Los objetos arquitectónicos, los edificios, se diseñan y construyen a partir de dos premisas fundamentales: la información que contienen y la expresividad (forma o figura) mediante la que se muestran. Hay un arquitecto que cultivó, de forma casi obsesiva, estos principios. Se trata de Alvar Aalto (1898-1976), finlandés, participante en los avatares del Movimiento Moderno.
La Trayectoria de Aalto: Del Funcionalismo al Organicismo
Aalto estableció contactos con la Bauhaus en los años 1920, y fue invitado como miembro numerario al CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) en 1929. Sin embargo, abandonó este ámbito para investigar sobre una arquitectura más organicista. Más ligada, por un lado, a un cierto humanismo, y por otro, a la reflexión sobre la evolución cultural de la propia arquitectura.
En palabras del turinés Leonardo Mosso, que trabajó en el estudio de Aalto, su obra adquiere una clara dimensión poética:
“En toda la arquitectura de Aalto existe siempre una gran idea que corresponde a una función real de la vida y que trata de buscar y descubrir para llegar a comprender la forma, Es decir, para tener en la mano la forma. El tratamiento del espacio constituye una de las características principales de este arquitecto. El encajar los espacios internos, verdaderamente abstractos, aunque en el sentido figurativo de la palabra, en volúmenes simples y compuestos, antiguos.”
Uno de los motivos de mayor sugestión en las secuencias arquitectónicas de sus obras es ciertamente el contraste entre estos aspectos de la interpretación del espacio: estático y ponderado en el exterior; dinámico y abstracto, en el interior. Fuera, los espacios de Paul Cézanne; dentro, los de Hans Hartung. Es en estos virtuosismos donde Aalto revela la fertilidad y al mismo tiempo el sentido de ponderación de su genio, ayudado por una técnica verdaderamente prodigiosa en el tratamiento de la madera.

La Filosofía de Diseño de Aalto: El Método Irracional
El sistema de trabajo de Aalto consistía en analizar pormenorizadamente todos los aspectos de cada proyecto. En última instancia, utilizaba el método científico en la creación de modelos. Es decir: desglosar las partes componentes, comprender cada una de ellas y desentrañar cómo encajan.
El propio Aalto describió su proceso creativo:
“Cuando tengo que resolver un problema arquitectónico, me encuentro, ante todo, detenido en la idea de su realización. Esto se debe probablemente a las dificultades que surgen ante el cúmulo de los diferentes elementos en el momento de la concepción arquitectónica. Las exigencias sociales, humanas, técnicas y económicas ‒que se presentan en unión con los factores psicológicos y que conciernen a cada individuo y cada grupo con su ritmo y roces internos‒ son tan numerosos que forman un complejo que no se puede resolver de una manera racional. Llevan a tal complicación, que impiden a la idea básica arquitectónica tomar forma. En tales casos, trabajo de una manera irracional. Por un instante, olvido todo el complejo de problemas, los borro de mi memoria y me distraigo en algo que podríamos caracterizar como abstracto. Me pongo a dibujar, dejándome guiar por el instinto y súbitamente la idea principal nace: es un punto de partida que reúne los diferentes elementos ‒con frecuencia contradictorios‒ nombrados anteriormente y los coloca en armonía.”
Este método se ejemplifica en la creación de la biblioteca de Viipuri:
“Mientras diseñaba la biblioteca de Viipuri ‒tenía a mi disposición cinco largos años‒, me entretenía grandes ratos en hacer dibujos como los niños, representando una montaña imaginaria con diferentes formas sobre las laderas, y una cantidad de soles como superestructura celeste que iluminaban los diversos costados de la montaña de una manera similar. En sí, estos dibujos no tenían nada que ver con la arquitectura, pero de su aparente infantilidad surgió una combinación de planos y secciones cuyo entretejido es difícil saber describir, y que llegó a ser el concepto básico para la biblioteca, que desgraciadamente, en el momento presente, está destruida [Nota: Su reconstrucción se llevaría a cabo entre 1998 y 2013].”
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El Ayuntamiento de Säynätsalo: Una Obra Emblemática
La obra de Aalto que recoge de forma más clara estos objetivos es el mencionado ayuntamiento de Säynätsalo (1949-1952), que se alza en una isla lacustre del interior de Finlandia. Säynätsalo se aleja de las modas imperantes en su época.
“Los centros de habitación ‒le decía Aalto al historiador suizo Sigfred Giedion‒, con sus diversos bloques masivos y artificiales, son una mezcla de motivos diferentes que no responden a las preciosas variaciones biológicas del hombre. Hacen a menudo pensar en ferias industriales, mientras que un formulismo sostenido por la propaganda se hace destacar en los edificios oficiales, en el diseño industrial y la horrible carencia de equilibrio armonioso de los coches americanos: los adultos juegan como los niños con las líneas curvas y las tensiones que no dominan.”

