La elección de la fórmula adecuada para tu bebé es una decisión importante que puede generar muchas dudas en los padres. A menudo, surge la necesidad de cambiar la leche de fórmula, ya sea por razones digestivas, económicas, o por el crecimiento del bebé. Este artículo te brindará una guía detallada sobre cómo realizar este cambio de manera segura y efectiva, basándose en la información más actualizada y las recomendaciones de expertos.
Tipos de leche de fórmula para bebés
Para las familias que se alimentan con leche de fórmula, la pregunta de con qué llenar el biberón no termina con fórmula versus leche materna. La mayoría de la leche de fórmula es a base de leche de vaca, pero hay otros dos tipos de fórmula que a veces se recomiendan para los bebés con restricciones dietéticas específicas: la fórmula a base de soja y la fórmula elemental.
- Fórmula a base de leche de vaca: Es el tipo más común y recomendado para la mayoría de los bebés, a menos que el pediatra o proveedor de atención médica recomiende hacer el cambio.
- Fórmula a base de soja: A veces se recomienda para los bebés con alergias lácteas, aunque el 50% de los niños con alergias lácteas verdaderas también son alérgicos a las proteínas de las fórmulas a base de soja. Sin embargo, las alergias verdaderas son muy raras en los bebés.
- Fórmula elemental: Contiene proteínas hidrolizadas o aminoácidos, lo que la hace más fácil de digerir para bebés con alergias severas o problemas de malabsorción.
Las fórmulas a base de leche de cabra están ganando popularidad como alternativa a las fórmulas a base de leche de vaca, ya que tienen un tipo de proteína diferente lo que puede resultar mejor para algunos bebés. Pero hay que tener en cuenta que la fórmula de leche de cabra generalmente no es una buena alternativa para los bebés diagnosticados con alergia a la proteína de la leche de vaca, ya que las proteínas de la leche de cabra son muy similares a las de la vaca.

¿Cuándo y por qué cambiar la fórmula del bebé?
Ya sea porque un bebé parece más incómodo al beber una cierta marca de fórmula o simplemente porque la fórmula de marca es bastante cara, muchos padres pueden encontrarse pensando en cambiar marcas de fórmula. Si no hay razón para hacer el cambio, es generalmente una buena idea no hacerlo. Sin embargo, si hay una razón para hacer el cambio, ya sea por razones digestivas o basado en el costo, siempre y cuando sea a una fórmula diseñada para el rango de edad de su bebé, no hay peligro en hacer el cambio algún día.
Algunas razones comunes para cambiar la fórmula incluyen:
- Edad del bebé: Durante los primeros seis meses de vida los bebés toman solo leche (materna o fórmula de inicio). A partir de entonces, complementan la leche con otros alimentos y, a partir del año de vida, pueden tomar leche de vaca. Ya sea que esté cambiando de marca o cambiando de formula de recién nacido al de un bebé o del bebé a un niño pequeño, puede notar un ligero cambio en la consistencia de sus heces.
- Problemas de tolerancia: Si tu bebé tiene problemas para tolerar la fórmula anterior, cambiar la fuente de proteína (por ejemplo, pasar de una base de leche de vaca a una base de leche de cabra) o el tipo de proteína (como probar proteínas parcialmente hidrolizadas) puede ayudar. Antes de cambiar de fórmula, consulta con tu pediatra para que te dé una recomendación y pregúntale sobre la posibilidad de probar una fórmula para bebé parcialmente hidrolizada, que contiene proteínas parcialmente descompuestas y que pueden ser más fáciles de digerir para los bebés.
- Retiro del mercado o falta de disponibilidad: En algunos casos, es necesario cambiar la fórmula de inmediato, por ejemplo, si la de tu bebé fue retirada del mercado -como ocurrió con la fórmula ByHeart- o si sospechas que tiene una alergia.
- Costo: Las fórmulas para bebé de marca reconocida y las de marca propia de la tienda no son tan diferentes en cuanto a ingredientes, y elegir una marca propia puede ahorrarte dinero. Muchas de estas fórmulas de marca de la tienda son fabricadas por el mismo productor, Perrigo, y todas cumplen con los mismos estándares.
Es importante destacar que la alergia a la leche de vaca es extremadamente inusual. Muchos de los niños que son alérgicos a las fórmulas hechas a base de leche de vaca también son alérgicos a las fórmulas de soja, así que estas últimas no son la cura.
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Consideraciones antes de realizar el cambio
Todas las fórmulas para bebé que se venden en Estados Unidos están estrictamente reguladas y deben cumplir con rigurosos requisitos de seguridad y nutrición establecidos por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Cada fórmula también debe demostrar, a través de un estudio clínico, que ayuda al “crecimiento normal del bebé” y debe proporcionar los carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales necesarios que un bebé que nació a término necesita durante su primer año de vida, considerando que a partir de los seis meses se incorpora la alimentación sólida.
