La pechuga de pollo cocida es una solución económica, sencilla y saludable para añadir proteínas magras de alta calidad a cualquier comida, desde el desayuno hasta la cena. Es un recurso estupendo para sumar proteínas a cualquier plato rápidamente, desde cualquier ensalada a sopas y cremas de verduras. Las pechugas pueden brillar mucho más que a la plancha y admiten su reaprovechamiento en diversos platos a lo largo de varios días, sin que queden resecas e insulsas.
Sabemos que el concepto de pollo hervido no suena demasiado apetitoso. No vamos a mentir afirmando que puede competir o que supera el sabor de un buen pollo asado. Sin embargo, asar al horno implica un tiempo y dedicación que pocos pueden dedicar con la frecuencia que les gustaría, y también exige un mayor desembolso económico. El pollo hervido, por su parte, sale más barato empezando porque el horno gasta más energía, y porque podemos simplemente usar pechuga, la parte económica y que hoy en día es más fácil de encontrar envasada en lotes grandes familiares.

Claves para cocer la pechuga de pollo perfecta
La carne de ave, y más aún la pechuga, es delicada y necesita que la tratemos con finura si no queremos arruinar su textura. El secreto para conseguir que el pollo hervido quede jugoso radica en el proceso de cocción: inicialmente, comenzaremos la cocción con fuego alto para llevar el agua a ebullición. Sin embargo, una vez que alcancemos este punto, es crucial reducir el fuego y permitir que el pollo se cocine a fuego lento. Esta técnica garantiza que el pollo retenga su humedad interna, lo que se traducirá en una textura mucho más blanda.
1. ¿Hervir o pochar?
Aunque en lenguaje coloquial podamos usar como sinónimos los términos de hervir, cocer, pochar o escalfar, no son exactamente lo mismo. Lo que buscamos con las pechugas de pollo, sin embargo, no es tanto hervir como pochar, es decir, cocer la carne a una temperatura suave, controlada, sin dejar que el agua o el líquido empleado hierva a borbotones violentos.
2. Aromatizar el líquido de cocción
Podemos usar solo agua, pero el pollo ganará en sabor si añadimos hierbas, especias u otros ingredientes aromáticos, igual que haríamos al preparar un caldo. También podemos mezclar el agua con caldo de verduras o de pollo, o enriquecer el líquido con un buen vinagre aromático, zumo de naranja, vino blanco o un Jerez, salsa de soja o salsa Perrins... todo lo que aporte aroma al pollo será bienvenido, siempre que no nos pasemos echando de todo a la vez.

3. El proceso de cocción
Importantísimo: nunca añadas el pollo al líquido caliente y mucho menos hirviendo. Coloca las pechugas con los aromáticos en una cazuela u olla ancha y alta, y llénala de agua fría o de la mezcla líquida que estés usando. Si el agua está muy fría y/o hemos sacado al momento las pechugas de la nevera, tardarán más en cocerse, pero lo importante es que no asustemos al pollo aplicándole calor fuerte directamente. Dispón la cazuela llena sobre el fuego de la cocina que se adapte mejor a su diámetro y enciende el fuego o la potencia a un nivel medio.
Otro punto clave es que jamás debe romper a hervir a borbotones. Queremos pochar. Cuando empiecen a salir burbujitas y notes que el líquido emite calor en forma de vapor, es el momento de bajar la potencia a una intensidad baja.
4. Control de la temperatura interna
Lo ideal es disponer de un termómetro de cocina digital de lectura instantánea, o uno específico para carnes. No queremos pollo crudo por dentro -jamás comas carne de ave que no esté completamente cocinada, es peligroso-, pero tampoco pasada. La pechuga deberá haber alcanzado una temperatura de aproximadamente 75 ºC en su parte más gruesa.