Concepto y Detalles de Säynätsalo
En Säynätsalo, Aalto utilizó el concepto de la “ciudad en la colina”, que le inspiró su viaje a la Toscana. Fabricó una colina artificial, la aplanó y sobre ella construyó la estructura, que adquiere la forma de una villa romana. Se accede por una escalera, situada en uno de los ángulos. Hay un patio, que no es transitable, y un estanque. Por la derecha, se llega a la torre, donde se encuentra, en el segundo piso, la sala del concejo municipal. El conjunto comprende el ayuntamiento, una biblioteca, un banco, viviendas y varias tiendas. Viene a ser el trasunto de un centro urbano. La torre tiene una altura ligeramente superior a la del ayuntamiento de Siena. Los detalles se cuidaron al milímetro. Todos los edificios están elaborados con un material humilde: ladrillo rugoso e imperfecto. La obra contiene múltiples metáforas. En principio es una acrópolis, pero el patio tiene aire de jardín japonés. El estanque alude al lago que rodea la isla, y los peldaños de la escalera opuesta a la principal están cubiertos de césped, que enlaza con la naturaleza circundante.

El Significado de "El Huevo y el Salmón"
El título "El huevo y el salmón", aunque en este contexto se refiere a una publicación de Aalto en la revista Nueva Forma de 1967, evoca la riqueza y la complejidad de su pensamiento. Simboliza la búsqueda de la forma perfecta (el huevo, la simplicidad, la pureza) y la fluidez, la adaptación al entorno (el salmón, el movimiento, la vida). Esta dualidad se refleja en su arquitectura, donde lo geométrico y lo orgánico, lo funcional y lo poético, se entrelazan de manera única.
La Influencia de la Arquitectura Nórdica en Otros Arquitectos
A pesar de su espíritu cosmopolita y sustancialmente moderno, la trayectoria de José de Yarza García (1907-1997) ha alcanzado una repercusión escasa fuera de su ámbito de actuación, centrado en la ciudad de Zaragoza. Mediante el análisis de uno de sus conjuntos residenciales, el Grupo Salduba, cuyo proyecto data de 1958, estudiaremos las fuentes que influencian su carrera y las pondremos en relación con las circunstancias que en ese momento rodean el debate sobre vivienda mínima en España.
El conocimiento del panorama europeo de Yarza unido a su inconformismo, le llevan a fundir aspectos propios del funcionalismo con una clara influencia de la arquitectura nórdica. El resultado es un proyecto ejemplar en el que los espacios construidos tienen tanta importancia como los naturales y como las relaciones entre ellos.

El Legado de Alvar Aalto
Pensamos en la gran cubierta del Estadio de Otaniemi, en el techo del ayuntamiento de Säynätsalo, en pequeños detalles de sus muebles construidos por Artek [la compañía de mobiliario fundada en diciembre de 1935 por Aalto y su esposa Aino Aalto, pionera del diseño escandinavo, la coleccionista Maire Gullichsen y el historiador Nils-Gustav Hahl].
Uno de sus últimos biógrafos, la historiadora Eeva-Liisa Pelkonen, dice que “el virtuosismo de Aalto y la diversidad de su trabajo lo convierten en un tema difícil, tanto para que los estudiantes lo estudien y emulen como para que los maestros lo enseñen”. Por desgracia, no dejó herederos. De ello se hacía eco Rafael Moneo en la necrológica que escribió en Arquitecturas Bis (número 13, mayo-junio 1976): “Por ello, con sorpresa y angustia, me pregunto: Aalto, ¿era para nosotros un extraño?