Efectos de la harina de maíz en la inflamación y la salud

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La inflamación es una respuesta natural y necesaria del cuerpo ante infecciones o lesiones. Sin embargo, cuando esta respuesta se vuelve crónica, puede ser perjudicial y contribuir al desarrollo de diversas enfermedades como la artritis, patologías digestivas, enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 e incluso algunos tipos de cáncer.

En los últimos años, ha crecido la preocupación por el impacto de la dieta en la inflamación crónica, y un alimento que ha suscitado particular debate es la harina de maíz, especialmente en su forma procesada.

Esquema de la inflamación crónica en el cuerpo

Inflamación crónica: causas y consecuencias

Podemos llegar a tener un proceso inflamatorio crónico en nuestro cuerpo cuando llevamos una dieta rica en azúcares y grasas saturadas. Si llevamos un estilo de vida sedentario, con estrés y falta de sueño, también favorecemos la inflamación. Sin embargo, la principal causa es nuestra dieta diaria. Las grasas, el azúcar, la sal, los alimentos procesados y sin fibra son los peores compañeros.

La inflamación crónica es un fuego lento y constante que quema por dentro durante años antes de manifestarse como enfermedad. Es importante conocer cuáles son los alimentos que empeoran la inflamación crónica y aquellos que ayudan a prevenirla o mejorarla.

Alimentos que promueven la inflamación

  1. El azúcar en exceso: Los refrescos, bollería industrial, cereales azucarados y golosinas disparan los niveles de glucosa en sangre y fomentan la inflamación crónica. La azúcar blanca y morena refinada tiene el efecto de elevar rápidamente los niveles de azúcar en la sangre, lo que incrementa la producción de citoquinas, que son los mensajeros químicos involucrados en la respuesta inflamatoria de nuestro sistema inmunológico.
  2. Harinas refinadas: El pan blanco, la pasta refinada y las galletas tienen un alto índice glucémico que genera picos de insulina y favorece la inflamación. Las harinas refinadas (blancas) pueden resultar más indigestas y podrían aumentar la inflamación. Mientras el pan integral tiene un índice glucémico de 40-50, el pan blanco supera 70-85.
  3. Aceites vegetales refinados y grasas trans: Los aceites vegetales refinados (girasol, maíz, soja) y las grasas trans presentes en bollería industrial, margarinas y comida rápida son altamente inflamatorias.
  4. Carnes procesadas: El consumo excesivo de embutidos (salchichas, chorizo, jamón, bacon) y carnes procesadas aumenta la producción de compuestos inflamatorios como las nitrosaminas.
  5. Lácteos: La relación entre el consumo de lácteos e inflamación ha sido un tema de controversia. Los lácteos han sido señalados por su potencial para causar inflamación, especialmente en personas con intolerancia a la lactosa o alergia a las proteínas de la leche (como la caseína). En estos casos, el sistema inmunológico puede desencadenar una respuesta inflamatoria al consumir lácteos. La leche es un alimento que produce mucosidades y, cuando estas mucosidades cubren el tracto intestinal, no permiten que los nutrientes sean absorbidos. Además, las vacas criadas para producir leche se les alimenta con hormonas y antibióticos que pueden interferir con nuestro sistema hormonal y producir inflamación crónica.
  6. Gluten: El gluten, una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno, ha sido acusado de ser inflamatorio, especialmente en el contexto de la enfermedad celíaca. En personas con enfermedad celíaca, el gluten desencadena una respuesta inmune que daña el intestino delgado y provoca inflamación crónica. Un área de mayor debate es la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC), donde las personas reportan síntomas inflamatorios tras consumir gluten, aunque no tienen enfermedad celíaca ni alergia al trigo.
  7. Maíz modificado genéticamente y procesado: Dado el hecho de que la mayoría del maíz que se consume hoy en día es genéticamente modificado, se coloca en la lista de alimentos a evitar. Como resultado de las modificaciones, este tipo de alimentos puede suprimir el funcionamiento del sistema inmunológico y promover la inflamación crónica.

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El maíz: un cereal con doble filo

El maíz es una hortaliza que también se considera un cereal. Comer la forma entera de esta hortaliza en una barbacoa de verano, como palomitas de maíz o como harina de maíz, tiene indiscutibles beneficios para la salud, como la reducción del riesgo de cáncer, ictus y enfermedades cardíacas. Una sola mazorca mediana contiene más de 3 gramos de proteínas, 2 gramos de fibra alimentaria, 37 miligramos de magnesio, 90 miligramos de fósforo y la friolera de 275 miligramos de potasio. También contiene hierro, calcio, manganeso, cobre, zinc, vitamina A, varias vitaminas del grupo B como B6, niacina y folato, además de vitamina C, vitamina E y fitonutrientes como la luteína y la zeaxantina, que contribuyen a la salud de la vista y el cerebro.

