En el panorama actual de la industria cinematográfica, el negocio del cine ha trascendido la mera proyección de películas. Los responsables de las distribuidoras cinematográficas en España confiesan que el verdadero beneficio se encuentra ahora en los servicios de restauración de las salas, y más concretamente, en las humildes palomitas de maíz.
Este producto, aparentemente inocente, genera un amor desproporcionado en la industria, mientras que el bolsillo del espectador comienza a resentirlo. Aunque la asociación palomitas y cine es casi intrínseca en la memoria colectiva, especialmente desde la infancia, los datos revelan una realidad sorprendente.

El asombroso margen de beneficio de las palomitas
Un cubo, paquete o bolsa de palomitas puede generar un beneficio de hasta un 1.800 por ciento sobre el costo de su materia prima, el maíz. En una proporción asombrosa, una lata de caviar Beluga, una langosta o un vino de reserva resultarían mucho más baratos que el famoso popcorn. Si por un paquete de 100 gramos de palomitas se pagan 4 o 5 dólares/euros, este precio es exactamente el mismo que se pagaría por 100 gramos de langosta en un mercado promedio.
Los refrescos no se quedan atrás en este sobrecoste, con un beneficio para las cadenas de cines (como Cinesa, Cinépolis o Yelmo) de un 1.200 por ciento por una Coca-Cola o Pepsi de máquina, un dato que incluso ha sido publicado como récord Guinness de coste/beneficio para las empresas cinematográficas.
A este paso, la adquisición de un combo de palomitas, refrescos y demás gastronomía cinéfila para una familia promedio será casi imposible, convirtiéndose en un verdadero lujo.
El origen de la tradición: de la escasez al "zampapalomitas"
La tradición de convertir al espectador en un "zampapalomitas" sin conocimiento de causa nace precisamente en todo lo contrario de lo que este producto significa hoy. Para ello, hay que retrotraerse hasta la época de la Gran Depresión en Estados Unidos.
En este contexto de escasez, un producto tan barato en su materia prima como el maíz, encontró satisfacción entre los propietarios de los cines y el bolsillo y estómago del espectador. Por apenas 5 o 10 centavos, una bolsa de palomitas era un producto asequible que saciaba el hambre del público y, a la vez, generaba beneficios moderados para el empresario de cine que supo popularizarlo.
El camino del maíz hasta convertirse en palomita ha sido largo, arrancando miles de años antes de la llegada de Colón a América, donde Europa importó este grano fundamental. El maíz (Zea mays), una planta gramínea, tiene su origen en la región central del actual México, cultivado por primera vez hace unos nueve mil o diez mil años.
En el Códice Florentino, ya se encuentran testimonios de los usos ceremoniales y festivos que tenían los indígenas con el maíz. Para llegar a la palomita actual, harían falta siglos de selección de cultivos y evolución, y su expansión por medio planeta. La verdadera revolución llegó con la agricultura moderna, incorporando maquinaria y nuevas técnicas que marcaron un antes y un después en la economía norteamericana.
La producción de semillas se fue especializando en variedades para consumo, forraje, aceite, harinas y sémolas, y, por supuesto, maíz para palomitas.
La invención de la máquina de palomitas y su expansión
Hasta mediados del siglo XIX no se estableció el término "popcorn" en Estados Unidos. La primera patente de un dispositivo para hacer palomitas con un asa que se mantenía fría, de Frederick J. Myers, era poco práctica. Sin embargo, Charles Cretors, inventor de una máquina relativamente ligera, fácil de transportar y manipular, en la que se podían hacer palomitas al momento calentando aceite usando vapor, le vio un gran tirón comercial. El éxito fue casi inmediato, y pronto se extendieron por todo el país carritos, puestos y quioscos de palomitas, especialmente populares en parques, ferias, mercadillos y eventos de ocio.
Por aquellos años, surgieron las primeras marcas comerciales y patentes que buscaban mejorar la elaboración y ampliar la oferta, con palomitas dulces o combinadas con cacahuetes.
