Garganta la Olla, un encantador pueblo de la Comarca de la Vera, en Cáceres, es el epicentro de una de las leyendas más fascinantes y arraigadas de Extremadura: la de la Serrana de la Vera. Esta historia, transmitida de generación en generación, oscila entre la realidad histórica y el mito, presentando diversas versiones que la enriquecen y la hacen perdurar en el tiempo.
Resguardado por altas montañas y escondido en un pequeño valle donde abundan el agua y la vegetación, Garganta la Olla conserva su arquitectura tradicional, lo que le valió la declaración de Conjunto Histórico-Artístico. Es en este pintoresco escenario donde la figura de la Serrana cobra vida, siendo un elemento fundamental de la identidad local.
La Leyenda Oral de la Serrana
La leyenda de la Serrana de la Vera cuenta la historia de una mujer irresistible por su belleza, que lleva a los hombres a su cueva y les prepara un festín de carne de caza. Ella misma cobra las piezas, porque es muy hábil con el arco y la flecha. Una vez terminada la cena, la Serrana se acuesta con su víctima y cuando se cansa de hacerlo termina matando a los incautos personajes que han sucumbido a sus encantos, porque su objetivo es vengarse de todos los hombres debido a un desengaño.
En Garganta de la Olla, siete leguas de Plasencia, habitaba una serrana alta, rubia y sandunguera. Con vara y media de pecho, cuarta y media de muñeca, con una trenza en el pelo que a los zancajos le llega. A uso de cazadora, gasta falda a media pierna, en la cintura correa y en el hombro, la ballesta. Cuando tiene gana de agua, se baja pa la ribera, cuando tiene gana de hombre se sube a las altas peñas.
Pasa uno, pasan dos: No ha pasado el que ella quiera. Ha pasado un serranillo, con una carga de leña, y le agarró de la mano para llevarle a su cueva. No le lleva por caminos, ni tampoco por veredas, le lleva por altos montes por donde nadie le vea. Al entrar en su escondrijo, vio un montón de calaveras, de hombres que había matado aquella terrible fiera. ¡Tú alégrate, serranillo, buena noche nos espera! De conejos y perdices le guisó una rica cena. Bebe, serranillo, bebe, agua de esa calavera, que puede ser que algún día otros, de la tuya beban.
Dime, serranillo, dime: -¿sabes tocar la vihuela? - Sí señora, si lo sé y el rabel, si lo tuviera. Tú tocarás el rabel. Yo tocaré la vihuela. Pensó dormir al serrano y el serrano durmió a ella. Apenas la vio dormida salió corriendo hacia fuera; pero pronto despertó aquella maldita fiera. Vio de venir la serrana saltando de piedra en piedra, con una honda en la mano, bramando como una fiera. Puso una china en la honda que pesaba arroba y media, y con la fuerza que lleva le ha quitado la montera. Vuelve, serranillo, vuelve, vuelve atrás por la montera, que es de paño rico y fino, y no es razón que se pierda. Si es de paño rico y fino, así se estila en mi tierra; mis padres me compran otra y si no, me estoy sin ella. Por Dios te pido, serrano, que no descubras mi cueva; que si acaso la descubres puede ser que en ella mueras. Que tu padre fue pastor, Que tu madre fue una yegua, Que tu padre comía pan, Que tu madre comía hierba.

La Serrana, además de seducir a hombres para llevarlos a su cueva, abusa de ellos y los mata. En otras versiones, la Serrana es un personaje místico, que puede cambiar de forma para seducir a los hombres, pero que en realidad es un monstruo que devora a quien se cruza por su camino. Los comienzos de los romances suelen situar a la Serrana en Garganta la Olla, en La Vera de Plasencia. En ciertas versiones se la localiza en las Sierras Garganta la Olla cerca de la linde con Piornal, pero nunca en dicha localidad. Otras versiones romancísticas, que no presentan muchas diferencias con el resto, la ubican, de forma más imprecisa, en Sierra Morena, quizá un añadido que concuerde con la rima “é-a” del romance.
