La idea de cruzar el Estrecho de Gibraltar a nado representa un desafío formidable para muchos, una proeza que va más allá de la mera capacidad física, tocando las fibras de la constancia, la disciplina y la superación personal.
La preparación: Un camino de 14 meses
La historia de Manu, un nadador no profesional, es un testimonio inspirador de cómo la dedicación puede llevar a alcanzar metas extraordinarias. Su preparación para este cruce no fue un camino fácil; fueron 14 meses de sacrificio, constancia y disciplina, donde la natación se convirtió en una parte integral de su vida. Manu no era nadador profesional ni compitió de pequeño; empezó a nadar relativamente tarde, como la gran mayoría de nadadores que disfrutan de este gran deporte en las piscinas de cualquier lugar del mundo. Esta es una desventaja, pero nunca una limitación.

El punto de inflexión: Descubriendo un nuevo enfoque
Manu llevaba nadando desde los veintiocho años con el único objetivo de practicar deporte. Hace un par de años, por casualidad, encontró un PDF del libro "Inmersión Total" de Terry Laughlin, entrenador de natación. Tanto él como su cuñado lo leyeron y llegaron a la conclusión de que todo lo escrito tenía sentido, a pesar de que rompía con los esquemas de la enseñanza tradicional de la natación. Su curiosidad los llevó a buscar información y encontraron videos en YouTube, empezando a aplicar lo que el libro decía, abriendo un nuevo campo desconocido hasta ese momento. Esto los llevó en enero de 2016 a asistir a un curso de "Inmersión Total" impartido por Bernardo Blanco en Villaviciosa de Odón (Madrid). Este fue el punto de inflexión para Manu; a partir de ese momento, su manera de entender y practicar la natación cambió radicalmente. Empezó a nadar mucho más fluido y relajado, con menos brazadas y a mayor velocidad. Antes nadaba aproximadamente 2.500 metros a una media de 20 minutos el kilómetro. Un año y ocho meses después, nada cómodamente distancias largas, haciendo el kilómetro en 16 minutos y 30 segundos, manteniendo 17 brazadas por largo.
El reto del Estrecho: Más allá de lo físico
En julio del año pasado, Manu recibió la confirmación de la ACNEG (Asociación Cruce a Nado Estrecho de Gibraltar) de que tenía plaza para realizar el cruce. Tras la incertidumbre lógica de los días previos, sin que se pudiera determinar el día que nadarían por las condiciones meteorológicas, el pasado martes 19 de septiembre, a las nueve horas y cuatro minutos, empezó la aventura. Sin lugar a dudas, a nivel deportivo, ha sido la mayor experiencia que haya tenido nunca. El reto en sí no es cruzar a nado el Estrecho, es prepararse durante 14 meses, como en el caso de Manu, para el día en que te toca lanzarte al agua en Tarifa y, por tus propios medios, llegar nadando hasta Marruecos sin ayuda externa, a excepción del avituallamiento.

Han sido meses de sacrificio, constancia y disciplina, pero sin lugar a dudas, han merecido la pena porque ha disfrutado de la natación como no lo había hecho nunca.
Un propósito mayor: Colaboración con la Asociación Andaluza de Fibrosis Quística
Además del desafío personal, Manu y su equipo tuvieron la oportunidad de colaborar con la Asociación Andaluza de Fibrosis Quística. La fibrosis quística es una enfermedad degenerativa, genética y potencialmente mortal que no tiene cura, y que afecta al sistema respiratorio y digestivo. A través de este reto deportivo, lograron darle visibilidad a la enfermedad, demostrando cómo el deporte puede ser un vehículo para apoyar causas importantes y darle un sentido mucho más profundo al esfuerzo personal.
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Si Manu pudo alcanzar su objetivo, cualquier persona también puede, ya sea el Estrecho de Gibraltar a nado o cualquier otro desafío que se proponga. La clave reside en la determinación y en la creencia en uno mismo.