La Era de Pan Trillar: Un Viaje al Corazón de la Agricultura Tradicional Española

La expresión "era de pan trillar" nos transporta a una época donde el ritmo de la vida estaba intrínsecamente ligado a los ciclos agrícolas. Más que un simple espacio físico, la era era el epicentro de la actividad agraria, un lugar donde el esfuerzo humano y animal se unían para transformar la mies en el sustento básico: el pan. Este artículo explora el significado profundo de la era de pan trillar, detallando las labores, herramientas, y el contexto social y cultural que la rodeaban.

Era de trillar tradicional con animales

¿Qué era una era de pan trillar?

En agricultura, la era de trilla es el terreno, normalmente circular y empedrado, donde se trillaban los cereales y posteriormente se aventaban para obtener el grano. En las casas de campo, ya fueran solariegas o agrupadas, entre las infraestructuras fijas para el desarrollo de la vida y la actividad agrícola, estaban las denominadas en la jerga de los notarios como “eras de pan trillar”.

Para salvar los posibles desniveles y aislarla de escorrentías que pudieran formarse con la lluvia, ayudando así a su conservación, en ocasiones estaban rodeadas de muros de más de 50 cm de grosor y de poca altura. Era frecuente que se construyeran dos eras, una para el cereal y otra para el picón; así, una era la era limpia, destinada a cereal para alimentación humana y animal, y la otra era la era sucia, que se utilizaba para hacer picón. La mayoría tenía el suelo de losas, de modo que la paja se pudiera “moler” (picar) mejor al contacto del trillo contra la piedra.

Plano de una era de trilla con sus diferentes partes

Contexto Histórico y Geográfico

El Catastro del Marqués de la Ensenada (1753) ya mencionaba las "ciento treinta y cinco fanegas de Pan Trillar" como tierras concejiles, lo que indica la importancia comunal de estos espacios desde siglos atrás. En un plano de Cieza del año 1924, del ingeniero de caminos Diego Templado Martínez, se puede observar el redondel de la era que había en donde luego edificarían el Colegio de la Era (o Colegio de San Bartolomé).

En Valdeosera, se solía trillar casi todos los días, y la trilla solía comenzar a mitad de agosto. Esta época del año era la más intensa de trabajo porque, además de los animales, que no se podían desatender, había que hacer la recolección del cereal.

En Aras, las eras están abandonadas, ya no hay trigo, ni cebada, ni nada que trillar como antaño. Ya funcionan las cosechadoras, aunque en terrenos un poco difíciles y de poca extensión, de momento hacen el trabajo, y por consiguiente no se necesiten las eras.

Las Labores Pre-Trilla: Acarreo y Apilamiento

Antes de trillar, había que “acarrear”, es decir, traer los haces a la era. Como el abrupto terreno de Valdeosera no permite tener carros y todos son caminos de herradura, el acarreo resultaba bastante costoso. Para cada parva, se echaban seis “cargas” de mies por lo menos. Se llamaba una carga a lo que podían traer dos caballerías, a seis haces cada una. Así que había que hacer seis viajes para cada parva y algunas piezas estaban a una hora de camino.

Caballerías acarreando haces de mies a la era

Al ir a la pieza se iba montado a caballo y se aprovechaba para merendar pan con chorizo, salchichón o jamón. Cargar los haces en los machos también era un arte. Se iban colocando en la salma, alternando de un lado y del otro para que no vencieran, y se iban atando por el medio con la soga, haciéndole unos pases y nudos determinados de forma que no se soltaran. Mientras tanto, el hombre se podía quedar segando algún trozo de la pieza.

Como en Valdeosera se solía trillar casi todos los días, se hacían dos o tres viajes de acarreo por la tarde y otros dos o tres por la mañana. Se comenzaba antes del amanecer y se volvía con las estrellas. Algún día no se trillaba, bien porque no hacía buen tiempo, o porque había que ir de ganadero, o porque no se tenía suficiente mies preparada.

