Cuando se habla de alimentos saludables, la patata a menudo genera controversia. Muchos la consideran un alimento que engorda, pero esta percepción dista mucho de la realidad. Desde el punto de vista de la nutrición, las patatas son un alimento versátil, rico en nutrientes y completamente compatible con una dieta equilibrada. La clave está en cómo las consumimos y cocinamos.
Las patatas son un alimento asequible, un básico de la alimentación que durante cientos de años ha constituido un elemento fundamental de la dieta. En la actualidad su consumo se ha reducido bastante, en parte por la mala fama que se ha generado en torno a este humilde alimento, especialmente por su elevado aporte de carbohidratos y su índice glucémico. Sin embargo, tal y como vamos a abordar en el artículo, esto tiene muchos matices y la mayoría de estudios realizados sobre el consumo de patata y el riesgo de enfermedades crónicas presentan diversas limitaciones.
Las patatas son un alimento muy común en la dieta de la mayoría de la población europea. Sin embargo, a veces pasamos por alto los aportes nutricionales de este alimento tan básico. Para empezar, existen diferencias nutricionales considerables entre los distintos platos de patatas, dependiendo de cómo se cocinen. Esto puede influir en la manera que tienen los consumidores de percibir este alimento.

Las patatas se empezaron a importar de Sudamérica en el siglo XVI y tardaron otros 150 años en convertirse en uno de los alimentos básicos de Europa. Cocidas o asadas, las patatas son un alimento prácticamente libre de grasa. Los carbohidratos son los principales nutrientes energéticos presentes en las patatas, que se encuentran en forma de almidón. Los carbohidratos son la principal fuente de energía del organismo y deberían representar como mínimo la mitad del consumo diario de calorías. La ventaja de la patata es que además de carbohidratos, también aporta una cantidad considerable de ciertos micronutrientes. Además, presenta una cantidad muy pequeña de proteínas: unos 3 g en una ración media de patatas cocidas de 180 g.
Métodos de Cocción: El Impacto en las Calorías
El contenido calórico de una patata puede variar significativamente según el método de cocción utilizado, y este factor influye directamente en cómo este alimento puede integrarse en una dieta equilibrada. A continuación, se presenta una comparación de las calorías aproximadas por cada 100 gramos de patata dependiendo de su forma de preparación:
- Hervidas: 86 kcal
- Asadas: 93 kcal
- Al vapor: 77 kcal
- Fritas: 319 kcal
La patata, lejos de ser un alimento a evitar, es un ingrediente saludable y lleno de posibilidades si se cocina de manera adecuada. Elegir métodos de cocción como el vapor, la hervida o el asado, permite disfrutar de su sabor y beneficios nutricionales sin añadir un exceso de calorías a nuestra dieta. Recordemos siempre que la clave está en el equilibrio y en combinar las patatas con otros ingredientes frescos y saludables para crear platos que no solo sean sabrosos, sino también beneficiosos para nuestro bienestar.
1. Patatas al Vapor
Las patatas al vapor son la opción con menor contenido calórico, aportando solo 77 kcal por cada 100 gramos. Este método no requiere aceite ni grasas adicionales, lo que permite conservar la textura y el sabor natural del tubérculo. Además, al cocinarse con suavidad, se preservan mejor las vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C, y minerales como el potasio, esenciales para el equilibrio electrolítico y el buen funcionamiento muscular. Por estas razones, las patatas al vapor son una excelente elección para quienes buscan opciones bajas en calorías sin comprometer los beneficios nutricionales.
La cocción al vapor preserva las vitaminas y minerales esenciales, como la vitamina C y el potasio, que contribuyen al buen funcionamiento del organismo.
- Patatas al vapor con hierbas frescas y un toque de limón: Lava las patatas, córtalas en trozos y colócalas en una vaporera. Cocina durante 20 minutos y sirve con hierbas frescas y un toque de limón.
