Coge la pasta y corre: Un análisis de la ópera prima de Woody Allen y la polémica que rodea su figura

Hablar hoy de Woody Allen destila por lo general una cierta melancolía. Todo lo que le viene sucediendo en los últimos años ha ensuciado su imagen, su prestigio y hasta el propio visionado de sus obras maestras. No es que quiera abrir un debate moralista al respecto, pero es que resulta un poco inevitable. En el mundo este tan bizarro en el que vivimos la gente parece que ha perdido un poco la sensatez.

Yo no sé si Woody Allen es culpable o no. Desde luego, si lo es, merece todos los castigos y penas que puedan recaer sobre él sin ningún género de dudas, incluso el escarnio público generalizado. Sin embargo, a mí lo que más me duele de todo este asunto es lo poco que dice de nuestra sociedad el hecho de que el escarnio ya haya surtido efecto y no haya posible marcha atrás de ningún tipo, pese a que los hechos no se hayan dirimido como debe ser, en un tribunal y con testimonios bajo juramento emitidos desde todas las partes implicadas y valorados y ponderados ante un juez o un jurado sensato y justo.

No sé, todo me parece muy precipitado. Dicen por ahí que «no tiene ningún sentido que su hija, Dylan, se haya inventado todo esto….Eso no tendría ningún sentido.» No digo yo que la hija adoptiva de Allen se haya inventado nada, pero ¿y si hubiera distorsionado un poco los hechos?

A ver. No es que yo quiera exculpar a Allen de sus posibles responsabilidades o incluso delitos, como si fuera un fan fatal empeñado en salvarle a toda costa. Pero es que en este caso concreto yo veo cosas muy, muy extrañas.

Los prejuicios y la relación con Soon Yi

En primer lugar, todo el mundo, todo el orbe planetario, tiende por inercia a considerar a Allen culpable basándose en los prejuicios generalizados sobre la relación que el neoyorquino viene manteniendo con Soon Yi desde hace casi treinta años. Cuando se destapó todo aquello, se vertieron muchos infundios y se destiló mucha inquina. Puede que la actitud de Allen no fuera la más correcta, pero las cosas se sacaron increíblemente de quicio.

Soon Yi y Allen no hacían vida familiar corriente porque ella era ahijada de Mia Farrow y Andre Previn (su anterior marido), y porque Woody y Mia no vivían juntos. Por otro lado, pese a la diferencia de edad, Soon Yi ya estaba muy entrada en la edad adulta (tiene más edad incluso de la que se cree, porque llegó sin papeles desde su país asiático de origen, por lo que muchos incluso presumen que tiene más edad de la que se dice…..).

Pero una cosa sí es cierta. Mia Farrow, pese a que no se suele hablar mucho del papel que juega en toda esta cuestión, se volvió loca de celos, y enfermó de odio mortal hacia Allen. Eso es un hecho que a veces se olvida y que convendría recordar. Porque aquí se dan factores muy extraños. Tan extraños como que el New York Times destapó toda esta historia con el apoyo del hijo natural de Woody Allen, que, lejos de intentar guardar las formas ante tan delicado asunto, se diría que lo utilizó de manera arribista para medrar en la profesión, prestándose incluso a hacer un uso sensacionalista y amarillista de tan polémica historia.

Algunos podrían decir: «¿Y por qué no dudáis tanto de Harvey Weinstein?» Pues precisamente porque el caso de Weinstein era «vox populi» en Hollywood y porque una vez destapado, enseguida muchas de las acosadas perdieron el miedo y las denuncias siguieron en cadena. Cosa que no ha pasado con Allen. En fin, no quería convertir esto en un debate sobre moralidad pública y privada.