Sin embargo, la mayoría de nosotros consumimos menos maíz entero y mucho más maíz procesado en forma de aceite de maíz, almidón de maíz, harina de maíz y jarabe de maíz de alta fructosa, que puede contribuir a resultados adversos para la salud, como la hipertensión arterial y la hiperglucemia, además de un mayor riesgo de obesidad, enfermedad del hígado graso, cáncer colorrectal y diabetes tipo 2.

“Nuestra principal preocupación sobre el maíz debería ser la forma en que se utiliza, porque el maíz está en el centro de un sistema alimentario disfuncional que alimenta el cambio climático y socava la salud humana”, afirma Walter Willett, profesor de epidemiología y nutrición de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard (Estados Unidos).

Diferencias entre maíz entero y maíz procesado

Subproductos del maíz y sus efectos en la salud

El principal problema del maíz es que suele estar muy procesado en sustancias que son inflamatorias y metabólicamente inseguras. El uso del maíz se está extendiendo ampliamente en muchísimos de los productos que utilizamos o consumimos de forma diaria. Es un edulcorante refinado (jarabe de maíz de alta fructosa) en muchos productos envasados. Lo consumimos en innumerables fuentes alimentarias insospechadas, como aliños para ensaladas, galletas y pan, salsa de tomate, alimentos infantiles, chicles, donuts, queso para untar, helados, tortillas, galletas saladas, caramelos, carne procesada, mayonesa, mantequilla de cacahuete, mezcla para tortitas, sopa, patatas fritas, cereales de desayuno, marisco congelado, sirope, malvaviscos, fruta enlatada y la mayoría de los refrescos.

El jarabe de maíz alto en fructosa puede promover el crecimiento del cáncer a través de la desregulación metabólica y la inflamación. También se ha relacionado con un mayor riesgo de obesidad, cardiopatías y diabetes de tipo 2. Algunos estudios sugieren que el jarabe de maíz rico en fructosa aumenta los marcadores de inflamación incluso más que el azúcar de mesa. Esta es una de las razones por las que un consumo excesivo puede provocar también una enfermedad de hígado graso.

El almidón de maíz y la harina de maíz, por ejemplo, se refinan de forma que se eliminan nutrientes clave y se digieren rápidamente, lo que provoca una oleada de glucosa en el torrente sanguíneo. Por eso el índice glucémico (una escala que mide la rapidez con que un alimento eleva los niveles de azúcar en sangre) del almidón de maíz es superior incluso al del azúcar de mesa, que tiene un índice glucémico de 65. El maíz entero tiene un índice glucémico de 52, pero el almidón de maíz tiene la friolera de 97.

Además, la digestión rápida y completa de los alimentos elaborados con almidón de maíz deja una sensación de hambre y malestar, con consecuencias metabólicas e inflamatorias negativas.

Los productos a base de maíz son un alimento básico para los celíacos, pero varios estudios están demostrando que no lo son del todo, ya que estos productos pueden contener altos niveles de toxina. El gluten de maíz se ha demostrado repetidamente que causa daños en las vellosidades e incita a la inflamación en pacientes con enfermedad celíaca. No es de extrañar que muchos que intentan una dieta libre de gluten no se curen.

Un estudio reciente examinó el contenido de la toxina fumonisinas en productos a base de maíz "libre de gluten" que son consumidos en una dieta para celíacos. Los resultados revelaron que la ingesta de fumonisinas en los pacientes celíacos fue significativamente mayor que en los controles. Además, los pacientes celíacos mostraron una preferencia por una dieta alta en grasas, junto con un alto consumo de dulces y refrescos y un bajo consumo de vegetales, hierro, calcio y ácido fólico.

Comparación de la ingesta de fumonisinas y hábitos nutricionales entre celíacos y controles
Grupo Ingesta de Fumonisinas (mg/kg de peso corporal/día) Preferencias Dietéticas Consumo de Dulces y Refrescos Consumo de Vegetales, Hierro, Calcio y Ácido Fólico
Pacientes Celíacos 0,395 ± 0,049 Dieta alta en grasas Alto Bajo
Controles 0,029 ± 0,006 Dieta equilibrada Bajo Adecuado

Maíz y gluten: una conexión peligrosa

La mayoría de los cereales contienen prolaminas, unas proteínas que las plantas utilizan como protección ante sus depredadores y que nos resultan muy difíciles de digerir. Estas proteínas irritan el sistema digestivo e inflaman las paredes intestinales; y terminan permitiendo el paso al organismo de estas moléculas de proteínas no suficientemente digeridas (no seccionadas y reducidas a aminoácidos).

