La obra "La pechuga de la sardina" de Lauro Olmo, estrenada en 1963 y rescatada décadas después por el Centro Dramático Nacional, se erige como un poderoso testimonio teatral sobre la situación de la mujer en la España de posguerra. La pieza, en su reposición dirigida por Manuel Canseco, no solo revitaliza un texto injustamente olvidado, sino que lo potencia a través de una escenografía y un elenco que realzan su mensaje atemporal.
El Ambiente Asfixiante como Protagonista
En esta obra, la fuerza de las situaciones dramáticas surge de los contrastes, creando un gran personaje que condiciona todo lo demás: el ambiente. Este ambiente, que adquiere un poder asfixiante y desvitalizador, es clave para la comprensión del drama. La escenografía de Paloma Canseco y del director es fundamental para materializar esta atmósfera.
Para crear ese ambiente asfixiante, el escenario se transforma en un antiguo anfiteatro romano, con tres bandas de gradas que rodean las tarimas que forman el escenario. Esto permite que el espectador no solo se convierta en fisgón de lo que acontece en la casa, sino también del cinturón que la rodea, que la cerca.
La música es otro aspecto importante en la obra. La inclusión que Olmo hace en sus acotaciones sobre las músicas nos inspiró a considerar ese trozo de realidad como un bailable entre dos compases, permitiéndonos afrontar el montaje con ilustraciones musicales que quitarán melodrama a lo que es, desgraciadamente, un pequeño trozo de vida. Esta elección musical añade una capa de dinamismo y emotividad a la narrativa.

La Pensión como Microcosmos Femenino
La pechuga de la sardina es la historia de varias mujeres que conviven en una pensión regentada por la señora Juana. Nos adentramos en una de aquellas casas de huéspedes con paredes de papel y oídos atentos en aquellos años sesenta españoles. El autor, Lauro Olmo, se centra pertinazmente en recrear un espacio que él mismo define como «asfixiante»; de hecho, no permite la entrada de elementos disuasorios o esperanzadores que permitan vislumbrar otras perspectivas más optimistas de esa España.
Los personajes principales tienen distintas edades, distinto pasado y distintas formas de ver la vida. A partir de esta disparidad, el autor presenta la mentalidad de la época. Por un lado, la moralidad estricta, la mujer que debe parecer honrada y no entregarse a ninguna debilidad, y por otro, los personajes más jóvenes en los que se entrevé el cambio hacia la apertura de pensamiento y la liberación de la presión social sobre la mujer.
El ambiente y el conjunto de mujeres que habita los estrechos márgenes de una casa asfixiante es el protagonista del drama. Cada uno de los personajes femeninos sirve para definir a los otros, al tiempo que se define a sí mismo. Si quitáramos a alguno de ellos, se perdería su reflejo en los demás, con lo que, sin duda, la situación quedaría incompleta. Los hombres, por el contrario, son más prototípicos.
Personajes Principales y sus Historias
La obra ofrece un catálogo de personajes, en su mayoría mujeres, cuyas vidas se entrelazan en la pensión de Juana (María Garralón), una mujer que ha debido hacer frente a una vida complicada, tras separarse de un marido alcohólico. Las desafortunadas existencias de los huéspedes, casi todas ellas mujeres, son expuestas a lo largo de la obra:
- Juana (María Garralón): La dueña de la pensión, una mujer fuerte que ha superado una vida difícil. Su interpretación destaca por su naturalidad y profunda emoción.
- Concha (Natalia Sánchez): Una joven embarazada y deprimida con un novio huido. Su papel, aunque prometedor, se queda sin sustancia, reflejando la falta de opciones para la mujer en su situación.
- Soledad (Alejandra Torray): Una solterona cuya juventud va marchitándose, lidiando con la desesperanza y la presión social.
- Doña Elena (Amparo Pamplona): La vieja amargada y cotilla que todo lo juzga y lo condena, encarnando la inquisición moral de la época.
- Cándida (Nuria Herrero): La sirvienta, un personaje analfabeto pero con un sentido más naíf de la vida, que encuentra la felicidad en su ingenuidad.
- Paloma (Cristina Palomo): La mujer luchadora y estudiante, la única que ha encontrado recursos en sí misma para intentar una vía de escape hacia la liberación. A través de ella, Lauro Olmo expresa verdades que en 1963 nadie estaba preparado para escuchar.
Los hombres, por su parte, son más prototípicos y carecen de nombres propios, siendo representados como Borracho (Juan Carlos Talavera), Hombre A (Jesús Cisneros), Hombre B (Manuel Brun) y Vendedor de Periódicos (Víctor Elías). Su omnipresencia es absoluta, están en todas las conversaciones, aunque actúan como elementos catalizadores o represores de las historias femeninas.