Woody Allen y Soon-Yi Previn

La reacción del público y el "efecto Allen"

El caso es que necesitaba hacer esta reflexión por un hecho que me sucedió ayer. Resulta que el domingo estaban echando una película con Diane Keaton en La 1. Entonces, recordé una cosa muy cachonda que Woody Allen decía sobre ella: «Diane Keaton cree en Dios. Pero Diane Keaton también cree que la radio suena porque hay gente pequeñita dentro hablando….» Siempre me partí de risa con esa ocurrencia. Pues bien, se la conté a mi hermana, y en su cara apenas asomó una sonrisa tímida y leve.

Una de esas sonrisas que parecen más bien que delatan que te duele la cara o algo parecido, porque parecía que ella no se atrevía a reír, o porque no le hacía maldita la gracia, porque eso, era una broma que había parido Woody Allen, el Pederasta ¿comprendéis? Que, aunque le pareciera graciosa, parece que se reía contra su voluntad o algo así, pero sin aspavientos, por el «qué dirán….» No es cosa que le pase solo a mi hermana. Creo que le pasa a la mayoría de la gente. Y es algo muy triste. Si la cosa fuera materia juzgada y probada lo comprendería.

«Toma el dinero y corre»: la ópera prima de un genio

Y en cuanto a «Toma el dinero y corre», junto con «Bananas» y «El dormilón» es mi película favorita de Allen de aquella primera época. Una máquina bien engrasada para hacerte reír a pleno pulmón. Dice el neoyorquino que para él hacer estas películas con gags encadenados era lo más fácil del mundo. Que para él está chupado. No es del todo consciente de que el 99,9% de los guionistas de comedia de este planeta matarían literalmente por el simple hecho de que se les ocurrieran tres o cuatro gags como esos, que son de los que marcan época. Porque no es nada común. Por eso Woody Allen dice que, en la escritura de guiones, él prefiere apuntar alto.

Charles H. Cinema Releasing Corp. Take the Money and Run (también conocida como Toma el dinero y corre en España y Robó, huyó y lo pescaron en Hispanoamérica) es la primera película que dirigió Woody Allen, además de escribirla y protagonizarla, en el año 1969. La película se presenta como un documental de la vida del incompetente, torpe y neurótico criminal Virgil Starkwell.

Cartel de la película

Empieza por los primeros pasos del pequeño Virgil donde intenta empezar una carrera musical y sigue con su juventud cuando su carrera musical falla por completo y empieza a dedicarse a la delincuencia. Take the Money and Run, es una parodia de películas como Bonnie & Clyde. Ethel Sokolow como la Sra. Henry Leff como el Sr. Esta película fue la primera en la que Woody Allen desempeñaría el papel de director, guionista y actor en su carrera.

Sin embargo, en primera instancia Allen quiso encargar la dirección a Jerry Lewis, pero al no estar este disponible decidió dirigirla él, siendo la segunda película en la que ejerciera de director, siendo la primera What's up, Tiger Lily?. Se cuenta que el primer montaje que se hizo de la película fue un desastre, pero Ralph Rosenblum ayudó a Allen a corregirlo y la película fue finalmente estrenada en una pequeña sala en Manhattan llamada Playhouse. La película sigue un estilo documental.

«Toma el dinero y corre era un seudo-documental. La idea de hacer un documental, cosa que, finalmente, perfeccioné con Zelig me acompañaba desde el día que empecé a hacer películas.»

La película se rodó en San Francisco, a diferencia del Nueva York que acogió las siguientes películas del director. Incluso en una escena sale el famoso restaurante Ernie's en que se rodó una escena de Vértigo de Alfred Hitchcock. La prisión que aparece en la película es la de San Quentin. Cabe destacar también que Allen grabó un final alternativo en el que moría de un tiro. ↑ Richard Schickel (2003). Ivan R. Dee, ed. Woody Allen por sí mismo. New York.

