La salud intestinal es un pilar fundamental para el bienestar general. En los últimos años, la disbiosis intestinal está siendo uno de los grandes temas a estudio debido a su gran prevalencia en la población y a que puede afectar, entre otros, a la digestión, el sistema inmunitario e incluso el estado de ánimo. La disbiosis intestinal es un desequilibrio en la composición de la microbiota intestinal, es decir, en las bacterias que habitan nuestro intestino. Cuando las bacterias beneficiosas disminuyen y aumentan las que pueden resultar perjudiciales, se altera el funcionamiento del sistema digestivo y la absorción de nutrientes, generando síntomas entre los que destaca la inflamación intestinal.
Dentro de nuestro intestino viven unos 100 billones de bacterias de unas 500 a 1.000 especies distintas. El término flora intestinal se utilizaba para designar a todos esos microorganismos que viven en nuestro intestino. Las investigaciones más recientes han descubierto que esa población está integrada específicamente por bacterias. Esa alteración es lo que los científicos llaman ‘disbiosis’. Una flora intestinal dañada no solo empeora nuestras digestiones. Nuestra composición bacteriana empieza a determinarse al nacer.
Cuando la microbiota intestinal sufre un desequilibrio, estamos hablando de disbiosis intestinal, en contraposición a la eubiosis. En la eubiosis la microbiota es saludable y los microorganismos están en las cantidades adecuadas para llevar a cabo sus funciones: reguladora, inmunorreguladora, muconutritiva, protectora y, sobre todo, múltiples funciones metabólicas y reguladoras de otros órganos, como el cerebro. No hay un solo tipo de disbiosis, aunque en una patología concreta se pueden encontrar algunas alteraciones parcialmente específicas de esa enfermedad, si bien igualmente habrá variaciones individuales.
Causas y Síntomas de la Disbiosis Intestinal
Todo lo que hacemos influye sobre el estado de nuestra microbiota: la alimentación, el descanso, la actividad física, la toma de fármacos, el contacto con la naturaleza, la contaminación… La alimentación es uno de los principales factores que pueden acabar produciendo una disbiosis: los alimentos ultraprocesados, los aditivos de todo tipo, las grasas trans o el exceso de grasas vegetales con omega 6, el exceso de azúcares… en definitiva, la alimentación occidental y los productos ultraprocesados pueden provocar una disbiosis. Los fármacos son también una causa muy frecuente de disbiosis: no solo los antibióticos, también otros muchos como el omeprazol y otros fármacos mal llamados protectores gástricos generan alteraciones de la microbiota intestinal. También los anticonceptivos, los antihistamínicos, los somníferos como las benzodiacepinas, las estatinas o incluso el paracetamol, pueden producir desequilibrios en la comunidad de microorganismos que viven en nuestro intestino. También el estrés crónico mal gestionado, el consumo de tóxicos como tabaco y alcohol o una disbiosis de la microbiota oral como sucede por ejemplo en la periodontitis, producen disbiosis.
Cuando hay disbiosis intestinal, es habitual tener todo tipo de síntomas digestivos: malas digestiones, tendencia a tener exceso de gases, hinchazón o distensión abdominal, sensación de cansancio después de comer, dolor de barriga, estreñimiento o diarrea, sensación de no haber acabado de vaciarse cuando se hace deposición… Pero una disbiosis intestinal puede afectar a muchos otros órganos y sistemas: se ha visto que en todo tipo de síntomas y enfermedades como la migraña, la dermatitis atópica, el acné, las enfermedades autoinmunes, la diabetes, la obesidad,… hay disbiosis intestinal, como un elemento que participa en la enfermedad o como consecuencia de la misma.
Por ello, siempre que hay una patología o un síntoma, se debe tratar también el intestino. Ya lo decía Hipócrates, el padre griego de la Medicina: “Todas las enfermedades comienzan en el intestino”.
Los síntomas pueden variar según la persona, pero los más comunes son: hinchazón y gases, dolor o malestar abdominal, cambios en el ritmo intestinal (estreñimiento o diarrea), sensación de no haber acabado de vaciarse tras una deposición, malas digestiones o sensación de pesadez, fatiga, falta de concentración y alteraciones del ánimo, y aumento de la sensibilidad alimentaria o intolerancias.
