Conservas ALBO: 150 años de tradición y sabor, del Cantábrico a Galicia

Pocas empresas pueden presumir de su condición de centenarias. Conservas ALBO es una de ellas, una compañía nacida hace 150 años que encara el futuro con decisión sin perder el sabor de la tradición y del saber hacer que la ha caracterizado desde su nacimiento.

La historia de ALBO es también la historia de Galicia. Aunque nacida en Cantabria, ALBO es una compañía genuinamente gallega y como tal ha sido testigo de los grandes hitos históricos que ha vivido la Comunidad. Desde su fundación en 1869 por Carlos Albo Kay, la empresa ha evolucionado hasta convertirse en una referencia nacional, en la que por encima de todo se han conseguido preservar los valores de la marca.

Edificio histórico de la fábrica de Conservas ALBO en Vigo

Orígenes en Cantabria y primeras expansiones

Carlos Albo Kay, fundador de Conservas Albo, nació en 1848 en Burdeos. Hijo de Venancio Albo Bernales, originario de Limpias (Cantabria), y la irlandesa Mary Kay Hudden, se establecieron en Santoña, donde Carlos pasó su infancia. Tras perfeccionar su inglés en Ceilán, regresó a Santoña para ingresar en el Cuerpo de Telégrafos como jefe de estación y, posteriormente, fue profesor de inglés y francés.

En 1869, Carlos Albo Kay imaginó una pequeña empresa de salazón en Santoña, uno de los puertos pesqueros más importantes del litoral cantábrico. Lo que arrancó como un centro experimental en un contexto de transformación de la villa cántabra, se convirtió en una referencia nacional. En 1887, junto al abogado santoñés Manuel Arredondo Quintana, Carlos fundó Albo y Arredondo, destacándose rápidamente como fabricante en la provincia y en sus envíos al mercado madrileño. La comunicación ferroviaria y la proximidad de una planta de litografiado de envases fueron factores clave que permitieron su acceso a la capital de España, logrando precios imbatibles en Madrid hacia 1890.

Crecimiento y diversificación

El crecimiento del negocio llevó a la empresa a instalar una segunda fábrica en 1895, en la localidad asturiana de Candás. Hacia 1901, esta factoría ya contaba con cuarenta trabajadores y elaboraba un millón de latas de sardinas y anchoas, exportando a países como Egipto o Italia y al continente americano. Su estrategia de expansión se basó en abrir nuevos puntos de producción, inaugurando en 1898 una nueva fábrica en Pravia (Asturias) y en 1900 en la vecina San Juan de la Arena.

En 1902, la sociedad Albo y Arredondo se disolvió, y Carlos Albo continuó su carrera industrial en solitario con las dos fábricas asturianas, acompañado por sus hijos mayores, José y Alfonso, y Agustín García de Medina. Sin abandonar Santoña, construyó una nueva fábrica, la tercera de la familia.

Desembarco en Galicia y consolidación

Con vistas al mercado exterior, en 1906, ALBO llegó a A Coruña para abrir su primera fábrica en Galicia. Solo tres años después, en marzo de 1909, el fundador Carlos Albo Kay falleció, dejando una empresa consolidada con fábricas en Santoña, Candás, San Juan de la Arena y Coruña. Tras su muerte, la compañía inició un proceso de consolidación que se vio impulsado por la Primera Guerra Mundial. Durante este conflicto, ALBO suministró conserva a ambos bandos, haciendo crecer las exportaciones hasta un 75% en el segundo año de contienda.

Para afrontar esta demanda creciente, en 1917, abrieron dos nuevas plantas, en Bermeo y Vigo. Estos puntos productivos recibieron importantes inversiones. Albo también se instaló en otros puertos del litoral cantábrico, como Ribadesella o Celeiro, aunque no en todos consiguió consolidarse. En el momento de su transformación en sociedad anónima, Hijos de C. Albo, la compañía contaba con siete plantas activas, destacando Vigo y Candás por su capacidad de producción.

Mapa de las ubicaciones históricas de las fábricas de ALBO

La fábrica de Vigo: un hito tecnológico

A principios de los años treinta, la empresa realizó una de sus inversiones más importantes, creando una gran fábrica de 6.300 metros cuadrados en pleno puerto de Vigo. La factoría, un prodigio tecnológico, implantó los más modernos sistemas de producción de la época con maquinaria llegada desde Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. Con una fachada inspirada en los pazos gallegos que ya pertenece al imaginario colectivo de la urbe, se convirtió en el buque insignia del grupo y sede central de ALBO.