Entonces se aprovechaba para ir acarreando y se dejaban los haces bien apilados formando “hacinas” junto a la era, en el “hacinadero”. Si amenazaba lluvia, los haces se cubrían con lenzuelos, porque no había cosa peor para trillar que estuviera la mies mojada. Previamente se habían segado los cereales en el bancal con las hoces, se habían atado los haces haciéndoles un garrón con un vencejo de guita de esparto y se habían recogido estos en “cargas” (pirámides de 12 haces, que constituían unidades de mies segada).

La Trilla: El Corazón de la Era

Para la época de la trilla era necesario limpiar bien la era, quitándole la hierba y malezas que habían salido en la primavera. Para los días de la trilla, previamente se rociaba y rulaba el piso de la era (cada era tenía su rulo: un cilindro de piedra, ligeramente troncocónico, de varios cientos de kilos de peso, con el cual se reparaba el firme de greda blanca de ésta).

La primera operación para trillar era “soltar los haces”, es decir, esparcidos por la era, soltando los vencejos que se recogían en un manojo. Para la parva de cada día se echaban entre seis y ocho cargas, dependiendo de la cantidad de paja que tuvieran los haces. Lo primero que se trillaba era la cebada. Después venía el trigo, el centeno y la avena.

Deshechos los haces, se les daba vuelta con la horca de dos dientes para tender bien la parva, igualándola lo más posible. Hacia las nueve de la mañana, cuando daba bien el sol en la era, se traía la yunta de caballerías, unidas por un ramal al cuello y la que iba “a la mano”, es decir por dentro, la sujetaba una persona con un ramal largo. Todavía no se les ponía el trillo, y se les hacía dar unas cuantas vueltas con el fin de ir aplantando y emparejando la mies.

La SIEGA y la TRILLA del trigo. Obtención tradicional del grano con hoces y caballos | Documental

Instrumentos y Herramientas de la Trilla

La trilla requería, además, de varios instrumentos y herramientas:

  • El trillo: Era un tablón o plancha de maderas ensambladas, en las que había, incrustadas, piedrecitas de pedernal, que son las que tenían la misión de cortar la paja. Para que “corriera” mejor, tenía cuatro ruedecitas de hierro. Podemos decir que el trillo, lo mismo que el arado, son de la época romana. Modernamente se introdujo la “máquina”, que tenía varios ejes con cuchillas de hierro para picar la mies. Con el uso, los trillos perdían algunas piedras y, por eso, todos los años venían por la primavera los “empedradores”, que eran gallegos, a reponerlas.
  • La bríncola: Palo de haya con una canal por donde pasaba la soga que se enganchaba a las caballerías y un gancho de hierro con un anillo para coger el trillo.
  • El torrollo: Como un arco cerrado, que se adaptaba al cuello de los machos y estaba hecho de paja rodeada de tela de saco.
  • El zurriago o látigo: Para animar a las caballerías.
  • Las anteojeras: Se les ponían a las caballerías para que no se asustaran y, tal vez, para que no se marearan de tanto dar vueltas.
  • Las horcas: Las había de dos, de tres y de cuatro ganchos o dientes y de una sola pieza, hechas de ramas de algún árbol inexistente en la zona por lo que había que comprarlas en las tiendas. Se utilizaban para mover la mies y dar vuelta a la parva.
  • Las horquillas o bieldas: Tenían más dientes más prietos, compuestos de un mango y una cabeza con cinco o seis dientes o púas incrustados. Cuando se rompían, se podían sustituir con nuevos dientes hechos de estepa.
  • Las palas: De madera hechas de una sola pieza, con su mango y una plancha curvada y fina; servían para tornear cuando estaba la mies bastante molida y también para ablentar el grano.
  • La rastra: Un palo de unos tres o cuatro metros con unas anillas en los extremos para atados a la soga que arrastraban los animales, y servía para arrastrar la parva y amontonarla a un lado de la era.
  • El rastro: Servía también para arrastrar el suelo que quedaba de la parva, que se iba barriendo.
  • Las cribas: Recipiente en el que se echaba el grano con las granzas a fin de cribado. Tenían un aro de madera con una malla de alambre. Las había de dos o tres clases, según la anchura de la trama del alambre. Las cribas antiguas, en lugar de alambre eran de piel de vaca agujereada.

