Los gazpachos y salmorejos caseros son un placer gastronómico del verano. Por su sabor y porque es una excelente opción para mantenerse hidratado durante los meses calurosos, el gazpacho es una de las bebidas que más triunfan en verano. Nutritiva y refrescante, esta bebida se prepara con verduras frescas, como tomates, pepinos, pimientos y ajos, que son alimentos ricos en vitaminas y minerales.
Pero, reconozcámoslo: aunque son fáciles de elaborar, no siempre tenemos ganas o tiempo de hacerlos. Por suerte, hoy en día se pueden comprar envasados, fresquitos y listos para consumir. ¿El problema? La variedad. ¿Quién no ha dudado mirando los briks y las botellas de salmorejo y gazpacho? ¿Cuál elegir? ¿El más barato es el peor?
Al tratarse de una receta fácil de elaborar, muchos la preparan en casa. Sin embargo, otros optan por recurrir a una opción más sencilla y cómoda: comprarlo en el supermercado. La inflación ha disparado el precio de los alimentos, y en los últimos tiempos se ha producido un aumento del precio de todos los ingredientes del gazpacho, por lo que se plantea la duda sobre qué opción es más conveniente para nuestros bolsillos.

¿Es más barato el gazpacho envasado que el casero?
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha realizado un informe en el que se muestra cuánto dinero nos cuesta actualmente preparar el gazpacho en casa, y desvela si es más caro comprar el gazpacho del supermercado.
El gazpacho se prepara con aceite de oliva, tomate, pan y sal. También se le añaden a esta mezcla hortalizas como el pimiento, la cebolla y el pepino, y hay personas que también añaden vinagre a esta bebida. La suma total de todos estos ingredientes es de 4,08 euros, mientras que en el supermercado podemos encontrar algún gazpacho listo para tomar con un coste menor.
Esto supone que nuevas generaciones abandonen la tradición de preparar este delicioso plato tradicional y, cada vez sea mayor el número de personas que se decanta por consumir esta bebida ya preparada del supermercado. La OCU señala que en algunos casos podemos encontrar opciones por dos euros el litro. Sin embargo, no todas estas sopas envasadas prometen la mejor relación calidad-precio. La OCU señala que algunos gazpachos y salmorejos de primeras marcas pueden rondar los 4 euros por litro.
En definitiva, la diferencia de precio entre un gazpacho envasado y uno preparado en casa no es tan alta. Podemos encontrar uno industrial de buena calidad por tan solo un euro más. Sin embargo, el placer de elaborar el plato uno mismo y la diferencia de sabor hacen que muchos se decidan por la versión casera.
El encarecimiento del gazpacho ilustra un problema de precios que se ha extendido por toda la cesta de la compra. Las subidas empezaron en el otoño de 2021, y se aceleraron tras el estallido de la guerra en Ucrania, por una combinación de factores: incrementos de los costes, de las materias primas y de la energía, además de una sequía que ha reducido la oferta. En abril, el IPC de los alimentos se moderó hasta el 12,9%, 3,9 puntos menos que en marzo y la mayor caída de la serie histórica, lo que alienta la idea de que los precios han tocado ya techo. Sin embargo, el conjunto de la cesta de la compra sigue en general con precios en máximos.
El experimento que ha hecho EL PAÍS, recogiendo datos en puestos de ocho mercados de toda España, sirve para hacerse la cuenta de que, se busque el producto económico o el que tiene un coste más elevado, al final es inevitable pagar bastante más que hace un año.
Aumento persistente de los precios
Las hortalizas, componente fundamental del gazpacho ya que entrarían en este grupo el tomate, el pimiento y el pepino (incluso la cebolla, si se le añade), fueron en abril un 11,2% más caras que en el mismo mes de 2022. El INE, que desglosa precios para 200 subclases de productos, no ofrece detalle de todos los ingredientes de la receta por separado, pero sí lo hace con el aceite de oliva: un 22,2% más costoso ahora que un año atrás. Todavía más ha subido el vinagre, que se incluye en la subclase de salsas y condimentos, con una escalada anual del 26,3%. El pan y la sal, por su parte, suben un 9,3% y un 13,7%, respectivamente. Aunque ambos elementos, como sucede con el aceite, el vinagre o el ajo, tienen en realidad poco peso en lo que al final cuesta hacer un gazpacho. Lo fundamental es el precio del tomate, y en menor medida, de las otras hortalizas.

