La Sagrada Escritura utiliza con frecuencia imágenes matrimoniales para describir el amor de Dios, pues el amor entre el esposo y la esposa es, indudablemente, la forma más exaltada del amor humano. San Pablo invierte la metáfora en la carta a los Efesios, presentando el amor de Cristo y la Iglesia como una imagen del matrimonio humano. Por eso, la lectura de este domingo es una buena oportunidad para reflexionar sobre el significado del matrimonio.
El término “Esposa (novia) del Cordero” mencionado en Apocalipsis 19 y 22 indica a la Madre celestial. La Iglesia está compuesta por todos aquellos que han confiado en Jesucristo como su salvador personal y que han recibido la vida eterna. Cristo, el esposo, con mucho sacrificio y con amor, ha escogido a la iglesia para ser Su esposa (Efesios 5:25-27).
En la Biblia, una palabra suele tener dos significados. El “cordero” al que se hace referencia aquí representa a los santos. El término “Cordero” aquí se refiere a Jesús. Aunque los “corderos” en otro versículo simbolizan a los santos, el “Cordero” en Juan 1:29 se refiere inequívocamente a Cristo. De manera similar, la expresión “esposa del Cordero” tiene diferentes significados, dependiendo del contexto de la Biblia.
Según Apocalipsis 19 y 22, el Cordero y su Esposa organizan un banquete de bodas y ofrecen la bendición del agua de la vida a los invitados. Aquí, “los que son llamados” son los santos que reciben el agua de la vida como invitados al banquete de bodas. La Esposa del Cordero simboliza a la Salvadora que otorga el agua de la vida. Por tanto, la Esposa del Cordero no puede ser los santos.
“El Cordero” que con su boda provocará tanta alegría en el cielo es nada menos que Jesucristo (Juan 1:29). ¿Cómo va vestido para la boda? ¿Quién es la novia? ¿Cómo ha sido preparada para ese momento? ¿Cuándo se celebra la boda? Sabemos que esta unión provocará gozo en el cielo, pero ¿se alegrarán también los que abrigan la esperanza de vivir para siempre en la Tierra?
El Novio, Jesucristo, se viste con su glorioso traje nupcial. Es apropiado que su ropaje desprenda “los perfumes más selectos”, como los de la mirra y la casia, ingredientes del aceite de la unción que se usaba en Israel (Éx. 30:23-33). La música celestial que llena su palacio contribuye a la alegría que el Novio siente al acercarse la boda. De esa alegría también participa “la regia consorte”, la parte celestial de la organización de Dios, que está compuesta por “las hijas de reyes”, es decir, por los santos ángeles.
Ya sabemos quién es el Novio, pero ¿quién es la novia? Es una novia colectiva, compuesta por los miembros de la congregación de la que Jesucristo es Cabeza (lea Efesios 5:23, 24). Ellos gobernarán con Cristo en el Reino mesiánico (Luc. 12:32). Estos 144.000 cristianos ungidos por espíritu “van siguiendo al Cordero no importa adónde vaya” (Rev. 14:1-4). Se convierten en “la esposa del Cordero” y residen con él en su morada celestial (Rev. 19:7, 8).

A la futura novia no se la llama únicamente “hija”, sino también “la hija del rey” (Sal. 45:13). ¿Quién es ese “rey”? Es Jehová, pues él adopta a los cristianos ungidos como “hijos” (Rom. 8:15-17). Puesto que estos van a convertirse en una novia celestial, se les dice: “Olvida tu pueblo y la casa de tu padre [humano]”. Deben tener la mente “fija en las cosas de arriba, no en las cosas sobre la tierra” (Col. 3:1, 2).
A lo largo de los siglos, Jesús ha estado preparando a su futura esposa para esta boda celestial. El apóstol Pablo explicó que “Cristo [...] amó a la congregación y se entregó por ella, para santificarla, limpiándola con el baño de agua por medio de la palabra, para presentarse él a sí mismo la congregación en su esplendor, sin que tenga mancha, ni arruga, ni ninguna de tales cosas, sino que sea santa y sin tacha” (Efes. 5:25-27). Pablo también les dijo a los cristianos ungidos de la antigua Corinto: “Estoy celoso [por] ustedes con un celo piadoso, porque yo personalmente los prometí en matrimonio a un solo esposo para presentarlos cual virgen casta al Cristo” (2 Cor. 11:2). El Novio, el Rey Jesucristo, valora la belleza espiritual de su futura esposa.