En 2012, el periódico Plant Foods Human Nutrition publicó un estudio que demostraba que algunas prolaminas del maíz (zeínas) contienen secuencias de aminoácidos muy parecidas a las del gluten del trigo (gliadina), las cuales son las responsables de activar la reacción autoinmune que deriva a celiaquía.

Estructura de las prolaminas del maíz y su similitud con el gluten

Maíz transgénico y herbicidas

El maíz es uno de los cultivos más transgénicos tras la soja y el aceite de canola. La Comisión Europea ha recibido presión para que apruebe el maíz 1507, un tipo de maíz modificado genéticamente que le permite elaborar una sustancia tóxica para combatir el taladro, una de las plagas más comunes de este cultivo; a la vez, esta mutación genética también le permite tolerar el glufosinato, un herbicida de toxicidad aguda.

Estas modificaciones genéticas y el uso de pesticidas, bactericidas y fungicidas pueden afectar la calidad del cereal y sus efectos en la salud.

Estrategias para una dieta antiinflamatoria

Para evitar llegar a una situación de inflamación crónica, debemos seguir unas pautas de alimentación sencillas que hagan que nuestra dieta se componga de alimentos que actúan de forma antiinflamatoria en nuestro cuerpo, y por tanto, nos ayudan a tener mejores digestiones y un bienestar constante.

Alimentos antiinflamatorios

En realidad, una alimentación saludable tipo dieta mediterránea a base de alimentos frescos y poco procesados se puede considerar antiinflamatoria. El consumo habitual de frutas y verduras de temporada, pescado azul, carnes magras, legumbres, cereales guisados y frutos secos es fundamental.

  • Antioxidantes: Todas las frutas y verduras contienen antioxidantes que combaten el daño oxidativo en el cuerpo, que puede desencadenar inflamación.
  • Ácidos grasos omega-3: Son conocidos por sus propiedades antiinflamatorias y se encuentran en algas marinas, semillas de chía, lino, linaza y nueces, y pescado azul. Restaurar el equilibrio omega 3 / omega 6 es una de las intervenciones antiinflamatorias con más evidencia.
  • Granos enteros y sin gluten: Los granos enteros y los que no contienen gluten pueden ayudar a reducir la inflamación. La clave para un estilo de alimentación sin gluten es enfocarse en alimentos frescos, enteros, naturalmente libres de gluten.
  • Proteínas magras: La elección de proteínas magras puede influir en los niveles de inflamación, como las legumbres y el tofu.
  • Lácteos fermentados: Algunos estudios sugieren que el consumo de productos lácteos, especialmente aquellos fermentados como el yogur y el kéfir, pueden tener un efecto antiinflamatorio. Estas investigaciones han encontrado que los lácteos bajos en grasa o fermentados pueden mejorar la salud intestinal y reducir marcadores de inflamación sistémica, como la proteína C reactiva (PCR).

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Sustitución de harinas refinadas

Con información es posible sustituir las harinas blancas refinadas en una receta por opciones integrales o harinas de legumbres o frutos secos, como las de almendras o de arvejas. Es importante utilizar harinas con un contenido de proteínas similar para influir directamente en la textura y la miga de los productos horneados.

  • Harina de quinoa: Este grano, apreciado por su alto contenido en proteínas, minerales y vitaminas, ofrece una excelente alternativa para enriquecer las preparaciones.
  • Harina de trigo sarraceno: Originaria del trigo sarraceno molido, esta harina se destaca por su aporte de fibra y proteínas.
  • Harina de arroz: Es ideal para personas que siguen una dieta sin gluten, es nutritiva y se procesa de manera mínima.
Comparativa de harinas refinadas y alternativas saludables

Un estilo de vida antiinflamatorio

Un estilo de vida saludable y antiinflamatorio requiere de que tengamos en cuenta otros aspectos además de la dieta. La clave está en llevar una alimentación antiinflamatoria y un estilo de vida antiinflamatorio.

  • Ejercicio regular: El ejercicio regular es crucial para reducir la inflamación y mejorar nuestra calidad de vida. La actividad física ayuda a reducir el estrés, mejora la circulación y fortalece el sistema inmunológico.
  • Vitamina D: La vitamina D es esencial en nuestro organismo, ya que actúa como vitamina y hormona. Por ello, su papel en la inflamación es fundamental. Suplementarla en casos necesarios puede ser beneficioso.
  • Manejo del estrés: El estrés crónico puede aumentar los niveles de inflamación en el cuerpo a través de la desregulación hormonal.
  • Sueño adecuado: El sueño es esencial para la recuperación y la salud general. La falta de sueño puede aumentar los niveles de inflamación.
  • Hidratación: Beber suficiente agua es esencial para el funcionamiento óptimo del cuerpo. La deshidratación puede aumentar la inflamación y afectar negativamente la salud.

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