- Ensalada templada de patatas, espárragos y tomate Cherry: Cocina al vapor trozos de patata junto con espárragos y tomate cherry. Mézclalos en una ensalada templada con un chorrito de aceite de oliva.
- Patatas al vapor con yogur natural y eneldo: Prepara patatas al vapor y acompaña con una salsa de yogur natural, eneldo y un toque de pimienta negra.
2. Patatas Hervidas
Hervir las patatas es otra técnica saludable que mantiene las calorías bajas, con 86 kcal por cada 100 gramos. Cocinarlas con su piel ayuda a conservar la fibra, lo que favorece la saciedad. Este método también evita la necesidad de añadir grasas durante el proceso. Es una alternativa ideal para preparar platos como purés ligeros o ensaladillas, donde el sabor neutro y la textura suave de las patatas hervidas las convierten en un ingrediente versátil.
Hervir las patatas en su piel ayuda a conservar mejor sus nutrientes y fibra, lo que también genera mayor saciedad.
- Puré ligero de patata con un chorrito de aceite de oliva virgen extra: Hierve las patatas en agua con sal, pélalas y machácalas para obtener un puré ligero. Añade un chorrito de aceite de oliva virgen extra.
- Patatas hervidas con pimentón dulce y ajo en polvo: Cocina las patatas con piel y luego espolvorea pimentón dulce y ajo en polvo antes de servir.
- Ensaladilla ligera con guisantes y zanahoria: Hierve las patatas junto con guisantes y zanahorias. Mézclalos para una ensaladilla ligera y colorida.
3. Patatas Asadas
Asar las patatas en el horno es una técnica que potencia su sabor natural sin necesidad de aceites. Aunque el contenido calórico sube ligeramente a 93 kcal por cada 100 gramos, sigue siendo una opción saludable, especialmente si se evita el uso excesivo de aceites o mantequilla.
Asar las patatas en el horno potencia su sabor de forma natural y permite prescindir de aceites.
- Gajos de patata al horno con especias como romero y tomillo: Corta las patatas en gajos, mézclalas con romero, tomillo y un poco de sal. Hornéalas a 200 °C durante 30-40 minutos.
- Patatas asadas rellenas de crema de yogur y cebollino: Asa patatas medianas en el horno y córtalas por la mitad. Rellénalas con crema de yogur y cebollino picado.
- Patatas pequeñas asadas con ajo y perejil: Hornea patatas pequeñas con ajo entero y perejil fresco.

4. Patatas Fritas
En el extremo opuesto, las patatas fritas destacan por su elevado contenido calórico, alcanzando 319 kcal por cada 100 gramos debido a la absorción de aceite durante el proceso de fritura.
¿Cómo Cocinar Patatas Bajas en Calorías?
Cocinar patatas de forma saludable no solo ayuda a reducir la ingesta calórica, sino que también conserva sus nutrientes esenciales, haciendo de este tubérculo una opción ideal para una dieta equilibrada. A continuación, te ofrecemos algunas ideas para disfrutar de las patatas al vapor, hervidas y asadas, con recetas fáciles y deliciosas que mantienen el sabor mientras cuidan tu salud.
Variedades de Patatas: ¿Cuál Elegir?
Aunque todas las variedades de patatas son saludables, algunas tienen una composición que las hace especialmente adecuadas para dietas bajas en calorías. Optar por la variedad correcta según la receta es clave para aprovechar al máximo sus propiedades nutricionales y mantener un aporte calórico moderado. Además, elegir patatas locales y de temporada no solo beneficia la salud, sino también el medio ambiente y la economía regional.
Patatas de Pulpa Firme
Estas variedades, como la Papa Reina Roja, son ideales para ensaladas porque mantienen su textura después de la cocción, evitando que se deshagan. Esto permite preparar platos sabrosos sin necesidad de añadir grasas adicionales.
Patatas Harinosas
Variedades como Patatas del Pueblo o Fripat son perfectas para purés ligeros. Su textura permite conseguir una consistencia cremosa con menos ingredientes, reduciendo así las calorías totales del plato.
