No hay mejor forma de celebrar el cine que con una buena película y un bol de palomitas. Las palomitas son el acompañamiento perfecto: deliciosas y, en muchas ocasiones, sin lactosa, para que todos puedan disfrutarlas.

Orígenes ancestrales de un snack popular
Los orígenes de las palomitas de maíz se remontan a tiempos ancestrales, donde los nativos americanos de Centro y Sudamérica encontraron en este pequeño grano una fuente esencial de alimento. Hace más de 6 mil años, en las cuevas de México y Perú, estas rosetas ya formaban parte vital de la dieta de antiguas civilizaciones, quienes descubrieron cómo hacerlas explotar mediante el calentamiento de los granos en una vasija con agua sobre el fuego.
Fue Hernán Cortés quien, en 1519, documentó por primera vez su consumo, mientras se gestaba la conquista de las civilizaciones precolombinas. Este encuentro entre América y Europa marcó un intercambio cultural que llevó a que la popularidad de las palomitas "explotara" en el viejo continente.
La primera rareza es que fueron balleneros estadounidenses los que, a principios del siglo XIX y desde Chile, trajeron a Nueva Inglaterra la variedad de maíz que se usa para las palomitas y desde donde se propagó rápidamente por todo el país. Seguramente la gente encontraba muy divertido ver cómo los granos de maíz explotaban.
En 1848 el vocablo popcorn ya aparece en el Dictionary of Americanisms, muestra inequívoca de su popularidad como snack. Las palomitas se encontraban por todas partes: ferias, circos y cualquier lugar relacionado con el entretenimiento.
La revolución de Charles Cretors
La revolución en la preparación de las palomitas llegó de la mano del inventor estadounidense Charles Cretors en 1885, cuando desarrolló la primera máquina comercial para fabricarlas. Utilizando aire caliente para calentar los granos, esta invención produjo una explosión más uniforme y eficiente, lo que llevó a una rápida popularización de las palomitas en las calles de Estados Unidos. Lo que permitió tal explosión fue, por decirlo de algún modo, su movilidad. Charles Cretors inventó la primera máquina de vapor portátil para hacer palomitas, que rápidamente inundó las calles e hizo extremadamente fácil venderlas a las puertas de cualquier evento deportivo, por ejemplo.

Las palomitas y el cine: Un binomio inesperado
De hecho, los únicos sitios en los que no estaban presentes las palomitas eran los cines y los teatros. El cine, en sus primeros días, era un lujo exclusivo para las clases altas debido a sus altos costos. Los dueños de salas de cine no querían tener nada que ver con las palomitas, pues el modelo que ellos intentaban recrear era el de los teatros: suntuosas salas llenas de alfombras, cortinajes y lámparas de cristal en las que el popcorn, creían, no pegaba ni con cola. Era la época en que los cines aspiraban a reunir en su interior a los más pudientes, para los cuales el olor de las palomitas recién hechas podía resultar ofensivo por su asociación con los aperitivos populares, además de que se consideraba que el ruido que se hacía al comerlo era una distracción intolerable.

El cambio con el cine sonoro y la Gran Depresión
Sin embargo, con la llegada de las películas mudas y la alta tasa de analfabetismo en la clase trabajadora, muchos optaban por disfrutar de las funciones desde afuera, aprovechando la practicidad de las palomitas de maíz, crujientes y fáciles de comer en la oscuridad, sin dejar manchas difíciles de limpiar. En los albores del siglo XX, entre 1905 y 1915, con la llegada de los nickelodeons, lugares de proyección de películas económicos, las salidas al cine adquirieron una dimensión adicional. Afuera de estas modestas salas, los vendedores ambulantes aguardaban, ofreciendo una variedad de dulces y botanas, entre los que destacaban las palomitas de maíz.