Atuce con naturalidad - Toma el dinero y corre

Virgil Starkwell: el antihéroe cómico

Le pusieron de nombre Virgil y de sexo, varón. Fue criado sin amor y creció entre golfos. Se refugió en la música, pero se topó con la incomprensión de su profesor de violonchelo y de sus compañeros de banda. Dejó la escuela, entró en una pandilla juvenil e intentó robar un furgón blindado. Fue encarcelado. Salió en libertad provisional y encontró el amor de una mujer, pero las circunstancias le obligaron a delinquir para ser un hombre honrado. Volvió a la cárcel. Tras varios intentos frustrados de fuga, logró huir de la prisión.

Montado como un falso documental (técnica que retomaría después en “Zelig”) en la que padres astutamente disfrazados, profesores, ex-convictos o agentes del FBI desgranan sus recuerdos del temible bandido Virgil Starkwell, el debut de Woody Allen tras las cámaras es una parodia de los dramas criminales, que, pese a tratarse de una obra de aprendizaje, muestra ya algunas de las que serán las constantes de su cine. Ahí están el psiquiatra, la opresiva y cargante familia, el rabino, los paseos por Central Park o la música ragtime.

La construcción del humor en la película

El comienzo de la peli es potentísimo, impropio de un director novel. Los chistes funcionan, las frases y situaciones echan chispas, el ritmo es ágil. Los primeros veinte minutos pasan volando. Cuando aparece la chica (una adorable Janet Margolin), el ritmo, de pronto, decae y se ralentiza y, por desgracia, ya no vuelve a recuperarse. A partir de aquí, la peli se convierte en una irregular sucesión de gags, algunos de ellos realmente afortunados (la reata de presos encadenados) y otros demasiado obvios o que se estiran demasiado (el atraco al banco frustrado por la mala caligrafía de Virgil).

La peli es traviesa y vivaz, pero las costuras del guión están mal cosidas y se echa en falta un hilo conductor más sólido y que dé más de sí. Como ocurre con todas sus películas hasta “Annie Hall”, el humor aún se sustenta más en las situaciones absurdas en las que se mete el patoso y enternecedor personaje de Allen (el desfile, la partida de billar, los atracos, la máquina plegadora) y que remite al “slapstick” y a los clásicos de Chaplin, Keaton o Lloyd, que en el humor verbal o en las alusiones cultas, la clase de intelectualismos que, con razón o no, tanto molestan a sus detractores. Aquí no hay amores contrariados ni dilemas morales, solo ganas de hacer reír. Es precisamente esa falta de pretensiones lo que sigue haciéndola, pasados tantos años, tan simpática y entrañable, lo que consigue, por muchas veces que la haya visto, arrancarme muchas risas y más de una carcajada.

Escena de Woody Allen en

El caso Zakut y la corrupción

Ha querido el azar (otros le llaman destino, y algunos, providencia) que coincida en el tiempo la celebración de los juicios sobre casos de corrupción que más afectan al bipartidismo: Ábalos, Koldo y demás especies autóctonas por parte del PSOE; caso Kitchen por parte del PP. Han empezado ya a declarar algunos de los acusados y testigos, y la prensa sistémica (o sea, bipartidista) plantea sus crónicas y titulares en función del origen de sus subvenciones. Parafraseando a Rajoy, la corrupción del bipartidismo no es cosa menor, o dicho de otro modo, es cosa mayor.

Porque parte de una presunción no solamente errónea sino profundamente canalla: la de creer que los partidos, cuando gobiernan, se convierten en los dueños del Estado y de sus instituciones. No solo eso, en realidad esos dirigentes llegaron a pensar que eran intocables, y que podían pasar por encima de las leyes y de la ética para conseguir sus oscuros intereses. La corrupción económica y política es siempre hija de otra corrupción mucho más grave, que es la moral. No se mete la mano en la caja del dinero público, no se trafica con influencias, no se enchufa a queridas en puestos de responsabilidad cuando uno está edificado interiormente en la honradez y la dignidad.