El Proceso de Trillado

Después se les enganchaba el trillo, y comenzaba la faena con alegría y dando unas cuantas voces a los animales para que fueran también alegres, y si hacía falta, algún zurriagazo. A medida que se iba picando la mies, había que hacer las “torneas”, que consistían en dar vuelta a la mies con las horcas para pasar arriba lo de abajo y que todo se fuera deshaciendo por igual. A lo largo de unas tres horas se hacían unas cuatro “torneas”.

Para tornear intervenían lo mismo hombres que mujeres y, también, los niños íbamos aprendiendo el oficio. Era costumbre ayudarse en las torneas unos a otros entre los de las eras vecinas, procurando no hacerlas coincidir, para poder ayudarse. Después de la primera tornea, ya convenía montarse en el trillo, a fin de hacer más presión. Se montaban primero los adultos, hombres o mujeres, que guiaban a los machos e iban de pie en el trillo y dándoles de vez en cuando algún latigazo o animando: “Hala, Romeraaa … “, “Lucerooo, que va a llover. .. ” y otros dichos más o menos ocurrentes.

Para la segunda tornea ya nos podíamos montar los niños. Esa era la gran diversión, como los “tiovivos” de Logroño, pero gratis. Los pequeños iban sentados, dos o tres juntos, y alguna vez había algún revolcón, te caías a la parva, pero no pasaba nada. Ya mayorcitos, nos atrevíamos a ir de pie sujetando la soga de los animales que nos servía a la vez de agarradero. Llevábamos sombrero o visera. Polvo no faltaba. En la era se estaba descalzo, porque si te ponías zapatillas, se te metían las raspas y te picaban más.

De vez en cuando había que echar un trago de agua en el botijo, que estaba guardado en la “choza”, un hueco hecho en la pared de la era, a la fresca; los hombres también tiraban de bota. Cuando se acababa el agua, los niños “agosteros” teníamos que bajar a por agua a la fuente y cogerla de la parte más fría, como me decía mi abuelo.

Niños en el trillo durante la trilla

Descanso y Continuación

A las doce se paraba para comer y descansar. Entonces los niños nos encargábamos de llevar a los machos a darles de beber a la fuente de allá, mientras los hombres se quedaban dando una tornea a la parva para dejarla hueca y las mujeres se iban a casa a poner la comida en la mesa. Al mediodía se les echaba un pienso a los machos en la cuadra y se les cubría con una manta para que no se enfriaran. Mientras tanto, las personas comían en casa y luego se echaban una “buena” siesta de un cuarto de hora, porque habían madrugado por la mañana para acarrear y todavía les quedaba mucha tarea por la tarde.

Dejar la parva al sol mientras tanto, no era tiempo perdido porque, como decía el abuelo Félix, “el sol es el mejor trillador”; así que después de comer se deshacía rápidamente la parva y con un par de torneas más estaba ya a punto. Estas torneas últimas se hacían, no con la horca, sino con la pala, ya que estaba más menuda la paja. Cuando ya se veía que estaba deshecha la parva, se daba por finalizada la trilla.

Ablentado y Cribado: Separando el Grano

Cuando ya se veía que estaba deshecha la parva, había que recogerla. Se les soltaba a los machos el trillo y se les enganchaba la rastra a fin de recoger todo lo mayor y hacer un montón alargado en la parte de abajo de la era, orientándolo hacia donde se calculaba que mejor entraría el aire ese día para ablentar, porque no siempre entraba del mismo modo el aire. A continuación, las mujeres iban barriendo la era con las escobas de biércol y los hombres con el rastro llevaban para adelante el conjunto de grano revuelto con la paja, hasta acabar de barrer bien toda la era.

