Geográficamente es una región montañosa en el suroeste de Alemania, perteneciente a Baden-Württemberg, que limita con Francia y Suiza. Es famosa no sólo por sus densos bosques, sino también por sus cascadas, lagos y los pueblecitos de casas de fachadas con entramado de madera y calles empedradas.
¿Nuestra excusa para visitarlo? Por supuesto, la tarta Selva Negra (Schwarzwälder Kirschtorte). Aunque hay dudas sobre el origen de la tarta, el pastelero Josef Keller se consideró en su momento el primero en elaborar este postre en 1915 en el Agner Café, en Bad Godesberg. Posteriormente abrió su propia cafetería en Radolfzell.

La Selva Negra es una región que invita a la exploración, y para disfrutarla al máximo, es recomendable contar con un vehículo. Existen rutas temáticas que permiten descubrir sus encantos de forma organizada:
- Deutsche Uhrenstrasse (Carretera del Reloj Alemán): Una ruta de 320 km que empieza en Villingen-Schwenningen y gira en torno a la historia de la fabricación de relojes en la Selva Negra.
- Grüne Strasse (Carretera Verde): Una ruta de 160 km que une la Selva Negra con el valle del Rin y los Vosgos franceses.
Friburgo de Brisgovia: La Puerta Verde a la Selva Negra
Empezamos el recorrido hacia el norte. Primera parada: la ciudad universitaria de Friburgo de Brisgovia (Freiburg im Breisgau), una de las ciudades más visitadas del país. La ciudad alemana de Friburgo nos transmite armonía y serenidad, una especie de sabiduría que sólo las urbes más longevas son capaces de mostrar con naturalidad. El tiempo ha situado cada cosa en su lugar y hoy día su agenda está ocupada por cuestiones tan importantes como el cuidado del medio ambiente, la sostenibilidad y el bienestar de sus habitantes. Hay quien asegura que es el modelo a imitar por otras urbes germanas en su camino a convertirse en una ciudad verde (de hecho, ésta obtuvo el reconocimiento mundial de Green City). Además de por sus atractivos, Friburgo (capital de Brisgovia) es un enclave privilegiado por su cercanía a lugares como la Selva Negra y a países como Francia y Suiza. La cultura, la gastronomía, los paseos y las compras son los cuatro ejes sobre los que giran las mejores propuestas turísticas de Friburgo. La historia de esta ciudad, que fue fundada en el siglo XIII por los duques de Zähringen y perteneció a los Habsburgo de Austria entre 1388 y 1805, se percibe al observar las ricas fachadas del casco antiguo que muestran el estatus de sus antiguos propietarios.
Empezamos la visita por la catedral en la Münsterplatz, con sus paredes de color rojizo, su torre de 116 metros y sus maravillosas vidrieras. La Catedral, de cuya torre el escritor e historiador de Basilea, Carl Jakob Burckhardt, dijo que era la “más bella de la cristiandad”. Aunque algunos estudiosos aseguran que estas palabras se habían sacado de contexto, lo cierto es que impone con sus 116 metros de altura. Es conveniente entrar para admirar sus magníficas vidrieras. En la misma plaza de la Catedral (Münsterplatz) no pasan desapercibidos unos antiguos almacenes -construidos a mediados del siglo XVI por Lienhart Müller- de color rojizo, con torres, escudos, ornamentación dorada y esculturas de Hans Sixt von Staufen. Para palpar la auténtica vida cotidiana lo más indicado es dirigirse al mercado ubicado junto a la Catedral. El trasiego de viandantes y las voces de compradores y vendedores se funden sin estridencias. La fragancia de frambuesas, flores y especias compite con el aroma de las Lange Rote, unas salchichas de 28 centímetros que provocan el “delirio” de quien las prueba. Para descansar de la algarabía del mercado una sugerencia podría ser visitar la Alte Wache (o Casa del Vino de Baden), un establecimiento donde degustar y adquirir un buen vino local.