Variedades Locales
Las patatas frescas y de temporada, como la variedad La Chulapona, producida localmente, aporta un sabor más intenso y una textura superior.
Rompiendo Mitos: Las Patatas No Engordan
Una de las ideas erróneas más comunes es que las patatas engordan. En realidad, su contenido calórico es moderado y comparable al de otros carbohidratos como el arroz o la pasta. Además, su alta concentración de fibra favorece la saciedad y puede ayudar a controlar el peso corporal.
La clave está en el contexto general de la dieta y en cómo se preparan. Las patatas fritas o las preparaciones con salsas grasas son las que contribuyen al exceso de calorías, no las patatas en sí.
Las patatas son un alimento nutritivo, saludable y apto para cualquier dieta equilibrada. Su bajo contenido calórico, combinado con sus beneficios nutricionales, las convierten en una opción excelente siempre que se elijan métodos de cocción saludables y acompañamientos ligeros.
Incorporar patatas en tu dieta no solo es compatible con mantener un peso adecuado, sino que también te permitirá disfrutar de un alimento versátil y lleno de sabor.
Composición y Valor Nutricional de la Patata
Valor nutricional de la patata cruda por cada 100 gramos:
- Energía: 85 kcal
- Agua: 76,7 g
- Proteínas: 2,0 g
- Hidratos de Carbono: 17,6 g
- Grasas: 0,1 g
- Fibra: 2,6 g
- Vitamina C: 16,0 mg
- Potasio: 450,0 mg
Proteínas y Lípidos en la Patata
La patata presenta un contenido relativamente bajo en proteínas (2-3 g/100 g de alimento crudo) y aún más bajo en grasas.
Carbohidratos en la Patata
Si algo es destacable sobre la patata es su elevado contenido en carbohidratos, tanto en forma de almidón como de fibra. El 80% del peso de la patata es agua, mientras que el resto (20%) es su materia seca, de la cual el almidón conforma el 60-70%. El tipo de fibra más abundante en las patatas es el almidón resistente, aunque también contiene pequeñas cantidades de celulosa, hemicelulosa, pectina y lignina.
Almidón Resistente de la Patata
Cuando hablamos de almidón resistente, nos referimos a aquellas partes del almidón o productos de su degradación que no se absorben a nivel de intestino delgado, por lo que llegan al intestino grueso para ser fermentado por nuestra microbiota. El tipo de fibra más abundante en las patatas es el almidón resistente, aunque también contiene pequeñas cantidades de celulosa, hemicelulosa, pectina y lignina. Tal y como vamos a ver a continuación, el contenido en almidón resistente es muy variable y va a depender en buena medida de la manera que preparemos la patata.
La patata, cuando está cruda, presenta los gránulos de almidón nativos, en los que las cadenas de amilosa y amilopectina se encuentran unidas por puentes de hidrógeno formando dobles hélices muy ordenadas, conformando una estructura semejante a una red cristalina. Estos gránulos de almidón nativo no los podemos digerir y es lo que se conoce como almidón resistente tipo 2. De hecho, cuando la patata está cruda, el 75% de su almidón se encuentra en su forma resistente del tipo 2 (RS2). Sin embargo, cuando cocinamos la patata, se produce el proceso de gelatinización. El aumento de la temperatura ocasiona la rotura de los puentes de hidrógeno que mantienen unidas a las cadenas de amilosa y amilopectina, de manera que la estructura ordenada se rompe y las cadenas comienzan a establecer enlaces con las moléculas de agua (se absorbe el agua), formándose así una especie de gel. Cuando la patata está recién cocinada, su almidón se encuentra de esta forma, gelatinizado, siendo altamente digerible (la mayor parte del almidón resistente tipo 2 que tenía cuando estaba cruda se destruye), con lo que su índice glucémico será elevado (aunque ello dependerá también de los alimentos con los que se acompañe). Pero, ¿podemos aumentar el contenido en almidón resistente de la patata cocinada? Efectivamente, lo podemos hacer y el tipo de almidón resistente que se generará será el tipo 3 (retrogradado). Ello lo conseguiremos al refrigerar la patata, ya que se producirá la retrogradación del almidón. En este proceso, al enfriarse el almidón gelatinizado, este vuelve a ordenarse, a recuperar en cierto modo su estructura cristalizada. Las cadenas de amilosa y amilopectina se vuelven a unir, establecen de nuevo puentes de hidrógeno entre ellas y el agua sale de la red cristalina, proceso conocido como sinéresis. El almidón, al haberse vuelto a “ordenar”, será más difícil de digerir (se ha vuelto resistente) y por tanto, llegará a nuestro intestino grueso para ser fermentado. De este modo, cuando cocinamos la patata y posteriormente la refrigeramos durante unas 24 horas, presentará un alto contenido en almidón resistente tipo 3, aunque también contendrá un pequeño porcentaje de almidón resistente tipo 2.