Las palomitas en la sala de cine: una evolución forzada por la crisis
Contrariamente a la creencia popular, las palomitas no nacieron para ser devoradas en una sala de cine. De hecho, antes de la Gran Depresión, los dueños de las salas no querían tener nada que ver con ellas. El modelo que intentaban recrear era el de los teatros: suntuosas salas llenas de alfombras, cortinajes y lámparas de cristal, donde el popcorn, con su olor y el ruido al masticar, se consideraba ofensivo y una distracción intolerable para un público refinado.
Sin embargo, la llegada del cine sonoro en 1927, que abrió las salas a una clientela más amplia al no ser necesario saber leer subtítulos, y la posterior Gran Depresión en 1929, que dejó a grandes masas de gente en paro, cambiaron drásticamente el panorama. El cine se convirtió en una opción de entretenimiento de masas asequible, y pasar una sesión entera con el estómago vacío se hacía difícil.
Los espectadores compraban bolsas de palomitas por cinco o diez centavos a los vendedores ambulantes en la calle antes de entrar en la sala y las escabullían debajo del abrigo. Rápidamente, los empresarios de las salas entendieron que posicionarse en contra de las palomitas era una batalla perdida. Se dieron cuenta de que, si permitían a los vendedores ambulantes colocarse en el vestíbulo del cine y cobraban una comisión sobre las ventas, tenían un negocio redondo.

Poco a poco, los exhibidores terminaron por instalar sus propias tiendas y espacios de venta de palomitas recién hechas, refrescos y otros aperitivos, convirtiendo este extra en un negocio a veces más lucrativo que la propia entrada de cine.
¿Por Qué Comemos PALOMITAS en el CINE? La Historia del Popcorn y las Películas
La era moderna y el reinado ininterrumpido de las palomitas
Aunque ya han quedado ligadas para siempre a las salas de cine, la historia de las palomitas no se detuvo con su conquista del séptimo arte. La irrupción de la televisión a mediados de siglo robó espectadores al cine, pero las palomitas se adaptaron. La expansión del microondas por los hogares permitió facilitar aún más su preparación, dando lugar al fenómeno de "peli y mantita".
En la actualidad, las palomitas siguen en su trono mundial. La oferta de comida y bebida en los cines se ha ampliado hasta límites que traspasan lo razonable (hamburguesas, nachos, perritos calientes), pero siempre hay cola para las palomitas. Se venden también en otros espacios de ocio e incluso se comercializan ya listas para comer, con diferentes sabores innovadores.
El cine en salas no morirá, solo se transformará. Los datos de taquilla muestran una caída en los ingresos y el número de visitantes tras la pandemia. Sin embargo, los datos recientes de Cinesa revelan una buena noticia: los usuarios están comprando más palomitas. En 2025, la exhibidora vendió 480 toneladas de palomitas, un 6,6% más que el año anterior. Aunque el 80% de los cinéfilos prefieren las saladas, cada vez hay más gente que se decanta por las dulces o las mixtas. Cinesa ofrece opciones premium como palomitas de caramelo, caramelo salado, coco y canela, manzana y toffee, y chocolate belga.
Este aumento no se ha dado solo en Cinesa, sino que Yelmo y Kinépolis, las otras dos grandes franquicias del sector en España, también han priorizado su venta. En Estados Unidos, los analistas de Mordor Intelligence esperan que el mercado siga creciendo hasta el 2031, siendo el acompañante favorito de los espectadores tanto para ver una cinta en la gran pantalla como para hacerlo en casa.
Desafíos y denuncias: la batalla por los alimentos externos
No todo es color de rosa en el mundo de las palomitas. Las empresas del sector también han lidiado con un gran número de denuncias por no permitir a los usuarios la entrada a las salas de cine con alimentos externos. Yelmo ha sido una de las más señaladas por FACUA, que sigue presionando para que se cumpla la ley y se permita a los usuarios entrar con alimentos adquiridos en el exterior.
Cuando esta posición ha llegado a los tribunales, el resultado suele ser negativo para las empresas. Yelmo, por ejemplo, asumió una multa de 12.000 euros por impedir la entrada de comida y bebida, que se ha sumado a otras sanciones en Almería y Euskadi.
En Perú, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (INDECOPI) realizó una visita a los cines Cinépolis en Plaza Norte y Larcomar para verificar si permitían a sus clientes llevar alimentos y bebidas similares a los que se venden en sus confiterías. Según la Resolución n.º0219-2018/SPC-INDECOPI, se permite el ingreso de alimentos similares en los cines, y cualquier prohibición se considera una cláusula abusiva, en línea con el Código de Protección y Defensa del Consumidor.