Pasamos por la Rathausplatz con su antiguo ayuntamiento, que hoy es sede de la Oficina de Turismo, y el nuevo, un antiguo edificio universitario, y seguimos el paseo por la Kaiser-Joseph Strasse, que desemboca en una de las puertas de entrada a la ciudad, la Martinstor. Ésta, junto con la Schwabentor, son las dos puertas de entrada que quedan de las cinco que llegó a tener Friburgo. Con un encanto similar a Münsterplatz, la placita del Ayuntamiento es otro lugar encantador donde se alzan la iglesia gótica Martinskirche y los dos consistorios (el antiguo y el nuevo). En el antiguo (formado por varias construcciones del siglo XVI) está ubicada la oficina de turismo; el ayuntamiento actual se halla en un edificio renacentista reformado a finales del siglo XIX donde antaño se encontraban dependencias universitarias. Si se pasa a las 12 de la mañana se podrá escuchar su carillón. En el centro de este concurrido espacio y rodeado de terrazas se alza una fuente con una escultura que representa a Berthold Schwarz, un monje franciscano alquimista al que se le atribuye la invención de la pólvora.
En Friburgo la cultura también se instala en los museos. Muy cerca de este museo se encuentra uno de los antiguos suburbios de la ciudad, el llamado Barrio de los Caracoles (o Schneckenvorstadt), donde calles como Gerberau y Fischerau se disputan el honor de poseer los rincones con más encanto. Las vías, muchas de ellas adoquinadas con guijarros del Rhin que forman mosaicos, son recorridas por pequeños canales de agua cristalina. Estos riachuelos, que ahora hacen las delicias de los niños más traviesos y de algún perro que aprovecha para refrescarse, se crearon para abastecer de agua a la ciudad y como pequeños cortafuegos (los incendios eran muy comunes en estas casas de estructura de madera). En el núcleo histórico algunos barrios y edificios llaman inevitablemente la atención y atraen las miradas.
Triberg y el Corazón de la Selva Negra
Después de probar la famosa tarta del Café Schäfer… ¡nos vamos de paseo! Triberg es un pequeño pueblo muy cerca de Friburgo en pleno corazón de la Selva Negra y famoso por sus relojes de cuco. Aquí podemos visitar la casa de los 1.000 relojes de cuco para comprar un recuerdo. O el Reloj de Cuco de Schonach, a las afueras de Triberg, que también tiene tienda en su interior. Aunque relojes de cuco pueden adquirirse en otras muchas tiendas de este pueblo tan turístico conocido básicamente por sus relojes y por las pastelerías que ofrecen la famosa tarta.
Llegamos a la auténtica cuna de la auténtica Selva Negra (es decir, de la tarta). Esta población abunda en superlativos: tiene la cascada más alta de Alemania, conserva la receta original de 1915 de la tarta de la Selva Negra y es la indiscutible capital de los mayores relojes de cuco del mundo. Entre los relojes de cuco de la ciudad hay dos que reclaman el título más grande del mundo. A primera vista, el ganador es sin duda el de Eble Uhren-Park, incluido en el Libro Guinness de los récords. Está en la B33, entre Triberg y Hornberg. Y para probar la auténtica tarta de la Selva Negra, hay que ir al Café Schäfer (Hauptstrasse 33).

Naturaleza y Paisajes Impresionantes
Ahora nos vamos al Titisee, al sur de Triberg, uno de los lugares más turísticos del sur de Alemania. El Titisee es el lago más grande de la Selva Negra, y hay una ruta que rodea el lago que se puede hacer a pie o en bici. También puedes subir a la noria que hay a orillas del lago y tener las mejores vistas. El lago Titisee con sus tranquilas aguas se presta a recorrerlo en alguna de las barcas que realizan su travesía por todo el perímetro o incluso si nos atrevemos en canoa (en su punto más ancho alcanza unos dos kilómetros). Es una buena forma de admirar la naturaleza circundante y los edificios que lo jalonan (hoteles, algún palacete, zona de acampada, etc.). Los senderos también son recorridos, a pie o en bicicleta, tanto por gente local como por turistas. El lugar del que parten las embarcaciones, el pueblo de Titisee-Neustadt, dispone de diversos establecimientos turísticos (hoteles, restaurantes, comercios, oficina de turismo). Entre ellos es interesante acercarse a la tienda-taller de relojes de cuco de la familia Drubba (quienes también regentan un barco de paseo en el lago y el hotel-boutique Alemannenhof). Estas pequeñas joyas fruto de la paciencia de los artesanos (se emplean más de dos meses en la fabricación de uno) son uno de los recuerdos más demandados en la región.