El problema es que tanto el PSOE como el PP han actuado como auténticas agencias de colocación de golfos, permitiendo que la purrela más bajuna e indecente de España pueda llegar a ser ministro, o incluso presidente. Ya lo dijo Zapatero, que previsiblemente estará pronto sentado en un banquillo: «Mi caso demuestra que en España puede ser presidente del Gobierno cualquiera».

Siendo básicamente iguales el PSOE y el PP en la «gestión de sus recursos humanos», sus casos de corrupción difieren en pequeños detalles que casi siempre definen a sus dirigentes. El socialismo patrio es más de poligoneras y estupefacientes (tiremos de diccionario de sinónimos), y entre mordida y mordida, entre chistorra y chistorra, siempre caía algún fiestón con sobrinas en paradores de postín, o alguna excursión de nuevo rico para ver paisajito desde el ventanuco de la alcoba. Los de la Kitchen, en cambio, eran más de afanar la pasta gansa (la gomina en el pelo, el cuello almidonado) y salir por piernas. «Ni sobrinas ni historias, mire usted; a mí, los billeticos verdes, que los colecciono», es fácil que pensara Bárcenas mientras acumulaba 22 millones de euros en un banco suizo. Seguro que trabajando duro y teniendo suerte, obvio. Después sobrevino, presuntamente aún, la trama de Interior para espiar al ex tesorero y birlarle los documentos comprometedores que decía tener en su poder cuando se largó de Génova. Pero, más allá de los detalles, de lo que en periodismo llamamos «la espuma de los días», lo que el pueblo español debería meditar es si realmente le merece la pena confiar el dinero público a estos dos partidos. Si a «esto» es a lo máximo que podemos aspirar en esta gloriosa democracia que nos hemos dado. Si uno debe estudiar y sacrificarse, trabajar como un poseso, llevar una vida digna y ordenada, ahorrar para el plan de pensiones, y luego ir a votar y que te pongan de ministro al doble de Torrente.

Imagen de un billete de cien euros sobre la mesa de un despacho

No ganan para sobresaltos en la planta noble de San Esteban. Cuando ya se habían empleado a fondo en eliminar una noticia de varios medios nacionales e imponer un relato distinto en el resto, creyendo que ya podrían descansar, se encuentran con que un abogado, tras conocer la información publicada por este humilde digital, decide elevar una denuncia contra Fer y todos los que tuvieron algo que ver con el millón de euros adjudicado a la Asociación Zakut. José Luis Mazón («el abogado de lo imposible» como lo calificó el semanal Tiempo) presentaba a finales de la semana pasada una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción, que más tarde trasladaría a la Fiscalía de la Región de Murcia, la Fiscalía Anticorrupción Europea y el Tribunal de Cuentas, contra López Miras y «los funcionarios responsables de la Comunidad Autónoma de Murcia» de haber concedido un millón de euros a la Asociación Zakut. Y ojo que no les atribuía delitos menores. El órdago era importante: prevaricación y malversación de fondos públicos (artículos 432 y 404 del Código Penal). Su carrera se caracteriza por haber buscado soluciones, usando “caminos desusados y sendas encubiertas” intuyendo siempre que hasta lo más difícil admite el milagro.

Ahora tiene 60 años pasados y más de 30 de ejercicio. Afirma que no piensa jubilarse y parafraseando a Don Quijote explica que “mi descanso es el pelear”. Asevera saber que está escrito en algún lugar remoto «que morirá con las botas puestas pero que antes tiene que ver derrumbado por el suelo al poder judicial establecido, indigno de sobrevivir».

Zakut: un caso de presunta malversación

El envite que plantea Mazón no es pequeño. Una asociación gestada por una de las figuras más influyentes del universo judío en España y casi me atrevería a decir que del mundo: David Hatchwell. La Asociación Zakut nace un 29 de abril de 2021 con Hatchwell a la cabeza junto a personas cercanas a él, en su mayoría altos cargos del grupo Excem, multinacional en manos de David. Afirmaban ser un «concentrador de emprendimiento, innovación y tecnología ubicado en Murcia» que importaba «el sistema de aceleración israelí y su metodología ‘Start-up Nation’ sobre ecosistemas de emprendimiento». Ahí es nada.