¿Y qué beneficios obtenemos al preparar la patata de este modo?
Mejor respuesta glucémica y aumento de la saciedad: el índice glucémico disminuye considerablemente, ya que buena parte del almidón no se absorbe, sino que es fermentado por nuestra microbiota. Tanto el almidón resistente tipo 2 como el 3 pueden ser fermentados por los microorganismos de la microbiota, los cuales producirán metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta (butirato, propionato y acetato), así como CO2 y metano. Los ácidos grasos de cadena corta resultan de gran interés, ya que se pueden unir a los receptores de ácidos grasos que presentan los colonocitos, estimulando de ese modo la liberación de incretinas, como el GLP-1 y el GIP. Ambos péptidos intervienen en el metabolismo de la glucosa y el GLP-1 aumenta la sensación de saciedad. También se produce el péptido YY, el cual también parece incrementar la saciedad.
Efecto prebiótico: el almidón resistente estimula la actividad y proliferación de diversas especies bacterianas beneficiosas, productoras de los ya citados ácidos grasos de cadena corta, entre otros compuestos de interés. Se incrementa de ese modo la biodiversidad de nuestra microbiota, aunque cabe citar que, en buena parte de los ensayos clínicos realizados al respecto, los cambios que se producen en la composición bacteriana intestinal y la cantidad de metabolitos producidos varían en función de la persona.
Por tanto, podemos ver como la patata es un alimento muy interesante y, si la preparamos para optimizar su contenido en almidón resistente tipo 3, nuestra respuesta glucémica tras su consumo será mejor, nos sentiremos más saciados y, aparte, resultará positivo para aumentar la biodiversidad de la microbiota intestinal. Sin embargo, es importante recalcar que la composición de nuestra microbiota va a depender de nuestra dieta y estilo de vida en general; un alimento no va a compensar una alimentación poco saludable o el sedentarismo.
Micronutrientes en la Patata
La patata es una buena fuente de potasio, magnesio y contiene ciertas vitaminas, destacando la B6. Aunque contiene vitamina C, buena parte de esta se destruye cuando la patata es cocinada. También contiene folato, pero en niveles inferiores a los vegetales de hoja verde y las legumbres. En cuanto a sus antioxidantes, cabe mencionar que su contenido no es muy elevado si lo comparamos con las verduras (hojas verdes, crucíferas, hortalizas coloridas) y frutas, aunque sí que existen variedades de patata que resultan ser bastante ricas en ciertos fitoquímicos, como es el caso de la patata morada, que destaca por su riqueza en antocianinas.
Aunque la evidencia aún es bastante limitada, hay ciertos compuestos bioactivos en los frutos rojos y vegetales morados, como las antocianinas (que son flavonoides), que han demostrado en algunos estudios de intervención ejercer un impacto positivo sobre los niveles de glucosa. Así, resulta curioso mencionar un ensayo clínico reciente en el que se demostró que los participantes que consumieron patatas variedad morada experimentaron una menor subida de glucosa en plasma que aquellos que tomaron patatas normales (amarillas-blancas), y este efecto podría deberse a la riqueza en antocianinas que presentan las primeras.