Desde el Titisee nos vamos al Feldberg, el pico más elevado de la Alta Selva Negra. Fuera de la temporada de invierno se puede subir en coche o en teleférico. El Feldberg Steig (12 km). Esta ruta que rodea Feldberg, el pico más alto de la Selva Negra, con 1493 m, atraviesa una reserva natural, hogar de gamuzas y flores silvestres. En un día despejado, las vistas de los Alpes son gloriosas.

La naturaleza que se atisba desde la ventana del taller alcanza su máxima expresión en el monte Feldberg que, con sus casi mil quinientos metros, tiene el honor de ser la mayor cumbre de la Selva Negra. Las vistas desde la cima, a la que se accede por medio del teleférico Feldbergbahn (los más deportistas pueden subir andando), son magníficas. En el interior de la torre-mirador que culmina el monte se sitúa una interesante sala dedicada al jamón ahumado (un producto típico de esta zona). Bien cargados de oxígeno bajamos poco a poco intentando retener las múltiples tonalidades de verdes el mayor tiempo posible. Ese color verde nos acompaña a los pies de Feldberg, justo donde se halla la cascada de Menzenschwand, una serie de saltos de agua a los que se accede sin dificultad y que cuenta con cómodas escaleras en los tramos más empinados. La pequeña ruta que lleva hasta esta catarata se puede iniciar en el Café Zum Kuckuck donde, de paso, recomendamos degustar un café con la famosa tarta Selva Negra.
El Westweg (280 km) es otra ruta emblemática, al igual que el Wutachschlucht (13 km), un salvaje barranco tallado por un río de aguas rápidas y flanqueado por precipicios casi verticales, que se alza cerca de Bonndorf, junto a la frontera suiza.
Pueblos con Encanto y Tradición
Antes de llegar a Baden paramos en Gengenbach, muy cerca de la frontera con Francia. Para muchos, el pueblo más bonito de la Selva Negra. Y lo cierto es que es un pueblo de película (nunca mejor dicho porque ha sido escenario de muchas películas). ¿La más conocida? Es muy pequeñito. Al casco antiguo se accede por la Torre de la Puerta Superior (Kinzigtorturm) con su característico reloj y su campanario. Uno de los monumentos más importantes es la Stadtkirche Sankt Marien, iglesia barroca de la antigua abadía que sorprende por su colorido interior. Pero quizás el gran atractivo de Gengenbach es el callejeo por Engelgasse y Höllengasse. En la parte norte del casco antiguo destaca otra torre: la Obertorturm. Es una de las cinco torres que se conservan de época medieval y que servían como entradas a la ciudad.

La Selva Negra está salpicada por pueblos que parecen sacados de un cuento, como la medieval Schiltach, que se alza altiva a los pies de colinas cubiertas de bosques y a orillas del Kinzig y el Schiltach; demasiado perfecta para ser verdad. Pero si hubiera que elegir un pueblo de la Selva Negra para adornar una postal de Navidad, este sería sin duda Gengenbach, con sus típicas casas rodeadas de viñedos y campos de cultivo.
El valle del Kinzig, con forma de herradura, empieza justo al sur de la ciudad de Freudenstadt y sigue el curso fluvial hacia el sur, hasta llegar a Schiltach. Este valle de la Selva Negra es asombrosamente bello. Sus colinas, tapizadas de alerces y píceas, y sus aldeas de madera son excepcionales.
Baden-Baden: Elegancia y Bienestar
Para el momento del descanso salimos de Gengenbach y nos vamos a Durbach, al Schloss Staufenberg. Un castillo situado en lo alto de una colina con una terraza desde donde disfrutar de unas increíbles vistas de los viñedos de la zona.
