La levadura de los fariseos: Un llamado a la autenticidad y la justicia

La frase “guardaos de la levadura de los fariseos” pronunciada por Jesús a sus discípulos, encierra una profunda advertencia que trasciende el contexto histórico y resuena con vigencia en la vida de los creyentes de hoy. Después que Jesús negó cumplir la demanda a los fariseos escépticos de que les diera una señal del cielo para “creer en Él”, Él les dice estas palabras a sus discípulos: “guardaos de la levadura de los fariseos y de Herodes”. Esta advertencia no solo se refiere a quienes representan la religión separada de Cristo Jesús -los fariseos-, sino también al estilo de vida y al gobierno sin Cristo que propone el mundo, la política y los negocios, representado por “Herodes”.

La levadura en la Biblia es un cuadro del pecado: trabaja en silencio, corrompe e hincha, y solo se quita con fuego. Representa el mal, aquello que daña nuestro corazón y evita que busquemos a Dios. Los creyentes gozamos del entendimiento del evangelio de Jesús como nuestro Cristo Salvador, sustentador, como suficiente, y como quien lleva la preeminencia en todas las cosas. Por ello, debemos guardarnos de la influencia de las religiones paganas, filosofías huecas provenientes de religiosos de nuestra época, y de aquellos mensajes que pueden parecer lógicos o espirituales pero que carecen del mensaje de la cruz y la salvación en Cristo Jesús. No podemos ser influenciados ni creer que los valores, estrategias y promesas de los fariseos y los Herodes modernos pueden proveer algún tipo de esperanza. Tampoco podemos permitir que por la levadura de ellos terminemos vendiendo la verdad por la mentira de sus labios.

Jesús advirtiendo a sus discípulos sobre la levadura de los fariseos

La hipocresía: La levadura de los fariseos

La respuesta clara y directa sobre la levadura de los fariseos se encuentra en Lucas 12:1: “En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”. La palabra “hipócrita” viene del vocablo griego hupokrites y se refiere a alguien que está actuando o fingiendo. Jesús comparó la conducta de los fariseos con la de los actores de teatro griegos y romanos que utilizaban grandes máscaras para aumentar la fuerza de su voz.

Los fariseos en tiempos de Cristo constituían una poderosa comunidad de líderes que afirmaban ser más fervientes y justos que el resto de la sociedad judía. Se establecieron a sí mismos como modelo de lo que era ser justo y piadoso; sin embargo, a los ojos de Cristo su ejemplo en realidad era destructivo. Es interesante que Cristo abordara desde un comienzo el tema de la hipocresía.

Uno puede considerar Mateo 6:1-18 como el manual básico para identificar la hipocresía:

  • Los hipócritas dan ofrendas con el propósito de ser vistos y admirados (versículos 1-2).
  • Oran para impresionar a los hombres con sus voces y sus palabras (versículo 5).
  • Hacen todo lo posible para parecer patéticos cuando ayunan a fin de ser admirados por su sacrificio y que les tengan lástima por lo mal que se sienten (versículo 16).

La mayoría de quienes profesan ser cristianos comprenden perfectamente este punto; es algo elemental. Pablo, que había sido un fariseo antes de su conversión, podía apreciar claramente la conexión entre la levadura y la mala intención. En su carta a los corintios, que fue escrita durante la temporada de la Pascua, Pablo exhortó: “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:8).

Representación de un fariseo orando ostentosamente

La doctrina farisaica: Más allá de la hipocresía

En Mateo 16, las Escrituras nos muestran que la levadura de los fariseos va más allá de la hipocresía; es también su doctrina. Después del milagro de los peces y los panes, los fariseos confrontaron a Jesús porque querían que les diera una señal. Él los llamó hipócritas en sus caras y no les ofreció ninguna señal, excepto la de Jonás. Luego advirtió a sus discípulos: “Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos” (Mateo 16:6).