Es importante conocer que hay muchas patologías vinculadas con la disbiosis intestinal como las migrañas, la dermatitis atópica, las enfermedades autoinmunes, la diabetes o la obesidad. Esto significa que la disbiosis o bien participa en las mismas o bien son consecuencia de ellas.
Diagnóstico de la Disbiosis Intestinal
A menudo podemos sospechar la existencia de ese desequilibrio de la microbiota intestinal por la presencia de los síntomas que hemos comentado. Si queremos saber exactamente qué tipo de microorganismos están en exceso y de cuáles no hay suficiente para asegurar un buen estado de salud intestinal, podemos recurrir a la realización de un test de microbiota fecal.
El diagnóstico debe realizarlo un profesional sanitario. Debemos evitar el autodiagnóstico, algo muy común en las patologías digestivas. Algunas pruebas útiles para ello son: valoración clínica y dietética para identificar síntomas y hábitos asociados, análisis de microbiota intestinal (coprotest, test de microbioma, etc.), analítica general con marcadores inflamatorios y test de permeabilidad intestinal.

Los test o análisis de disbiosis intestinal se realizan con una muestra de heces. Este tipo de análisis no se realiza por cultivo como cuando se diagnostica una infección como la salmonelosis, por ejemplo, sino por técnicas de biología molecular detectando el material genético de los microorganismos. Esto se hace así porque muchos de los microorganismos son difíciles de cultivar, por un lado, y porque hay cientos o miles de especies diferentes y sería inviable detectar su presencia por cultivo. Cuando se detecta el material genético de los microorganismos, se comparan después los resultados obtenidos con los perfiles de microbiota sanos en bases de datos por herramientas de análisis bioinformático muy complejos. Actualmente se realizan sobre todo dos tipos de análisis. Muchos análisis se basan en técnicas de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) para detectar ARN ribosómico 16S de las bacterias, porque está presente en todas las bacterias. Otros análisis que se llaman metagenómicos ya permiten obtener todos los fragmentos de ARN y ADN de una muestra por técnicas más avanzadas como la pirosecuenciación, dando una mayor cantidad de información sobre el material genético presente en la muestra.
Un análisis básico puede costar unos 200 euros, hasta los 500-600 euros de un test metagenómico completo. No es recomendable realizarse este tipo de análisis sin prescripción facultativa, porque se debe elegir bien en qué momento se realiza. Por ejemplo, si hay SIBO, parásitos o celiaquía, estos se deben diagnosticar y tratar, y el propio tratamiento va a modificar el estado del microbioma. Por otro lado, recordemos que estamos analizando la microbiota fecal, que es como un cuadro parcial del estado del intestino: hay una gran cantidad de microorganismos que no se han identificado aún. Por lo tanto, estas pruebas pueden ser interesantes cuando el clínico experto en microbiómica los indica, pero por sí solos, sin un contexto adecuado, y una interpretación ajustada por la historia clínica, no son el santo grial de la salud. Adicionalmente, suele ser interesante realizar determinaciones de parámetros de salud intestinal con marcadores de permeabilidad, inflamación o función pancreática como la zonulina, la calprotectina, la elastasa pancreática, o incluso los ácidos biliares cuyo perfil también depende del estado de la microbiota.
Tratamiento y Dieta para la Disbiosis Intestinal
La buena noticia sobre la disbiosis intestinal es que no tiene que ser para siempre. No es una enfermedad en sí. Es un trastorno secundario a múltiples causas. Por lo tanto, para curar la disbiosis intestinal en primer lugar es conveniente eliminar sus causas, siempre que sea posible. Por ejemplo, si se toma omeprazol o un fármaco similar de forma continuada, es conveniente revisar si de verdad es necesario. Se debe dejar de fumar o beber alcohol, con ayuda de un profesional sanitario si es necesario. La alimentación es otro pilar del tratamiento de la disbiosis intestinal. Por otro lado, es posible que el médico o terapeuta recomiende tomar probióticos, prebióticos y determinados nutracéuticos para el tratamiento de la disbiosis.
El objetivo es restaurar el equilibrio de la microbiota y reforzar la barrera intestinal. Por ello, el tratamiento combina varios enfoques: modificar la dieta para reducir los alimentos que alimentan a bacterias perjudiciales y favorecer los que nutren las bacterias beneficiosas. Esto debe hacerse siempre con ayuda de un dietista-nutricionista digestivo que estudie el caso y lo personalice. Uso de probióticos y prebióticos, siempre bajo recomendación profesional, ya que no se recomiendan en todos los casos debido a la individualidad del transcurso de la disbiosis en cada persona. Reducir el estrés mediante técnicas de relajación y ejercicio moderado. Mejorar la calidad del sueño y mantener rutinas de descanso.