A pesar de estas restricciones, algunos espectadores lograban introducir clandestinamente palomitas a las funciones, molestando a otros asistentes al levantarse constantemente para reabastecerse. Pero cuando llegó el cine sonoro en 1927, las salas se pudieron abrir a una clientela más amplia, pues ya no hacía falta saber leer para disfrutar de una película, y además el sonido, en cierta medida, podía disimular el crujir palomitero. De todos modos, los propietarios seguían sin verlo claro hasta que llegó la Gran Depresión que, paradójicamente, constituyó una gran oportunidad para el cine y para las palomitas.
🍿La historia de las Palomitas de Maiz😱🍿El Origen de las Palomitas de Maíz 🍿
Julia Braden: La mujer que cambió la historia
Fue durante la Gran Depresión, en la década de 1930, cuando Julia Braden vislumbró una oportunidad única. Con los precios de los alimentos en alza y los costos de entretenimiento a la baja, convenció a los encargados de los cines para permitir la venta de palomitas dentro de las instalaciones. Este acuerdo fue un éxito rotundo y sentó las bases para la relación inseparable entre el cine y las palomitas de maíz. En medio de la crisis económica, el entretenimiento cinematográfico se convirtió en una de las pocas distracciones accesibles para las familias estadounidenses, con boletos que costaban apenas 25 centavos de dólar.
Para entonces, las máquinas de Cretors habían estandarizado la producción de palomitas, que se vendían a precios asequibles, entre 5 y 10 centavos la bolsa. La situación económica favoreció este fenómeno, que se vio potenciado por la introducción del sonido en las películas a finales de la década de 1920.
La idea de picotear era algo que a los propietarios de las salas de cine les parecía fatal, ya que la gente se llevaba su comida y ensuciaba las salas que, hasta ese momento, solo eran pisadas por la gente de dinero. Llegamos al año clave: 1929, el año de la Gran Depresión. Estados Unidos atravesaba una brutal crisis económica y el maíz era de los pocos alimentos baratos que había. Precisamente por ser tan barato, los vendedores ambulantes de comida empezaron a vender palomitas en la calle y, la gente que quería ver una película, pasaba por allí y se compraba unas palomitas antes de entrar al cine. Nuevamente, los propietarios de las salas se echaron las manos a la cabeza. La gente llenaba el suelo de palomitas.
Entonces, apareció Julia Braden: una auténtica genio. Ella propuso la idea de montar su propio puesto de palomitas dentro del cine. A cambio, ofrecía al dueño del cine un porcentaje de las ganancias por la venta de palomitas. En cuanto el propietario del cine escuchó la palabra dinero, le cambió la cara y aceptó encantado sin pensárselo dos veces. El éxito fue tan grande, que en 1931 Julia ya tenía en cuatro cines montados sus "chiringuitos" de palomitas. El negocio marchaba de maravilla.
Porque era un producto muy barato que llenaba un montón el estómago y que a los dueños de los cines les aportaba unos increíbles beneficios. Por eso mismo, los dueños de otros muchos cines empezaron a ver el éxito de esta mujer, ellos se sumaron también y montaron sus propios puestos de palomitas. Lo mejor para ganar mucho dinero, además de vender las entradas de las películas, claro.
Consolidación de una tradición
En aquellos años de crisis, se trataba de una inversión que costaba muy poco y resultaba verdaderamente rentable. Fue la salvación en plena Gran Depresión, el desahogo económico que necesitaban. Incluso eran más baratas las palomitas que los caramelos, ya que el azúcar era carísimo. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la mitad de las palomitas que se consumían en los Estados Unidos se hacía en los cines, llegando a suponer el 85% del beneficio de una sala de cine. El matrimonio cine-palomitas se hizo aún más fuerte y ya podríamos decir que eterno. La venta de refrescos y caramelos dependía del suministro de azúcar que en esos tiempos era escaso, entre otras cosas, porque Filipinas estaba en manos de los japoneses, y en 1945 la mitad de las palomitas que se consumían en Estados Unidos se comía en los cines.