Descripción y Habilidades de la Serrana
Se la describe como una mujer recia, grande o incluso gigantesca. También en ese aspecto está dotada de una fuerza sobrehumana. En Piornal identifican una enorme piedra como arrojada por la Serrana. Publio Hurtado cuenta cómo un hueco en forma de pie excavado en una roca cerca de Garganta la Olla es descrito como una enorme huella de la Serrana, contándose que al mismo tiempo que plantaba el pie allí plantaba el otro en un cerro que distaba de allí un kilómetro.
No parece, sin embargo, ninfómana, aunque tratar de calmar su instinto sexual le trae problemas, incluyendo su apresamiento. Entonces aparece el “intruso” en el romance, que lo mismo puede ser un pastor que un leñador, un arriero o un soldado. Este entra en los dominios de la serrana, que le corta el paso. Le sirve de comida piezas que ella ha cazado por el monte.

Tras la cena se toman una pausa en que el intruso toca la vihuela o el rabel hasta que la serrana cae dormida. Unos romances atribuirían esta somnolencia a la astucia del huésped y su habilidad con el instrumento, pero la mayoría lo explican con los posteriores de un intuitivo encuentro amoroso al terminar el musical, poniendo bien de manifiesto el ímpetu erótico de la serrana.
La Verdad Detrás de la Leyenda: Isabel de Carvajal
Como ocurre con todas las leyendas, la historia suele tener algo de realidad. En este caso, se dice que la Serrana podría haber sido Isabel de Carvajal, una mujer de una familia ilustre de Garganta la Olla. En una casa señorial que se conserva hasta hoy en día, vivía una joven llamada Isabel de Carvajal. Isabel se prometió con el sobrino del Obispo de Plasencia. Pero el joven acabó rechazando el matrimonio, lo cual en aquella época era una gran deshonra para Isabel y para su familia.
Desde aquel momento, y como venganza, Isabel abandonó su hogar y se lanzó a la sierra, donde repudió a todo hombre. Convencía a los serranillos que se encontraba, para llevarlos a su cueva, en la que, después de gozarlos, los mataba. No se puede asegurar que esta historia sea cierta, aunque los vecinos de Garganta la Olla y sus alrededores no tienen duda de que la Serrana de la Vera fue esta joven, de la que se tiene registro en un libro parroquial con fecha de 1560.
Cabe reseñar que en conmemoración a las víctimas que murieron a manos de la Serrana de la Vera, se erigió una cruz en lo alto de la torre de Garganta la Olla.
VII Semana de Novela Histórica, 4 de febrero de 2025
La Serrana en la Literatura y el Arte
La leyenda de la Serrana aparece por primera vez en la literatura en 1667, en el libro Amenidades, florestas y recreos de la provincia de la Vera Alta y Baja, en Extremadura, cuyo autor es el escritor verato Gabriel Azedo de la Berrueza. Sin embargo, mucho antes, escritores famosos se hicieron eco de la leyenda.
La Serrana en el Teatro del Siglo de Oro
- La Serrana de la Vera o de Plasencia, de Lope de Vega: En la obra de Lope, la acción se desarrolla en época del emperador Carlos I. Leonarda es el nombre de su protagonista, y pertenece a una noble familia de Plasencia. Debido a un desengaño amoroso, la hermosa doncella escapa a las sierras de La Vera, instalando su morada cerca del camino real a Talavera. Refugiada en lo abrupto de los montes, comete una serie de tropelías, pero no tardará en prenderla la justicia. Como suele ocurrir con este tipo de historias, tiene un final trágico porque al parecer fue capturada y ahorcada por sus crímenes.