Una vez terminado el complejo en 1934, la compañía trasladó su sede central a la ciudad olívica, cerrando así el primer periodo cántabro. En la fábrica viguesa, el principal producto era la sardina, pero también se producían bonito, mejillones y berberechos. En los años 30, Albo producía 350.000 latas diarias, y la plantilla oscilaba entre 1.200 y 1.600 trabajadores, siendo un 75% mujeres. Esta enorme producción le permitía abastecer tanto el mercado nacional como el internacional.

Presencia global en los años 30

En España, su amplia red comercial le llevaba a situar sus productos con facilidad en más de dos mil pequeños clientes en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Cartagena, Alicante o Canarias. En el exterior, sus ventas se centraban en tres grandes áreas: Latinoamérica (especialmente Buenos Aires y La Habana), el norte de África (desde El Cairo hasta Tánger) y Europa (con Bélgica, Italia, Grecia y Suiza). También áreas de Estados Unidos, como Nueva York o Pittsburgh, recibían algunas cantidades de anchoas.

Guerra Civil y posguerra: resiliencia y diversificación

Durante la Guerra Civil española, las plantas gallegas de Vigo y Celeiro multiplicaron su actividad para atender la Intendencia Militar y los mercados bajo el control del bando sublevado. En el periodo de posguerra, durante la Segunda Guerra Mundial y tras su finalización, la empresa, gracias a su gran número de plantas y a una estructura de ventas equilibrada, consiguió suavizar el impacto de estos hechos históricos. Hacia finales de los años cuarenta, la exportación suponía la mitad de las ventas. En 1947, la producción anual era de 20 millones de latas.

Publicidad antigua de Conservas ALBO

Reestructuración y especialización de las fábricas

Hasta los años sesenta, Hijos de Carlos Albo mantuvo una estrategia de producción basada en varias ubicaciones para sus plantas. Sin embargo, a finales de los años sesenta, con la mecanización de las plantas y el consiguiente aumento de la producción, decidieron apostar por un proceso de reestructuración, con el cierre de algunas fábricas. Este plan se extendió hasta la actualidad. Desde 1970 hasta 1985, un proceso de reestructuración llevó al cierre de algunas fábricas hasta quedarse con seis. Hoy en día, la compañía cuenta con tres factorías en las que diversifica su producción:

  • Celeiro: Especializada en túnidos.
  • Tapia de Casariego: Mantiene en sus líneas platos elaborados, principalmente fabada.
  • Vigo (la central): Con la versatilidad de producción como una de sus señas de identidad.

La fábrica de Tapia de Casariego y la fabada

Albo tuvo su primera relación comercial con Tapia en 1935, tal y como documenta el libro "Historia de Tapia a través de sus calles". En ese año, arrendó la nave que la conservera Álvarez-Cascos tenía en el barrio de San Martín e hizo una campaña de bocarte. Los buenos resultados llevaron a la firma a apostar por la villa tapiega. Compraron terrenos en 1935 y comenzaron a construir la actual planta en 1939. Se inauguró en 1941, dedicada inicialmente al bonito y al bocarte. El último bonito se envasó en 1960, año en el que la planta de Tapia comenzó a dedicarse a la fabricación de platos preparados, desde fabada a lentejas. De hecho, los envases siguen llevando la dirección de Tapia.

Cierre inminente de la planta de Tapia

En la actualidad, fabada asturiana, caldo gallego y callos son los platos que salen a diario de esta planta de Albo en Tapia que tiene los días contados. Hijos de Carlos Albo, propiedad del grupo pesquero chino Shanghai Kaichuang, ha tomado la decisión de trasladar a su sede central de Salvaterra de Miño, en Pontevedra, la línea de fabricación de platos precocinados que se realizaba en la capital tapiega desde 1960. La firma ha ofrecido a las nueve personas empleadas de Asturias (ocho fijas y una temporal) el cambio a Galicia.

En 2023, Albo abrió en Salvaterra unas modernas instalaciones con más de 24.000 metros cuadrados de superficie y una inversión de 30 millones de euros. Allí trasladó toda la actividad productiva dividida hasta entonces entre Vigo (Pontevedra) y Celeiro (Lugo), si bien optó por dejar intactas las instalaciones de Tapia, que finalmente también se mueven. Con este cierre, Albo deja de tener presencia en el Principado. La fecha previsible para el traslado es a finales de febrero.

Detalle de un envase de fabada con la dirección de Tapia

El alcalde tapiego, Pedro Fernández, señala que es una mala noticia para Tapia, ya que supone perder una conservera histórica y varios puestos de trabajo en el concejo. En este sentido, subraya que habría que analizar las razones del cierre y el porqué Asturias no les parece un lugar competitivo. En Tapia solo queda la actividad conservera de El Viejo Pescador.