Las mismas salas empezaron a promocionar el consumo de palomitas en anuncios que se proyectaban antes de empezar la proyección o en los intermedios. El más famoso de todos fue el que se llamó “Let’s All Go to the Lobby” del año 1957.
En la década de los 80, este vínculo se fortaleció aún más con el surgimiento del boom en la venta de palomitas para microondas. Con la comodidad de unas simples pulsaciones y el zumbido familiar del microondas, el ritual de disfrutar palomitas se trasladó del oscuro recinto del cine a la acogedora intimidad del hogar. Ya no era necesario salir de casa para saborear este icónico snack mientras se disfrutaba de una película; bastaba con encender el servicio de streaming preferido y dejarse envolver por las maravillas del cine desde el sofá.

Películas inolvidables para disfrutar con palomitas
El cine nos hace soñar, viajar y emocionarnos, y no hay mejor forma de vivirlo que con un bol lleno de palomitas a tu lado. Aquí te recomendamos algunas películas inolvidables:
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Lo Imposible (2012)
Una historia conmovedora y basada en hechos reales que te dejará sin palabras. Este drama sobre la supervivencia tras el tsunami que arrasó Tailandia es tan impactante como emocionante. Perfecta para ver con unas palomitas sabor maíz, el clásico que nunca falla para momentos intensos.
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Avatar (2009)
Una experiencia visual única que nos lleva al mundo de Pandora. Entre batallas épicas y paisajes deslumbrantes, esta película es perfecta para sumergirte en otro mundo. ¿Nuestro consejo? Combínala con palomitas sabor mantequilla para que cada crujido sea tan especial como los efectos de esta obra maestra.
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Los Juegos del Hambre (2012)
Katniss Everdeen nos lleva a un mundo distópico lleno de acción, valentía y desafíos. Esta saga marcó a toda una generación y sigue siendo un planazo para una tarde de cine en casa. Acompaña los giros de la trama con tus palomitas favoritas… ¡te mantendrán concentrado entre crujidos!
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El Gran Showman (2017)
Si te gustan las películas llenas de música, emoción y grandes espectáculos, esta es una apuesta segura. Hugh Jackman lidera esta historia inspiradora sobre cómo convertir sueños en realidad. Palomitas sabor mantequilla y un bol gigante serán el complemento ideal para disfrutar cada canción.
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Rapsodia Bohemia (2018)
El homenaje definitivo a la legendaria banda Queen. Prepárate para cantar «We Will Rock You» mientras descubres la historia detrás de las canciones más icónicas del rock. Unas palomitas de maíz sencillas te acompañarán perfectamente en esta experiencia musical.

Películas taquilleras donde las palomitas son el acompañante ideal
Hay películas que, por su naturaleza comercial y épica, casi exigen un buen bol de palomitas. Aquí algunas de ellas:

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Tiburón
Steven Spielberg saltó a la fama con Jaws, la primera en cruzar la mítica barrera de los 100 millones de dólares de recaudación, iniciando una nueva era en el cine comercial. La historia de un tiburón que amenazaba bajo las playas de California aterrorizó a un público acostumbrado a películas menos excitantes, una mezcla entre el mejor suspense y puro entretenimiento, cuyo éxito desembocó en varias secuelas de escasa repercusión.
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Star Wars
La saga iniciada en 1977 por George Lucas marcó un antes y un después en los denominados blockbusters, películas comerciales que reventaran las taquillas. La historia de Anakin Skywalker y su posterior transformación en Darth Vader ocupó parte de la trilogía moderna iniciada en 1999, mientras que las aventuras de Luke Skywalker contra el mismo Vader a través de las galaxias en la trilogía antigua creó una nueva cultura popular, legiones de fanáticos y admiradores y un hueco en la historia del cine de ciencia ficción.
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Volver al Futuro
La película más taquillera de 1985 se convirtió en un fenómeno generacional de aquella década, produciendo dos secuelas estrenadas en 1989 y 1990. La cinta dirigida por Robert Zemeckis tenía como protagonista a Marty McFly (Michael J. Fox) quien viajaba en el tiempo hasta 1955, estropeando el primer encuentro de sus padres, una situación que debe resolver a lo largo de la cinta. Una de las películas para comer pop por excelencia.