La novia se presenta “toda gloriosa” para la boda real. En Revelación 21:2 se la compara a una ciudad, la Nueva Jerusalén, y se dice que está “adornada para su esposo”. Esta ciudad celestial tiene “la gloria de Dios” y está radiante, como “una piedra preciosísima, como piedra de jaspe que brillara con claridad cristalina” (Rev. 21:10, 11). El resplandor de la Nueva Jerusalén se describe hermosamente en el libro de Revelación (Rev. 21:18-21). ¡Con razón el salmista dice que la novia va “toda gloriosa”!
La novia es llevada ante el Novio, el Rey Mesiánico. Él la ha estado preparando, “limpiándola con el baño de agua por medio de la palabra”, de modo que es “santa y [está] sin tacha” (Efes. 5:26, 27). Pero, además, debe estar vestida adecuadamente para la boda. ¡Y, desde luego, lo está! “Su ropa tiene engastes de oro” y “en ropaje tejido [es] llevada al rey”. Para la boda del Cordero “se le ha concedido estar vestida de lino fino, brillante y limpio, porque el lino fino representa los actos justos de los santos” (Rev. 19:8).
Aunque “su esposa se ha preparado” para la boda, lo que sigue no es una descripción de la ceremonia. Más bien, es una reveladora descripción de la fase final de la gran tribulación (Rev. 19:11-21). ¿Significa eso que la boda tiene lugar antes de que el Novio, el Rey Jesucristo, complete su victoria? No. Las visiones del libro de Revelación no están en orden cronológico. Según el Salmo 45, la boda real ocurre después de que el Rey se ciñe su espada y “sigue adelante al éxito”, hacia la victoria sobre sus enemigos (Sal. 45:3-7).
Podemos concluir que los sucesos se desarrollarán en el siguiente orden. En primer lugar se destruirá a “la gran ramera”, Babilonia la Grande, el imperio mundial de la religión falsa (Rev. 17:1, 5, 16, 17; 19:1, 2). Luego, Cristo ejecutará la sentencia de Dios contra el resto del sistema malvado de Satanás en la Tierra destruyéndolo en el Armagedón, “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” (Rev. 16:14-16; 19:19-21). Y por último, el Rey Guerrero completará su victoria arrojando al abismo a Satanás y sus demonios, reduciéndolos a un estado de inactividad semejante a la muerte (Rev. 20:1-3).

Los ungidos resucitan en el cielo a medida que llegan al fin de su vida en la Tierra durante la presencia de Cristo. Algún tiempo después de la destrucción de Babilonia la Grande, Jesús reunirá junto a él a los miembros restantes de la novia (1 Tes. 4:16, 17). Por consiguiente, todos los miembros de la “novia” estarán en el cielo antes de que estalle la guerra del Armagedón. Después de esa guerra, podrá celebrarse la boda del Cordero. ¡Qué ocasión tan gozosa será! “Felices son los invitados a la cena de las bodas del Cordero”, declara Revelación 19:9. Realmente, los 144.000 miembros de la novia se sentirán muy felices. Y el Novio rebosará de alegría por tener a su lado, simbólicamente comiendo y bebiendo a su mesa en su Reino, a todos los que reinarán con él (Luc. 22:18, 28-30).
Como antes vimos, en el cielo habrá multitudes de ángeles que unidamente cantarán: “Regocijémonos y llenémonos de gran gozo, y démosle la gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Rev. 19:6, 7). Pero ¿y los siervos de Jehová que estén en la Tierra?
El profeta Zacarías predijo que en el tiempo del fin habría personas de todas las naciones que se unirían agradecidas al resto del Israel espiritual. Escribió: “En aquellos días sucederá que diez hombres de todos los lenguajes de las naciones asirán, sí, realmente asirán la falda de un hombre que sea judío, y dirán: ‘Ciertamente iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes’” (Zac. 8:23). En Salmo 45:12 se llama a los “diez hombres” simbólicos “la hija de Tiro” y “los ricos del pueblo”. Ellos acuden al resto ungido ofreciéndole su apoyo y buscando su ayuda para servir a Jehová. Desde 1935, millones de personas han permitido que los miembros del resto ungido las “traigan [...] a la justicia” (Dan. 12:3). Los compañeros leales de los cristianos ungidos han limpiado su vida, de modo que han llegado a ser vírgenes en sentido espiritual.
