El origen y significado de la expresión "ser un cerdo" y su uso en la cultura popular

La expresión "ser un cerdo" es una parte fundamental del idioma español, utilizada para describir a una persona que actúa de manera sucia, desordenada o poco higiénica. También puede referirse a alguien que se comporta de manera egoísta o desconsiderada. En resumen, es una forma despectiva de señalar comportamientos que se consideran inapropiados o desagradables. Conocer el origen y significado de estas expresiones nos ayuda a comprender mejor nuestro propio idioma y a mantener viva la tradición oral.

Origen de la expresión "ser un cerdo"

El origen de "ser un cerdo" está profundamente arraigado en la observación del comportamiento de los cerdos. Estos animales han sido históricamente asociados con la suciedad y el desorden debido a sus hábitos de revolcarse en el barro y su alimentación poco selectiva.

Desde el punto de vista etimológico, la palabra "cerdo" se atestigua en 1925 en "Zoología", de Ángel Cabrera, y en 2001 en el DRAE. Es sinónimo de "cochino", "puerco" o "marrano", y su descripción a menudo hace referencia a que "este animal en lugar de pelo está cubierto de cerdas cortas".

Cerdo revolcándose en el barro

Uso de la expresión en la cultura popular

Las expresiones populares no solo enriquecen nuestra comunicación diaria, sino que también reflejan la cultura, historia y valores de una sociedad. Estas frases hechas nos permiten expresar ideas complejas de manera concisa y, a menudo, con un toque de humor o ironía.

"Eres un cerdo, asqueroso": Un caso en "La Isla de las Tentaciones"

Un ejemplo reciente del uso de esta expresión se vivió en la octava edición de "La isla de las tentaciones", un programa de televisión español. La situación más dramática se produjo entre Alba y Gerardo. Alba estalló contra él, gritando: "Eres un puto guarro. ¿Ves normal un coño en tu nuca? ¿Quién coño eres tú, no eres mi novio? ¡Eres un cerdo, asqueroso!".

Alba Rodríguez Mira, la joven modelo que fue candidata por Alicante en el certamen de Miss Mundo España en 2019, se convirtió en la protagonista indiscutible de la nueva edición de "La Isla de las Tentaciones" de Telecinco. Esta estudiante de Enfermería de 23 años enloqueció de celos ante las cámaras ante la supuesta deslealtad de su novio, Gerardo Arias, un bombero de 31 años procedente de Tomelloso.

Alba y Gerardo discutiendo en

En el programa, entre la nómina de "tentadoras" se encontraba Aída, una examiga de Alba con la que no podía ni verse a raíz de una "traición". Dio la casualidad de que Gerardo estuvo hablando con Aída, hasta que se enteró de quién se trataba, momento en que él le dijo que mejor que no se acercaran para no molestar a su novia. Sin embargo, el programa le mostró a Alba el momento en que su novio y su examiga aparecen departiendo, y no cuando él le hace el "vade retro, Satanás".

Alba explotó en directo de forma muy visceral, haciendo pasar un muy mal rato a su pareja. "Eres un guarro", le espetó ante las cámaras mientras pasaba por delante de ella con el resto de los chicos. "¡Eres un puto guarro!", prosiguió elevando el tono. "¿Yo? ¿Por qué?", preguntó inocentemente Gerardo. "¿Qué cojones haces subiéndote a una tía aquí arriba?", le recriminó su novia, haciendo alusión a unos juegos en la piscina en los que subió a sus hombros a una tentadora.

💥GILBERT FLIPA viendo a CLAUDIA HACERLO con GERARD en la HOGUERA de LA ISLA DE LAS TENTACIONES

"Pero vamos a ver, ¿tú ves normal un coño en tu nuca? Hablando con ella... ¡Te dije que no! Y bailando con ella, has hecho un puto sándwich bailando y conmigo nunca bailas", le espetó mientras él intentaba explicarle que "no la conocía" y se tapaba la cara, no se sabe si de la vergüenza o para no recibir perdigonazos de saliva. "No eres mi novio, me voy a ir de aquí", gritó enloquecida, para sentenciar que "no eres mi novio, me voy a ir de aquí".

La presentadora, Sandra Barneda, mostró su rostro de incredulidad ante la escena. Acto seguido, Alba le dijo que "a Tomelloso te vas con tu madre, tu hermana y tu hermano, yo, no". El bombero, harto de los gritos, le replicó: "Que te pires si quieres, no te lo voy a decir dos veces". Ella le volvió a cortar: "Eres un cerdo". "Que no me faltes al respeto", le pidió él. ¿Respuesta por parte de ella? El mismo epíteto porcino pero con más decibelios.