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Terminator 2
La secuela de Terminator fue la película más taquillera de 1991, todo lo contrario que su tímida predecesora. En esta cinta, obra del genio James Cameron, todo parecía explotar en efectos especiales, persecuciones en moto, robots que reviven una y otra vez y actores carismáticos como Arnold Schwarzenegger de nuevo en la piel del famoso cyborg y Linda Hamilton como Sarah Connor, una mujer de armas tomar, sin un ápice de compasión.
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El Día Después de Mañana
Al terminar la película no sabíamos bien si habría sido mejor tomar una taza de té caliente o pop, pues la cinta de Roland Emmerich estrenada en verano de 2004 nos sumergía en un Nueva York congelado, producto del deshielo de los polos y peligrosos maremotos que estremecían el planeta. El bajo aire acondicionado de algunos cines y la nieve arrasando en la pantalla, nos hacía pensar si no estaríamos realmente ante una nueva era glacial.
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Transformers
Si hay una película que requiera de una buena dosis de popcorn es esta adaptación al cine de la conocida colección de juguetes desmontables de los '80. Michael Bay, uno de los directores por excelencia del género de acción, nos brindaba este espectáculo de robots gigantes, ciudades destrozadas y vehículos transformistas, aunque muchos espectadores masculinos quizás dejaran de comer pop en cuanto la exhuberante Megan Fox aparecía en pantalla. Estrenada en 2007, la saga contempla el estreno de una cuarta y quinta parte próximamente.
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Avatar
El visionado de una película en el cine no sólo incluía un lote de popcorn y sodas, sino también las hasta el momento desconocidas gafas 3D. La película más taquillera de la historia, estrenada en 2009, tras muchos años de investigación y desarrollo en efectos especiales por parte de James Cameron y su equipo, era una perfecta adaptación de Pocahontas en un futuro próximo, en el que los humanos conviven entre la Tierra y el onírico satélite Pandora.
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Piratas del Caribe 2
Si bien la primera entrega era más experimental y la tercera abusaba del éxito de las anteriores, la segunda entrega de Piratas del Caribe, una de las sagas más exitosas de los 2000 (esta entrega se estrenó concretamente en 2006) aprovechó el tirón del personaje de Jack Sparrow, interpretado por Johnny Depp, enredó aún más la trama y presentó al escamoso villano Davey Jones como plato fuerte de la cinta. Verano, palomitas y entretenimiento, era el paraíso.
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El Caballero Oscuro
La segunda entrega de la nueva saga reboot de Batman, realizada por Christopher Nolan y con Christian Bale como hombre murciélago añadía un villano potente, el Joker, interpretado por un impresionante Heath Ledger que desgraciadamente falleció meses antes del estreno. La cinta era puro suspense, acción y también una cierta crítica social que arrasó en las taquillas de todo el mundo en verano de 2008.
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Avengers
¿Qué ocurre cuando unes a la mayoría de personajes Marvel en una misma película? La respuesta es incendiaria, igual que lo fue el éxito de esta cinta que reunía a superhéroes como Hulk, Iron Man, Thor, Viuda Negra o Capitán América, el mayor éxito de 2012 y un auténtico espectáculo que promete una secuela en 2015 que muchos ya esperan con los brazos abiertos. El cine para comer pop es un género joven, alimentado especialmente por los efectos especiales y tramas que, al igual que el pop, no hay que tomarse demasiado en serio, simplemente disfrutar del momento y dejarse llevar mientras somos testigos de un nuevo espectáculo cinematográfico.
