Los blinis son unas pequeñas tortitas o panqueques propias de la cocina eslava, elaboradas a base de harina, huevos, leche y levadura. Se trata de un bocado de tradición rusa, polaca y eslava, que suele servirse como aperitivo o base para canapés. Aunque las formas y los tamaños son variables, dependiendo de lo que vaya a ser el acompañamiento, el sabor de estas tortitas es de primera.

Originalmente, se elaboran con harina de alforfón o trigo sarraceno, aunque en la actualidad también se preparan con una mezcla de esta harina y harina de trigo sin blanquear. La gran diferencia con otras tortitas es que se utiliza levadura de panadería para su elaboración, algo que les confiere un sabor distintivo, propio de la fermentación y de un cereal al que no estamos tan habituados.
Características y origen cultural
Pertenecen a la gastronomía de los países eslavos, siendo especialmente populares en Rusia, donde se pueden encontrar incluso del tamaño de una crepe. Los blinis tienen un rol fundamental en la Maslenitsa, una festividad celebrada por las comunidades eslavas de cristianos ortodoxos durante la última semana antes de la Gran Cuaresma.

Por algún motivo, la adaptación extranjera de los blinis supuso reducirlos de tamaño hasta convertirlos en un bocado ideal para los brunch o como entrante. No hay brunch neoyorquino o londinense que se precie que no cuente con sus blinis acompañados de salmón o arenque ahumado, sobre una capa de nata agria y coronado por una pizca de huevas de pescado.
Cómo preparar blinis en casa
Prepararlos es una tarea sencilla, ideal para quienes quieren quedar genial en la cocina sin complicaciones. Si no te encanta el sabor de la harina de trigo sarraceno o no la encuentras fácilmente, puedes sustituirla por la misma cantidad de harina de trigo común o integral. Tus blinis no tendrán ese sabor característico, pero cumplirán la misma función.
Blinis perfectos: paso a paso con ingredientes simples
Para su elaboración, disolvemos la levadura en la leche templada. Mezclamos la harina con la sal, incorporamos los líquidos (leche, huevo y mantequilla fundida) y dejamos fermentar la masa. Un paso clave es montar la clara a punto de nieve e incorporarla delicadamente con movimientos envolventes para ganar esponjosidad.
Consejos para el cocinado
- Utiliza una sartén antiadherente ligeramente engrasada con aceite o mantequilla.
- Vierte la masa lentamente para darles forma redondeada.
- Cocina a fuego medio; cuando empiecen a aparecer burbujas en la superficie, es el momento de darles la vuelta.
- Dóralos un par de minutos por el otro lado hasta que estén listos.

Se sirven habitualmente como base sobre los que untar algún lácteo como queso crema o nata agria, añadiendo encima productos del mar, encurtidos, vegetales o hierbas. Son, en definitiva, una preparación muy versátil que puedes adaptar fácilmente a los ingredientes que tengas a mano.