El Ablentado

Cuando se acababa de recoger toda la parva, comenzaba la tarea de “ablentar”. Ésta era la palabra que se empleaba con el significado de “aventar”, echar al viento. Las mujeres o los hombres, todos descalzos en el montón, con el sombrero y un pañuelo al cuello para que no entrara demasiada paja y polvo, iban echando al aire con la horquilla o bieldo, pequeñas cantidades de paja y grano todo revuelto y el viento se llevaba la paja a una distancia de un par de metros; el “tamo” (que es como la camisa de la paja, que pesa menos) se iba un poco más lejos, mientras que se iba quedando el grano en el montón.

Ablentar requería su arte, tanto en el modo y gracia de echar el bieldo con cierta inclinación, como en la altura a darle. Si hacía mucho viento se echaba poco alto para que el aire no se llevara el grano; por el contrario, si corría poco aire, había que echarlo más alto y se tardaba más. A veces no se podía ablentar por falta de viento. En Valdeosera solía entrar el aire bastante bien porque el pueblo está muy descarado al norte. Si no, había que esperar a la noche o a la madrugada cuando salía el “solanillo” o “gallego”.

Proceso de aventado o ablentado del grano

El Cribado

Esta operación de ablentar requería varias vueltas, hasta que en el montón predominaba el grano y entonces se aventaba no con la horquilla, sino con la pala. Después de ablentar viene la operación de “acribar”, exclusiva de las mujeres. Se trata de ir pasando por la criba todo lo que ha quedado en el montón: allí está el grano, las “granzas” o espigas a medio desgranar o ya desgranadas pero medio enteras, piedrecillas de la era, neguillas, que son semillas negras de hierba mala, y hasta los “carajones” (cagajones) de los machos que se hubieran cagado en la parva mientras trillaban, que siempre ocurría.

Todo se iba pasando por las cribas, empezando por la clara y acabando con la prieta. El trabajo de acribar exigía buen “aire” en la mujer que lo hacía, que tenía que mover bien los brazos y el talle, para que con el movimiento de la criba pasara el grano y se quedaran en ella los desperdicios. Si había otra persona, le iba echando grano en la criba con un capazo. En los últimos años se introdujo un invento técnico, que suponía el primer atisbo de una revolución, la ablentadora de mano. Una máquina que hacía de una sola vez todas las operaciones que hemos descrito. Venía bien la máquina para cuando no corría aire.

Después de la Trilla: Almacenamiento y Uso

Hecho el montón de grano, con ese color dorado característico, daba gusto meter en él los brazos y dejarlo escurrir por entre las manos y los dedos. Era el fruto de muchos trabajos a lo largo de todo el año. Ahí estaba por fin la cosecha.

Medición y Almacenamiento

Entonces entraba en acción la “media fanega”, medida de áridos equivalente a 22 kilos de trigo o 18 de cebada, hecha en forma de un cajón alargado terminado por un extremo en punta, en forma de trapecio. La media fanega había podido servir hasta entonces en la era para cuna del niño pequeño, cuidado por sus hermanos, mientras la madre estaba en la faena de la trilla. Con ella, ahora se comprobaba la cantidad de grano recogido.

Según se cogían se iban contando y se vaciaban en talegas. El rendimiento, dependiendo del año y de la calidad del terreno, solía ser de fanega y media por carga. Es decir, en cada parva unas ocho o diez fanegas. La cebada rendía más.

Media fanega tradicional para medir grano

Llenas y bien atadas las talegas, se esperaba a que vinieran las caballerías de acarrear para llevarlas a casa. Entonces había que subirlas al alto de la casa donde estaban los “alorines”, uno para cada especie de grano. La palabra “alhorín”, de origen árabe, es la que se empleaba allí para designar al “troj”, el compartimento hecho de tabiques para guardar los granos. Por si el cansancio del día era poco, se remataba con el esfuerzo de subir las talegas hasta el somero de la casa, lugar de donde, por cierto, había que volver a bajar el grano cuando se llevaba al molino, para volver a subir allí la harina para amasar. Alguna vez pensaba yo por qué no estaban los alorines en la planta baja.

