Cómo cosechar calabazas en casa: guía completa para un cultivo exitoso

La calabaza es un alimento versátil, perfecto para preparar sabrosas cremas o deliciosos pasteles. Si tienes la suerte de poderla plantar en tu casa, no te costará demasiado cultivarlas y obtener una buena cosecha.

Ilustración de una calabaza y sus usos culinarios

Las calabazas son hortalizas fáciles de plantar y cosechar. Tienen resistencia a las condiciones climáticas, se pueden ingerir de muchas formas y, además, cuentan con múltiples nutrientes. En pocas palabras, son una buena opción para generar alimentos propios, sin agrotóxicos. ¿Deseas iniciarte en el autocultivo? Cultivar y cuidar una calabaza es una buena forma de empezar.

Cultivo de calabazas: desde la siembra hasta los cuidados

El cultivo de calabazas no es exigente. Esta cucurbitácea es capaz de crecer en suelos incluso no especialmente ricos en nutrientes, aunque siempre mejor si son blandos y ligeros. Sí que requiere en cambio, bastante sol y un riego regular, ni escaso ni excesivo, pues la tierra en la que crece no debería estar encharcada.

Preparación del suelo y siembra

Las calabazas prefieren los suelos profundos y ricos en materia orgánica. A mediados de primavera, ya sin riesgo de heladas, prepara hoyos de 3 cm de profundidad. La distancia ideal entre ellos es de 1 a 1,5 m, pudiendo llegar a 2,5 m para las variedades más grandes. Coloca unas 3 semillas en cada uno, cubre con tierra y riega.

Puedes adelantar el cultivo y evitar el riesgo de heladas tardías si las siembras en macetas y luego, cuando los planteles tengan 2 hojas verdaderas, las trasplantas a su lugar definitivo. Sin embargo, no es imposible trasplantar, en general la calabaza no lo resiste bien, por lo que es recomendable evitarlo.

Recuerda que el poder germinativo de estas semillas dura aproximadamente 5 años. Se pueden conseguir semillas en una tienda de jardinería o utilizar las de una calabaza, pero esta debe ser grande, madura y con cáscara firme. Si se opta por la segunda opción, hay que exponerlas al sol por tres días antes de la siembra. Una vez en tierra, van a demorar entre una y dos semanas en germinar.

Es recomendable dejar un metro de distancia aproximada entre plantas de verano, y uno y medio entre las de invierno.

Condiciones climáticas y luz solar

Tanto las calabazas de verano como las de invierno no toleran la tierra fría, ni las heladas, por lo que la primavera es la estación indicada para su plantación. No se deben depositar las semillas hasta asegurarse que las últimas oleadas de frío invernal ya pasaron, según el lugar del mundo en que se viva. Es recomendable dejar un lapso de dos semanas después de ese evento. Además, si la región continúa teniendo noches muy frías, lo mejor es entrar la maceta o, si se plantó en jardín, cubrirlas con un plástico.

Las calabazas necesitan crecer en un lugar que esté a pleno sol, recibiendo al menos cinco horas diarias de sol. Para las macetas resulta más sencillo, ya que se mueven de lugar. En caso de vivir en sitios donde el calor es muy fuerte y las horas de luz intensa sobrepasan ese tiempo, se puede colocar un protector que genere sombra. Solo es necesario si las hojas y flores de la planta están caídas.

Esquema de las condiciones ideales de luz solar para el cultivo de calabazas

Riego y fertilización

El riego debe ser abundante al comienzo del cultivo, cuando la planta es joven. Luego resulta menos exigente que otros cultivos del huerto. No necesitan demasiada agua, una o dos veces a la semana es suficiente. Es recomendable regarlas por la mañana y cada vez que la tierra esté seca. Siempre en la base, sin mojar las hojas, ya que la humedad les puede traer enfermedades.

Las plantas de calabaza se benefician con mucha materia orgánica, en especial con fertilizantes con calcio adicional. Es necesario nutrirlas cuando comienzan a florecer, y repetir el proceso al aparecer los primeros frutos. El abono orgánico ayuda a retener la humedad de la tierra y protege las raíces, por lo que se produce menos maleza.

INCREMENTO DE PRODUCCCIÓN EN CALABAZA

Poda y polinización

Una vez sembrada, los cuidados que exige la calabaza son bastante sencillos. Básicamente, debemos realizar algunas podas y eliminar ramificaciones secundarias para que la mata rastrera no se extienda descontroladamente y favorezcamos así el crecimiento de los frutos.

