Los huevos de Fabergé son obras de arte reconocidas por sus laboriosos ornamentos en metal y piedras preciosas, cuya extravagancia le recuerda al mundo cuán poderosos fueron los zares, y que actualmente tienen un valor de millones de dólares.
Peter Carl Fabergé nació en San Petersburgo en 1846, hijo del joyero alemán Gustav Fabergé. Tras la muerte de su padre, se hizo cargo de la joyería ubicada en la entonces capital rusa. Tras haber realizado el primero de los huevos para la familia real, su carrera fue meteórica, abriendo tiendas en Londres y Odesa. Esta fama no solo la adquirió por su estrecha relación con la dinastía Romanov, sino también por su enorme talento artístico.

Estas series de huevos de Pascua fueron el máximo logro de la casa rusa de joyería. Su fabricación comenzó en 1885, cuando el zar Alejandro III de Rusia encargó un huevo de Pascua para su esposa, la emperatriz María Fiodorovna, al famoso joyero. La fiesta más importante del calendario de la Iglesia ortodoxa rusa es la Pascua, que se celebra con tres besos y el intercambio de huevos de Pascua. En muchos países, teñir, pintar y decorar los huevos es una costumbre que ocupa a las familias en los días previos a la Pascua. En Rusia, por ejemplo, la fiesta de la Pascua es la más importante del calendario ortodoxo. En ella se intercambian tres besos y huevos de Pascua para celebrar la resurrección de Cristo.
En 1885, Fabergé fue nombrado proveedor oficial de la corte imperial rusa y diseñaron y confeccionaron huevos de Pascua durante once años más para Alejandro III de Rusia, hasta su fallecimiento. Su hijo y sucesor, Nicolás II, seguiría con la tradición. Durante su gobierno se crearon 40 huevos más, dos cada año: uno para su madre y el segundo para su esposa.
El Primer Huevo: "Huevo de Gallina"
El primer huevo es el conocido como “Huevo de Gallina”. Inspirado en un original del siglo XVIII, este huevo tiene una cáscara esmaltada en blanco opaco, que se abre con un giro para revelar una primera sorpresa: una yema de oro amarillo mate. Ésta, a su vez, contiene una gallina de oro esmaltada que alguna vez sostuvo una réplica de la corona imperial con un precioso colgante de rubí en su interior. Actualmente, este huevo se encuentra en el museo Fabergé de San Petersburgo y es uno de los más icónicos.

Tanto agradó a la zarina el regalo que el zar ordenó que Carl Fabergé fabricara un huevo de Pascua cada año para su esposa. La empresa contó con total libertad para los futuros huevos de Pascua imperiales. La única condición era que cada uno debía contener una sorpresa.
Diseño e Inspiración
El diseño de los huevos imperiales Fabergé se inspiró en distintos estilos artísticos europeos, como el barroco, el rococó, el neoclásico o el modernista, así como en obras de arte que el joyero pudo conocer durante sus viajes por Europa. Algunos huevos se crearon para conmemorar acontecimientos como la coronación del zar Nicolás II, la terminación del ferrocarril Transiberiano, y otros acontecimientos importantes. Otros guardaban en su interior piezas con un significado especial para la familia, como el yate imperial Standart, la catedral de Uspensky, el palacio de Gátchina o el palacio de Alejandro.
Otra técnica usada por Fabergé fue la conocida como guilloché, un tratamiento de grabado superficial sobre metal que consiste en hacer ondas, estrías o cualquier otro dibujo, de un modo repetitivo y simétrico, que se podía realizar a máquina o a mano. Fabergé se mostraba orgulloso de que todas las materias primas que se empleaban en su taller provenían de distintas partes de Rusia. Muchos huevos incluían minerales como el jaspe, la malaquita, la rodonita, el cristal de roca, el ágata, la aventurina, el lapislázuli y el jade (nefrita sobre todo, aunque usaba a veces la jadeíta). Las piedras preciosas, incluyendo los zafiros, los rubíes y las esmeraldas, fueron utilizadas para la decoración de los huevos y/o la sorpresa que contenían. Cuando se usaban era en la talla conocida como cabujón (corte redondo). En cuanto al tipo de talla empleada para los diamantes, era la típica talla rosa. La fuente primaria de inspiración de Fabergé venía de los trabajos de siglos anteriores. El esmalte translúcido era una técnica muy valorada en el siglo XIX, que requería de varias capas de esmalte que se secaban en un horno después de aplicar cada capa. Sin embargo, durante el siglo XIX se disponía solamente de una limitada gama de colores, de modo que Fabergé experimentó y pronto aumentó su paleta de colores hasta lograr más de 140 tonalidades diferentes.