Más allá de las palomitas: La comida en escenas icónicas del cine
La comida, como el amor, siempre está presente en nuestra vida aunque no siempre le pongamos el total de nuestra atención. En el cine, la comida (casi) siempre tiene un papel relevante: a veces es solo un elemento para unir o familiarizar a los personajes; otras veces es un protagónico. La relación del cine y la comida en nuestra vida es inevitable. Aquí diez de las escenas de comida más memorables:

- Malditos Bastardos: Difícil de olvidar la escena del strudel que pide Hans Landa (Christoph Waltz) y obliga a comer a Shoshanna (Mélanie Laurent), donde cada segundo, aún con esa delicia en la mesa, se hace cada vez más tenso.
- María Antonieta: Ver la historia de la reina de Francia María Antonieta nos obliga a pensar en lo delicioso que pudo ser ella… bueno, antes de que la enfermedad hiciera su aparición; pero en los años dorados, un pastel, una copa de champaña o un macarrón podía arreglarlo todo.
- Comer, Rezar, Amar: Elizabeth (Julia Roberts) va en busca del amor propio y para ello debe hacer tres cosas fundamentales, pero lo que mejor le sale es comer.
- Pulp Fiction: «¡Hamburguesas! La piedra angular de cualquier desayuno nutritivo», dijo Samuel L. Jackson en su papel de Jules Winnfield. ¿Qué clase de hamburguesas? «Hamburguesas con queso». Esta escena, en la que Jules le da una gran y deliciosa mordida a una hamburguesa con queso de Big Kahuna Burger -marca inventada por el director- es pilar en la película que fue premiada con un Óscar en 1994. Aunque también recordamos la escena en la que Mía Wallace (Uma Thurman) cena malteadas con Vincent Vega (John Travolta) en Jack Rabbit Slims. «Es como fumar un helado», dicen.
- La vida de Adèle: Espagueti a la boloñesa es la respuesta a muchas dudas en esta película. Tan importante es esta boloñesa que casi se convierte en un personaje. No hay timidez a la hora de presentar los rojos y cárnicos tallarines en porciones abundantes. Tampoco hay decoro en la forma de comer de Adèle, quien come con voracidad, con gusto, sin preocuparse por la salsa que le escurre. Incluso hay teorías sobre la manera de comer de Adèle, pues es parte de su personalidad sensual y su libertad sexual. Cada vez que vemos esta escena se nos antoja comer el mismo espagueti.
- La Princesita: Un día despertó y tenía un banquete servido para ella y su amiga Becky (Vanessa Lee). Sarah (Liesel Matthews) se va a dormir sin comer y cierra los ojos deseando saciar el hambre que no la deja descansar. Al despertar se encuentra con un banquete servido sólo para ella y su amiga Becky (Vanessa Lee).
- Crazy, Stupid, Love: Pizza + Ryan Gosling. ¡Oh si! ¿Necesitas más razones para verla?
- Zombieland: Si de algo nos acordamos, además de Emma Stone y Jesse Eisenman, es de la búsqueda implacable por Twinkies de Woody Harrelson. ¡Claro!, son una excelente comida para el apocalipsis zombie: duran prácticamente para siempre.
- El Laberinto del Fauno: La joven Ofelia no pudo resistirse al banquete que brillaba frente a sus ojos y nadie la culpa, nosotros también hubiéramos caído en la tentación. Esta escena es clave en la historia de esta hermosa película.
- El Viaje de Chihiro: Ya hemos hablado de la importancia de la comida en ésta, una de las películas más representativas de Miyazaki. Tres escenas llenas de comida marcan esta historia: la primera es cuando los padres de Chihiro se convierten en cerdos; la segunda ocurre durante una cena de Chihiro con la bruja; y la tercera es la ofrenda al espíritu. Todo siempre se ve delicioso a pesar de que es un dibujo animado.
- Matilda: El castigo que le impuso Tronchatoro a Bruce fue comer un enorme -y a juzgar por cómo se ve, delicioso- pastel de chocolate. Esta escena marcó nuestra infancia y no sabíamos si se nos antojaba o sólo teníamos miedo de que nos pasara alguna vez.