La polinización es un proceso natural llevado a cabo por ciertos insectos. Sin embargo, existen regiones donde escasean y es necesario ayudar a la planta uno mismo. Para eso, hay que cortar una flor macho, de tallo más largo y delgado, y quitarle los pétalos. Una vez hecho esto, se utiliza el tallo como un pincel para pasar el polen por el centro de la flor hembra. Se identifican porque tienen tallos más gruesos y una pequeña protuberancia detrás, lo que se convertirá en el fruto. También se puede aplicar con un hisopo.

Variedades de calabaza: ¿cuál elegir?

Existe una gran variedad de este fruto, con distintos tamaños, colores y sabores. Se dividen en dos grandes grupos; por un lado, calabazas de verano, que crecen más rápido, además de ser abundantes y tiernas. Por otro lado, las de invierno, que demoran un poco más, pero tienen una piel resistente, color intenso y mayor conservación.

En cuanto a las variedades, las hay con forma de arbusto, adaptables a espacios pequeños, pero también trepadoras, que utilizan mayor lugar y crecen de manera vertical. Antes de iniciar un cultivo de calabaza en casa, es conveniente conocer las variedades más comunes.

Variedades de verano

Las calabazas de verano demoran unos dos meses en generar frutos, crecen en mayor número y pueden ingerirse aunque no estén del todo maduras.

  • Calabacín (zucchini): Una de las variedades más utilizadas del mundo.
  • Scallop o Pattypan: De forma redonda, con un sabor suave y un color verde claro.
  • Straight-neck (Cuello recto): Su particularidad es su fuerte color amarillo y una forma similar a la de la berenjena.
  • Crooked-neck (Cuello torcido): De la misma familia que la straight-neck, se distingue por su cuello en forma de botella.

Variedades de invierno

Cultivar y cuidar una calabaza de este estilo requiere algo más de paciencia, ya que demoran al menos tres meses en madurar sus frutos.

  • Buttercup: La planta de este fruto es enredadera, por lo que precisa de mucho espacio.
  • Acorn: También conocida como «bellota», obtiene mejor gusto si se conserva entre dos y tres meses luego de la cosecha.
  • Hubbard: Ideal para conservar por mucho tiempo, ya que dura hasta seis meses tras su extracción.
  • Spaghetti: Al cocinarse al horno, es fácil de cortar y armar con la forma del popular fideo.
  • Pumpkin: La típica calabaza anaranjada usada en la fiesta de Halloween, aunque algo más pequeña.

Tabla comparativa de variedades de calabaza de verano e invierno

El momento perfecto para la cosecha

Las calabazas, al igual que las sandías y los melones, dan señales claras de que ya están maduras, pero hay que saber dónde mirar. No cambian prácticamente de color y, para el ojo inexperto, puede ser complicado saber cuándo están listas para ser cosechadas.

El momento preciso para cosechar las calabazas es cuando han transcurrido, al menos, 110 o 140 días desde que la mata tuvo la última helada. La cáscara nos puede dar bastantes pistas para reconocer el momento de la recogida. Dependiendo del color y la textura de su corteza sabremos si la calabaza debe continuar su proceso de maduración en la mata o si por el contrario terminó su ciclo.

La época para cosechar las calabazas se da antes de la llegada de las primeras heladas, ya que, con la humedad acumulada del suelo, aumentan las posibilidades de que acaben pudriéndose.

Cómo saber si las calabazas están maduras

Esto es seguramente lo que estabas esperando leer, así que vamos a explicar en qué hay que fijarse para reconocer que los frutos han madurado por completo.

  1. Aspecto de la planta: La forma más sencilla de asegurarse de que las calabazas van a estar maduras, es esperar a que la planta se seque por completo ―o al menos en parte. Las hojas tornarán de color amarillento y se posarán sobre el suelo, quedando las calabazas más a la vista y de un color más vivo. Este cambio suele ocurrir a lo largo del otoño, aunque depende de cómo sea el clima del lugar. Las calabazas suelen madurar entre finales del verano y mediados del otoño.
  2. Pedúnculo del fruto: Si no se desea esperar a que toda la planta se seque, se puede revisar cada fruto individualmente para ver cuáles de ellos están maduros. La clave está en el aspecto del pedúnculo ―tallo o rabito― que une el fruto con la planta. Mientras esté verde, esa calabaza aún no estará completamente madura. Cuando se seque, será el momento para cosechar la calabaza.
  3. Cáscara: En cuanto a la textura, la corteza debe ser dura y firme sin que las uñas puedan penetrarla. Si golpeamos la calabaza con los nudillos el ruido debe sonar “a hueco”. Observa la cáscara, esta irá pasando por colores pálidos hasta alcanzar la coloración típica de la variedad.