Gerardo le aclaró que cuando supo que Aída era su examiga le pidió "tomar distancia" porque lo contrario sería una falta de respeto a ella. "No había visto nunca fotos de ella", se justificó. A Alba le daba igual cualquier excusa y amenazó a su pareja con que "ahora voy yo a disfrutar como nunca".

Para terminar el viacrucis del joven, Aída tuvo a bien elegirle a él en la ceremonia de los collares y, aunque él quiso rehusar tal distinción para no enfadar todavía más a su chica, el programa determinó que era una elección de Aída y no podía rechazarla. Sin embargo, esta vez sí se le mostró a Alba el vídeo completo, por lo que apreció su gesto de no querer recibir el collar. Con todo, Alba activó el protocolo de abandono. Este incidente demuestra cómo una expresión popular puede ser utilizada en momentos de alta tensión emocional y ser el centro de la atención mediática.

La "galta" o carrillera de cerdo en la gastronomía

En la gastronomía, la carne de cerdo, junto al pollo y el huevo, sigue siendo una proteína muy asequible. Un corte porcino particularmente apreciado es la "galta", que en catalán significa mejilla. Es un corte sumamente parecido a las carrilleras/carrilladas/cachetes, aunque con algunas diferencias.

Características y preparación de la galta

Una galta es algo más amplio y complicado que una carrillera, ese corte depurado que integra, sin hueso alguno, los carrillos de un animal, es decir, los músculos maseteros, encargados de la masticación. Es un trozo muy agradecido, y se sabe que, cocinado bien y por mucho tiempo, resulta sabroso y tierno. Las galtas se han consumido de diversas especies, desde cerdo y vaca hasta caballo y camello, e incluso de pescado.

Plato de galtas de cerdo estofadas

Antiguamente, una galta integraba la mitad de la cara de un cerdo, con sus huesos, desde debajo del ojo hasta la barbilla, incluyendo parte de la mandíbula inferior y los dientes. Hoy en día, su corte se ha reformulado, despojándolas de sus zonas más "gore" como las mandíbulas, para una presentación más refinada.

Hay varias formas de cocinar las galtas, que se resumen en dos:

  1. Secas, sin salsa:
    • A la brasa
    • Rustida, sin salsa alguna
    • Al horno
  2. Rustida, con salsa: Elaborada con verduras, vino, hierbas y, luego, picada/majada.

Receta básica de galtas al horno

Para una preparación sencilla que sirva de base para acompañar con allioli, se puede seguir esta receta:

  1. Calentar el horno a unos 250 grados.
  2. Introducir las galtas durante diez minutos (cinco por cada cara).
  3. Regar con generosidad con coñac y vino tinto.
  4. Tras unos minutos con la temperatura aún alta para que el alcohol se volatilice, bajar la temperatura a 160º y olvidarse del asunto por 45 minutos.
  5. Girar las galtas y cocinarlas otros 45 minutos.
  6. Cuando falten 15-20 minutos para el final de ese tiempo, añadir romero fresco y tomillo fresco en abundancia.
  7. Cubrir el recipiente con una tapa efectiva o papel de aluminio.
  8. Una vez finalizado el tiempo de cocción, sacar del horno y retirar la tapa o el aluminio en la mesa. El aroma de romero y tomillo se esparcirá.

Este plato se sirve idealmente con una buena cantidad de allioli.

El allioli: Historia y evolución de una salsa ancestral

El allioli (en catalán), aïoli (en occitano), alioli (en castellano estándar), ajolio o ajaceite (en el castellano de Aragón), o ajoaceite (en las zonas históricamente castellanas del País Valencià y en Murcia) es una de las salsas más antiguas de Europa, cuya historia es fascinante y compleja.

Orígenes romanos y proto-allioli

El allioli tiene un origen romano, aunque no exactamente en su forma actual emulsionada. En Roma, se conocía la posibilidad de mezclar ajo y aceite. Plinio habla de esa mezcla como condimento, medicina o ungüento. Se detectan tres precedentes en el uso de esta mezcla en cocina:

  1. Moretum: Aparece en la Appendix Virgiliana (siglo I), donde se describe como una pasta de ajos, queso y hierbas con aceite.
  2. Recetas de Apicio: En el gran recetario romano, se alude a varias salsas con aceite y ajos, pero estos ingredientes nunca vivían solos, mezclándose con pan, queso, huevo, vino, hierbas, caldo o garum, lo que posponía la "cosa ajo" que solo el allioli ofrece en su pureza.