Las patatas Yukon Gold (que son un tipo de patatas cuya pulpa no es blanca sino más amarilla, dorada) son las que presentan un mayor contenido en zeaxantina y luteína, que son un tipo de carotenos con acción antioxidante y antiinflamatoria. Además, la bioaccesibilidad de estos carotenos en la patata amarilla parece ser bastante alta, especialmente la de la zeaxantina. Cabe destacar que el contenido en micronutrientes de la patata variará en gran medida en función de la manera en la que la cocinemos, tal y como abordaremos en el siguiente artículo. La patata bien cocinada y acompañada se recomienda en dietas saludables.
Patatas y Salud
Al estudiar la relación entre el consumo de patatas y las enfermedades no transmisibles, podemos observar que la mayoría de los estudios de los que disponemos son observacionales y presentan las siguientes limitaciones:
- Aunque en la mayoría de ellos se ajustan los factores del estilo de vida (ejercicio físico, tabaco, etc.) y de la alimentación de los participantes, siempre hay algunos que no se pueden medir, por lo que evitar por completo las variables de confusión resulta imposible.
- Para estudiar la dieta de los participantes, se emplean cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos (FFQ), que en muchas ocasiones presentan una variedad de alimentos muy limitada, lo cual impide que se haga una completa evaluación.
- De hecho, en muchos de ellos se pregunta por el consumo de patata en general, es decir, no se diferencia entre patatas fritas, asadas, en puré o cocidas. Ello, es muy importante, ya que el efecto de unas patatas asadas y enfriadas es muy distinto al de unas patatas fritas.
- Además, esta serie de cuestionarios se les realiza a los participantes, generalmente, una o dos veces en varios años, de manera que la información recogida no es muy exacta, ya que la dieta de las personas suele variar en cierto modo con el paso del tiempo.
La forma en la que se consumen las patatas y con qué alimentos se combinan varía mucho de un país a otro. Por ejemplo, en EEUU se suelen consumir fritas, acompañadas de alguna salsa, o en puré, al cual normalmente se le añade mantequilla y se acompaña de carne. En los países del norte de Europa, la patata es un alimento que está muy presente y se combina en muchos platos con carnes procesadas, como el bacon ahumado. Sin embargo, en la región mediterránea son más frecuentes los platos que combinan las patatas con verduras y leguminosas, como los tradicionales potajes, la ensaladilla de pimientos, o ensalada típica de patata, que combina tomate, pimiento, aceitunas, AOVE, cebolleta y huevo duro. Así, cuando se estudia el consumo de patata en relación con el riesgo de mortalidad y de enfermedades no trasmisibles (especialmente obesidad y diabetes), no es lo mismo si la población es americana o española, por ejemplo, ya que el cómo y con qué se consume la patata va a resultar importante para evaluar su efecto en la salud. Al menos hasta la fecha, en los estudios observacionales realizados sobre la patata, no se ha tomado en consideración el contenido en almidón resistente de la patata.
Correlación no implica causalidad. En un estudio epidemiológico, que el grupo que consuma más patatas tenga más riesgo de obesidad o de diabetes, por ejemplo, no implica que la causa de ello sean las patatas. En muchas ocasiones, el mayor consumo de patatas va ligado a un patrón dietético menos saludable: es frecuente que las patatas se tomen como guarnición, en sustitución de las verduras; así, el problema no son las patatas, sino que esa persona no consume suficientes verduras. Además, sobre todo en EEUU, es frecuente que las patatas sean la guarnición de carnes procesadas (hamburguesas, bacon), pescado frito, entre otras, y normalmente todo ello es aderezado con salsas. Por tanto, resulta absurdo culpar a las humildes patatas.
Consumo de Patata y Riesgo de Diabetes
En diversos estudios epidemiológicos, el consumo de patatas, especialmente fritas, se ha encontrado asociado a un mayor riesgo de diabetes tipo 2.