- La Serrana de la Vera, de Luis Vélez de Guevara: Esta obra es posterior a la de Lope. Por consiguiente, es de suponer que el autor conocía tanto el romance como la obra de Lope de Vega, lo que le empujaría a tratar su obra de manera diferente, acercándose un poco más a la tradición y a una acción más acorde con la línea del romance. La protagonista en este caso se llama Gila, y es natural de Garganta la Olla. Esta mujer está provista de una serie de atributos por los que es conocida en toda la Vera. Ningún hombre osa competir con ella en deportes rurales: carreras de caballos, caza, lucha libre, salto, lanzamiento de barras, etc. Su atractivo físico acaba llamando la atención de un capitán que se hospeda en casa de su padre Giraldo. Éste la seduce y más tarde la abandona. Tal desdén provoca que la aldeana planee una venganza contra él, una venganza que hace extensible a todos los hombres. Gila huye al monte y actúa en él como una bandolera. La obra tiene un final trágico, con la muerte de Gila tras cumplir su venganza.
José de Valdivielso, aprovechando el tirón popular del romance y el de las comedias de Vélez de Guevara (1603) y Lope (1617), convirtió la Serrana en auto sacramental (La serrana de la Vera de Plasencia), que se representó en Sevilla en el Corpus de 1619. ¿Cómo una promiscua mujer que seducía y mataba a cuanto incauto se cruzaba en su camino podía ser materia para la glorificación de la eucaristía? Tamaña metamorfosis se realizó mediante el consabido recurso de la transformación “a lo divino”: la Serrana, personificación del alma, abandona al Esposo (Jesucristo) seducida por el Placer, que la olvida y abandona enseguida; guiada por el Engaño (el demonio), se lanza a los caminos, deseosa de disfrutar de todos los goces y con ánimo de matarlos una vez aborrecidos; así va deshaciéndose sucesivamente de la Juventud, de la Hermosura, del Honor...

La Serrana: ¿Realidad Histórica o Mito Transformado?
En un ensayo de Julio Caro Baroja sobre la Serrana se planteaba la cuestión de no muy difícil solución sobre si la Serrana era una realidad histórica mitificada o un mito transformado en realidad historificada. Multitud de estudiosos han interpretado a la Serrana de forma histórica e incluso han tratado de buscarle una identidad histórica de carne y hueso. Algo que en algunos casos ha asumido el pueblo, que, en las zonas donde el mito se halla más arraigado, lo mismo otorga características sobrenaturales a la Serrana parecidas a las de otros seres mitológicos de otras culturas, que habla de conocer la identidad de la Serrana, en qué época vivió, en qué casa o cuál era su familia.
Probablemente debió de existir con anterioridad a los romances una leyenda sobre la Serrana. En dicha leyenda presentaría diferencias con la descrita en la mayoría de los romances. Ya en el siglo XVIII Pedro Vicente de Thegeda habló de una antigua leyenda sobre una criatura monstruosa de doble naturaleza, humana y animal (como tantas criaturas existentes en muchas culturas, como sirenas, esfinges, sátiros o faunos), que vivía en una cueva en la sierra de Tormantos, aunque aún no daba el nombre de “serrana” a la criatura. En algunas versiones del romance es descrita como una criatura mitad yegua y mitad mujer, lo mismo que en otras se menciona que ésta nació fruto de la unión entre un pastor y una yegua, lo que concordaría con aquella descripción de ser mixto.
La Serrana y la Mitología Extremeña
El mito se correspondería con el modelo femenino de divinidad de los montes, de los que la Serrana es numen guardián y protector. Por su espíritu agreste, su belleza y su afición a la caza podría asemejarse a una Diana o Artemisa. Por habitar en cavernas podría asimilarse a divinidades como Mari en la tradición vasca. Sin embargo, sus criminales actuaciones le otorgan cierto perfil monstruoso, pese a su aspecto físico atractivo.
