El Parmigiano Reggiano es uno de los quesos más apreciados y queridos del mundo, conocido por su textura granulosa, su rico sabor y su envolvente aroma. Es un símbolo de la cocina italiana y un ingrediente básico en innumerables recetas alrededor del mundo. Para preservar al máximo sus características únicas, es esencial que se conserve correctamente.
Este problema se ha convertido en un tema de debate constante, ya que el almacenamiento adecuado de alimentos es fundamental para preservar tanto su valor nutricional como sus características organolépticas.
El Consorzio del Parmigiano Reggiano, la entidad encargada de velar por la autenticidad y calidad del queso parmesano, ha expresado su preocupación respecto al manejo inadecuado del queso rallado. Conocido por su rica composición en calcio, el parmesano es un excelente acompañamiento para platos de pasta y se disfruta también como un excepcional queso de mesa.

Adquisición y envasado adecuados
Al comprar queso parmesano, es importante prestar atención al envase. Es preferible elegir un queso envuelto al vacío o en papel de pergamino, ya que así se reduce la exposición al aire y se evita la oxidación. Para el transporte, elija siempre el envasado al vacío, que permite conservar el producto hasta seis meses.
Conservación en el frigorífico
El queso parmesano se conserva mejor en el frigorífico. Asegúrese de que el frigorífico esté a una temperatura de entre 4 y 8 grados centígrados para garantizar una conservación adecuada. Colócalo en el estante más frío del frigorífico. Ahí tendrá una temperatura estable que oscilará entre 2 y 4°C. Esta temperatura ralentiza el proceso de oxidación, manteniendo intacto el sabor del queso. Evita guardarlo en la parte superior del frigorífico o en la puerta, donde las temperaturas cambian con demasiada frecuencia.
El Parmigiano Reggiano debe guardarse en la parte menos fría del frigorífico, que generalmente es la zona de las verduras o en un compartimento especial para quesos si el frigorífico cuenta con uno.