La Paja

Pero el trabajo del día de trilla todavía no se había rematado porque aún faltaba meter la paja en el pajar. Las pocas eras que tenían el pajar al lado, la metían más fácilmente, porque bastaba arrastrarla con el rastro y empujarla para que cayera al pajar. Los que tenían los pajares a más distancia, como era el caso de mi abuelo, tenían que recoger la paja en “mantadas” y así transportarla al pajar. La paja se usaba como forraje para el ganado.

Refranes y Sabiduría Popular de la Era

La vida ligada a la tierra y la trilla dejó una rica herencia de refranes que reflejan la sabiduría popular y la importancia de esta labor. Aquí algunos ejemplos:

  • Celemín sembrar, celemín coger, no es ganar pero no es perder: Refleja la mentalidad de subsistencia en tierras pobres y minifundistas.
  • Marzo, un copo y harto / Abril, a la cama sin candil / Mayo, de sueño me cayo / Junio, sin remedio ninguno: Ilustra el aumento de las horas de luz y la intensidad del trabajo agrícola a medida que avanza la primavera, dejando poco tiempo para el descanso nocturno.
  • Si el cuco no canta en el mes de Abril, o el cuco se ha muerto o la fin ha de venir: Un indicador del ciclo natural y las preocupaciones sobre el clima.

Refranes del Ciclo del Centeno: Las Estaciones

Los refranes también estaban intrínsecamente ligados al ciclo del centeno, el cereal predominante en muchas zonas:

Invierno: Delimitado en el Refranero de esta comarca entre el Día de Todos los Santos y Febrero. Es una estación «de Santoral», donde se vigilan las horas de luz. Las previsiones del año que entra también tienen cabida.

Refrán Significado
Por los Santos, la nieve en los campos. Comienzo de las nevadas invernales.
Por Santo Matías (24 de Febrero) da el sol en las umbrías. Aumento gradual de las horas de sol y el fin del invierno.
Santa Lucía trece (de Diciembre), el que no tiene leña, perece. La importancia de la leña para el frío invernal.
Día de Santo Tomé, dijo el sol: aquí estaré, p'alante caminaré que p'atrás no volveré. El solsticio de invierno y el inicio del aumento de las horas de luz.
Año de nieves, año de bienes. La nieve como augurio de una buena cosecha.

Febrero: Se le considera un mes precursor de la primavera, fundamental para la preparación de la tierra con lluvias y sol.

Refrán Significado
Febrero, chapucero. Mes de tiempo inestable y cambios.
En Febrero, entra el sol por cualquier reguero. El aumento de las horas de sol es notorio incluso en lugares recónditos.
Por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres, nieve tuvieres. La llegada de la cigüeña como señal de primavera; si no, el invierno continúa.

Marzo: Comienza la vigilia del tiempo para los cereales. Conviene que sea inestable, con algo de viento, lluvia y sol, pero no en exceso.

Refrán Significado
Tantos días niebla en Marzo, tantas heladas en Abril y Mayo. Marzo como indicador del clima futuro para los cultivos.
Más vale arañazo en Marzo que surco hondo en Abril y Mayo. La importancia de arar la tierra en barbecho antes de que esté dura.
Marzo airoso, Abril ventoso y Mayo pardo valen tus mulas y el carro. Condiciones climáticas ideales para la agricultura.

Abril: El mes decisivo en cuanto a las cosechas, debe ser lluvioso para que florezcan las plantas.

Refrán Significado
Abril y Mayo componen el año. La importancia crucial de estos meses para la cosecha.
En Abril, aguas mil. La necesidad de abundantes lluvias en abril.
San Marcos, rey de los charcos. San Marcos como patrón de las lluvias.

Mayo: Mes de ver madurar la cosecha mientras se prepara la segunda arada (bima o bina) de las tierras en barbecho. Sigue siendo de lluvias, en cuanto a modelo, para los agricultores.

Refrán Significado
Mayo pardo y San Juan claro valen más que las tus mulas y el carro. La importancia de un mayo lluvioso y un día de San Juan soleado.
Hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo. Advierte sobre la persistencia del frío hasta bien entrado mayo.

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