por una manga, y finalmente, una lluvia de chocolate. "- ¿Se sigue sorprendiendo?- ¿Cómo que no?", afirma.
En La Olla de Cobre, el aroma a chocolate es constante, aunque Carlos, por la costumbre, ya no lo percibe. Cuando se ausenta unos días y regresa, aprovecha para respirar hondo la fragancia, que para él es fundamental para evaluar la calidad del ambiente de producción.
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Expansión y Legado Familiar
Al principio, La Olla de Cobre solo tenía una vidriera, pero el negocio creció rápidamente. Se convirtió en un atractivo turístico, con colectivos llenos de visitantes deteniéndose en la puerta para comprar sus alfajores. Hoy, La Olla de Cobre es un clásico en San Antonio de Areco. Incluso los arequeros que viven lejos les piden a sus familiares que les envíen, además de la yerba, una caja de alfajores, como un "ruego cargado de nostalgia: un regalo preciado para quienes viven a cientos de miles de kilómetros del local de la calle Matheu".
La marca realiza envíos a todo el país y ha logrado trascender fronteras, gracias a los fanáticos que viven en el exterior y compran cajas extras para llevar a sus lugares de residencia. Desde hace 8 años, Carlos ha comenzado a delegar el trabajo en su hijo Agustín, a quien considera un chocolatero aún mejor que él y quien ha mejorado los procesos. Su hija Carolina tiene un local de La Olla de Cobre en Merlo, San Luis. Incluso su hijo mayor, abogado de profesión, colabora en la fábrica cuando la demanda excede la capacidad habitual.
A pesar del éxito y las ofertas para expandirse con franquicias por todo el mundo, Carlos Gabba mantiene una filosofía de vida y de trabajo inquebrantable: "Me han ofrecido de todo. Me han hecho ofertas de todos los colores para crecer, para poner franquicias en cualquier parte del mundo. Pero yo soy feliz así: disfrutando de mi familia, de mis nietos. Levantándome temprano, yendo a caminar: a las diez abro el negocio y a las siete y media cierro. Este es un laburo para disfrutarlo. Por eso la pregunta es hasta dónde te metés presión para disfrutarlo o padecerlo. Por eso lo disfruto. Nuestra filosofía es vivir y dejar vivir".
