El huevo es un alimento básico en la dieta mediterránea y un clásico de la gastronomía española. Se puede consumir frito, cocido, revuelto, en tortilla o escalfado, entre otras muchas formas. Freír un huevo en una sartén es una de las recetas más sencillas que existen, pero lograr el huevo frito perfecto requiere atención a algunos detalles.
La frescura del huevo: un factor clave
Al no tener una fecha de consumo preferente, es importante fijarse en la fecha de consumo, que se establece en los 28 días posteriores a la puesta. No obstante, que el huevo esté fuera de esa fecha no significa necesariamente que se encuentre en mal estado.

Preparación para un huevo frito ideal
Para lograr un huevo frito de calidad, es fundamental elegir un huevo de gallina de gran calidad, ya que la diferencia se notará en el sabor y el color. Los amantes de los desayunos contundentes aprecian un huevo frito con la clara cuajada y el interior de la yema líquida.
Para empezar, colocamos la sartén sobre el fuego (o la vitrocerámica) con un dedo de aceite de oliva. Es importante esperar a que el aceite se caliente, pero no demasiado, para evitar quemaduras al añadir el huevo. La clara del huevo contiene agua, lo que podría causar salpicaduras al reaccionar con el aceite caliente.

El momento de freír
A continuación, incorporamos el huevo. Podemos hacerlo de uno en uno, llevándolo a la sartén desde un bol, ¡y sin la cáscara, por supuesto! Inmediatamente se empezará a freír. El crepitar del aceite nos indicará que está haciendo su trabajo. Lo dejaremos freír hasta el punto deseado, más o menos hecho.
Los más puristas aseguran que un huevo está bien frito cuando los bordes están ligeramente dorados y crujientes, formando lo que se conoce como "soletilla". Si el resultado no muestra este aspecto, la próxima vez deberemos dar más fuerza al fuego, pero con precaución para no tostarlo demasiado.
Cómo FREÍR UN HUEVO sin que salpique | TRUCO DE COCINA
Consejos para servir
Para rematar esta sencilla receta, basta con servir el huevo frito caliente. Un par de huevos fritos bien calientes, acompañados de ensaladas, embutidos o cualquier otro complemento, son un bocado irresistible a casi cualquier hora del día.