Cineplanet, con 25 cines en Perú, impugnó la resolución de 2018 de INDECOPI ante la Corte Superior de Lima, alegando que esta atentaba contra su modelo de negocios, ya que la zona de dulcería representaba el 40% de sus ingresos. Sin embargo, la Corte falló a favor de INDECOPI, dictaminando que la restricción no era inconstitucional y que la resolución era válida.
El modelo de negocio del cine: ¿solo visual?
La experiencia del cine no es solo visual. Los altos precios de las palomitas en el cine se explican por las particularidades del negocio de la distribución de películas. Los creadores de las películas cobran a los cines alrededor del 70% de las ganancias por la venta de entradas. Estos limitantes obligan a las salas de cine a buscar ingresos de otras fuentes, dando paso a la importancia de los concesionarios.
Este incremento significativo del precio de un bien que se compra después de otro (o "after-markets") es un fenómeno bien documentado en la ciencia económica. Así, las cuchillas para las rasuradoras, la tinta para las impresoras o los cargadores de un celular, son bienes cuyos precios pueden estar muy por encima de su costo.
Gil y Hartman (2008) analizaron por qué las palomitas de maíz cuestan tanto en los cines. Examinaron datos de ventas de concesiones de una cadena de cines en España para demostrar que los precios elevados reflejan una estrategia de discriminación de precios rentable, a menudo denominada «discriminación de precios de medición».
Esta estrategia resulta rentable porque permite que el consumidor termine pagando precios que reflejan su disposición a pagar por la experiencia completa de ir al cine. Los precios de las entradas al cine son estáticos, mientras que la comida en el concesionario ofrece variabilidad de precios, descuentos por tamaño o número. Es durante la compra de estos productos donde el consumidor hace explícita su valoración de la experiencia de asistir a un cine. Los consumidores que más valoren la experiencia pagarán más (comprarán más alimentos).
Además, esta estrategia permite admitir a más personas, ya que el cine no estaría maximizando sus ganancias en la venta de entradas, sino en un servicio complementario. La industria cinematográfica forma parte del mercado minorista, específicamente del mercado de exhibición de películas.
Peter Davis (2006) investigó la competencia espacial en los mercados minoristas, encontrando que los costos de traslado limitan la sustitución de cines. Esto significa que las personas eligen un cine cercano a su lugar de residencia. El estudio también revela que el ejercicio del poder de mercado por parte de los cines está limitado por la sustitución de los consumidores hacia otras actividades, y por los incentivos de los operadores. Los propietarios de cines tienen fuertes incentivos para ofrecer precios de admisión más bajos de lo que les gustaría a los distribuidores, ya que los ingresos de concesiones de alto margen no se comparten.
Las palomitas y el cine español: un bálsamo para las salas
El mayor peso de las palomitas en sus ingresos no es el único cambio en la forma en que las salas generan beneficios. Los datos de cierre del año 2025 muestran que el porcentaje de ingresos proveniente del cine español ha seguido creciendo, representando el 13,7% de la taquilla para Yelmo, Cinesa y Kinépolis, con unos 26,9 millones de euros. Estos son cambios clave e importantes a tener en cuenta en un futuro donde las cintas de los estudios más exitosos de la taquilla local van más rápido a las plataformas, si es que pasan por la gran pantalla.
En México, durante 2015, se vendieron 296 millones de boletos de cine. Si se toma en cuenta que las cifras estadounidenses sobre el consumo de palomitas indican que por cada boleto vendido se compra una presentación de palomitas como mínimo, y que el 90% de esa venta es pura ganancia, el negocio de Cinepolis y Cinemex por este concepto es multimillonario.
Tabla: Ingresos y volumen de ventas de palomitas en Cinesa
A continuación, se presenta una tabla que resume los ingresos y el volumen de ventas de palomitas en Cinesa en los últimos años:
| Año | Ventas de palomitas (toneladas) | Crecimiento anual (%) |
|---|---|---|
| 2024 | 450 | - |
| 2025 | 480 | 6.6% |
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