Fab Morvan: La historia de resiliencia de la mitad de Milli Vanilli

Fabrice 'Fab' Morvan, nacido en París en 1966 y de origen caribeño (Guadalupe), es un bailarín, cantante y modelo. Ha logrado superar uno de los mayores éxitos musicales de los 90, pero también uno de los mayores fraudes en la historia de la música pop. Él era el 50% de Milli Vanilli, junto a Rob Pilatus. Sobrevivió a su compañero, quien falleció en 1998 por sobredosis, y también al escándalo de Milli Vanilli. Su increíble historia es ahora el argumento de un 'biopic' y un libro.

Morvan, a sus 57 años, ha demostrado una notable resiliencia. Se aferró a su sueño de convertirse en cantautor y productor, y afirma: "Nunca me rendí, por eso sigo aquí". Ha trabajado como DJ, ha participado en shows y ha lanzado varios discos con diferentes grados de éxito. Retomó la música a partir del año 2000, pero esta vez, decidió tomar clases de canto.

Fab Morvan en la actualidad

Los inicios de Milli Vanilli y el gran éxito

A finales de la década de los 80, el dúo Milli Vanilli, compuesto por Fabrice Morvan y Rob Pilatus, se apoderó de las listas de éxitos de casi todo el mundo. Eran jóvenes, atractivos, con peinados llamativos, pasos de baile originales y lo que parecían ser voces angelicales. Sus temas "Girl You Know It's True" (que vendió más de 7 millones de copias) y "Blame It on the Rain" se convirtieron en grandes éxitos. En 1989, lograron tres números uno con su álbum debut y, al año siguiente, ganaron un premio Grammy, llegando incluso a actuar en la gala.

Fab y Rob se conocieron en Múnich, donde Rob vivía y Fab se había mudado a los 18 años. Ambos soñaban con triunfar en la música. Fueron descubiertos por Frank Farian, productor de Boney M, cuando empezaban a actuar en la escena musical de Múnich. Se conocieron porque ambos frecuentaban los mismos círculos y salían con las mismas chicas. Farian, quien los encontró en 1987, no tardó en engatusarlos con su fanfarronería.

Rob Pilatus y Fab Morvan como Milli Vanilli

El engaño y sus consecuencias

Fab describe lo que él llama una "trampa" clásica: "Éramos inexpertos, los productores tenían a la industria detrás, nos hipnotizaron como un encantador de serpientes". Ambos se decían a sí mismos que "si no hacíamos lo que nos decían, nunca podríamos trabajar en la música".

El día que les dieron el Grammy, "era como una olla hirviendo, a punto de explotar, porque no habíamos cantado ninguna canción, nada", recuerda Fab. Unos meses más tarde, los dos chicos guapos, veinteañeros, con rastas, acabaron pagando un alto precio por su "ingenuidad".

Fabrice explicó a la agencia France Presse que firmaron un contrato "sin abogado ni gerente, a la antigua". Estaban deslumbrados por el adelanto pecuniario y por una maquinaria que enseguida les programó conciertos en 107 ciudades norteamericanas ante multitudes. Según Morvan, lo hicieron sin leerlo y estaba escrito en alemán, un idioma que no dominaban, quedando subyugados por lo que Farian había logrado. Cayeron en la trampa y aceptaron sincronizar sus labios con canciones ya grabadas, ya que desde un principio la intención del productor fue que los jóvenes no cantaran.

"Cada vez que veníamos al estudio intentábamos buscar gente. No había nadie. Se aseguraban de que nunca entráramos en contacto", ha revelado Fabrice a People. Todo estaba planeado: la belleza de Fabrice y Rob predominó sobre el talento de los verdaderos vocalistas, quienes no eran tan agraciados.

Esquema del fraude de Milli Vanilli

El escándalo de los Grammy

La gala de los Grammy de febrero de 1990 fue su propia tumba. Aunque hubo alegría al llevarse el galardón al Mejor Artista Nuevo, cuando el dúo quiso grabar un segundo disco, Farian se negó. Milli Vanilli amenazó con contar el secreto, pero el productor alemán se les adelantó y el 12 de noviembre de 1990 admitió que ellos nunca habían cantado. De repente, se convirtieron en los apestados. "Pasamos de ser unos personajes entrañables a que se rieran de nosotros y nos ridiculizaran. Éramos el blanco de todas las bromas y blancos fáciles", asegura Fabrice. También fueron objeto de ataques racistas.

Este gran escándalo provocó que, por primera vez, la organización de los Grammy revocara un premio. Pero lo gordo se descubriría más tarde. Aparentemente, la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos era incorruptible, pero Sandy Gallin, representante de Milli Vanilli, les sobornó para que se saltaran las normas, según confiesa Inngrid Segeith, ex asistente de Frank Farian, en el documental. Morvan especifica que "el sueño que estábamos persiguiendo se volvió una pesadilla porque el contrato que firmamos lo hicimos sin un abogado o un manager (...) Fui crucificado por algo que ahora se celebra".

