Alioli con Taladro: Una Receta Tradicional y Moderna para los Amantes de la Cocina

La batidora de brazo es la gran favorita en las cocinas de hoy en día. No solo es capaz de batir o triturar, sino que también es pequeña, tiene un tamaño compacto y es muy fácil de almacenar. Además, las batidoras tienen un gran rendimiento gracias a sus potentes motores y son capaces de reemplazar cualquier licuadora o procesador de alimentos en tu cocina. Si deseas un batido cremoso o un batido de frutas para desayunar, la batidora de mano es perfecta. También es muy fácil preparar una deliciosa mayonesa con una batidora de mano, solo necesitas batir huevos, aceite y unas gotas de limón. Para preparar un delicioso aderezo en ensaladas y vinagretas solo necesitas mezclar todo bien con la batidora. Hacer tu propio aderezo para ensaladas con la batidora de mano es mucho más fácil y cómodo y comprobarás que el resultado es mucho más profesional. Preparar purés es realmente fácil con la batidora de mano. Conseguirás preparar purés de tomate, de patata o deliciosos purés de frutas y verduras ricos en vitaminas para toda tu familia y llevar una vida más sana y saludable.

Batidora de brazo moderna

Las Batidoras de Brazo Küken de 1000W: Potencia y Versatilidad

Las batidoras de brazo Küken de 1000W se integran a la perfección en las cocinas actuales y están disponibles en 2 modelos distintos: RED y PREMIUM. Sus excelentes características no te dejarán indiferente, ya que cuentan con motores potentes de 1000W que te permitirán batir, mezclar y triturar cualquier ingrediente que desees. Además, tanto las cuchillas como el brazo están confeccionados en acero inoxidable, lo que garantiza la durabilidad de esta magnífica batidora a lo largo del tiempo. Estas batidoras brindan la posibilidad de ajustar la velocidad mediante un selector luminoso, e incluyen una opción TURBO que proporciona un impulso adicional de potencia, adaptándose así a tus requerimientos en cualquier momento. Los 2 modelos, RED y PREMIUM, incorporan un vaso medidor con tapa. Todas las batidoras cuentan con un gancho colgador en la parte superior, facilitando su almacenamiento en tu cocina y contribuyendo a mantener el orden y la limpieza. Además, todos los accesorios son aptos para lavavajillas.

Batidora brazo inox con vaso 1000W Kuken premium

El Aceite de Oliva: Un Tesoro en la Cocina Española

Han pasado ya muchos siglos desde que a alguien se le ocurriese estrujar unas aceitunas para sacarle el jugo, uno que ahora es la piedra angular tanto de nuestra gastronomía como de la economía del país, ya que es uno de los productos más y mejor vendidos a nivel internacional. No por nada se le llama "oro líquido", aunque ahora al precio que está lo es más que nunca. Sea como fuere, se trata de un producto que podemos usar para cocinar, aliñar o incluso elaborar salsas. No solo podemos usarlo en caliente, sino que en crudo también tiene infinidad de aplicaciones en cocina. El aceite de oliva, cuando es usado para elaborar recetas de cuchara, realza el sabor de los ingredientes. Pero si lo usamos para aliñar ensaladas o platos a la plancha, aportará sabor y aromas extra. Así de amplia es su versatilidad y es raro el ingrediente con el aceite de oliva que no case. Con este aceite malagueño no solo preparo platos tradicionales, sino que es perfecto para aliñar ensaladas o elaborar salsas como el alioli con el que acompañar un buen arroz marinero. Además, estaremos aportando a nuestro organismo un alimento rico en antioxidantes, el cual incluso se ha demostrado es eficaz contra enfermedades cardiovasculares o ayuda a prevenir el cáncer.

Botellas de aceite de oliva virgen extra

La Galta: Un Corte de Cerdo con Historia y Sabor

La galta, en catalán, es una mejilla. Es decir, algo más amplio y complicado que una carrillera/carrillada/cachete, ese corte depurado que integra, sin hueso alguno, los carrillos de un animal, esto es, los músculos maseteros, encargados de la masticación. Es un trozo muy agradecido. En la vida, yo he comido carrilleras de cerdo, de vaca, de caballo, de camello, de llama. Y de pescado -en algunos puntos del Mediterráneo, uno de ellos, mi cocina, ese trozo de un pescado grande, hecho al horno, se le da a los niños, que lo esperan con avidez; la avidez y la alegría son el piloto automático de los niños-. En todas las especies, ese trozo duro conforma un corte singular. Muy bueno y, si se cocina bien y por mucho tiempo, sabroso, tierno. Sexy, incluso. La galta -insisto, no confundir con la carrilera- es un bien muy preciado en la cocina catalana, de manera que te canean en la tienda más de 3€ por cada una. Hoy en día una galta es como todo, algo exorcizado, civilizado, urbanizado, desprovisto de su origen agreste. Para ello se ha reformulado su corte de manera absoluta. Cuando era pequeño y las hacía mi mamá -mirando hacia otro lado-, eran mejillas a escala real. Es decir, una galta integraba la mitad de la cara de un cerdo, con sus huesos, desde debajo del ojo hasta la barbilla. Es decir, también integraba la mitad de la mandíbula inferior y todos los dientes del bicho implicados, tanto inferiores como superiores. Hoy sigue siendo lo mismo, pero al desproveerlas de sus zonas más gore -las mandíbulas-, la cosa queda como más fina y disimulada. Es preciso señalar aquí, de manera taxativa, que hay varias formas de cocinar las galtas, que se resumen en dos. A saber:

  • a) secas, sin salsa. Es decir:
    1. a.1) a la brasa, cuando se dispone de ella,
    2. a.2) rustida, si bien sin salsa alguna, o
    3. a.3) al horno.
  • b) rustida, con salsa elaborada con verduras, vino, hierbas y, aluego, picada/majada.