La conexión más clara entre la hipocresía de los fariseos y su doctrina se aprecia en Marcos 7:1-9, donde los fariseos se quejaron de que los discípulos comían sin lavarse primero las manos. Debemos entender que las tradiciones o reglas que se transmitían de generación en generación por los hombres sabios de la cultura farisea adquirían el poder de la ley. En la mente de los fariseos, los dichos de sus mayores tenían tanto peso como las Escrituras. De hecho, Cristo da a entender que los primeros eran para ellos incluso más importantes que la ley de Dios en caso de que ambos entraran en conflicto. Para Cristo esto era hipocresía. ¿Cómo podía un grupo de hombres que afirmaban ser los observadores más justos de la ley de Dios, crear tradiciones que anulaban la ley divina y aun así decir que eran justos? Esto no tenía sentido.

Jesús continuó su reprimenda en Marcos 7:8-13 dando ejemplos de las tradiciones heredadas de sus ancianos que contradecían flagrantemente la ley de Dios. Su conclusión fue que en muchas áreas relacionadas con la consejería, con los reglamentos, e incluso con la ley, habían echado a un lado la ley de Dios, prefiriendo en vez sus propias tradiciones. La Ley mosaica contenía las líneas maestras de la adoración de Jehová para Israel, pero no regulaba hasta el más mínimo detalle. A fin de llenar esos supuestos “vacíos”, los fariseos crearon diversas leyes, definiciones y tradiciones. Jesús, por su parte, siempre obedeció la Ley, pero nunca hizo caso de las arbitrarias normas farisaicas (Mat. 5:17, 18; 23:23). Él se fijaba en lo que había detrás de la Ley, en las razones por las que Dios la había dictado, y comprendió la necesidad de ser compasivo. Nuestra actitud debe ser como la del apóstol Pablo, quien tras destacar que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a pecadores”, admitió: “De estos yo soy el más notable” (1 Tim. 1:15).

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! | Jesucristo

Advertencias de Jesús sobre la levadura

Jesús nos ofrece tres advertencias fundamentales para guardarnos de la levadura en nuestro corazón:

1. Advertencia de ceguera espiritual

Una de las cosas que nos lleva a tener levadura en nuestro corazón, a dejar enfriar nuestro corazón, es la ceguera espiritual. Ciertamente el ser humano nace con esta ceguera, pero llega el momento en el que es regenerado que empieza a ver con ojos espirituales. Pero, en un estado de regeneración, debido a como esté nuestro corazón podemos caer en estado de ceguera sin darnos cuenta. Esto debemos tener cuidado. Jesús les exhorta a que tengan cuidado con la influencia de fariseos y saduceos.

Las influencias externas pueden llevarnos a la ceguera espiritual:

  • Los fariseos enseñaban el tradicionalismo (Mr. 7:4, 8), haciendo de la ley una religión pesada basada en especulaciones de hombres.
  • Herodes y sus seguidores, los herodianos, el secularismo (Mr. 6:17ss), representando el estilo de vida y el gobierno sin Cristo que propone el mundo, la política y los negocios.
  • Los saduceos, el escepticismo (Mr. 12:18; cf. Hch. 23:8), aunque Herodes y los saduceos eran prácticamente lo mismo.

Realmente Jesús está diciendo, cuidaos de las influencias externas que son males y hacen que tengáis ceguera espiritual. Los discípulos, por ejemplo, habiendo visto a Jesús multiplicar panes y peces, se preocupaban por no tener panes en la barca. Parecían dejarse influenciar más por el encuentro inmediato, es decir, con las palabras de los fariseos, que con lo que habían visto dos veces hacer a Jesús. Pero esto también nos pasa a nosotros; se nos olvida rápido quién va en nuestra barca, porque nos dejamos influenciar por este mundo y su ritmo frenético.