El resto de los que componen la novia está muy agradecido a estas “vírgenes”, que son “compañeras suyas”, por su apoyo a la predicación de las “buenas nuevas del reino” en toda la Tierra (Mat. 24:14). No solo “el espíritu y la novia siguen diciendo: ‘¡Ven!’”, sino que quienes los oyen también dicen: “¡Ven!” (Rev. 22:17).
Las bodas del Cordero: simbolismo y esperanza
El resto ungido ama a las “otras ovejas” y se alegra de saber que Jehová, el Padre del Novio, les ha concedido a ellas el privilegio de compartir el júbilo por la boda del Cordero. Se predijo que estas “vírgenes” que acompañan a la novia “ser[ían] traídas con regocijo y gozo”. Sí, las otras ovejas, que esperan vivir para siempre en la Tierra, compartirán la alegría que se producirá en todo el universo cuando la boda del Cordero se celebre en el cielo. Apropiadamente, el libro de Revelación representa a los integrantes de la “gran muchedumbre”, quienes sirven a Jehová en la Tierra, situados “de pie delante del trono y delante del Cordero”. Ellos prestan servicio sagrado a Dios en el patio terrestre de su templo espiritual (Rev. 7:9-15).
“Las vírgenes” que acompañan a la novia celestial de Cristo tendrán aún más motivo para alegrarse cuando vean el fruto que la boda produce en el nuevo mundo. El Novio, el Rey Jesucristo, dirigirá su atención a la Tierra y resucitará a sus “antepasados”, quienes se convertirán en sus “hijos” terrestres (Juan 5:25-29; Heb. 11:35). De entre ellos nombrará “príncipes en toda la tierra”. Asimismo, podemos esperar que elija a algunos fieles ancianos de hoy para que dirijan los asuntos en el nuevo mundo (Is. 32:1).
Durante su Reinado de Mil Años, Cristo llegará a ser padre de otras personas también. ¿Por qué? Porque todos los habitantes de la Tierra que reciban la vida eterna la obtendrán gracias a su fe en el sacrificio redentor de Jesús (Juan 3:16). De ese modo, él se convertirá en su “Padre Eterno” (Is. 9:6).
Como vemos, los acontecimientos descritos en el Salmo 45 son importantes para todos los cristianos. Los ungidos que quedan en la Tierra están emocionados con la perspectiva de reunirse pronto en el cielo con sus hermanos y con su Novio. Las otras ovejas se sienten motivadas a someterse cada vez más a su glorioso Rey, agradecidas por el honor de colaborar con los miembros de la novia que aún están vivos en la Tierra. Después de su boda, Cristo y sus reyes compañeros derramarán sobre los seres humanos bendiciones que ni siquiera podemos imaginar (Rev. 21:3, 4).
Al mirar al futuro, al desarrollo del “asunto agradable” relacionado con el Rey Mesiánico, nos sentimos motivados a “hacer mención de [su] nombre”, es decir, a darlo a conocer. Las bodas del Cordero son un evento de suma importancia para los cristianos. Marcan el momento cuando pasaremos a estar para siempre con Jesucristo, el Cordero, nuestro Dios.

Apocalipsis 19:1-9 nos presenta una de las escenas más gloriosas y esperanzadoras de toda la Escritura. Vemos la adoración celestial por los juicios justos de Dios y el anuncio de las bodas del Cordero. Después de la caída definitiva de Babilonia, el cielo estalla en alabanzas. En medio de este contexto de victoria y adoración aparece el anuncio que llena de gozo al pueblo de Dios. ¡Han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado!
Las bodas del Cordero no son solo una imagen poética. Son una realidad futura que expresa el amor, la fidelidad y el triunfo final de Dios con su pueblo. Nos llaman a vivir con esperanza, santidad y fidelidad en el presente, recordando que nuestro destino final es un encuentro glorioso con Cristo.
Las bodas del Cordero son el símbolo bíblico de la unión definitiva entre Jesucristo (el Cordero) y su Iglesia (la esposa). A lo largo de toda la Biblia, Dios ha usado la figura del matrimonio para describir su relación con su pueblo. Este evento descrito en Apocalipsis 19 corresponde a la fase final del matrimonio bíblico: el banquete nupcial, que tiene lugar después de la unión formal. Cristo ya pagó la dote con su sangre en la cruz, desposó legalmente a su Iglesia y ahora, tras el tiempo de espera y separación, llega el momento del gozo eterno.