Existen múltiples propuestas dietéticas para mejorar el estado de disbiosis o para disminuir la inflamación intestinal. Todas suelen tener en común la eliminación de los productos ultraprocesados, de las grasas trans, y el exceso de azúcar.
Alimentos Recomendados para la Disbiosis Intestinal
Entre los alimentos que mejor se toleran y favorecen el transcurso de la disbiosis se encuentran:
- Verduras cocidas y frutas maduras (calabacín, zanahoria, calabaza, espinacas, manzana, pera).
- Fuentes de fibra soluble: avena, lino, chía, legumbres suaves.
- Alimentos fermentados: yogur natural, kéfir, chucrut, kombucha (según tolerancia).
- Pescados y carnes blancas.
- Grasas saludables: aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos.
- Infusiones digestivas: manzanilla, jengibre o menta.
La alimentación es una de las herramientas más efectivas para mejorar la microbiota. Una dieta adecuada para la disbiosis intestinal debe ser:
- Rica en fibra prebiótica (verduras, frutas y legumbres suaves).
- Baja en azúcares refinados y ultraprocesados.
- Equilibrada en grasas saludables (aceite de oliva, aguacate, frutos secos).
- Con proteínas de calidad (pescado, huevo, carnes magras).
- Hidratación adecuada, preferiblemente con agua y caldos naturales.
- Con presencia de alimentos fermentados (lácteos como yogur natural o kéfir, kombucha, chucrut, etc.).
- Con control de cereales, descartando previamente la celiaquía y/o la sensibilidad al gluten.
- Con almidón resistente, presente en semillas y arroz y patata cuando se cocinan y se enfrían.
- Sin cenas tardías, favoreciendo el ayuno nocturno.
Además, resulta importante dejar un mínimo de 3-4 horas entre ingestas. Para mejorar el tránsito intestinal y la función digestiva en general, se debe dejar un mínimo de 4 horas entre las comidas, para que los complejos motores migratorios funcionen de manera adecuada haciendo que el bolo alimenticio recorra todo el intestino. El ayuno nocturno idealmente debe ser de mínimo 12 o 13 horas. La cena tardía interfiere en las actividades de reparación y descanso de los tejidos del sistema digestivo y en el descanso nocturno, y puede ser causa de disbiosis por sí misma.
Alimentos Prohibidos para la Disbiosis Intestinal
Algunos alimentos empeoran considerablemente la disbiosis y su sintomatología asociada, por lo que es mejor evitarlos:
- Verduras flatulentas (col, brócoli, coliflor, cebolla y ajo crudos, alcachofa) si generan molestias.
- Azúcares refinados y bollería industrial.
- Refrescos, alcohol y bebidas energéticas.
- Harinas blancas y ultraprocesados.
- Embutidos y carnes procesadas.
- Lácteos enteros o con azúcares añadidos.
- Exceso de cafeína o edulcorantes artificiales, sobre todo los polialcoholes (acabados en -ol como maltitol, xilitol, sorbitol, muy presentes en chicles y caramelos sin azúcar).
Dieta y Lupus: Nutrición y Bienestar
Durante años, no ha habido ninguna dieta que haya mostrado científicamente reportar beneficios en la mejora de la actividad del lupus o sus síntomas. Es importante entender que, en las personas con lupus, la obesidad puede asociarse a mayor actividad o brotes, mayor depresión, así como a mayor fatiga y dolor. La obesidad también aumenta el riesgo de diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Dado que el lupus es una enfermedad inflamatoria crónica y la inflamación se asociada a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, el lupus de por sí aumenta el riesgo de daño en las arterias y corazón.
No existe una dieta específica para el lupus. Es recomendable mantener una dieta variada, balanceada y regular para ayudar a mejorar su salud. Habla con tu equipo de salud sobre tu alimentación y actividad física.
Una alimentación saludable puede contribuir a mejorar los síntomas del lupus y la salud en general. También puede ayudar a prevenir o controlar otras afecciones de salud como la presión arterial alta o la diabetes.