La apuesta de hoy es sumamente básica. Queremos una base y excusa para morir de sobredosis de allioli, por lo que las haremos de la forma más sencilla.

Receta de Galtas al Horno para Acompañar Alioli

La receta es tan fácil que no sé por qué la escribo. Calienten el horno a tope/unos 250 grados. Introducir las galtes, durante diez minutos -cinco por cada una de sus caras-. Luego, regar el asunto con generosidad y con coñac y con vino tinto. No se corten. Tras unos minutos con la temperatura aún a tutiplén, para que el alcohol se volatilice, bajar la cosa a 160º. Y olvidarse del asunto por 45’. Llegados a ese punto de nuestra vida, giren, pongan la otra mejilla otros 45’. Cuando falten 15’-20’ para el final de ese tiempo, es el momento de hacer el gran golpe de efecto. Echen por ahí encima romero fresco y tomillo fresco, mucho, como si no hubiera un mañana, y cubran, zas, el recipiente en el que se cocinen las galtes con una tapa efectiva, o con papel de aluminio, esa tapa que nada tapa, psicológica, simbólica. Una vez finalizado el tiempo de cocción, saquen la cosa del horno y quítenle la tapa o el aluminio ya en la mesa. Se producirá un pequeño gran remolino de romero y tomillo, el aroma descarado, gamberro y desordenado del bosque bajito y cachondo del Mediterráneo al que íbamos, cuando éramos adolescentes. En la mesa, en ese momento, ya estará dispuesta una buena cantidad cuántica de allioli.

Galtas de cerdo asadas con hierbas

El Alioli: La Historia de una Emulsión Perfecta

El allioli tiene un origen romano. Pero no tanto. Es decir, todos los textos aluden al hecho de que en Roma -y supongo que hasta en Marte- se conocía la posibilidad de mezclar ajo y aceite. Plinio habla de esa mezcla como condimento, pero también como medicina o ungüento. Respecto al uso de esa mezcla en cocina, al parecer hay tres precedentes. A saber: a) el moretum -aparece en la Appendix Virgiliana, un conjunto de poemas del siglo I, falsamente atribuidos a Virgilio; en uno de ellos se cita el moretum: “Maja ajos, queso y hierbas (…) añade aceite, se forma una pasta”-. En Apicio -el gran recetario romano conservado- se alude a varias recetas de salsa con aceite y ajos, pero en las que nunca viven solos y para sí mismos esos ingredientes, de manera que el asunto ajo+aceite se mezcla con pan, queso, huevo, vino, hierbas, caldo, garum, aplazando con ello la cosa ajo que solo el allioli ofrece. Como ven, Roma, una cultura que intuyó objetos contemporáneos como el hormigón, el emperador majara o el genocidio, también sospechó el allioli, pero de solo de aquella manera. Para la epifanía de la emulsión del allioli -el allioli es eso: emulsión, una genialidad que llegó lentamente a nuestras manos, a través de los siglos- aún habrá que esperar. Siempre se ha supuesto que eso fue, o bien en Provenza, o bien en Catalunya. La verdad es que vete a saber dónde fue. En todo caso, se detecta la apuesta de querer hacer allioli en las Quimbambas de Provenza y Catalunya. En -tachán-tachán- Nápoles.

El Proto-Alioli en la Literatura Culinaria Antigua

Sobre el 1300, incluso antes, aparece el Australopitecos del allioli en una receta del Liber de Coquina, uno de los primeros recetarios europeos escritos fuera del ámbito monacal. Se trata de un libro de cocina cortesana, redactado en una lengua altamente mixta, como todo el mundo en aquel momento, de manera que por ahí fluye en latín medieval -ya sumamente chungo- el romance protonapolitano, algo de provenzal -la lengua culta y chic del momento- y algo de francés. Lo mismo sucede con la cocina expuesta: es catalana -el llenapistas del momento; la cocina es un ejercicio de poder, de manera que la cocina catalana/aragonesa corta el bacalao hasta el XV, cuando es sustituida por los libros y los cocineros españoles; hasta el XVII, cuando todo ello es reemplazado, zas, por la cocina francesa, sus libros y sus cocineros hasta la segunda mitad del XX; por, precisamente, cocinas, libros y cocineros catalanes; la vida, en ocasiones, muy pocas, es circular-. Pero también hay en el recetario cocina italiana, provenzal, francesa, germánica, árabe, judía. El proto-allioli expuesto se dibuja a través de varias salsas, no calculadas por los romanos, sumamente pasadas por el mortero, y que integran aceite, ajo y sal y, en ocasiones, pan y vinagre -a esto se le llamaría agliata-, y en otras ocasiones vino -o salsa cum alio-. ¿Esas salsas estaban emulsionadas? Pues no. ¿El allioli tiene su origen en Nápoles? Tampoco está claro. La Corte Argevina de Nápoles tenía cierta relación con lo provenzal. Lo que orienta hacia la idea de que el proto-allioli puede venir de ahí, de la Provenza, núcleo irradiador y prestigioso de la cultura cortés. Pero también podría ser que el apego a las salsas de ajo de este recetario napolitano pueda venir, sencillamente, del aludido prestigio de la cocina catalana -hasta el siglo XVI, está documentado que en Italia molaba tener cocinero catalán, incluso-.