En 2001, trabajaban en Tapia un total de 35 operarios y las instalaciones eran una referencia. En 2016, la planta de Tapia sobrevivió a la compra de la empresa por parte del grupo Shanghai Kaichuang y, en 2019, participó en los actos del 150 aniversario de la compañía. Actualmente, solo trabajan nueve personas en la planta de Tapia, ubicada frente al centro de salud, en el barrio de San Martín, su histórico emplazamiento.

Galardones y la esencia del proceso de calidad

En estos 150 años de historia, la esencia de las conservas ALBO se ha mantenido prácticamente inalterada. Pese a los avances tecnológicos, muchos procesos se siguen haciendo de manera manual y para los que son semi-automáticos se siguen empleando las mejores materias primas. Uno de los pilares fundamentales que ha conseguido mantener a Conservas ALBO durante 150 años en el mercado ha sido la calidad de sus productos. La base siempre es la mejor elección de la materia prima, seleccionando siempre la mejor calidad.

Procesos artesanales y control de calidad

Para la elaboración del atún, en ALBO reciben el atún completo directamente desde alta mar, lo limpian y lo preparan ellos mismos. Con este procedimiento, esta solo tiene una congelación, lo que consigue que el sabor sea mucho mejor, ya que la carne no pasa por varias congelaciones. Otro de los puntos clave es que categorizan los atunes por tamaños, por lo que así pueden adecuar las cocciones y los puntos de sal a los tamaños del pescado en cuestión. De esta forma, logran que el sabor y la calidad y textura siempre sean las mejores. La limpieza a mano es otra de sus virtudes, llevada a cabo por expertas manos que llevan haciéndolo de manera artesanal durante décadas.

En el caso de las sardinas, la clave es que se elaboran directamente frescas desde la lonja, sin ser sometidas a ningún proceso de congelación, conservando toda su frescura y sabor. Respecto a los mejillones, proceden de las rías gallegas y son envasados a mano uno a uno. El empeño por ofrecer solo lo mejor se refleja también en los mejillones, procedentes de las rías gallegas y envasados a mano uno a uno.

La oferta actual de productos ALBO

Actualmente, elaboran alrededor de 100 referencias que completan incluyendo también las más representativas de la gama de platos preparados, siguiendo en todas ellas los más exigentes controles de calidad y con las mejores materias primas y condimentos naturales, alcanzando unos productos de altísima calidad. Actualmente, ofrecen más de 70 referencias de producto distintas, elaboradas en diversas presentaciones.

Desde sus ya de sobra conocidos Túnidos, entre los que se encuentran el mejor atún claro y bonito del norte, mejillones de sus proveedores locales de las rías gallegas elaborados en diferentes salsas como el escabeche, ajillo, y salsa gallega; las anchoas del Cantábrico con las que nacieron en 1869, las sardinas y sardinillas elaboradas tanto en aceite de oliva como en diferentes preparaciones entre las que se encuentran su receta artesanal de salsa picantona, una de las más características de ALBO. También elaboran pulpo, calamar y chipirones rellenos, una de sus delicatesen elaboradas a mano uno a uno. Bacalao, zamburiñas, huevas, caballa, en definitiva, llevan conservando lo bueno desde 1869.

Producto Descripción Origen
Atún claro y bonito del norte Recibido directamente desde alta mar, con una sola congelación para mantener el sabor. Limpieza y preparación artesanal. Alta mar
Mejillones Envasados a mano uno a uno, en diferentes salsas (escabeche, ajillo, salsa gallega). Rías gallegas
Anchoas Producto original con el que se fundó la empresa en 1869. Cantábrico
Sardinas y sardinillas Elaboradas frescas desde la lonja, sin congelación. En aceite de oliva y diferentes preparaciones, incluyendo salsa picantona. Lonjas locales
Pulpo, calamar y chipirones rellenos Delicatessen elaboradas a mano.
Fabada, lentejas, caldo gallego y callos Platos preparados.
Bacalao, zamburiñas, huevas, caballa Otros productos en conserva.

Durante lo que resta de este año, ALBO continúa celebrando su aniversario para el que ha contado como embajador al chef con 3 estrellas Michelin Dani García. También ha emprendido un proceso de renovación de su imagen de marca, respetando su esencia e historia pero adaptándose a las necesidades actuales. A la consolidada presencia en el mercado nacional se suma una paulatina presencia en el mercado internacional que llega a más de 25 países en los 5 continentes.

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