La vida después del fraude

Después de conocerse la estafa del 'playback', la compañía Sony BMG retiró todos los discos del mercado, y lo mismo ocurrió con el premio Grammy de 1990. Con esto, Rob y Fabrice intentaron de forma casi desesperada lanzar un nuevo disco con sus propias voces, titulado "Rob & Fab", pero solo vendieron entre 2000 y 3000 copias, una cifra ínfima comparada con el éxito previo. La audiencia no quedó satisfecha con sus voces, que estaban muy lejos de las escuchadas en el disco anterior.

Fabrice decidió dejar la música y dedicarse al modelaje, mientras que Rob insistió en volver a la música, sin conseguirlo. La situación sobrepasó a Rob, quien tras buscar refugio en las drogas falleció por una sobredosis en 1998 a los 33 años en un hotel de Frankfurt. "La gente tenía una idea errónea de quién era Robert Pilatus, porque era un personaje fuerte, tenía una voz grave y, sin embargo, lejos de la imagen que transmitía, él no era así, sino alguien muy sensible, que había sido adoptado cuando era niño y que tenía un problema con el amor", ha contado Morvan. La carencia afectiva en su niñez era algo que compartían, y encontraron ese amor entre los fans.

Sin embargo, para lidiar con el "secreto" de Milli Vanilli, Robert recurrió a las drogas, que le permitieron olvidar que estaban mintiendo. "Nos teníamos que mentir a nosotros mismos", ha recordado Fab. Aquella situación, por la que "el amor de los fans dejó de llegar", se convirtió en algo insoportable para Rob y se refugió en su adicción. "Esto es lo que ocurre cuando te pierdes, y cuando cuentas una historia tienes que contar todo, lo bueno, lo malo y lo feo", afirma Fab Morvan.

milli vanilli concert FAIL (1990)

La reivindicación de Fab Morvan

Fab no se hundió. Se aferró a la música para "salvar la pena", una vía "terapéutica" con la que pudo llegar a "perdonar" a Frank Farian, quien, según destaca, los usó para su plan. "Era una figura paterna y pensamos que no nos iba a hacer daño, que nos iba a hacer bien", agrega. Ahora, la mitad de Milli Vanilli coproduce una película que trata de hacer justicia con lo que ocurrió desde que aquellos jóvenes se embarcaron en el proyecto de Frank Farian hasta que ganaron un Grammy en 1990 y, pocos meses después, fue descubierto el fraude. "Nos dejaron solos y nos arrojaron a los lobos", ha manifestado Fab Morvan sobre aquel escándalo.

Esta película, "Milli Vanilli: Girl you know it's true", dirigida por Simon Verhoeven, está protagonizada por Tijan Njie y Elan Ben Ali, en el papel de Rob Pilatus y Fab Morvan, respectivamente, mientras que Matthias Schweighöfer da vida al productor Frank Farian. "Frank tenía un plan. Era una persona muy talentosa. Como productor era un genio; como ser humano, hay algunas cosas de las que no se dio cuenta, y lo hizo todo por su sueño, fue un viaje egoísta, y en el proceso se olvidó de que había seres humanos involucrados, unos jóvenes que iban a pagar el precio", ha lamentado Morvan. A pesar de asumir la "responsabilidad" de lo que ocurrió, hace referencia al silencio de los ejecutivos de Estados Unidos que "durante 25 años" dijeron no saber nada. "Cuando llegamos a América y nos abrieron las puertas era obvio que no sonábamos como en el disco", ha justificado el músico y bailarín.

Fab Morvan canta, y lo hace muy bien. Tiene una voz bonita, como ha demostrado alguna vez en alguna entrevista haciendo los coros a capella de "Three Little Birds", de su admirado Bob Marley, uno de sus ídolos.

Morvan reflexiona acerca de cómo "la industria musical y la tecnología" permiten hoy en día grabar unas voces en el estudio y con algunos programas "sonar como un pájaro". "Ahora, las discográficas y los artistas están en el mismo barco. Muchos artistas que ves actuar no suenan muy bien, y dicen que no suenan como el disco. Si cantas en el disco y al final no puedes actuar en directo porque la máquina arregla el disco, ¿cuál es la diferencia con lo que yo hice?", se pregunta. Él, en cambio, según defiende, demuestra a través de las grabaciones que el público puede encontrar en Youtube que puede cantar, la verdadera prueba del artista, a su juicio. Eso, y el trabajo. "He crecido, he aprendido de mis errores, sé lo que quiero, sé quién soy. Soy un padre, tengo una familia, les cuido, me cuidan, soy un ejemplo. En el camino que transito, me aseguro de que vean lo que el trabajo duro significa, lo que es la dedicación. Les quiero y lo que tengo en casa lo llevo a mi música. Al final se trata de amar y de quererse a uno mismo, porque si no fuese así no estaría aquí hoy", ha concluido.

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