Alimentos Recomendados para Personas con Lupus
Tu alimentación debe ser variada, contener carbohidratos, proteínas, lípidos, vitaminas y minerales, para lo que debes comer frutas, verduras, carnes (blancas de preferencia) y debes ingerir abundante agua. Comer una variedad de alimentos saludables puede darle a su cuerpo la nutrición que necesita para controlar sus síntomas. Siga estos consejos:
- Coma muchas frutas y verduras -- trate de que la mitad de su plato sea de frutas y verduras.
- Elija granos integrales -- como pan y pasta integrales, avena y arroz integral.
- Obtenga una combinación de proteínas saludables -- como carnes magras, aves, mariscos, frijoles, nueces y huevos.
- Elija alimentos con grasas saludables -- como aceite de oliva, aguacates, nueces y pescado.
Estos nutrientes tienen acción antioxidante y antiinflamatoria, lo que ayuda a reducir las inflamaciones y a proteger el corazón y los huesos, ya que el lupus aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y osteoporosis. Además, consumir alimentos probióticos, como yogur natural, kéfir y kombucha, ayuda a mantener una flora intestinal saludable, fortaleciendo el sistema inmunológico y reduciendo las inflamaciones.
Los alimentos ricos en aceite omega 3 o suplementos de aceite de pescado pueden mejorar la fatiga y la actividad de la enfermedad en personas con lupus eritematoso sistémico. Los alimentos con alto contenido de grasas de origen animal, grasas transaturadas, sal y azúcar aumentan el riesgo de problemas cardiovasculares, obesidad y diabetes. Por eso, es importante evitar o restringir el consumo de carnes rojas, manteca o grasa de cerdo, mantequilla y crema de leche, margarinas vegetales y alimentos procesados que contienen grasas transaturadas, pasteles, hojaldres, galletas, barras de granola, helados y postres congelados, chocolate y dulces, papas fritas, nachos y otras comidas rápidas, bebidas con alcohol, gaseosas o sodas, bebidas azucaradas calientes o frías, bebidas deportivas y energéticas.
Come más alimentos que contengan ácidos grasos tipo omega 3, los cuales ayudan a la salud del corazón y además tienen propiedades anti-inflamatorias:
- Pescado: atún, salmón, sardina, caballa, bonito, trucha, arenque y anchoas.
- Almendras, nueces, maníes o cacahuates naturales (sin sal), soja, lentejas y garbanzos.
- Aguacate o palta.
- Semillas de chía (salvia) y lino.
Para la salud de los huesos, coma alimentos con mucho calcio, incluidos: verduras de hojas verdes, como la espinaca y la col rizada; alimentos lácteos, como la leche, el yogur y la leche de soya; cereales integrales fortificados con calcio.
Reducir el consumo de sodio (sal) puede disminuir el riesgo de presión arterial alta, lo que puede causar un ataque cardíaco y un derrame cerebral. Cocine más comidas en casa, revise la etiqueta de información nutricional de los alimentos envasados y elija opciones con menos sodio. Condimente sus alimentos con hierbas y especias en lugar de sal.
Cambiar a grasas más saludables: comer demasiadas grasas saturadas puede aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes. Reemplazar las grasas saturadas con grasas insaturadas más saludables puede reducir su riesgo. Pruebe estos consejos: cocine con aceite de oliva en lugar de mantequilla; consuma pescado o pollo como proteína en lugar de carnes grasas como costillas o salchichas; elija leche descremada o sin grasa y yogur.
Evitar los azúcares añadidos también puede ayudar a manejar condiciones como enfermedades cardíacas y diabetes. Beba agua en lugar de refrescos azucarados. Coma fruta como postre en lugar de golosinas azucaradas como pasteles o helados. Intente beber su café y té sin azúcar, o agregue solo 1 cucharadita.
Alimentos a Evitar o Limitar
Reduce las carnes rojas, la sal, los dulces y las grasas de origen animal. Todo eso te ayudará a proteger tu corazón, a contrarrestar la obesidad, la hipertensión y la diabetes.