Ceguera espiritual y sus efectos

2. Advertencia contra el poder del pecado

El pecado nos hace no reconocer la mano de Dios. En otras palabras, se nos olvida lo que Dios ha hecho, nos hace estar ciegos, nos hace estar fríos. Nos hace no identificar cuando algo viene de Dios o no. Nos quita la capacidad de discernir. Esto mismo les pasaba a los discípulos, no eran capaces de discernir quién iba con ellos y con quién andaban. El pecado también nos impide ver y escuchar. El pecado nos hace tener falta de fe. Esta levadura nos hace enfriarnos, esto es justo lo que Jesús advierte a los discípulos: “¡Cuidado!”. Pues nos hace tener falta de fe.

Imagínate a los discípulos que andaban con Cristo, que habían visto todo lo que vieron, pero que debido a sus pecados discuten por algunos panes. El pecado te hace perder la fe en ese momento, por lo tanto, esto genera estrés y ansiedad. “Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:6-8).

Características de la Levadura (Pecado) Consecuencias Solución Bíblica
Trabaja en silencio Corrompe e hincha Quitar con fuego (purificación)
Hace olvidar lo que Dios ha hecho Ceguera espiritual, falta de discernimiento Recordar las obras de Dios
Causa falta de fe Estrés, ansiedad Poner la fe en Cristo
Genera hipocresía Apariencia de piedad sin autenticidad Sinceridad y verdad

3. Advertencia sobre las distracciones con las cosas del mundo

Todo lo anterior está relacionado con las distracciones del mundo. Los discípulos, por ejemplo, habían perdido en ese momento el foco de la situación, se habían dejado llevar por su carnalidad. Esto debido al pecado que les ciega y a las distracciones del mundo, como el bien material. Si, cierto, no tenían comida, pero ¿acaso no iba el Señor con ellos? ¿Aquel que alimentó a multitudes? Esta forma de terminar de Cristo creo que nos viene muy bien para nosotros. Cuántas veces nos ha tenido que decir Cristo, ¿Acaso no entendéis? ¿No entendéis aún después de todo lo que yo me he mostrado a vosotros?

Es importante siempre recordar y no perder el foco. “Por tanto, siempre estaré listo para recordaros estas cosas, aunque vosotros ya las sabéis y habéis sido confirmados en la verdad que está presente en vosotros” (2 Pedro 1:12). Recordar quién es Cristo. Recordar lo que La Palabra dice de Él. Recordar lo que hizo en la Cruz. Recordar lo que hizo en nosotros. Recordar de dónde nos sacó. Recordar lo que sigue haciendo. Esto será un escudo para librar nuestro corazón de la levadura que día a día nos amenaza.

No nos dejemos influenciar por los factores antes mencionados: ceguera, pecado, cosas de este mundo. Que nada de esto nos impida recordar y poner los ojos en Cristo, en la meta. Él es el único que puede guardar nuestro corazón de la levadura, del pecado, del mundo, de la ceguera. Esto es lo que debían entender los discípulos para ver la gloria de Dios. Ellos lo aprendieron, ¿tú lo has aprendido? Menos de ti, más de Cristo. Guárdate de la levadura.

Personas distraídas por las cosas del mundo

La justicia de los fariseos y la justicia verdadera

Jesús hizo una afirmación aterradora: “Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Esta declaración subraya la importancia de una justicia auténtica y profunda, que va más allá de las apariencias externas.

Los fariseos, en su origen, eran un grupo de personas especialmente devotas con un profundo deseo de reformar la fe de Israel y restaurar la devoción en la nación. Se especializaron en la búsqueda de la justicia, mostrando un celo y determinación admirables. Eran evangelistas celosos, recorriendo mar y tierra para hacer un prosélito. También eran diezmadores escrupulosos, obedeciendo las leyes de Dios en cuanto al diezmo, incluso de las plantas más pequeñas. Eran estudiantes serios de la Biblia, creyendo en su inspiración, infalibilidad e inerrancia.

Sin embargo, la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra “hupokrités” - hipócrita - que significa “uno que es un actor de teatro”, uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica. Jesús dijo: “Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley - justicia y misericordia y fe”. No se trata de descuidar las disciplinas espirituales, sino de asegurarse de que no se conviertan en un mero formalismo sin un corazón transformado. “Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas”.

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