El dilema del plástico: ¿sí o no?
La mayoría de nosotros suele tener un paquete de parmesano rallado o en polvo en nuestras casas, muchas veces olvidado al fondo de nuestra nevera; pero, ¿sabes cuál es la mejor manera de conservarlo? Aunque pueda parecer contradictorio, un error común que muchos cometen al almacenar este preciado queso es mantenerlo envuelto en la lámina de plástico con la que se entrega en la charcutería.
La razón detrás de esto es la humedad. A pesar de ser un queso duro, el Parmigiano Reggiano es susceptible a los efectos del exceso de humedad. Cuando el queso se guarda envuelto en plástico, la humedad se acumula en su superficie, creando un ambiente propicio para el desarrollo de moho y otros microorganismos que pueden estropear el producto.
Para conservar el Parmigiano Reggiano de manera óptima en la nevera, es esencial dejar de lado el film transparente o cualquier otro tipo de envoltura plástica. En su lugar, se recomienda envolver el queso en papel parafinado o papel especial para quesos. Otra opción efectiva es utilizar un paño de algodón limpio ligeramente humedecido con agua y escurrido, envolviendo el queso en él. Este método es particularmente útil si se tiene la intención de conservar el queso durante un periodo prolongado.
Si el Parmigiano Reggiano se comercializa principalmente envasado al vacío, puede conservarse durante seis meses en el frigorífico sin cambiarlo, pero una vez abierto el envase, la bolsa NO debe volver a utilizarse o desarrollará moho en poco tiempo. Deseche el envoltorio y transfiera el Parmigiano Reggiano a bolsas de ovtene.
Las bolsas Ovtene son un invento innovador y natural y permiten conservar el Parmigiano Reggiano durante más de un mes como si el producto estuviera recién cortado. Estas bolsas simulan la cáscara del huevo y recrean en su interior un ambiente húmedo y natural ideal para conservar el Parmigiano Reggiano y muchos otros productos.
Queso Parmesano Reggiano - Producción e Historia
Consejos adicionales para la conservación en nevera
- El queso rallado es más difícil de conservar, ya que tiende a estropearse rápidamente. La mejor opción es comprar el queso en trozos y rallarlo en el momento de su uso. Si necesitas guardar queso rallado en la nevera, colócalo en una bolsa con cierre hermético y expulsa la mayor cantidad de aire posible.
- El Consorzio del Parmigiano Reggiano ha proporcionado directrices específicas para almacenar el queso rallado. El objetivo es simple pero crucial: preservar la frescura y usabilidad del queso por el mayor tiempo posible. Entre las recomendaciones se sugiere retirar el queso del envase original y guardarlo en recipientes herméticos, preferiblemente de vidrio, manteniéndolo en un entorno frío y alejado de la luz directa.
- Si los quesos duros comienzan a mostrar manchas blanquecinas o verdosas en el corte, no significa que deban desecharse por completo. Raspar la zona afectada o desechar la primera loncha puede ser suficiente.
- Los quesos duros, como el Manchego o el Parmesano, se pueden envolver en papel encerado o de horno. Asegúrate de no envolverlos demasiado apretados ni demasiado sueltos. Al ser más poroso, el papel de horno absorbe mejor la humedad, lo que ayuda a evitar la formación de condensación y, por tanto, de moho.
Congelación del queso parmesano
Evitar la congelación del queso parmesano en bloque es esencial para preservar su estructura y sabor. La congelación puede romper la estructura del queso y comprometer su textura. Además, durante el proceso de descongelación puede producirse un aumento de la humedad, lo que compromete la calidad del queso.
Para quienes prefieren comprar Parmigiano Reggiano en grandes cantidades, una práctica común es cortarlo en porciones más pequeñas y congelarlas. Si bien congelar el queso puede parecer una opción práctica, es importante tener en cuenta que este proceso puede alterar su textura, haciéndolo más granulado una vez descongelado.
Si has comprado o rallado demasiado queso parmesano rallado y te ha sobrado, puedes congelarlo sin problema. El queso mantendrá todas sus propiedades. Sigue estos sencillos pasos a la hora de congelarlo, para disfrutar de tu queso parmesano favorito incluso después de mucho tiempo:
- Divídelo en bolsas pequeñas, según la cantidad que utilices habitualmente. De esta forma, podrás descongelar sólo la porción que necesites, evitando desperdicios.
- Introduce el queso parmesano rallado en bolsas de congelación, asegurándote de apretarlas bien para eliminar todo el exceso de aire antes de cerrarlas. Esto evitará que se formen cristales de hielo y mantendrá el sabor más fresco.
- Para volver a utilizarlo, mételo en el frigorífico para descongelarlo o añádelo directamente congelado a los platos: el calor lo derretirá rápidamente.
Aunque la congelación no altera el intenso sabor del parmesano, su textura puede resultar ligeramente más blanda tras la descongelación.

Corte hasta el punto de consumo
Para mantener la frescura y la calidad del Parmigiano Reggiano, es aconsejable cortar el queso sólo en el momento de consumirlo. De este modo se reduce la exposición de la superficie interior del queso, preservando mejor su sabor y textura.
Verificación de la calidad
Es importante comprobar periódicamente la calidad del queso parmesano. Si observa signos de moho o cambios de color, es aconsejable retirar la parte afectada antes de consumir el resto del queso. Si se observa un poco de moho en la superficie de la pasta, se puede quitar con un cuchillo.
Temperaturas de conservación del Parmigiano Reggiano
El queso Parmigiano Reggiano puede exponerse a temperatura ambiente en los puntos de venta durante breves periodos de tiempo sin estropearse. Una vez comprado, se recomienda conservarlo en un ambiente refrigerado para preservar todas sus características aromáticas y garantizar una conservación óptima del producto.
El queso parmesano envasado al vacío puede conservarse en el frigorífico a una temperatura de entre 4° y 8° C. Con estas precauciones, el Parmigiano Reggiano puede conservarse mucho tiempo.
| Tipo de Parmigiano Reggiano | Tiempo de conservación en frigorífico (una vez abierto) |
|---|---|
| Envasado al vacío (sin abrir) | Hasta 6 meses |
| Joven (13-15 meses de curación) | Hasta 15 días |
| Clásicamente curado (24 meses o más) | Aproximadamente 1 mes |