Según los expertos del Johns Hopkins Lupus Center, creen que una sustancia química que se encuentra en la alfalfa puede desencadenar los síntomas del lupus. Por lo tanto, es posible que desee evitar comer gérmenes de alfalfa o tomar suplementos con alfalfa. Es posible que también vea afirmaciones de que ciertos alimentos, como el ajo, causan inflamación, pero no hay evidencia científica que respalde esto. Si tiene lupus y nota un aumento en sus síntomas después de consumir ajo u otro alimento, debería hablar de esto con su médico.
Si tiene nefritis lúpica (una enfermedad renal causada por el lupus), es posible que deba limitar ciertos alimentos.

Suplementos y Medicamentos
Si sigues una dieta sana, variada y equilibrada, no son necesarios los complementos vitamínicos, salvo que tu médico indique lo contrario. La toma de complementos vitamínicos podría interferir con tu medicación, por lo que es importante que consultes con tu especialista antes de adquirir alguno de estos productos.
Algunas personas con lupus necesitan tomar suplementos para obtener suficientes nutrientes, como la vitamina D. Pero los suplementos pueden interactuar con sus medicamentos para el lupus, por lo que es importante siempre hablar con su médico antes de comenzar a tomar cualquier suplemento. Es común que las personas con lupus tengan niveles reducidos de vitamina D. Debido a sus efectos beneficiosos sobre los huesos y el sistema inmune, los suplementos de vitamina D pueden ser necesarios en personas con lupus. Por otro lado, debido a que la vitamina D se acumula en el cuerpo, su exceso puede tener efectos nocivos en la salud. Por eso debes hablar con tu doctor para que mida los niveles de vitamina D en tu sangre y te indique suplemento solo si fuera necesario.
Los suplementos herbales y nutricionales de venta libre pueden no contener lo que mencionan como ingredientes o pueden contener cantidades desconocidas de ingredientes. A falta de evidencias de sus beneficios en el lupus, NO debes tomar ningún suplemento sin consultar antes tu médico.
La mayoría de los medicamentos y productos de venta libre promocionados como adelgazantes o reguladores del apetito tienen sustancias nocivas para la salud que pueden causar daño importante en las personas con lupus. Por eso NO debes tomar ningún medicamento o producto de venta libre sin haber consultado antes tu médico tratante.
Los corticoides son necesarios para controlar la inflamación causada por el lupus, pero también pueden causar aumento del apetito y aumento de peso como efectos secundarios. Una vez que se logra reducir y suspender los corticoides, esos efectos secundarios desaparecen. Los médicos con experiencia en lupus conocen esos efectos secundarios y por eso usan la menor dosis de esteroides y por el menor tiempo necesarios para controlar los brotes e inflamación.
Microbiota y enfermedades autoinmunes, ¿qué debes saber?
Pan y Disbiosis: ¿Qué Elegir?
En general, los cereales no deberían ser la base de la alimentación puesto que se ha comprobado que un consumo excesivo puede favorecer un perfil metabólico desfavorable si se produce una ingesta excesiva de hidratos de carbono procedentes de harinas refinadas. Es importante, cuando hay síntomas digestivos o generales, descartar la celiaquía y la sensibilidad al gluten no celíaca, sobre todo antes de retirar los cereales con gluten de la alimentación.
El almidón resistente es un tipo de fibra particularmente interesante para nuestra microbiota, y se obtiene de ciertos alimentos como semillas y legumbres, y de otros cuando se cocinan y luego se enfrían, como la patata y el arroz. Está presente también en el plátano macho, la yuca, las castañas y el boniato.
En cuanto al pan, se recomienda optar por opciones integrales y, si es posible, de masa madre, que pueden ser mejor toleradas. Es crucial descartar la celiaquía y la sensibilidad al gluten antes de realizar cambios drásticos en la ingesta de cereales.
Dieta Mediterránea y Lupus
La dieta mediterránea no es sólo una serie de alimentos específicos. Según la Fundación Dieta Mediterránea, esta dieta «representa mucho más que una simple pauta nutricional, rica y saludable.» La dieta mediterránea se basa en el consumo de alimentos de origen vegetal, que proporcionan nutrientes fundamentales; por lo tanto, son necesarios en mayor proporción y frecuencia que otros alimentos. En la zona central y superior están los alimentos que deben ingerirse con moderación y ocasionalmente.
Una buena alimentación incluye vegetales, granos, proteínas, frutas, lácteos y agua. Para una buena nutrición es importante una alimentación variada y balanceada, en horarios regulares sin omitir el desayuno y con un ingreso de calorías para mantener el peso adecuado a cada persona. Los alimentos aportan diferentes tipos de nutrientes esenciales para el crecimiento y para el funcionamiento normal del cuerpo.