Cosecha inmadura vs. madura

Las calabazas se pueden cosechar tanto antes como después de que completen la madurez.

  • Cosecha inmadura: Al igual que el calabacín, la calabaza se puede comer antes de que termine de madurar. Su sabor será menos intenso ―menos dulce― y su carne menos dura, al igual que su piel. En este estado su sabor será más parecido al del calabacín, así que puede utilizarse perfectamente para hacer cremas y purés, ya sea sola o combinada con otras hortalizas. Para recogerla inmadura, solo hay que esperar a que tenga el tamaño deseado y cortar el pedúnculo ―rabo― que la une al resto de la planta. Cuanto antes se coseche, más tierna y menos dulce estará, y por supuesto, no tendrá pepitas o semillas.
  • Cosecha madura: Si se desea que las calabazas se puedan almacenar en buen estado durante muchos meses, sin necesidad de congelación, han de recolectarse cuando terminen de madurar por completo. Esto es tan importante porque solo cuando la maduración se completa, la piel de la calabaza se vuelve lo suficientemente dura como para resistir hasta medio año ―o incluso más― sin pudrirse. Los frutos inmaduros tienen menor calidad comestible, porque contienen menos carbohidratos almacenados.

Técnicas de cosecha

Se debe utilizar un cuchillo o una tijera de podar limpia y afilada para cortar el fruto. En la medida de lo posible, hay que evitar mover demasiado el tallo y dejar un trozo de enredadera adjunto. Es importante dejar un tallo largo al cosechar calabazas y zapallos porque el tallo ayuda a proteger la fruta y mantenerla fresca durante más tiempo después de la cosecha.

En las variantes de verano, la cosecha es más sencilla; puede realizarse cuando los frutos aún son pequeños. No es conveniente dejarlos crecer demasiado. Las cantidades suelen ser grandes, y si la extracción es regular, la planta generará más frutos.

Por el lado de las de invierno, la cosecha se realiza en otoño, momento en que los colores de los frutos se intensifican y su piel está dura. El tamaño debe rondar entre los 15 y 20 centímetros de largo.

Conservación de la calabaza

Si se dejan airear un tiempo en un lugar ventilado y seco, ganan en sabor, ya que con el paso de las semanas, se incrementan los azúcares en la pulpa, por lo que resultan más sabrosas y nutritivas.

Las calabazas se conservan en perfecto estado durante meses. Si las conservas de forma adecuada, podrás disfrutarlas en tus platos más allá de su cosecha. Con el tiempo, ya se van deshidratando internamente. El curado de frutos ayuda a endurecer la cáscara, cicatrizar heridas e incrementar azúcares simples. Se recomienda protegerlos de la lluvia, heladas o bajas temperaturas y sol directo.

Para conservarlas es fundamental, en primer lugar, cosecharlas de la forma previamente mencionada y escoger el lugar idóneo para guardarlas. Este debe ser fresco, seco, donde no vaya a haber incidencia de las heladas, como puede ser una estantería de una habitación o un banco en el invernadero.

En general, las calabazas pueden almacenarse durante varios meses en un lugar fresco, seco y bien ventilado, como un sótano, una despensa o un armario. Las calabazas también deben almacenarse lejos de la luz solar directa y de fuentes de humedad, ya que la luz y la humedad pueden acelerar su deterioro. En general, se puede esperar que una calabaza bien almacenada dure de 2 a 6 meses en buenas condiciones.

Plagas y enfermedades

La calabaza puede sufrir plagas. Hay que tener especial cuidado con los caracoles y las babosas, ya que suelen alimentarse de sus hojas. Si hay restos de mucosidad, significa que pasaron por allí. Por otro lado, en las primeras semanas de plantación suele haber más posibilidad de amenazas.

Los más comunes son los insectos de la calabaza, las chinches hediondas, los pulgones o los escarabajos del pepino. Es bueno revisar bien la planta y, en caso de ser necesario, utilizar pesticidas de confianza, siempre con guantes y protección en los ojos.

Asimismo, estas plantas pueden sufrir trastornos por exceso de humedad. Por ejemplo, la aparición de un hongo que genera moho gris. Se manifiesta con manchas pálidas en las hojas o frutos. Para evitarlo, hay que reducir la humedad con ventilación y no acumular muchas plantas jóvenes en un mismo sitio.

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