5. Tiempos de cocción
El tiempo que suele tardar varía en función del tamaño de la pieza, la temperatura de cocción, el líquido usado o incluso el tipo de pollo, así que no conviene fiarse solo del reloj. Para hacernos una idea, una pechuga corriente de hoy en día necesitará unos 10-15 minutos desde que el agua alcanza ese punto por debajo de la ebullición, si las cueces con la tapa puesta.
Aquí te presentamos una tabla con los tiempos de cocción aproximados para diferentes tipos de cocción y piezas de pollo:
| Método de Cocción | Tipo de Pollo | Tiempo de Cocción Aproximado | Temperatura Interna Recomendada |
|---|---|---|---|
| Olla/Cazuela Convencional | Pechugas enteras | 25-30 minutos (15 minutos a fuego medio, 10-15 minutos reposo) | 75º C (165º F) |
| Olla GM (Eléctrica a Presión) | Pollo troceado | 15 minutos a 110º C | 75º C (165º F) |
| Cocción al Vapor | Pechugas | 6-8 minutos | 75º C (165º F) |
| Pochado (bajo ebullición) | Pechugas | 10-15 minutos desde que el agua alcanza el punto de pochado | 65-72º C (controlando la temperatura del agua) |
Dile ADIOS a las Pechugas resecas después de ver este vídeo
Cómo hacer pechuga de pollo cocida paso a paso
Para preparar 1 pechuga de pollo de unos 400-450 gramos, necesitarás 1 litro y medio de agua. Puedes pedir al pollero de confianza que te trocee el pollo para no tener que estar en casa cortándolo.
- En primer lugar, ponemos la pechuga de pollo en una cazuela y la cubrimos con 1 litro de agua aproximadamente. La cantidad exacta dependerá del tamaño de cada cazuela, pero la pechuga debe quedar cubierta con agua un par de dedos por encima.
- Añadimos también 1 cucharada de sal y hierbas aromáticas al gusto (nosotros hemos utilizado laurel y perejil).
- Llevamos la cazuela a ebullición y después, bajamos a fuego medio-bajo y dejamos cocer la pechuga unos 12 minutos, con la tapa puesta, o hasta que el interior esté hecho. Si tenemos termómetro de carne, la pechuga deberá haber alcanzado una temperatura de aproximadamente 75 ºC en su parte más gruesa.
- Saca las pechugas del líquido con unas pinzas inmediatamente, con cuidado, y deja que reposen sobre un plato o tabla limpia como mínimo cinco minutos antes de cortar, si lo vas a consumir ya.

Conservación y usos del pollo cocido
Para conservar el pollo hervido no tienes que esperar a que se enfríe del todo. Una vez pasados 10 minutos, guarda las pechugas en recipientes de cierre hermético, mejor si puedes extraer parte del aire con un dispositivo de conservación al vacío a corto plazo. Para que se conserven mejor, recomendamos envasar por separado cada pechuga o la cantidad que vayamos a emplear en cada comida, de tal modo que el envase solo se abra una vez. También podemos filtrar el caldo de la cocción y guardar las pechugas hervidas sumergidas en ese líquido, para que ganen incluso un poco más de sabor en la nevera.
Un pollo cocinado y guardado en la nevera lo podrás consumir hasta 3 días después de haberlo cocinado. No lo dejes a temperatura ambiente.
Formas de emplear el pollo cocido
Hay mil maneras de consumir pechugas de pollo hervido, tanto en frío como en caliente. Es un recurso estupendo para sumar proteínas a cualquier plato rápidamente, desde cualquier ensalada a sopas y cremas de verduras. Combínalas con verduras, arroz cocido, cuscús, quinoa, noodles asiáticos, pisto o menestra... Para rellenar tacos, arepas, empanadas, empanadillas… Lo más fácil, es cortar en daditos el pollo cocido (más o menos del mismo tamaño) y guardar en una bolsa zip, así lo tengo listo para mis ensaladas en cualquier momento.
Para rellenar arepas o tacos, una pastela, pastel de pollo o una empanada, lo que hacemos es desmenuzarlo, bien la pechuga u otra parte del pollo cocido con tenedores o con nuestras manos. Así ayudamos a conservar su jugo además de evitar quemaduras, ya que es mejor deshebrar cuando recién ha salido de la cocción. Luego lo metemos en bolsas zip o en un recipiente hermético y a la nevera.
