El tomate es hoy uno de los ingredientes más universales de la cocina. Lo encontramos en ensaladas, guisos, salsas, sopas, pizzas o incluso en zumos y cócteles. Pero no siempre fue así.
Orígenes y llegada a Europa
El tomate tiene su origen en la zona de Mesoamérica, principalmente en lo que hoy conocemos como México. En aquella época, ya en el año 700 d.C., el tomate no se parecía del todo al que conocemos ahora: era más pequeño y de formas irregulares.
El tomate llegó a Europa tras el descubrimiento de América, a finales del siglo XV y principios del XVI. Los hombres de Cortés fueron los primeros europeos en verlos. Sin embargo, no fue recibido con entusiasmo. Al principio, se le asociaba con plantas venenosas debido a su pertenencia a la familia de las solanáceas, y a los rumores que circulaban sobre que los tomates “manzanas venenosas”.

En países como España o Italia, poco a poco se comenzó a experimentar con él en la cocina. A partir del siglo XVIII, el tomate empezó a integrarse de lleno en la cocina mediterránea.
El tomate en la cocina mediterránea
En Italia se convirtió en protagonista de las primeras salsas que hoy asociamos a la pasta y a la pizza. Fue precisamente el sofrito el que consolidó al tomate como ingrediente básico en la cocina española.
Con el tiempo, el tomate cruzó fronteras y se adaptó a las costumbres culinarias de cada país. Hoy no podemos imaginar una despensa sin tomates frescos o en conserva.
La historia del tomate en la cocina no estaría completa sin hablar de cómo ha evolucionado su consumo. De ahí nacieron las conservas y, más adelante, el Tomate frito, una de las formas más prácticas y sabrosas de tener siempre a mano el sabor auténtico del tomate. La historia del tomate en la cocina es la historia de cómo un fruto desconocido en Europa pasó a ser el ingrediente más versátil y universal de nuestra dieta. Hoy, siglos después de su llegada a Europa, sigue siendo el rey de la mesa.
Tomate frito casero
Propiedades medicinales y la "guerra de la píldora tomatera"
Los tomates tienen algunos beneficios para la salud. Contiene licopeno, la sustancia responsable del color rojo de las frutas y verduras, uno de los numerosísimos pigmentos llamados carotenoides, que puede ayudar a proteger las células del cáncer. Sin embargo, en el siglo XIX, el entusiasmo por sus propiedades fue demasiado lejos.
Un médico, el doctor John Cook Bennett, afirmó haber visto a médicos que recomendaban comer tomates a los pacientes para tratar la cabeza y la dispepsia. Luego lo convirtió en un condimento y más tarde, en una salsa. Después tuvo la ambición de convertirlo en una píldora. Se llamarían Miles´ Pills y se promovían como una cura para la sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual. Cundió el ejemplo y un profesor de la universidad de Yale, el doctor W. A. Alcott, comenzó a vender su propia versión. Esto enfureció a Bennett y comenzó la que podríamos llamar la guerra de la píldora tomatera. Bennett tildó las píldoras de Phelps como una imitación sin fundamento científico alguno. Phelps respondió que Bennett era un charlatán y un timador en el que no se podía confiar. Los editores de periódicos estaban encantados con la batalla mediática. Todavía no se sabe por qué, pero las pastillas de tomate todavía se vendían a principios de la década de 1850.

El kétchup: de la salmuera china al icono estadounidense
El kétchup que hoy conocemos, inseparable de hamburguesas y patatas fritas, tiene un origen muy distinto al que podríamos imaginar. Su antecesor fue el ke-tsiap, una salsa fermentada de pescado creada en la antigua China hace varios siglos. Nada tenía que ver con el tomate: se trataba de un condimento salado y umami, usado tanto para dar sabor a los alimentos como para fines medicinales.
Fueron los marineros británicos quienes descubrieron esta receta en sus rutas comerciales y la llevaron a Europa. Allí se adaptó a los ingredientes locales, intentando recrear el sabor intenso de la salsa original. En 1727 apareció en un libro de recetas británico.
Del remedio medicinal al condimento popular
En el siglo XIX, el kétchup comenzó a ganar popularidad en Occidente, pero aún con un propósito distinto al actual. Se utilizaba como remedio casero para la indigestión y la diarrea, e incluso llegaron a comercializarse pastillas de kétchup. Fue entonces cuando el tomate entró definitivamente en la receta, destacando por sus propiedades y beneficios para la salud. Este fue el verdadero punto de partida del kétchup moderno.
Tomate frito casero
Heinz y el nacimiento del kétchup contemporáneo
El salto definitivo lo dio Henry J. Heinz, quien en 1876 lanzó una versión innovadora de la salsa: un kétchup de tomate espeso, con una buena cantidad de azúcar y sin conservantes artificiales. Envasado en sus característicos frascos de vidrio, transmitía confianza, calidad e higiene, aspectos clave en una época en la que los consumidores desconfiaban de muchos productos envasados.
El éxito fue inmediato. La marca Heinz convirtió al kétchup en un condimento global, asociado especialmente a la gastronomía estadounidense. Desde entonces, se transformó en el acompañante perfecto para patatas fritas, hamburguesas y una larga lista de platos, consolidándose como la salsa más popular del mundo.