Proteínas: Están formadas por aminoácidos, los cuales son pequeños compuestos necesarios para el crecimiento y la reparación de los tejidos. Los alimentos de origen animal como la carne, el pollo, el pescado, la leche y los huevos son ricos en proteínas. También algunos productos de origen vegetal son buenas fuentes de proteínas, como los cereales o las legumbres.
Carbohidratos (o hidratos de carbono): Son una fuente importante de energía. El arroz, el maíz, el trigo, las papas o patatas son ejemplos de alimentos ricos en hidratos de carbono. Los azúcares no son alimentos esenciales. Aportan energía (calorías), pero no nutrientes. Por ello se les denomina comida calórica vacía.
Grasas y aceites: Las grasas y los aceites, es decir, los lípidos, constituyen una fuente de energía concentrada. Las grasas permiten la absorción de ciertas vitaminas lo que es fundamental para el funcionamiento de órganos vitales, forman parte de todas las células del organismo y ayudan en el mantenimiento de la temperatura corporal. Hay dos tipos de grasas: saturadas e insaturadas. Las primeras se presentan en forma sólida y suelen ser de origen animal. Se sabe que las grasas saturadas pueden aumentar los niveles de colesterol en sangre. El colesterol es una sustancia elaborada por el organismo. El colesterol ayuda en la formación de sustancias digestivas. Sin embargo, su exceso provoca que se formen depósitos en las paredes de las arterias y las hace más estrechas. Esto puede provocar problemas cardiovasculares importantes.
Minerales: Se encuentran en diferentes tipos de alimentos y en general es sencillo obtener las cantidades diarias necesarias de la mayoría de los minerales si se tiene una dieta diversa y balanceada. La principal excepción es el hierro en niños menores de cuatro años, en mujeres adolescentes y en edad reproductiva. Fuentes ricas en hierro son la carne -especialmente el hígado-, las verduras verdes y la yema de huevo. Otro mineral importante en las personas con lupus es el calcio. Todas las personas necesitan calcio para el desarrollo de los huesos y de los dientes. Aunque las principales fuentes de calcio son la leche y el queso, la ingesta recomendada de estos alimentos no es suficiente para aportar las cantidades necesarias de calcio en personas con lupus. Por eso el aporte suplementario de calcio suele ser necesario en pacientes con lupus, sobre todo en quienes reciben corticoides.
Vitaminas: Todos los organismos vivos necesitan vitaminas para crecer y estar saludables. El cuerpo humano no puede elaborarlas, con lo cual deben ser obtenidas a partir del alimento. Cuando la dieta incluye suficiente variedad de alimentos, un individuo sano no precisa tomar suplementos vitamínicos, excepto en algunas circunstancias específicas. Cada vitamina tiene su función específica, y tanto la falta como el exceso de algunas vitaminas puede interferir con la función de los órganos y tejidos. Las vitaminas se dividen en dos grandes grupos: liposolubles e hidrosolubles.
Vitaminas liposolubles: Son las vitaminas A, D, E y K. Se digieren y absorben con ayuda de la grasa incluida en la dieta y pueden ser almacenadas en el tejido graso y en el hígado durante largos periodos de tiempo. Por eso, el consumo en exceso de vitaminas liposolubles puede ser perjudicial.
Vitaminas hidrosolubles: Son las vitaminas de los grupos B y C. Las primeras se encuentran en los cereales y ayudan en el mantenimiento de la piel y en el buen funcionamiento del sistema nervioso. La vitamina C o ácido ascórbico, es necesaria para la formación del tejido conjuntivo que mantiene unidas a todas las células, ayudando a que los dientes y los vasos sanguíneos estén sanos. La vitamina C se encuentra en cítricos, papaya, tomates. Las vitaminas hidrosolubles no son almacenadas en el organismo durante mucho tiempo, por eso es necesario tomarlas diariamente en cantidades suficientes.
Agua: Es un elemento imprescindible para la vida. Es el componente principal de la célula y resulta fundamental en muchas reacciones químicas, así como en el transporte de nutrientes, la regulación de la temperatura corporal y la eliminación de los desechos. Supone aproximadamente el 60% del peso corporal del adulto.
