Los callos a la madrileña son un plato icónico de la cocina española, lleno de historia y caracterizado por su sabor profundo y textura inigualable. Esta receta tradicional es perfecta para los amantes de los guisos contundentes, ideales para los días fríos o reuniones familiares. Hablar de la cocina madrileña sin mencionar los callos a la madrileña es casi un sacrilegio. Los callos a la madrileña -venerados por unos y dilacerados por otros- tienen una historia que se pierde en el tiempo, tal y como suele pasar con los grandes iconos de nuestra gastronomía.
Los 'Callos a la Madrileña' tienen profundas raíces en la rica tradición culinaria de Madrid. Se cree que esta receta tiene sus orígenes en la época medieval, cuando las partes menos nobles de los animales, como los callos y las tripas, se convirtieron en una fuente esencial de alimento para las clases trabajadoras de la ciudad. El nombre 'a la Madrileña' hace referencia a la adaptación local de esta preparación, que añade un toque picante y un equilibrio perfecto entre sabores fuertes y delicados.

¿Cerdo o Ternera? La Elección de los Callos
El callo es uno de esos productos que no admiten medias tintas. O te vuelven loco, o no puedes ni verlo; y esto ocurre -poco más o menos- con casi todos los productos de casquería.
En la actualidad su fama sobrepasa fronteras y localmente se consumen en tabernas o grandes restaurantes laureados, por no decir estrellados. Los callos son uno de los platos más famosos de nuestra gastronomía y son parte de las tripas del cerdo, que se cortan y se limpian cuidadosamente para poder cocinarlos. Se trata de un plato que no suele gustar a todo el mundo, pues las tripas dan un poco de reparo, pero es un ingrediente que bien cocinado, sobre todo si es en un guiso, resulta delicioso y su sabor es totalmente adictivo.
Para hacer unos auténticos callos a la madrileña, hemos de tener en cuenta que no pueden faltar las tripas de vaca, el morro, y la pata, estos dos últimos también de vaca. Sin embargo, muchos prefieren los callos de ternera o, si acaso, los de cordero, frente a los de cerdo. La razón es que vaca y cordero son animales herbívoros y por sus tripas solo ha pasado hierba. En cambio el cerdo es omnívoro.
En la casquería podemos pedir un kilo de callos indicando que queremos ese peso repartido entre los tres ingredientes: callos de ternera, pata y morro.

Ingredientes Esenciales para Callos a la Madrileña
Los callos a la madrileña se hacen normalmente utilizando varios tipos de carne de la casquería. Así entre sus ingredientes encontramos callos de ternera, pata y morro. Además del ingrediente principal, los callos, hay otros que también debemos tener en cuenta para que el resultado de este plato sea perfecto. Los ingredientes para 4 personas suelen incluir:
- 1 kg de callos (mezcla de ternera y cerdo, limpios).
- 150 g de chorizo.
- 150 g de morcilla.
- 100 g de jamón serrano en tacos.
- 1 cebolla grande.
- 2 dientes de ajo.
- 1 hoja de laurel.
- 1 pimiento choricero (hidratado y picado).
- 1 cucharadita de pimentón dulce.
- 1 guindilla (opcional, para un toque picante).
- 2 tomates maduros (o 200 g de tomate triturado).
- Aceite de oliva virgen extra.
- Sal y pimienta al gusto.
- Agua o caldo de carne (suficiente para cubrir).
Y por último, para darle ese toque culinario con solera de siglos de fusión y diversidad, que no falte el clavo de olor y los cominos en grano mezclados con el pimentón de la Vera. Este último que pique para los adeptos al picante, o dulce para los demás.