Javier Ibáñez de Aldecoa Fuster, economista de CaixaBank Research, destaca que el aumento de los precios de los alimentos está siendo en general más persistente de lo esperado, aunque destaca que se empieza a detectar un freno: “Si las incertidumbres geopolíticas y la sequía se moderan, tendría sentido que los precios también”. El experto advierte de que es posible que los precios no vuelvan a los niveles de 2019, pero sí que prevé que, a medio plazo, haya una recuperación del poder adquisitivo que compense las alzas de la cesta de la compra.
Para José María Sumpsi, catedrático emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, la desaceleración del IPC de los alimentos de abril se debe en gran parte a que el consumo de alimentos en volumen está cayendo y la distribución está ajustando precios “para mantener su cuota de mercado”, con un incremento de las promociones a la vista. En abril, la demanda de alimentos registró una caída del 10%, según los cálculos de la consultora NielsenIQ.
La climatología es ahora la gran amenaza. “Las cosechas de 2023 se esperan muy cortas como consecuencia de la fuerte sequía y el exceso de calor en marzo y abril, lo que podría significar una importante presión al alza de los precios de los alimentos en los próximos meses, como ya está ocurriendo de hecho en el aceite de oliva y los alimentos para el ganado”, explica Sumpsi, que también es miembro del Grupo de Alto Nivel de Expertos del Comité Mundial de Seguridad Alimentaria de Naciones Unidas.
La temporada de cosecha más abundante para el campo español llega, por tanto, cargada de incertidumbre. Los expertos no auguran una buena campaña, lo que podría repercutir este verano sobre el precio del tomate o el resto de ingredientes del gazpacho.
¿Cuál es el mejor gazpacho envasado? | El Comidista
Qué mirar en el supermercado al elegir gazpacho envasado
La etiqueta es clave. Hay que observar que los ingredientes sean de calidad. Mejor si se utilizan productos con denominaciones de origen (DOP) o indicaciones geográficas protegidas (IGP). Por ejemplo, la empresa Santa Teresa usa vinagre de Jerez (DOP). Los ingredientes ecológicos o de calidad superior (como aceite de oliva virgen extra) también suman.
Es mejor que el producto no se desvíe de la receta original. Es preferible que no incluya ingredientes como mayonesa, nata, etc.
El precio: ¿cuánto influye?
El litro de estas dos sopas frías cuesta una media de 3,84 euros. Pagar más o menos dependerá de diversos factores:
- El tipo de sopa: Por regla general, el salmorejo resulta más económico que el gazpacho. El litro de gazpacho envasado cuesta una media de 4,45 euros y, el de salmorejo, 3,22 euros, un 28 % menos. Tan solo en las marcas Alvalle y Santa Teresa se invierte esta tendencia.
- La marca: Escoger una u otra puede triplicar el precio en el caso del gazpacho y duplicarlo en el del salmorejo. El perfil nutricional apenas afecta al importe. Sin embargo, la marca sí que lo hace.
- El envase: El gazpacho y el salmorejo se suelen presentar en briks de un litro. Sin embargo, también existen las tarrinas (casi el doble de caras) y la botella de plástico, apenas un 11 % más generosas.
- El tamaño: Lo habitual es que esté en briks de un litro, pero en el caso del gazpacho existe la opción de briks de 330 ml y su precio es un 36 % más caro que el litro. Por el contrario, el salmorejo también puede encontrarse en envases de 180 ml y duplicar el precio del brik de litro.
Actualmente, existe una gran variedad de gazpachos envasados, de distintas marcas y con diferentes precios. Además, muchas de estas consiguen que el sabor y la textura de la bebida sea muy similar a un gazpacho casero, pero con la diferencia de que lo tomas por un precio inferior al que pagarías preparándolo en tu hogar.