Si no fuera porque si quitamos el envoltorio dorado con purpurina en forma de referencia a Israel que traía el producto, Zakut no sería nada novedoso ni disruptivo, aún podría haber sido algo brillante. Pero la realidad es que en la Región ya existían multitud de proyectos similares y con mucha más solera (CEEIC, CEEIM, Murciaban, CreceStartup, Murciastartup, E360ban, Cloud Incubator HUB, etc).

Además, la mayoría de estas aceleradoras de empresas y startup ya están financiadas por el Gobierno regional, ya sea a través del propio INFO o vía subvenciones a la Universidad de Murcia y Cartagena.

¿Necesitaba la Región de Murcia otro proyecto similar a la mayoría de existentes que además, a diferencia del resto, iba a estar financiado al 100% por dinero público? No lo tengo claro, la verdad. Y si a estas dudas le sumas que contactado con las empresas expuestas por Zakut en su web como destacadas del aprovechamiento de sus servicios, encontramos que alguna ya no existe, otras prefieren no comentar, y las que comentan apenas pueden recordar algo bueno de las charlas y videoconferencias recibidas, pues más dudas.

Y si la cosa ya te está haciendo pensar, te doy más datos: Zakut quedó la última en puntuación de las tres asociaciones que recibieron fondos públicos en 2021, sin embargo fue la que más dinero recibió junto al CEEIM (500.000 euros). ¿Alguien se puede explicar esto? Yo, desde luego, no.

Tabla de Subvenciones Recibidas por Asociaciones en 2021

Asociación Puntuación Monto Recibido (Euros)
Zakut Última 500.000
CEEIM - 500.000
(Otras asociaciones) - -

Pero es que la cosa no queda solo aquí. El resto de dinero previsto eran los 500.000 euros concedidos por el Gobierno de López Miras. ¡Así también monto yo empresas! Aunque suene a la famosa canción de José Luis Perales «un velero llamado Libertad», Zakut se marchó. Se esfumó. Desapareció. Vació su flamante oficina en la octava planta del edificio Plazarte y nunca más se supo. Cuentan sus vecinos de oficina que «tenía negocios en otras comunidades y abandonó la Región de Murcia».

Y a esto súmale que en el año 2023 no había optado a la subvención que por dos años le había proporcionado un millón de euros. ¿Por qué? ¿O quizás el Gobierno regional ya no podía seguir disimulando la adjudicación de dinero público ante las quejas planteadas en privado por el CEEIC de Cartagena que no veía con buenos ojos la asignación económica llevada a cabo donde salía perjudicado?

¿Acaso el flamante castillo de paredes de oro, con adornos de rubíes y esmeraldas, coronado con diamantes especialmente traídos de Israel era solo fachada?

Tal vez el pequeño detalle de adjudicar una subvención a una asociación que a fecha de la solicitud y adjudicación de dichos fondos no tenía plena capacidad jurídica al no tener registrados sus estatutos en el Registro de Asociaciones de la Región de Murcia, que protagonizó el registro más veloz que se conoce en la historia de esta comunidad autónoma, podría haber sido clave. No lo sabemos. Y mientras tanto, un millón de euros en el limbo, sin un claro aprovechamiento de semejante cantidad de dinero y que no sabemos si pudiera haber servido para algo más que charlas y videoconferencias.

Sea como fuere, Zakut «se marchó, y a su barco le llamó ‘Libertad’, y en el cielo descubrió gaviotas…» Esta semana leía en alguna de las cientos de reacciones a las noticias que ha dado LasNoticiasRM sobre este asunto a una persona decir que nos encontrábamos antes un claro ejemplo de «coge la pasta y corre». A fecha de hoy no puedo afirmarlo, pero tampoco desmentirlo.

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