Preparación Detallada de los Callos a la Madrileña
La preparación de los 'Callos a la Madrileña' es un proceso que requiere tiempo y paciencia, pero el resultado final es absolutamente gratificante. Es fundamental limpiar los callos de forma escrupulosa.
Paso 1: Limpieza y Cocción Previa de los Callos y Manitas
Lo primero que debes hacer es lavar los callos, las manitas de cerdo y el morro de ternera en agua fría para eliminar cualquier impureza. Lava bien los callos con agua fría y un poco de vinagre. Una vez limpios, córtalos en trozos medianos y ponlos a cocer en una olla con agua hirviendo durante unos 10 minutos. Escurre y reserva. Para cocer los callos, echamos 500 g de tripas de ternera troceadas, 250 g de morro de ternera troceado, ½ pata de ternera troceada, 2'5 litros de agua y 100 ml de vinagre de vino blanco en una cazuela. Mezclamos y lo dejamos en remojo durante 30 minutos. De vez en cuando, podemos estrujar los callos con las manos.
El problema de los callos es que al cocerlos desprenden un olor absolutamente disuasorio. Es un hedor muy penetrante a “animal” que en los pueblos de Madrid y castellanos llaman “bravío”. La mayor parte de este olor no lo desprende el callo en sí, sino la grasa adiposa que tiene por detrás y que hay que eliminar lo más posible con una puntilla afilada y mucho esmero, antes de trocear del todo la pieza. Es de una textura mucho más blanda y maleable y su color algo amarillento. Una vez limpios, los ponemos a cocer con una hoja de laurel y un buen puñado de sal, agregando también la panceta o carne de jamón o lacón y las especias para callos.
manera RÁPIDA de limpiar Callos (mondongo) | cómo dejarlos Blancos | dulceysalado🌟
Para conseguir esa textura en la salsa que hace que se nos peguen los labios al comerlo, necesitamos incorporar media mano de ternera o una o dos manitas de cerdo ya que aportarán esa gelatina necesaria para ello. También será mejor cocerlas la víspera. Para las manitas de cerdo, déjalas cocer 30 minutos más para que se deshagan un poco, de forma que cuando hayan enfriado, podamos deshuesarlas totalmente, eliminando las pezuñitas, los huesos principales (proximales) y todos los demás huesitos palmares que tiene la mano del cerdo.
Cubrimos con 3 litros de agua. Si optamos por usar una olla tradicional, cocemos el conjunto durante 4 o 5 horas espumando de vez en cuando. Nosotros hemos preferido usar una olla rápida para disminuir tiempos. En este caso, cerramos la olla y la ponemos a fuego alto. Dejamos que los callos se hagan durante 4 horas en cacerola tradicional o 45 minutos si usáis olla rápida. Una vez estén cocinados, los escurrimos y reservamos el agua de la cocción que será espesa y cargada de gelatina.
Paso 2: Elaboración del Sofrito y Majado
En una cazuela grande, calienta un chorrito de aceite de oliva. Sofríe la cebolla y los ajos picados finamente hasta que estén dorados. Añade el pimiento choricero picado, el pimentón y los tomates triturados. Cocina durante 10 minutos a fuego medio. Cuando la cebolla esté translucida, añadimos 50 ml de tomate frito y rehogamos hasta que se separe el aceite de las hortalizas.
Preparamos el majado friendo 1 diente de ajo cortado en láminas hasta que esté dorado -pero no quemado para que no amargue- en 500 ml de aceite de oliva suave. Freímos, siempre en el mismo aceite, 8 g de hojas de perejil fresco rápidamente -deben estar secas- y antes de que se quemen las escurrimos, y las reservamos en el mortero. Freímos 1 rebanada de pan del día anterior y cuando esté dorada, la retiramos y la echamos en el mortero. Echamos en el mortero comino en grano tostado al gusto, un par de pizcas de sal gorda y 1 cucharada de pimentón de la Vera que puede ser picante, dulce o una mezcla de ambos. Majamos con la mano del mortero hasta tener una pasta y reservamos.

Paso 3: Integración de Embutidos y Cocción Final
Agrega el chorizo y la morcilla cortados en rodajas, junto con los tacos de jamón. Cocina durante unos minutos para que se integren los sabores. Cuando falte una hora para terminar la cocción tradicional, agregamos el chorizo y la morcilla, que habremos semicocido aparte. Al integrarlos ahora, dejando que se terminen de hacer con los demás ingredientes evitaremos que se reviente la morcilla o que la receta nos quedase demasiado cargada de la grasa del chorizo.
Incorpora los callos a la cazuela junto con la hoja de laurel y la guindilla (si deseas un toque picante). Cubre con agua o caldo de carne caliente. Salpimienta al gusto y cocina a fuego lento durante aproximadamente 2 horas, removiendo de vez en cuando. Una vez los callos estén tiernos y el caldo haya espesado, prueba y ajusta de sal y pimienta. Si el guiso está muy líquido, puedes cocinar unos minutos más sin tapa para que reduzca.
Diluimos el majado con un poco del caldo de guisar los callos, lo incorporamos a la cazuela y condimentamos con sal, y 1 pizca de azúcar. Cocemos todo durante dos horas y media o hasta que veamos la carne y las legumbres cocidas. Deja que hiervan durante media hora o hasta que la salsa se haya reducido un poco y que pegue los labios cuando la probemos. Añadimos más caldo si fuera necesario. El espesor de la salsa es algo que va en gustos así que puedes reducirla a base de cocción lenta o licuarla un poco con el caldo de la cocción de los callos, pero de a poquitos hasta que esté a tu gusto.
Aunque no es necesario, los últimos 20 minutos se los vamos a dar en el horno, a 90-100ºC con calor arriba y abajo. Es un paso prescindible, pero si puedes, hazlo porque enriquece mucho el resultado final. La capa superior de la salsa y los callos que asomen se dorarán un poquito. Reposar durante, al menos quince minutos y servir acompañado de un buen vino tinto y, por supuesto, de pan…. todo el que tu dieta te permita.
Consejos para un Éxito Garantizado
- Calidad de los ingredientes: Utiliza embutidos y jamón de calidad para realzar el sabor del guiso.
- Tiempo de cocción: No tengas prisa; un guiso lento garantiza que los sabores se mezclen y los callos queden tiernos. El tiempo es otro de los elementos importantes a tener en cuenta. No debemos tener prisa para preparar este plato, pues lo mejor es dejarlo hacer a fuego lento. Sin asustaros, pero contad unas cuatro horitas, aunque siempre podéis echar mano de la olla exprés si tenéis una, lo que reducirá muchísimo el tiempo de cocción.
- Acompañamientos: Los callos a la madrileña son ideales para servir con un buen vino tinto y pan casero. En ambas versiones, tanto la gallega como la madrileña, se hace indispensable acompañar los callos con una buena hogaza de pan, mejor si es pan payés, para poder rebañar bien la deliciosa salsita que se forma. Y si os gusta el vino tinto, buscad alguno que os agrade especialmente porque no encontraréis mejor bebida para marinar este plato.
- Congelación: Es un plato que congela muy bien.
- Reposado: Tomarlo al día siguiente de haberlo cocinado para que los callos absorban todo el sabor del guiso, siempre será mejor.