La Crítica Social y el Neorrealismo
La pechuga de la sardina es claramente una de las obras más representativas del autor y de ese teatro que dio en etiquetarse como realista. Se han buscado influencias dispares en el teatro de Olmo: Arniches, Valle-Inclán, Lorca e, incluso, Benavente. Todos ellos son fieles recreadores de la realidad que los circunda, pero con diferentes estéticas. Se puede añadir a Chéjov, porque "La pechuga de la sardina" no es ni más ni menos que un trozo de vida, de una vida que pesa inexorable e inevitablemente sobre los personajes.
El tema de la obra es la situación de la mujer en los años 60. Denuncia su opresión en el terreno económico y también en el ambiente social; el encasillamiento en ciertos roles y actitudes vitales que la mujer debía cumplir. El gran acierto del autor es reflejar el mundo de aquella época a través de la mujer, figura históricamente más desvalida que el hombre.
La obra se encuadra en el terreno de la literatura de Posguerra, ese difícil periodo que separa la Guerra Civil de la llegada de la democracia. Olmo se encuadra dentro de la corriente realista. "La pechuga de la sardina" pretende crear un retrato del ambiente de la época, con una acción que se desarrolla de manera lenta en los espacios interiores y más acelerada cuando los personajes salen a la calle. El resultado es un mosaico de contrastes y ritmos, un "trozo de vida" en palabras del director, en el que las mujeres adquieren una importancia central.
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Un Estreno Polémico y un Rescate Necesario
La pechuga de la sardina fue una obra muy mal acogida en su momento (1963). Enrique Llovet, crítico de ABC, la calificó de "aburrido monumento escénico" y al público tampoco le gustó, durando poco en cartel. Profesional y públicamente, no ha vuelto a ponerse en escena hasta ahora.
El Centro Dramático Nacional ha rescatado el texto y le ha procurado un generoso homenaje a su autor con la programación, del 25 de febrero al 29 de marzo en el Valle-Inclán, de una versión adaptada y dirigida por Manuel Canseco. El gran acierto de Manuel Canseco al recuperar una obra muy mal acogida en su momento es mejorarla a través de la escenografía de Paloma Canseco: habitaciones con todo detalle, una cocina completa y, sobre todo, alrededor la calle y alrededor de esta el público. Esto permite una movilidad a los actores que favorece el dinamismo y muestra simultáneamente este cuadro de costumbres.
El motivo del fracaso de esta obra en su día es el mismo por el que espera que sea un éxito: "Habla de cosas de las que hoy hablamos más abiertamente como sociedad, como el maltrato femenino, que es el leitmotiv de la función, la ilusión del primer amor, la desesperanza de la soltería no deseada, la preocupación por la belleza que se marchita, la omnipresencia moral de la Iglesia... No hacía falta actualizar la obra, porque todo esto está dentro del alma humana".

El Elenco y la Dirección
El elenco, en muchos casos en papeles por debajo de su categoría interpretativa, es capaz de conformar y trasladar al espectador ese difícil personaje protagonista de la obra: el ambiente, el conjunto. La dirección escénica corre a cargo de Manuel Canseco y el reparto está integrado por los actores Manuel Brun, Marta Calvó, Jesús Cisneros, Víctor Elías, María Garralón, Nuria Herrero, Marisol Membrillo, Cristina Palomo, Amparo Pamplona, Natalia Sánchez, Juan Carlos Talavera y Alejandra Torray.
| Actor/Actriz | Personaje | Descripción |
|---|---|---|
| María Garralón | Juana | Dueña de la pensión, mujer fuerte y vivida. |
| Nuria Herrero | Cándida | Sirvienta, analfabeta pero vivaz y con ingenio. |
| Cristina Palomo | Paloma | Opositora, la mujer luchadora que busca la liberación. |
| Amparo Pamplona | Doña Elena | Vieja resentida, cotilla e inquisidora. |
| Natalia Sánchez | Concha | Joven embarazada y deprimida. |
| Alejandra Torray | Soledad | Solterona que se enfrenta a la desesperación. |
| Juan Carlos Talavera | Borracho | Personaje masculino prototípico, la ruina del alcoholismo. |
| Víctor Elías | Vendedor de Periódicos | Joven insolente y coqueto. |