La historia de "Malacara", el caballo tostado, es una de las más destacables por su guapeza, destreza y fidelidad en Trevelín, Chubut. Este noble animal, junto a su jinete John Daniel Evans, no solo salvó una vida, sino que también jugó un papel crucial en la fundación de Trevelín y en la reafirmación de la soberanía argentina en la Patagonia.
Los orígenes de John Daniel Evans y Malacara
John Daniel Evans llegó a la Patagonia con solo tres años en 1865, como parte de la primera ola de emigrantes galeses. Sus padres, como muchos otros, buscaban escapar de la discriminación y la pobreza en Gales, partiendo a bordo del velero Mimosa y desembarcando en la actual Puerto Madryn para luego fundar el asentamiento de Rawson. Las tierras no eran las esperadas, y las condiciones para la agricultura eran duras y muy diferentes de los fértiles y verdes terrenos galeses. Sin embargo, los indígenas tehuelches les enseñaron a cazar y pescar, y la colonia galesa comenzó a explorar nuevos lugares en busca de suelos más fructíferos.
Durante este tiempo, Evans creció y, de la mano de los tehuelches, aprendió a andar a caballo, bolear y proveer alimentos a su familia. También aumentó su tamaño un caballo de pelaje distintivo que recibiría el nombre de 'Malacara'. En 1883, Evans se encontraba perdido en la cordillera cuando divisó un caballo extraviado. Lo reconoció como propiedad de un vecino a quien los indios se lo habían robado. Eran los mismos indígenas quienes lo amansaron y le enseñaron a bolear y correr por terrenos accidentados. Ese caballo era Malacara.

La emboscada en el Valle de los Mártires
En noviembre de 1883, Evans lideró un grupo hacia el oeste de los Andes con el fin de explorar y buscar oro. A finales de febrero de 1884, se encontraron con tres miembros de la tribu encabezada por el cacique mapuche Foyel. Uno de ellos, Juan Salvo, los conocía y sospechaba que fueran espías del ejército. Los cuatro exploradores decidieron regresar al valle inferior del río Chubut, a 600 km de distancia, siendo perseguidos por los guerreros mapuches de Foyel.
El 4 de marzo de 1884, de pronto se oyó un alarido indio de guerra. "Marchábamos despreocupados, sin pensar en nada, sin siquiera mirar atrás, cuando de pronto sentimos un tremendo aullido, grito de guerra de los indios, e inmediatamente la atropellada de los caballos", relató Evans en su autobiografía. "Eché una mirada hacia atrás y vi sus lanzas brillar al sol. Nos cerraron en círculo, sentí el chuzazo de una lanza en mi paleta izquierda y antes de que pueda reaccionar vi a Parry caer a tierra con una lanza clavada en el lado derecho y no sé si los otros compañeros estarían heridos, porque se mantenían en sus caballos".
En ese sitio, hoy conocido como Valle de los Mártires, los tres compañeros de Evans fueron asesinados. Evans, montando a Malacara, se encontró acorralado. "A unos trescientos metros adelante corría un zanjón hondo por el cual bajaban las aguas de lluvia desde la loma. Era un lugar muy conocido por los indios y por mí. Sus intenciones eran arrinconarme contra el zanjón para bolear mi caballo, y ese era mi tremendo miedo. Me veía acorralado. El zanjón tenía una altura aproximada de 3,60 metros. En el fondo había arena blanda. Llegué a la orilla".

El caballo, percibiendo la intención de su jinete, obedeció a su desesperada orden. "Saltó al fondo del barranco y cayó con sus manos y patas extendidas. El Malacara se levantó de un salto y yo me mantenía aferrado al recado del terror que sentía. Sin lastimarse ni detenerse, volvió a saltar otro barranco más bajo. Resollaba, como pidiendo un poco más de tiempo". Ninguno de los perseguidores de Evans se atrevió a dar el mismo salto, y esto le permitió ponerse a salvo. Jinete y caballo continuaron cañadón hacia abajo y marcharon tres días hasta llegar a Rawson, donde Evans dejó a Malacara con sus cascos llagados.
Malacara: un héroe fundacional
Tras sobrevivir al ataque, Evans lideró la expedición galesa que buscaba tierras más fértiles. Llegó hasta el extremo occidental del país y fundaron la actual Colonia 16 de Octubre y la ciudad de Trevelín. Las tierras, bautizadas por los galeses como Cwm Hyfryd o Valle Hermoso, resultaron ser muy fructíferas. Las cosechas prosperaron y la comunidad floreció. El éxito de la colonia no pasó desapercibido al otro lado de las montañas, y años más tarde Chile reclamó esas tierras productivas para sí.
Pero en un plebiscito realizado en 1902, los colonos galeses liderados por Evans tuvieron la oportunidad de decidir su destino. La votación fue contundente: eligieron de forma unánime seguir siendo argentinos, y las tierras permanecieron como tal. Clery Evans, nieta de John Evans y directora del museo Cartref Taid en Trevelín, asegura que ni la ciudad ni esas tierras serían argentinas si no fuera por su familia y por el plebiscito.

El legado de Malacara
Pasado un tiempo, Evans volvió a buscar a Malacara, quien, ya mancarrón, llevaba y traía a los hijos de su amo de la escuela. Una mañana de invierno de 1905, Evans, viendo que Malacara no había comido su ración de cebada, lo buscó y lo encontró muerto. Un resbalón en la nieve lo hizo caer y golpear su cabeza sobre la piedra del molino harinero. Malacara vivió hasta 1909, muriendo a la edad de 31 años.
Allí lo sepultó, y sobre su tumba le depositó la siguiente lápida en piedra, cuya réplica se encuentra en el museo Cartref Taid de Trevelín:
- "Aquí yacen los restos de mi caballo Malacara, que me salvó la vida en el ataque de los indios en el Valle de los Mártires el 4/3/84 al regresarme de la Cordillera. RIP, John D. Evans."

Hoy, Trevelín es una joya de la comarca andina, donde las bellezas naturales se entrelazan con la herencia galesa. Los turistas que visitan el pueblo recorren los paseos organizados por la Secretaría de Turismo local y descubren la historia de aquellos pioneros que llegaron a fines del siglo XIX cargados de esperanza. La historia de Malacara es un testimonio de lealtad, valentía y la importancia de un animal en la forja de la identidad de una región.