El Fin de una Era y el Destino de los Huevos
El reinado de la legendaria dinastía Romanov acabó en 1917 con la revolución bolchevique. Nicolás II, su esposa y sus cinco hijas fueron fusilados en 1918 y las posesiones de la corona fueron nacionalizadas. El mismo destino corrió la Casa Fabergé, y Carl Fabergé tuvo que abandonar el país. Murió dos años más tarde en Suiza.
Según cuenta la historia, los huevos fueron empaquetados y llevados a la armería del Kremlin. En años posteriores, Joseph Stalin vendería 14 de estos huevos para atraer divisas extranjeras a Rusia. Algunos terminaron en colecciones privadas y otras instituciones. Actualmente, se desconoce el paradero de siete de ellos.
Ejemplos Notables de Huevos Fabergé
El Huevo de la Coronación
Fue un obsequio de Nicolás II a su esposa, la emperatriz Alexandra Feodorovna, como recuerdo de su entrada en Moscú el 26 de mayo, día de su coronación en la catedral de Uspensky. Está hecho en oro con esmalte traslúcido de color amarillo lima sobre campo guilloché de destellos de estrellas y hace referencia a la túnica de tela dorada que usó la zarina en su coronación. El monograma de la emperatriz aparece en el vértice del huevo debajo de un diamante retrato, con la fecha en la base. El huevo se abre para revelar una sorpresa en forma de una réplica precisa de 10,2 cm de largo de la carroza imperial del siglo XVIII que llevó la zarina a su coronación. Las sorpresas, que se han perdido, incluyen un colgante de esmeralda o diamante que colgaba dentro de la réplica del carruaje, un soporte de jadeíta con cubierta de vidrio para la exhibición del carruaje y un soporte hecho de alambre de plata dorada. El huevo, que se exhibió en el apartamento de la emperatriz en el palacio de invierno de San Petersburgo hasta 1917, fue enviado al Kremlin y transferido al Sovnarkom en 1922 para su venta. Desde entonces, ha pasado por diferentes manos. En 1979 fue adquirido por Malcolm Forbes por 2,16 millones de dólares junto con el “Huevo de Lirios del Valle”. Posteriormente, en 2004, la casa Sotheby´s anunció su venta junto con otras piezas de Fabergé hasta un total de nueve huevos a su actual propietario.

El Huevo del Naranjo Mecánico (o Huevo de Laurel)
Regalo del emperador Nicolás II a su madre, la emperatriz viuda María Feodorovna. Basado en un naranjo mecánico francés del siglo XVIII, se confirmó finalmente como un laurel después de examinar la factura original del joyero. Es un huevo esmaltado y de nefrita que, al girar una palanca diminuta disfrazada de fruta escondida entre las hojas de laurel, se activa la copa circular y un pájaro cantor se eleva y bate las alas, gira la cabeza, abre el pico y canta. El huevo fue también confiscado por el gobierno provisional ruso y posteriormente vendido.
El Huevo Mosaico
El Huevo Mosaico es un triunfo de brillantez técnica y delicadeza artística. Encargado por el zar Nicolás II para la emperatriz Alexandra, presenta un delicado micro-mosaico de gemas preciosas engastadas en platino para asemejar un bordado de petit point.

Valor y Legado
Los huevos de Fabergé, unas 50 piezas decorativas en forma ovalada, fueron comisionados por la familia imperial rusa entre los años 1885 y 1916. Actualmente, según varios historiadores y expertos en arte, estas piezas tienen un valor "incalculable". No solo por su diseño, que estuvo en manos de Peter Carl Fabergé, el afamado joyero que les da nombre, sino también por el misterio de su paradero.
Los precios de los huevos Fabergé han aumentado a lo largo de las décadas, y ahora alcanzan enormes sumas en las subastas. En 2002, el “Huevo de Invierno” se vendió a un postor telefónico anónimo por US$ 9,6 millones en Christie’s de Nueva York. Los huevos rara vez aparecen en subasta, y hoy en día la mayoría de ellos se encuentran en museos e instituciones públicas, desde Moscú hasta Cleveland. Los huevos desaparecidos siguen siendo una fuente de intriga permanente.
La Fascinante Historia de los Huevos Fabergé
La historia de los huevos Fabergé es parte de la historia del siglo XX. Son obras de arte reconocidas por sus laboriosos ornamentos en metal y piedras preciosas, cuya extravagancia le recuerda al mundo cuán poderosos fueron los zares, y que actualmente tienen un valor de millones de dólares. Su arte, la variedad de formas y materiales y el hecho de que todos tengan una historia que contar hacen que el atractivo de los huevos Fabergé no vaya a disminuir pronto. Son eminentemente coleccionables porque son únicos en el verdadero sentido de la palabra.