La buena noticia es que el gazpacho es tan sencillo que resulta complicado que una empresa produzca un monstruo bajo su nombre. Es decir, no hay mucho margen para convertir una sopa fría de hortalizas frescas trituradas en un alimento que no sea saludable. Todos los gazpachos combinan hortalizas frescas, aceite, vinagre y sal. El tomate, obviamente, debe ocupar siempre la primera posición en el listado de ingredientes, y es preferible optar por los productos que indiquen la proporción de hortalizas; si la ocultan, mala señal, que además es un incumplimiento de la legislación. Recomendamos fijar el mínimo en un 90% de hortalizas, mejor si ese número sube al 93-96%. La cebolla sería recomendable evitarla, porque el gazpacho andaluz tradicional no la lleva y, si se incluye, podría ser para abaratar el coste total al disminuir la cantidad de tomate o pimiento. Hortalizas a un lado, el mínimo porcentaje de los demás ingredientes lo ocupan los aderezos que ayudan a emulsionar, conservar y dar sabor. El aceite siempre debe ser de oliva, y un buen gazpacho utiliza exclusivamente aceite de oliva virgen extra. La cantidad de aceite debe estar también indicada en el porcentaje total que ocupa, idealmente entre el 2-4%. Más aceite implica también más grasa y calorías, pero la diferencia nutricional es mínima y además suma nutrientes, no resta, siempre que sea de oliva virgen extra. En cuanto al vinagre, se suele optar por vinagre de vino o vinagre de Jerez; recomendamos buscar el segundo en el listado, de más calidad y mejor sabor. Sí conviene vigilar la cantidad de sal, pues a menudo sobrepasamos la ingesta máxima diaria recomendada por la OMS, fijada en 5 g al día en los adultos sanos. Cuidado al mirar las cifras, 100 ml de gazpacho es muy poca cantidad, normalmente consumimos en cada ración unos 250 ml. Es preferible elegir un producto con menos de 1 g de sal por cada 100 ml, es decir, menos de 1%.
Además del agua, que ya hemos mencionado que se suele añadir para reducir la cantidad de hortalizas ahorrando costes, y ofreciendo un gazpacho más suave y aguado, algunas marcas agregan pan rallado para espesar o suavizar, pero es un ingrediente que no aporta nada nutricionalmente más que calorías insulsas y ahorra costes al fabricante. El zumo de limón se indica tal que así para evitar cualquier insinuación de aditivo, ya que en realidad se emplea como antioxidante, no por sus cualidades aromáticas. Desde el punto de vista nutricional no supone ninguna pega y el fabricante ya habrá procurado que no altere el sabor. Cualquier otro ingrediente que se salga de esta lista entraría ya en la categoría de gazpachos alternativos o de categorías tipo gourmet, que suelen ser más caros y cuya receta se escapa de la tradición.
El mejor gazpacho tiene una vida útil corta por su propia naturaleza, y debe permanecer siempre en refrigeración. Existen productos comerciales que se pueden conservar en la despensa, sin nevera, antes de abrirlos durante semanas o meses, pero su calidad deja bastante que desear. Por lo general, ninguna marca para refrigeración especifica el tratamiento término empleado, solo da instrucciones de conservación. Cuando se especifica consumir en 24 horas, el gazpacho no habrá recibido ningún tratamiento y, teóricamente, su sabor es más fresco y auténtico, pero limita mucho el margen del que disponemos para tomarlo.
¡Ojo con la sal!
Los gazpachos envasados son productos saludables, aunque es preciso vigilar la cantidad de sal que contienen. El siguiente semáforo nutricional, elaborado en julio de 2018, muestra de manera comparativa qué cantidad de sal, azúcar o grasas contienen algunas de las opciones más conocidas.

Si tenemos en casa o vamos a recibir invitados con alguna alergia o intolerancia alimentaria, no hay que olvidarse de mirar con lupa los posibles alérgenos. Los ingredientes tradicionales del gazpacho no están en el listado de obligado cumplimiento, pero pueden tener trazas. Más cuidado tendrán que tener los celiacos, sobre todo si la marca añade pan rallado u otro tipo de pan.
El tipo de envase es una cuestión menor pero que puede marcar la diferencia para muchos consumidores, más maniáticos o concienciados en el reciclaje. Problema: los bricks ya han incorporado el malogrado tapón adherido que tantos consumidores odian. Muchos consumidores prefieren también la botella, aunque sea de plástico, pues da sensación más 'artesanal', suelen derramarse menos al servir y permiten en su mayoría reutilizarlas. Los gazpachos comerciales en botella de vidrio son ya una rara avis.
El precio sube, normalmente, cuando se utilizan pocos ingredientes de más calidad, sin agua, sin pan rallado, sin conservantes, con más hortalizas y más aceite de oliva virgen extra. Si el envase presume de ser gourmet, especial o un producto fresquísimo de la abuela o receta de la huerta, hay que desconfiar; son términos que no dicen nada y sirven de excusa para elevar su coste. Al final, como en todo, nuestro gusto particular será el último juez que emitirá la sentencia definitiva sobre qué gazpacho es el mejor, al menos en términos organolépticos. Si a ti te gusta el gazpacho fuerte a pepino, con su toque de cebolla y textura más aguada, de poco servirá recomendarte un gazpacho más espeso pero equilibrado.