La Selva Negra también es conocida por sus balnearios hidroterápicos situados en su mayoría cerca de los ríos Oos y el Wolfach, pero Baden-Baden es la ciudad de las termas por excelencia. Una ciudad balneario entre montañas y bosques, se desarrolló en el s. El Kurhaus, un complejo de spa, centro de conferencias y casino. Este casino es considerado como uno de los más bonitos del mundo. El Friedrichsbad que fue considerado uno de los balnearios más lujosos y modernos de Europa. En Baden-Baden encontramos también los mejores restaurantes donde saborear la cocina de la región.
Como dicen los lugareños, para ver la Selva Negra hay que echarse a andar. El Panoramaweg (40 km) es una ruta de montaña de nivel alto, perfecta para apreciar el lado más fotogénico de Baden-Baden y la Selva Negra septentrional. El Martinskapelle (10 km) es un paso placentero y pintoresco que arranca en la Martinskapelle, en lo alto de una colina, 11 km al suroeste de Triberg. Es un sendero bien señalizado que serpentea a través del bosque hasta el Brendturm (1149 m), coronado por una torre, que brinda vistas que alcanzan de Feldberg a los Vosgos y los Alpes en un día claro.

La Gastronomía de la Selva Negra: Un Festín para los Sentidos
Termina nuestro viaje por la Selva Negra. Nos ha traído aquí una tarta pero la región tiene mucho más que ofrecer. Hay embutidos ahumados, jamón, panceta, salchicha, y también quesos. Es importante la carne de caza, el ciervo o el jabalí. Uno de los platos más famosos es el solomillo de corzo. Para acompañar la carne tienen un pasta muy típica de todo el sur de Alemania, el Spätzle, y su variante, el Käsespätzle (pasta con crema de queso y cebolla frita). O Maultaschen, pasta rellena de carne, espinacas o cebolla.
Tenemos que reconocer que hemos vuelto gratamente sorprendidos de la gastronomía alemana, si bien en la zona de Alsacia no nos cautivó su cocina, aquí hemos disfrutado muchísimo de la comida local y os vamos a dejar recomendaciones gastronómicas por si visitáis Friburgo. Para ponernos en situación, vamos a hacer una breve introducción de la cocina Alemana. Aunque el sello de la gastronomía en esta zona es la famosa tarta Selva Negra, tienen muchos otros platos que bien merecen una mención. Podríamos destacar las carnes de caza, las albóndigas, la patata como guarnición en diferentes versiones, el codillo y como no, las salchichas. Existen miles de variedades de salchichas, aunque la más habitual es el bratwurst. En rasgos generales y tal como os hemos comentado antes, nos ha gustado mucho la gastronomía de esta región.
Nuestra primera cena en Friburgo la hicimos en Martin´s Brau, típica tasca alemana donde se comparten mesas con otros clientes y donde reina el buen ambiente. Destacaría la buena atención que recibimos, disponer de carta en inglés y en español, lo rico que estaba todo y el precio. Por dos platos contundentes y dos cervezas de 1/2 litro pagamos 30 €.
Toda una institución en Friburgo, no os puedo decir que sea fácil conseguir mesa, lo intentamos dos veces y estaba lleno hasta la bandera. Fue a la tercera cuando conseguimos comer allí, y creemos que mereció la pena la perseverancia! Fabrican su propia cerveza, la comida muy buena, buen precio y buena atención.
Un mercado gastronómico donde tener al alcance varios tipos de cocina, estos sitios personalmente nos encantan. No es muy grande, pero cuenta con una treintena de paradas con comida de todas las nacionalidades. Nosotros probamos unas pizzas al horno de leña deliciosas y tacos mexicanos. Mucho ambiente, sobretodo de gente local. A las 20 h hacen música en directo que varia según el día.