En la mitología extremeña aparece otra leyenda, la de la Serrana de Monfragüe. Esta leyenda es bastante reciente, con hechos que tuvieron lugar aproximadamente a mediados del siglo XX. Un pastor de cabras de Garganta la Olla, que era bastante blasfemo, pasaba largas épocas en el monte, pastando su rebaño. Una noche de mucho frío se refugió en una cabaña. Cuando el hombre se agachó para avivar el fuego, se dio cuenta de que la mujer no tenía pies humanos sino patas de cabra. Aun siendo blasfemo, se santiguó y empezó a rezar. En ese momento, la misteriosa mujer con patas de cabra desapareció. Aunque han pasado relativamente pocos años de este suceso, algunos lugareños cuentan que no fue una mujer sino un hombre el que se le apareció al pastor en la cabaña.
Hay además autores que opinan que esta leyenda se corresponde con un mito pastoril: el hecho de poseer dos cuevas, según contaba Pedro Vicente de Thegeda, una en Tormantos y otra en los riberos del Tajo, que se ocupan en diferentes épocas del año, hacen pensar en la trashumancia tan practicada hasta tiempos recientes en Extremadura. Esto explicaría el hecho de que en las inmediaciones del Puerto de La Serrana, muy cerca de Villarreal de San Carlos y del Monfragüe, sean muy conocidos los romances y leyendas sobre este personaje. En esa zona sitúa otro historiador de la época, Antonio Ponz (1774), un total de 28 cruces, todas ellas pertenecientes, según la tradición de aquella época, a hombres muertos por la serrana, y que el historiador atribuye simplemente a la acción de los bandoleros, muy abundantes en otras épocas por la zona de Villarreal. Todo esto, junto con el hecho de que la sierra de Tormantos y el Monfragüe han estado unidos por vías pecuarias, recorridas durante mucho tiempo por ganado de la Mesta de uno a otro lado, hacen pensar que es un mito ligado a la cultura pastoril.
Celebraciones y Homenajes a la Serrana
Desde el año 2010, durante la primera semana de agosto, en Garganta la Olla se celebra el Día de la Serrana de la Vera, organizado por el grupo de trabajo que lleva el mismo nombre, y que transporta a la localidad a la Edad Media durante dos días. En ellos se llevan a cabo numerosos actos que exaltan la figura de La Serrana y su origen garganteño. Hay que destacar la colaboración popular y el enorme crecimiento que esta festividad ha sufrido desde sus inicios, pasando de las recitaciones y pequeñas actuaciones que se llevaron a cabo en 2010, hasta la enorme cantidad de actos de 2012, que incluían una subida a la cueva, un mercadillo medieval, un museo rotatorio y la representación de dos obras de teatro: La taberna de la Emilia, basada en la recitación del romance, y una segunda obra de teatro escrita y dirigida por personas anónimas de Garganta la Olla, que representa la vida, los actos y la condena de La Serrana.
El Mirador de la Serrana y la Escultura
El Mirador de la Serrana se encuentra en la carretera paisajística, que une Garganta la Olla con el Monasterio de Yuste, como a dos kilómetros del pueblo. Goza de unas vistas panorámicas envidiables, donde vemos el descenso de la Sierra de Tormantos, con una gran diversidad de cultivos y bosques, que nos ofrecen un paisaje precioso en cualquier época del año. En primavera disfrutaremos con la estampa del cerezo en flor, mientras que en otoño nos enamoraremos con su gran abanico de colores. Al llegar al valle nos encontramos el pueblo de Garganta la Olla, con una composición homogénea y a la misma altura todas las viviendas, donde solo destaca la Torre de la Iglesia San Lorenzo, que se alza 30 metros por encima de ellas. En el mirador tenemos un banco de madera a la sombra de un árbol, para sentarnos a disfrutar de tan bella panorámica.
En 2005 el Ayuntamiento y con la colaboración de la Asociación de vecinos de Garganta la Olla, encargan una escultura de bronce al escultor Evaristo García, natural del Jerte. Esta estatua recuerda el origen de este personaje y se suma a la celebración y el recuerdo de la Serrana en la localidad.