Lo más importante es a la hora de comprarlo, no dejar de ver la fecha de caducidad y valorar su consumo en base al tiempo. Dentro de cinco días, si ha sido abierto. O conservarlo en frío normal hasta la fecha que se indica en el envase.
Qué mirar en casa: el sabor y el aspecto
La elección puede afinarse al probar el producto. Esto es algo que solo podemos hacer en casa, así que conviene tomar nota para las siguientes compras. ¿A qué debemos prestar atención?
El sabor
- Que sepa a verduras. Es importante notar no solo el sabor del tomate, sino el de la cebolla, el ajo y el pimiento.
- Que esté equilibrado y sea natural. Ningún ingrediente debe sobresalir. El vinagre, el ajo, el pepino o el pimiento no deben agredir al paladar, ni tampoco dejar un regusto final demasiado artificial.
El aspecto
- Que la textura sea fina y agradable. La sopa debe tener cuerpo y, al mismo tiempo, no ser ni demasiado espesa ni demasiado líquida.
- Que tenga un color clarito. Si es oscuro, mala señal: algunos nutricionistas indican que este tono delata que el producto es más una salsa de tomate que una mezcla de verduras.
Una vez comprado, podemos juzgar el olor, color y textura del gazpacho. Si se añade pimiento rojo en lugar de verde, pan rallado o agua, se va a notar en su consistencia y apariencia. Buen provecho.

Los mejores gazpachos del mercado
A pesar de esto, hay algunas marcas que se salvan. De hecho, se categorizan dentro de un listado propiciado por la OCU como los mejores gazpachos de supermercado disponibles. Esta categoría también tiene en cuenta la relación calidad-precio, por lo que usualmente suelen costar menos de 2 euros el litro. Durante el año pasado, la OCU realizó el análisis de 58 marcas diferentes de gazpacho envasado y la corona se la llevó la tradicional marca "Chef Select" disponible en Lidl. Este año, la historia se repite, este producto sigue encabezando la lista. Su precio de 1.55 euros el litro también es la razón por la cual sigue siendo el favorito de la OCU.
De ahí le siguen otras marcas conocidas. Por ejemplo, el gazpacho tradicional de AlValle, por 1.99 euros. El gazpacho de la marca Alipende; el andaluz de Hacendado; el de Levante de Mercadona. Y el gazpacho suave La Cocina de ALDI. Si aún no hemos degustado una marca en específico, la selección debe llevarse a cabo en base al etiquetado. En él se incluyen los ingredientes, los porcentajes nutricionales de cada uno y los conservantes que garantizan su rendimiento. Todo esto se denomina valoración nutricional.
En conclusión, la diferencia de precio entre un gazpacho envasado y uno preparado en casa, no es tan alta. Podemos encontrar uno industrial de buena calidad por tan solo un euro más. Sin embargo, el placer de elaborar el plato uno mismo y la diferencia de sabor hacen que muchos se decidan por la versión casera.
Un poco de historia del gazpacho
El gazpacho fue en su origen un plato caliente, pues su nombre deriva del latín caccabaceus, que significa 'calderero'. Se aplicaba en Época Romana a un pan que se echaba en un caldero (caccabus) con agua hirviendo y otros ingredientes.
Solo cuando en la Edad Media se pronunció ya gazpacho, se perdió conciencia de su significado. Y se pudo aplicar a un plato hecho de remojar trozos de pan duro en agua con vinagre, aceite, sal y y otros ingredientes. El gazpacho primigenio (mezcla de pan desmigado, aceite de oliva y vinagre) estuvo alimentando a campesinos ibéricos del sur durante siglos. Esta evolución ha ido dejando a lo largo del tiempo variedades de gazpacho por el sur de España y Portugal. De todas ellas, el más popular es el internacionalizado gazpacho andaluz.

Los tipos de gazpacho, de la Antigüedad a nuestros días
El gazpacho antiguo ha dado lugar a diferentes versiones de gazpachos calientes y fríos. Entre los fríos se tiene el ajoblanco y el salmorejo.
Entre los calientes, más propios de La Mancha, se los denomina gazpachos manchegos, nada que ver con los gazpachos de tomate. Estos están en base a los productos de caza como la perdiz, el conejo, la liebre... Y se realizan en el campo con una lumbre de hoguera. El gazpacho de tomate se sabe que no fue hasta el siglo XIX cuando se le añadió el tomate y se correspondió a las variantes rojas que conocemos en la actualidad. En la Antigüedad, el gazpacho era considerado un hiperónimo con el que se designa cualquier tipo de sopa o majado (machacado).