Un restaurante donde comer unos deliciosos tacos mexicanos en pleno Friburgo, tienen local propio en la dirección que os indicamos y también tienen parada en el mercado Markt Halle. Es el segundo restaurante más valorado en la red de toda la ciudad, lo que nos hizo apuntarlo en nuestra chuleta para hacerles una visita. Si os gusta la gastronomía mexicana y os apetece un paréntesis de la alemana, no dudéis en probarlos.
Una bonita y céntrica cafetería donde tomar un buen café y un delicioso postre. Tienen una gran variedad de tartas caseras, y una gran carta de cafés y tés.
Una bonita cafetería perfecta para desayunar o hacer el brunch, está algo alejada del centro, relativamente cerca del Jardín Botánico. Pero si estáis turisteando por la zona os recomendamos hacerles una visita, os encantará! Nosotros fuimos a desayunar el domingo pero estaba llenísimo de gente y no pudimos conseguir mesa.
Este restaurante no puede tener un enclave mejor, está situado a las afueras de Friburgo, en plena Selva Negra, y para llegar es necesario hacerlo en coche. Comida casera, lugar acogedor, buena atención y un entorno maravilloso.
Y ahora os dejamos la última recomendación, no es un restaurante ubicado en Friburgo, pero comimos tan bien que creo que tenemos que compartirlo. Encontré esta taberna típica alemana en internet y a pesar de que nos resultó difícil llegar hasta Gengenbach por la nieve, nos alegramos mucho de haberlo conseguido. Comimos de maravilla, en un ambiente cálido y con una comida deliciosa. Pedimos dos platos abundantes, con bebidas y cafés, y pagamos 30 €. Recomendable 100%, fueron muy amables en todo momento.
La Experiencia de la Tarta Selva Negra
En esta experiencia no vienes solo a comer tarta. Vienes a entenderla. Es una experiencia gastronómica breve, sí, pero pensada para dejar huella. Perfecta como pausa dulce entre visitas culturales y pueblos con encanto como Triberg, Gengenbach, Schiltach o Friburgo, e ideal para quienes quieren llevarse de la Selva Negra algo más que fotos: un recuerdo que se saborea.
Itinerario Sugerido:
- Bienvenida y origen de la Tarta Selva Negra: Introducción a la historia de la tarta y su curiosa relación con el Bollenhut, símbolo tradicional de la Selva Negra.
- Ingredientes de la receta original: El guía presenta los ingredientes que definen la Schwarzwälder Kirschtorte: chocolate, nata fresca, cerezas y el característico Kirsch.
- El proceso de la tarta: El pastelero prepara la tarta paso a paso, mostrando el equilibrio entre sus capas y sabores.
- Degustación y sobremesa: Momento para disfrutar la Tarta Selva Negra con calma mientras compartimos recomendaciones sobre Kirsch y utensilios tradicionales.
Torta Selva Negra | Paso a Paso
Preguntas Frecuentes:
- ¿La Tarta Selva Negra lleva alcohol? La receta tradicional incluye Kirschwasser, un aguardiente de cereza típico de la Selva Negra. Si viajas con niños o prefieres evitar el alcohol, podemos solicitar una versión sin licor al reservar.
- ¿Dónde se realiza la experiencia de Tarta Selva Negra? La experiencia se organiza en cafeterías tradicionales de la Selva Negra, cerca de pueblos como Triberg, Gengenbach o Schiltach, lo que permite integrarla fácilmente durante las visitas guiadas.
- ¿Puedo participar si soy celíaco o intolerante a la lactosa? La receta original incluye bizcocho de trigo y nata fresca. Si tienes alergias o intolerancias alimentarias, te recomendamos avisarnos antes de reservar para intentar buscar una alternativa en el local.
- ¿La experiencia incluye café o bebida? La experiencia incluye la degustación de una porción de Tarta Selva Negra artesanal. Las bebidas pueden pedirse directamente en la cafetería si deseas acompañarla con café o té.
- ¿Cuánto dura la experiencia de Tarta Selva Negra? La actividad dura aproximadamente entre 45 minutos y 1 hora, incluyendo la explicación cultural, la preparación de la tarta y la degustación final.

