Cómo salvar tus lentejas quemadas y potenciar su valor nutricional

Cocinar es un arte y, como en todo arte, a veces ocurren accidentes. Uno de los más comunes en la cocina es que las lentejas se peguen y se quemen, un desastre que puede parecer irremediable después de pasar toda la mañana cocinando. Sin embargo, arreglar este problema es mucho más fácil de lo que parece y, aunque el guiso no sea el mejor que hayas servido, es posible salvarlo.

Es muy común que se quemen las cosas cuando cocinamos, sobre todo si estamos aprendiendo. También puede ocurrir que se te pase el tiempo de cocción o que estés pendiente de otras cosas como los niños, la televisión, el móvil o la limpieza. Sea como sea, da mucha rabia pasarse toda la mañana cocinando y de repente, te das cuenta de que se te ha quemado el plato que te ibas a comer al mediodía. Si es el caso de unas lentejas, no entres en pánico, tenemos varias soluciones.

Lentejas quemadas en una olla

Trucos para salvar las lentejas quemadas

  1. No remuevas las lentejas: Si ya huele a chamusquina, no es necesario que metas la cuchara para comprobar si efectivamente se han agarrado al fondo de la cazuela. No caigas en la tentación y así evitarás males mayores, ya que remover solo esparcirá el sabor a quemado por todo el guiso.
  2. Cambia de olla: Pasa el guiso a una cazuela nueva, añade un poco de sal y agua, y vuelve a cocer durante unos minutos. Este paso es crucial para separar las lentejas no quemadas del fondo de la olla original.
  3. Echa mano de la lechuga o patata: Tras unos minutos en la nueva olla, añade un poco más de agua y unas hojas de lechuga, dejando cocer cinco minutos más. Así se neutralizará el sabor a quemado. Si las lentejas estaban muy quemadas, es más recomendable meter unos trozos de patatas peladas en lugar de lechuga, ya que las patatas absorberán mejor el sabor a quemado.
  4. Aceite de oliva al servir: Cuando las sirvas, riega cada plato con un chorrito de aceite de oliva. Esto no solo realzará el sabor, sino que también puede ayudar a disimular cualquier rastro residual del sabor a quemado.

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Potenciando el valor nutricional de las lentejas

Las lentejas son uno de los alimentos más completos y versátiles de nuestra dieta, aportando proteínas vegetales, fibra, hierro, magnesio, potasio y una buena dosis de saciedad. Sin embargo, su valor nutricional puede variar según cómo las cocinemos y combinemos. Existen pequeños gestos en la preparación que marcan la diferencia entre un plato simplemente rico y otro realmente nutritivo.

Consejos para maximizar los beneficios de las lentejas

  • Elegir bien y remojar antes de cocinar:

    Aunque las lentejas no necesitan un remojo tan largo como otras legumbres, dejarlas en agua entre cuatro y ocho horas (o incluso toda la noche) mejora su digestibilidad y facilita la absorción de minerales. Basta con desechar el agua del remojo y cocinarlas con agua limpia. Si te decantas por unas lentejas en conserva, enjuágalas bien bajo el grifo para reducir el sodio y eliminar restos del líquido de cocción.

    Eugeni de Diego, chef de A Pluma, insiste en que las lentejas son una semilla pequeña que puede echarse a perder si no se trata con cuidado. Si las ponemos en remojo, la capa exterior (epidermis) puede romperse, lo que perjudicaría a su cocinado. Sin embargo, para acelerar el proceso de cocción, algunos cocineros optan por remojarlas durante una hora antes de cocerlas.

  • Combinarlas con alimentos ricos en vitamina C:

    El hierro vegetal (no hemo) de las lentejas se absorbe peor que el hierro animal, pero este detalle tiene fácil solución: acompáñalas con alimentos ricos en vitamina C. Un chorrito de limón al final, una ensalada de pimientos o un poco de naranja de postre puede multiplicar la absorción de hierro. Es un gesto simple que marca una gran diferencia, sobre todo en mujeres con menstruaciones abundantes o tendencia a la anemia.

  • Evitar combinarlas con café o té justo después:

    Las taninas del café y el té inhiben la absorción del hierro, igual que el calcio tomado en grandes cantidades en la misma comida. Por eso, lo ideal es dejar pasar al menos una hora entre las lentejas y el café. Un café puntual no arruina el plato, pero si es habitual tomarlo justo al acabar, el hierro disponible puede reducirse hasta un 60%.

  • Añadir verduras y grasas de calidad:

    Las lentejas ganan mucho cuando se acompañan de un sofrito con verduras (cebolla, zanahoria, pimiento, tomate) y un poco de aceite de oliva virgen extra. Además de sabor, estas combinaciones aportan antioxidantes y carotenoides que ayudan a reducir la oxidación de los minerales, y el aceite de oliva facilita la absorción de las vitaminas liposolubles y hace el plato más saciante.

    Plato de lentejas con verduras y aceite de oliva

    Pablo Albuerne (Gipsy Chef) explica que lo mejor es decantarse por la cocción lenta y cocinarlas con una gran variedad de verduras (zanahorias, nabo, col, cebolla...). También les echa patatas cascadas para ganar consistencia, pero prescinde de la sal. Otro punto a tener en cuenta es que para esta elaboración no debemos quedarnos cortos de agua; los expertos recomiendan usar 500 gramos de lentejas por 2-3 litros de agua en cocción tradicional. Al colocar 4 veces más agua, evitaremos que se evapore y las lentejas no se quemarán ni quedarán secas.

    El sofrito es clave para dar sabor y estructura. Eugeni de Diego propone experimentar y añadirle otros ingredientes, tales como la leche de coco y el curry, la calabaza o incluso el foie gras. Añadir dos cucharadas de miso negro en cambio de sal puede potenciar el sabor.

  • Cocinarlas con calma (y sin miedo al fuego):

    La cocción lenta, entre 30 y 40 minutos según la variedad, permite que la fibra se ablande y la digestión sea más ligera. No es necesario añadir bicarbonato, que puede destruir parte de la tiamina (vitamina B1). Además, si se preparan en olla exprés, el tiempo se reduce, pero conviene no excederse para evitar que se rompan y pierdan textura. Para que no se despellejen las lentejas, los expertos aconsejan no removerlas en exceso.

  • Las lentejas también se pueden congelar sin perder nutrientes:

    Una vez cocinadas, las lentejas se conservan perfectamente 3 o 4 días en la nevera o hasta tres meses congeladas. El truco está en dejarlas enfriar antes de congelar y guardarlas con algo de su líquido de cocción. De esta forma, al recalentarlas conservarán su textura y sabor. Además, al enfriarse y recalentarse, parte del almidón se transforma en almidón resistente, beneficioso para la microbiota intestinal.

  • Comer lentejas no tiene por qué ser un 'plato de invierno':

    Más allá del clásico guiso, las lentejas se adaptan a todas las estaciones. En verano, ensaladas templadas con lentejas cocidas, aguacate, tomate y huevo duro; en otoño, con calabaza, zanahoria y cúrcuma; en invierno, el clásico potaje con verduras y comino, y, en primavera con hierbas frescas, limón y un toque de feta o frutos secos. Las legumbres no tienen temporada; tienen versatilidad, y estas son una de las formas más equilibradas y sostenibles de alimentarnos.

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