Se elaboraba con pan, aceite, vinagre, sal y otros ingredientes, que se preparaba en un caldero al fuego. Probablemente desde la Edad Media ya pudo designar también un plato frío de pan remojado en agua y vinagre con otros ingredientes. El gazpacho ha sufrido diversas modificaciones a lo largo de la historia culinaria española, pero en la actualidad pertenece a la comunidad mediterránea. Se ha expandido por todo el mundo como un plato nacional español.
La existencia de un gazpacho a base de migas de pan, agua, vinagre y aceite de oliva ha ido evolucionando a lo largo de la historia. Ha incorporado ingredientes hasta llegar a la versión actual. La etimología de la palabra gazpacho ayuda a entender un poco los orígenes y su evolución hasta llegar a ser el plato en forma de sopa que conocemos hoy en día. Azorín menciona en un artículo que "sería curioso el escribir la historia de las aventuras de los gazpachos en los diccionarios". Lo describe así:
“Cierto género de migas que se hace con pan tostado y aceite y vinagre, y algunas otras cosas que se le mezclan, con que los polvorizan. Esta es comida de segadores y gente grosera, y ellos debieron poner nombre como se les antojó. Pero digamos traer origen de la palabra toscana 'guazo' y 'guazato'. Que vale potage o guisado líquido con algunos pedazos de vianda cortados y guisados en él. Y de guazo, gazpachos. O del verbo gazaz que vale succideere, excidere, por los pedazos en que se parten o desmenuzan el pan porque se remoje mejor”.
El gazpacho es desde hace años el primer plato de muchas casas españolas en la época estival y en los días de calor. Existen infinitas variaciones de gazpacho, pero siempre partiendo como base del tradicional tomate, pasando desde el muy rojo, hasta el verde. Incluso hay quien ha probado el realizarlo con la base principal de fresas, cerezas o remolacha.
Pero lo cierto es que el gazpacho de verdad siempre será el que se hacía en casa, y hoy en día raramente se hace. Hoy en el mercado en general es difícil encontrar a un precio razonable tomates que tengan sabor. Si necesitamos tres kilos de tomates para hacer cinco litros de gazpacho, calculemos. Un tomate de sabor está en un precio por kilo entre 5/6 euros (luego ya tenemos 15 euros).
Sumamos la incorporación de pepinos, (mínimo un kilo pelado), aceite y pan, preferiblemente de miga. Todo ello destruido y pasado posteriormente por un chino. Descartamos lo que se va quedando en el chino tras la salida del gazpacho. Quien tiene paciencia hace este procedimiento hasta dos veces. El resultado, una suavidad en el sabor llegando a la liquidez de una vichyssoise, era diferente a todo lo que probaba en otros sitios. Su tiempo de realización no llegaba a una hora desde que empezaba a cortar los productos para utilizar su destrucción con un brazo eléctrico.
En su origen, el gazpacho era un majado de productos de la huerta que se llevaban al campo los trabajadores. Consistía en un tipo de migas de pan tostadas en aceite, vinagre, tomates y algún otro producto de huerta. Todo ello, casi destruido en trozos, que posteriormente se machacaban a la hora de almorzar. Lo tomaban campesinos, segadores y gente rústica, principalmente en verano, en Andalucía. Lo hacían cuando caía, a eso de las 13 horas, un sol que denominaban "de justicia".
Con el paso del tiempo, este plato se incorporó a la alimentación de productos ligeros y frescos de fácil realización y de buenos resultados. Es muy beneficioso por su valor alimenticio. En otros tiempos, el precio de los productos de elaboración en el mercado tenían mucha calidad y eran muy bajos de costo.
Por tanto, hoy sale más rentable la compra del gazpacho en un supermercado y esperar a que te guste el punto de elaboración de esa marca. No todos saben igual e incluso se ha llegado a evitar productos como el pepino, con su realización de sabor light. Según la OCU, el problema al identificar el mejor gazpacho es que muchos de ellos carecen de ingredientes importantes. Estos son los que le otorgan su tan característico sabor. Por ejemplo, el pan, o que se realicen con poco aceite. Asimismo, se hacen denominar "frescos" cuando en realidad llevan altas cantidades de químicos. Estos son los conservantes para prolongar su duración.