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La Pista Catalana y la Evolución del Alioli

Quien toma el relevo en la carrera armamentística del allioli es el Sent Soví, el gran recetario catalán redactado hacia 1320-1330 por un cocinero profesional de Barcelona, València o Perpinyà, familiarizado con los usos culinarios provenzales, sefardíes, catalanes y del mediterráneo oriental. En ese libraco -fundamental; píllenlo si pueden- aparecen cinco salsas de ajos -la buena noticia es que en todas hay grasa para emulsionar el asunto; la mala es que no está claro que se emulsionara nada-, de las cuales un par ya son, plástica y aromáticamente, allioli. La primera se llama a) allos quesos, o alls esquessos -ajo + aceite + queso semicurado + yema de huevo + almendras + agua tibia + sal-. Es un allioli en modo beta y no emulsionado, pero con una textura absolutamente allioliesca, muy bien calculada. Mola mucho, diría, para aves y carnes, si bien queda de película por sí sola, en modo canapé, sobre trocitos de pan. La otra salsa de ajos mixed emotions es el b) almadroc -proviene de un palabro árabe, que significaría machacado-. Es la salsa de moda entonces, y presagia la locura del allioli cuando ya esté entre nosotros y se manifieste. Es sumamente parecida a la anterior receta, y el Sent Soví ofrece, a su vez, varias modalidades de almadroc, que se irán reproduciendo en diversos recetarios por más de un siglo. Básicamente es queso curado, fuerte, si bien rallado + ajo + aceite + agua + sal. No soy Oppenheimer, por lo que mis conocimientos de física no me posibilitan discernir si esta salsa está emulsionada o, simplemente, está mezclada, que no agitada, como un dry martini. Pero el asunto, en todo caso, ya da el pego, se parece a un allioli. Y puede suplir su función. El almadroc no es más, a su vez, que el almadrote sefardí -“ajos majados con queso e azeite…”, un pelotazo culinario del XV. Hasta, snif, la expulsión de los fabricantes de almadrote. El almadroc es ya una receta consolidada en el siguiente eslabón evolutivo del allioli, un libro muy influyente: El llibre de doctrina per a ben servir, de tallar y de l’art del coch, ço es, de qualsevol manera, potatges y salsas, compost per lo diligent mestre Robert, coch del Serenissimo Senyor don Ferrnado, Rey de Napols. Es decir, el Llibre del coch -Barcelona, 1520-, de Robert de Nola, un libro de referencia para intuir la gastronomía en la Corte de Aragón, que influyó -por un tubo, si me fuerzan- en las cortes renacentistas del Sur. Pero ese lugar en el mundo, por cambio en el gusto o por la aludida pérdida de influencia de la cocina catalana y, después, de la española, en beneficio de la francesa -enemistada con los sabores fuertes y, por ello, con el ajo, ese ser discreto y, las más de las veces, despersonificado en Francia, según se sube-, se empequeñece. No es ya el universo, sino Provenza, Catalunya, València, Balears, Aragón, algo de Murcia. No he podido saber nada del allioli, de hecho, desde el XVII hasta el XVIII, ese período corto en el que se produce el milagro: la emulsión. ¿Dónde se produce? Donde aparece la receta más veces citada en recetarios es en el ámbito lingüístico catalán. Pero la fascinación ante algo no implica la invención de ese algo. De hecho es poco probable que sepamos nunca jamás el punto exacto del invento. Que quizás no existió, en tanto el allioli es una dinámica, una búsqueda colectiva, doméstica incluso, de varios siglos. Joan Coromines -1905-1997-, el lexicógrafo I+D cuya vida dio para la creación -antes del invento del ordenador; se dice rápido- de dos monumentales diccionarios etimológicos para dos lenguas, el catalán y el castellano, sitúa en el XVIII la aparición de, al menos, el palabro allioli -en catalán ajo y aceite, todo junto; es un nombre artístico que lo explica todo, una receta en sí misma-. En todo caso, a principios del XVIII -y como les explicaba un día que les narraba la mayonesa-, la emulsión del allioli es algo ya de cierta edad, asumido, conocido, de manera que se expande y experimenta otras c...

Mapa de la difusión del alioli en la cuenca mediterránea

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