Aunque Roma intuyó objetos contemporáneos como el hormigón, el emperador majara o el genocidio, también sospechó el allioli, pero solo de aquella manera. Para la epifanía de la emulsión del allioli, una genialidad que llegó lentamente a nuestras manos a través de los siglos, aún habría que esperar. Siempre se ha supuesto que esto fue en Provenza o en Cataluña, pero la verdad es que no está claro. Se detecta la apuesta de querer hacer allioli incluso en Nápoles.

El allioli en la Edad Media: Liber de Coquina y Sent Soví

Hacia el año 1300, e incluso antes, aparece el Australopitecos del allioli en una receta del Liber de Coquina, uno de los primeros recetarios europeos escritos fuera del ámbito monacal. Este libro de cocina cortesana, redactado en una lengua mixta (latín medieval, romance protonapolitano, provenzal y francés), exponía una cocina variada, incluyendo catalana, italiana, provenzal, francesa, germánica, árabe y judía.

El proto-allioli expuesto se dibuja a través de varias salsas no calculadas por los romanos, muy pasadas por el mortero, que integran aceite, ajo y sal y, en ocasiones, pan y vinagre (conocido como "agliata"), y en otras ocasiones vino (o "salsa cum alio"). Estas salsas no estaban emulsionadas. La posible relación de los orígenes del allioli con Nápoles se debe a la Corte Angevina de Nápoles, que tenía cierta relación con lo provenzal, o al prestigio de la cocina catalana en Italia hasta el siglo XVI.

Quien toma el relevo en la carrera armamentística del allioli es el Sent Soví, el gran recetario catalán redactado hacia 1320-1330 por un cocinero profesional de Barcelona, Valencia o Perpinyà, familiarizado con los usos culinarios provenzales, sefardíes, catalanes y del mediterráneo oriental. En este libro fundamental aparecen cinco salsas de ajos, de las cuales un par ya son, plástica y aromáticamente, allioli, aunque no está claro si estaban emulsionadas.

  1. Allos quesos (o alls esquessos): Ajo + aceite + queso semicurado + yema de huevo + almendras + agua tibia + sal. Es un allioli en modo beta y no emulsionado, pero con una textura absolutamente allioliesca.
  2. Almadroc: Proviene de un vocablo árabe que significa "machacado". Es la salsa de moda entonces, y presagia la locura del allioli. Es similar a la receta anterior: queso curado, fuerte, rallado + ajo + aceite + agua + sal. No está claro si esta salsa estaba emulsionada o simplemente mezclada, pero su parecido con el allioli ya era notable. El almadroc es, a su vez, el almadrote sefardí ("ajos majados con queso e azeite…"), un hito culinario del siglo XV.
Ilustración de un recetario medieval, haciendo referencia al

La emulsión del allioli: Un misterio del siglo XVIII

El almadroc es ya una receta consolidada en el siguiente eslabón evolutivo del allioli, un libro muy influyente: El llibre de doctrina per a ben servir, de tallar y de l’art del coch, ço es, de qualsevol manera, potatges y salsas, compost per lo diligent mestre Robert, coch del Serenissimo Senyor don Ferrnado, Rey de Napols, conocido como el Llibre del coch (Barcelona, 1520), de Robert de Nola. Este libro fue una referencia para intuir la gastronomía en la Corte de Aragón e influyó en las cortes renacentistas del Sur.

Sin embargo, la influencia de la cocina catalana y española disminuyó en beneficio de la francesa, que no era aficionada a los sabores fuertes y al ajo. Por ello, la presencia del allioli se redujo a Provenza, Cataluña, Valencia, Baleares, Aragón y algunas zonas de Murcia. No se tiene mucha información sobre el allioli desde el siglo XVII hasta el XVIII, el período corto en el que se produce el milagro: la emulsión.

¿Dónde se produce? La receta más citada en recetarios aparece en el ámbito lingüístico catalán. Sin embargo, la fascinación por algo no implica la invención de ese algo. Es poco probable que sepamos nunca el punto exacto del invento, ya que quizás no existió como tal, sino como una dinámica, una búsqueda colectiva y doméstica de varios siglos.

Joan Coromines (1905-1997), el lexicógrafo cuya vida se dedicó a la creación de dos monumentales diccionarios etimológicos para el catalán y el castellano, sitúa en el siglo XVIII la aparición de, al menos, la palabra "allioli" (en catalán "ajo y aceite", todo junto; un nombre artístico que lo explica todo, una receta en sí misma). En todo caso, a principios del siglo XVIII, la emulsión del allioli ya era algo de cierta edad, asumido y conocido, que se expandía y experimentaba otras preparaciones.

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