Si tu bebé estaba bien con su fórmula anterior y buscas un reemplazo similar debido al precio, disponibilidad o un retiro del mercado, lo mejor es intentar que los ingredientes principales de la nueva fórmula sean similares a los de la anterior. Busca una nueva fórmula que tenga las mismas fuentes de proteína y carbohidrato que tu fórmula anterior. La manera más fácil para hacerlo es intentar que los primeros ingredientes de tu fórmula anterior coincidan con los de la formula nueva. Por ejemplo, si la fórmula que estás usando tiene lactosa y proteína de suero como ingredientes principales, busca otra que también los tenga al inicio de su etiqueta nutricional.

Consulta con el pediatra
Antes de cambiar de fórmula, consulta con tu pediatra para que te dé una recomendación. Es importante que hables con el médico del niño sobre los beneficios y desventajas de la fórmula a base de leche de vaca contra la que es a base de soja. De esa manera podrán tomar una decisión más informada juntos.
Métodos para cambiar la leche de fórmula
En cuanto a si debes hacer el cambio de manera gradual o inmediata, ambas opciones son seguras, y la elección puede depender de las circunstancias. No hay una manera única de realizar el cambio de leche de fórmula a leche de vaca y cada familia debe encontrar la que mejor se adapte a su bebé.
Cambio gradual
Algunos bebés, especialmente aquellos que son más sensibles a los cambios en sus ambientes, pueden preferir un cambio gradual basado en mezclar tipos de fórmula juntos. Si tu bebé se alimenta exclusivamente con fórmula, la transición puede ser más gradual cuando mezclas un poco de la fórmula anterior con la nueva. Se debe mezclar la fórmula ya preparada, no el polvo: "Prepara los biberones por separado y luego combina la cantidad final", dice Young.
Si ha ido probando pequeñas cantidades de leche de vaca, le gusta el sabor de la leche de vaca y la toma bien, podemos sustituir directamente una de las tomas de leche de fórmula del día por leche de vaca, y poco a poco ir sustituyendo las demás. También podemos ofrecerles en cada toma una pequeña cantidad de leche de vaca y completar posteriormente con fórmula. Progresivamente iremos aumentando la cantidad de leche de vaca y disminuyendo la de fórmula.
Otra opción es mezclar ambas leches en el biberón o vaso. Por ejemplo, si un niño toma habitualmente 150ml de leche de fórmula, podemos poner 120ml de fórmula y añadir 30ml de leche de vaca. Poco a poco iremos aumentando la cantidad de leche de vaca y disminuyendo la de fórmula (60ml leche de vaca/90ml fórmula, 90ml leche de vaca/60ml fórmula...) hasta que la totalidad del biberón o el vaso sea de leche de vaca. Este enfoque puede ser especialmente útil si hay una diferencia grande de sabor, como cuando se pasa de una fórmula a base de leche de vaca a una de leche de cabra.
Cambio inmediato
Si debes cambiar de manera abrupta, está perfectamente bien darle la nueva fórmula a tu bebé de inmediato. "No hay forma correcta o incorrecta de hacerlo", dice Young. Por ejemplo, si la de tu bebé fue retirada del mercado -como ocurrió con la fórmula ByHeart- o si sospechas que tiene una alergia.

Observando a tu bebé durante la transición
Ya sea que cambies la fórmula poco a poco o de un solo golpe, hay algunas señales y síntomas a los que debes prestar atención para ver cómo tu bebé digiere la nueva fórmula, además de consejos para que la transición sea lo más sencilla posible.
Signos a observar
Una fórmula nueva puede provocar más gases o que el bebé devuelva la leche, así como heces más blandas o más duras, o un cambio en su color u olor. "Muchas veces les digo a los padres que lleven un diario con los síntomas", dice Young, quien recomienda tomar fotos de cualquier sarpullido que notes o cuando el bebé devuelva la leche si es algo que te preocupa. "Al final del día, califica como te fue", dice. "Puede ser una escala del 1 al 5, donde 5 significa 'pasamos la noche en vela' y 1 'tuvimos el mejor día de todos'".
Es posible que tu bebé no acepte de inmediato su fórmula nueva, lo cual es completamente normal. Procura tener paciencia y sigue ofreciéndosela, ya que la aceptación de una nueva fórmula puede ser un proceso lento. Observa cualquier cambio de ánimo o síntoma que no sea normal en tu bebé. Cualquier cosa fuera de lo común debe comentarse con tu pediatra, quien podrá orientarte sobre los pasos a seguir. "Siempre que te preocupe un síntoma, o incluso si no estás seguro de que algo es un síntoma, llama a tu médico", dice Young.
