Desde 1940, las galletas Coral han acompañado con sus aromas, sabores y crujidos infinidad de buenos momentos. La empresa, que comenzó como un pequeño obrador familiar, ha sabido conservar la tradición de elaborar productos de pastelería con recetas familiares y cariño, priorizando la calidad y el respeto por los ingredientes y el proceso.

Historia de un Dulce Legado
La historia de Galletas Coral se remonta a 1938, cuando la familia Cabezudo instaló un modesto obrador de pastelería en el patio de la finca del número 52 de la calle de la Estación de Miranda de Ebro. Allí fabricaban de forma artesanal galletas y rosquillas. Casualmente, el edificio pertenecía a las familias Sojo y Solana, y con el tiempo, uno de los miembros de la familia Solana, José Luis, acabaría siendo propietario de Galletas Coral.
Primeros Años y Expansión (1952-1962)
Tras la muerte del cabeza de familia en 1947, la pequeña empresa pasó a llamarse Viuda de Epifanio Cabezudo S.C. En 1952, con la incorporación de Andrés Espallargas, maestro galletero, se creó una nueva sociedad compartida al 50% que se llamaría Galletas Coral. Con Espallargas llegaron sus dos hijos, Andrés y Guillermo, y dos sobrinos, Paco y Juan Monfort.
La nueva sociedad, con la ambición de crecer, se mudó a unos bajos en la Calle Ramón y Cajal, donde se puso en marcha una pequeña fábrica con un horno de galletas de 8 metros y una mini troqueladora. Allí comenzaron a fabricarse los bizcochos y las galletas de barquillo rellenas, los boer, inicialmente solo de coco, y se incorporaron nuevos productos.

En 1957, Espallargas y su familia adquirieron su participación a la viuda de Cabezudo y a su yerno. El trabajo era arduo; las galletas se vendían en grandes cajas de hojalata que se reutilizaban, y los sacos de harina y azúcar, de hasta 120 kilos, se movían y apilaban a mano. Las ventas crecieron sin cesar, extendiéndose a Vitoria. La pequeña fábrica urbana se quedó pequeña.
La Fábrica de la Carretera de Orón y la Crisis del Petróleo (1962-1988)
En 1962, Galletas Coral dio un nuevo salto y se trasladó a una moderna fábrica mucho más grande en la carretera de Orón. Contaba con tres hornos y empleaba a alrededor de 50 personas. A finales de los 60, la nueva generación de los primos Espallargas y Monfort se hizo cargo de la empresa, gestionando las ventas, la administración y la fabricación.
Como plataforma publicitaria, la empresa patrocinó a un equipo ciclista que ayudó a extender la marca Coral por toda España. Las ventas continuaron creciendo y la plantilla rozó el centenar de empleados, con turnos de trabajo de 24 horas al día.

Sin embargo, a finales de los 60, Coral vivió sus años más difíciles, dificultades que se agudizaron aún más por la crisis del petróleo de 1973. En este momento, José Luis Solana se incorporó a la empresa, aplicando su gran experiencia sobre los gustos del público. Con mucho trabajo, el mal momento se superó, y las galletas de Coral se vendieron en toda la península, Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.
La fábrica de la carretera de Orón también se quedó pequeña, lo que hizo necesario un nuevo y más grande salto adelante en la historia de Galletas Coral. La nueva instalación, de 8.500 metros cuadrados edificados en una parcela de más de 17.000 metros cuadrados, se levantó en el polígono industrial de Bayas. Sus cinco líneas de producción automatizada y cuatro silos de gran capacidad la convirtieron en una de las fábricas de galletas más modernas de España.
Consolidación y Futuro (1999-Presente)
En octubre de 1999, José Luis Solana recibió el premio a la empresa del año concedido a Galletas Coral por la Federación de Asociaciones Empresariales. En 2006, Carlos Fernández Linares, yerno de José Luis Solana, se convirtió en Consejero Delegado, logrando mantener la empresa en beneficios durante la crisis económica de 2007.
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La relación de Galletas Coral con el tejido social mirandés ha sido siempre muy estrecha. Tanto Andrés Espallargas como José Luis Solana presidieron el C. D. Mirandés. En 2016, José Luis Solana puso en marcha la Fundación Coral, que busca desarrollar proyectos medioambientales y educativos en Miranda de Ebro y su comarca.
En 2015, se abrió un nuevo capítulo en la historia de Galletas Coral con el nombramiento de Yolanda Solana como Consejera Delegada y su hermana Begoña Solana como presidenta del Consejo de Administración. Se inició un proceso de renovación de las instalaciones, modernización de la maquinaria, instalación de una nueva línea de producción de última generación y la ambición de llevar las Galletas Coral a cualquier rincón del mundo.
En 2021, Galletas Coral obtuvo la Certificación en la norma IFS (International Food Standard), garantizando la seguridad alimentaria en sus productos.
Productos Destacados de Galletas Coral
Galletas Coral ofrece una variada gama de productos de pastelería, principalmente galletas, bizcochos y barquillos. Entre los productos más apreciados se encuentran:
- Bizcocho King: Disponible en un formato de 200g, es uno de los bizcochos más reconocidos de la marca.
- Mirandinas: Galletas que evocan la tradición y el sabor casero.
- Chiquitillos: Galletas con un ligero sabor que recuerda al anís, ideales para acompañar con café o leche.
- Boer-Wafer: Una línea de barquillos rellenos en diversos sabores como coco, limón, avellana, nata y chocolate. El barquillo es muy fino y la crema se deshace en la boca.
- Gama saludable: Barquillos sin azúcares añadidos.
- Línea Choquer: Productos con rellenos y coberturas de chocolate.
Estos productos son ideales para comer solos, con chocolate, café, leche o cacao. También se pueden usar como base de tartas, desmigando las galletas para crear una pasta perfecta.