Las bodas del Cordero proclaman que la obra redentora de Cristo ha llegado a su culminación. Ya no habrá separación, pecado ni sufrimiento. La Escritura enseña que la esposa del Cordero es la Iglesia. Esta está compuesta por todos los verdaderos creyentes redimidos por la sangre de Cristo desde la creación de la humanidad. Apocalipsis 19:9 declara: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”. Ser llamado a este banquete es un privilegio inmenso y una expresión de la gracia de Dios. Este llamado es una fuente de consuelo y ánimo para los creyentes que enfrentan pruebas, persecuciones o sufrimiento en el presente. Dios asegura que su destino final no es el dolor. Su destino final será el gozo eterno en la presencia de Cristo.
El libro de Apocalipsis está lleno de simbolismo, y este capítulo no es la excepción. Representa a Jesucristo como el sacrificio perfecto que quitó el pecado del mundo. Es la Iglesia, el pueblo redimido de Dios. Simboliza las acciones justas de los santos. Representa el gozo eterno, la comunión perfecta y la celebración interminable de la victoria de Cristo. Los repetidos “aleluyas” expresan adoración, alabanza, gozo y reconocimiento del reinado absoluto de Dios.
El simbolismo del matrimonio en la Biblia, especialmente en referencia a Cristo y la Iglesia como el Cordero y su Esposa, es profundo y multifacético. Representa la redención, la santificación, la unión eterna y la victoria final de Dios sobre el mal. La preparación de la Esposa y la celebración de las bodas del Cordero son un faro de esperanza para todos los creyentes.

San Pablo compara la unión de marido y mujer con la de Cristo y la iglesia (Efesios 5:22-33). El tema central de toda la carta a los Efesios es la reconciliación de los alienados dentro de la unidad de la iglesia. La Carta a los Efesios en su capítulo 5, comienza llamando a los cristianos a imitar a Dios y a Cristo, que se entregó por ellos con amor. Efesios 5:1-21 contiene una advertencia bastante enérgica contra la necedad y el bajar la guardia ante el mal. Más bien, el autor anima a los lectores a dar gracias constantemente con cánticos en el corazón por lo que Dios ha hecho por todos en Cristo. Ese preludio del texto del tema retoma el tema de la sumisión amorosa que comenzó con el ejemplo de Cristo en Ef 5:2: “Sed sumisos unos a otros por respeto a Cristo” (Ef 5:21). Esto implica que la “Novia” es el cuerpo de creyentes que componen la Ekklēsia (Iglesia) universal cristiana.
En la primera carta a la Iglesia de Corinto, capítulo 5, Pablo escribe para advertir a la comunidad de los falsos maestros que enseñarían de otro Cristo, y para confesar su preocupación de que crean a alguien que enseña a un falso Cristo, distinto de Cristo Jesús de Nazaret a quien él predicaba; Pablo se refirió a la Iglesia de Corinto como desposada con Cristo. “Porque os celo con celo de Dios, pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen casta a Cristo. Pero temo que, como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así se corrompan vuestras mentes de la simplicidad que hay en Cristo. Porque si el que viene predica a otro Jesús que el que nosotros hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien podéis soportarlo” (2 Cor. 11:2-4).
En el escrito a la Iglesia de Roma, Pablo escribe: “Por lo cual, hermanos míos, también vosotros habéis muerto a la ley por el cuerpo de Cristo; para que os desposéis unos con otros, incluso con aquel que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (énfasis añadido).
Aunque la interpretación más comúnmente aceptada de la novia de Cristo es la Iglesia, hay otras interpretaciones poco comunes. Una posible interpretación alternativa es considerar a las monjas como esposas de Cristo, considerando sus votos monásticos como un "matrimonio" con Cristo y el cumplimiento de sus votos como fidelidad a ese esposo divino. Una notable promotora de esa interpretación fue Gertrudis la Grande, una mística cristiana muy influyente del siglo XIII.
La tradición cristiana más antigua identifica textos de la Biblia hebrea como simbólicos del amor divino a Dios y al pueblo. Los poemas de amor del Cantar de los Cantares y del último profeta Oseas tienen muchas referencias a una relación íntima y esponsal entre Dios y su pueblo. El profeta Oseas toma nota de su novia en Oseas, capítulo 2, versículos 16 y siguientes.