Patatas Mayordomo | Si las pruebas no querrás prepararlas de otra manera
Patata Asada de Feria: Si has probado estas patatas alguna vez en la Feria sabrás que la patata coge un sabor espectacular con el horneado, la única pega es que al tratarse de patatas grandes (de más de medio kilo cada patata) el tiempo de horneado se prolonga bastante pero a parte de esto la receta no tiene ningún trabajo, más fácil es imposible. Así que si ya se acabó la feria de tu ciudad y te quedaste con mono de patata asada, o si aún no ha llegado la feria y estás impaciente por comerte una papa rellena, ya sabes, compra una patata grande por persona y….
Relleno: Atún en aceite, Maíz, Aceitunas, Remolacha, Zanahoria, Jamón Cocido, Palitos de cangrejo (surimi), ….
Lava bajo el grifo las patatas para quitarles toda la arena. Metemos en el horno a 200ºC (arriba y abajo) durante al menos 1 hora y media. Mientras se hornea la patata prepara el relleno. Aquí puedes hacer lo que más te guste, corta en rodajas las aceitunas o déjalas enteras, picar surimi, rallar zanahoria …. Para probar si la patata está bien asada pincha con un palillo de madera que llegue hasta el centro de la patata. El palillo debe entrar y salir sin ninguna dificultad. Ahora coge un buen trozo de papel de aluminio y dóblalo por la mitad. Coloca una patata sobre el papel de aluminio (ojo que la patata quema) y con un cuchillo corta la patata a lo largo pero sin llegar a separar las dos mitades de forma que quede como un libro. Sazona las patatas con sal y pimienta. Luego con una cuchara pequeña ve rompiendo la pulpa de la patata pero sin llegar a tocar la piel. Ahora coloca por encima el relleno que has preparado, la salsa que prefieras y listo. El papel de aluminio que pusimos nos servirá de plato y evitará que nos quememos, de todas formas si notas que pasa mucha calor pon un poco más de papel. Como ves no he puesto cantidades junto a los ingredientes del relleno pues esto depende de tu gusto y de lo cargadas que quieras tener las patatas. Ya sabes que puedes quitar ingredientes de la lista y puedes probar añadiendo otros ingredientes como pepinillo picado, queso rallado o queso a taquitos, pimientos asados, anchoas, tomates desecados, salsa alioli, salsa rosa, mostaza, salsa roquefort …. Sobre el tiempo de horneado tienes que tener en cuenta que cuanto más grande es la patata más suele tardar en hacerse y que una patata más alargada se hará antes que una patata con el mismo peso pero más redonda ya que en esta última tarda más en llegar el calor al centro para asar la patata completamente. Para acertar con el tiempo de horneado yo te aconsejo dejarlas 45 minutos por un lado, luego darles la vuelta y dejar otros 45 minutos. Entonces pincha con un palillo y si ves que necesitan más tiempo dales la vuelta y déjalas 15 minutos más. Ve probando y cuando estén tiernas las patatas apunta el tiempo total, te servirá para la próxima vez que hagas patatas asadas de ese mismo tamaño. Hay quien envuelve con papel de aluminio cada patata antes de meterla en el horno, de esta forma se consigue que la piel de la patata se seque menos y que la pulpa de la patata que está pegada a la piel quede más blanda. De este modo se aprovecha mejor la patata pues luego se puede «cavar» más en la patata llegando casi hasta la piel. Espero que les guste la receta y que disfruten en la mesa con este plato. Pronto tendremos más recetas de cocina.

Tabla 1: Valor Nutricional de la Patata Cocida (por 100g aprox.)
| Nutriente | Cantidad |
|---|---|
| Energía | 77-93 kcal |
| Proteínas | ~2 g |
| Carbohidratos | ~18 g |
| Fibra | ~2 g |
| Grasas | < 0.5 g |
| Potasio | ~400 mg |
| Vitamina C | ~10 mg |