Tabla de posibles cambios y qué hacer
| Síntoma | Posible causa | Acción recomendada |
|---|---|---|
| Más gases/devuelve la leche | Adaptación a la nueva fórmula | Continuar observando, mantener rutinas. Reducir la incorporación de aire en el biberón. |
| Heces más blandas/duras, cambio de color/olor | Adaptación al cambio de ingredientes | Observar si se normaliza. Si son duras y hay estreñimiento, consultar al pediatra. |
| No acepta la fórmula (rechazo del sabor) | Diferencia de sabor entre fórmulas | Ofrecer poco a poco, con paciencia. Considerar mezcla gradual. |
| Sangre en heces o vómito con sangre | Intolerancia real a la fórmula | Llamar al pediatra inmediatamente. |
Consejos para facilitar la transición
- Mantén las rutinas: Para ayudar a que tu bebé experimente menos cambios, procura mantener lo más posible sus rutinas de alimentación, siestas y sueño. Si introduces otras cosas al mismo tiempo que cambias la fórmula, puede ser difícil identificar la causa real de cualquier problema que surja.
- Momento del día: No hay un momento del día "perfecto" para comenzar con la fórmula nueva; puedes hacerlo cuando sea mejor para tu familia. "No hay un momento malo para empezar con la nueva fórmula, así que no te preocupes por eso", dice Young. Aun así, puede ayudar elegir un momento del día en que tu bebé tenga hambre pero esté calmado antes de darle la nueva fórmula. Una ventaja adicional de ofrecer la nueva fórmula en la primera toma del día es que empezar temprano puede ayudar a detectar cualquier posible reacción.
- No asumas el estreñimiento por hierro: Si sus caquitas cambian repentinamente y se ponen duras, es probable que tu bebé esté estreñido. En ese caso debes consultar al pediatra. No asumas que se debe a que la fórmula está fortificada con hierro y cambies a un tipo de fórmula con menos hierro. Los estudios muestran que el hierro no causa estreñimiento ni otros problemas digestivos.
- Evita aditivos en la leche: Añadir a la leche miel, azúcar o chocolate (tipo ColaCao) con el fin de que les guste la leche no es en absoluto recomendable. Es preferible tener paciencia y ofrecerla poco a poco hasta que la vayan aceptando. Sí puede probarse con cereales (saludables, las papillas de cereales no son, ni mucho menos imprescindibles) o con fruta.
Transición a la leche de vaca a partir del año
A partir del año de edad los niños pueden tomar leche de vaca entera como bebida principal, según las recomendaciones de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición (ESPGHAN). La razón de no ofrecerla antes es, entre otras cosas, porque es un alimento bajo en hierro y además tiene un alto contenido en proteínas.
Si se realizan 4 o 5 tomas de leche materna al día no es necesario tomar otros lácteos. Sino, puede complementarse la leche materna con otros lácteos o con otros alimentos ricos en calcio. Los niños mayores de un año que realizan 4 ó 5 tomas de leche materna al día no necesitan otro aporte de lácteos. Pero si esto no es así, debe introducirse en la dieta leche de vaca, derivados lácteos u otros alimentos ricos en calcio.
El sabor de la leche de vaca es totalmente diferente al de la leche materna por lo que a algunos niños no la aceptan con facilidad. Lo ideal es ofrecerla en pequeñas cantidades para que vayan aceptando el nuevo sabor, siempre sin forzar y con paciencia. A los 12 meses los niños son perfectamente capaces de beber de un vaso, por lo que no es necesario introducir el biberón para tomar la leche de vaca. Respecto a la temperatura, algunos niños toman la leche fría, otros templada y otros caliente. Como la leche del pecho sale templada, es posible que estos niños prefieran tomar también así la leche de vaca.
Aunque ya hayamos introducido la leche de vaca, la lactancia materna sigue aportando múltiples beneficios y, según la OMS es recomendable mantenerla hasta los 2 años o más siempre que la madre y el niño lo deseen. Al igual que en el caso anterior, lo ideal es ofrecer la leche de vaca poco a poco y sin forzar. Algunos niños la aceptarán sin problema y podremos ir rápidamente sustituyendo tomas de fórmula por leche de vaca. Podemos ofrecer la leche de vaca en vaso, pues a estas edades ya son capaces de beber así. Si aún toman biberón, también podemos introducir la leche de vaca en biberón y hacer el cambio al vaso un poco más adelante.

Aporte de calcio
La cantidad diaria de calcio recomendada para niños entre 1 y 3 años es de 700 mg, que se consigue con aproximadamente 500ml de leche (2 vasos). Si no les gusta la leche pueden tomar derivados lácteos (yogur, queso...). Un vaso de leche aporta la misma cantidad de calcio que un yogur y medio, 100g de queso fresco o 40 gramos de queso curado. Y la leche no es el único alimento rico en calcio. Verduras como las espinacas o las acelgas, pescados como las sardinas, las anchoas, el besugo o la dorada; las almendras, la yema de huevo o las legumbres aportan también una gran cantidad de calcio.