La Controversia Etimológica de "Chuleta" y su Conexión con el Valenciano

La palabra "chuleta" es un término culinario ampliamente reconocido, especialmente en la gastronomía española, donde las chuletas de cordero son un plato popular. Sin embargo, su origen etimológico ha sido objeto de debate y manipulación, particularmente en el contexto de las relaciones lingüísticas entre el castellano, el valenciano y el catalán.

La chuleta es una porción de carne, ya sea de cerdo, cordero, bovino o vaca, que se encuentra cerca de las costillas del animal. Las chuletas suelen cocinarse asadas o a la barbacoa. Las chuletas de lomo de cerdo se cortan de la espalda del cerdo, recordando al T-bone vacuno, y contienen dos músculos: el lomo y el solomillo. Por otro lado, la chuleta de aguja es un corte procedente del costillar del animal, normalmente cerdo o cordero, mientras que las chuletas de lomo de cordero consisten casi siempre en un solo músculo.

Diferentes tipos de chuletas (cordero, cerdo, ternera)

El Origen de "Chuleta": ¿Valenciano o Catalán?

La Real Academia Española (RAE) ha clasificado "chuleta" como un préstamo del catalán al castellano. Sin embargo, la documentación histórica sugiere una etimología diferente, apuntando al valenciano como su verdadero origen. En 1611, el licenciado Covarrubias, en su "Tesoro de la lengua", advertía que "chulla" era un vocablo valenciano. Esta voz, y no "hora", generaría posteriormente "chuleta", "chuletada" y "chuletón".

A pesar de esta evidencia, el DRAE (1992) embrolla el origen de la palabra: «Chuleta, del valenciano xulleta, derivado del catalán xulla, costilla». Esta atribución, transmitida a millones de estudiantes, carece de respaldo en fuentes que alteren la de 1611. Nadie de la RAE aporta autoridad alguna que asocie "chuleta" a otro vocablo que no sea el valenciano "chulla". Los académicos se han limitado a copiar lo dictado por el Institut d´Estudis Catalans y los politizados filólogos catalanes.

'Historia de la Lengua Española. El origen y evolución de la disciplina'

Corominas y la Manipulación Etimológica

El etimólogo catalán Corominas, cuya obra es fundamental para el catalanismo idiomático, afirma que "Chuleta deriva del catalán de Valencia xulleta, diminutivo de xulla" (DCECH, 1980). Sin embargo, no especifica dónde aparece "xulleta" o "xulla" en un texto valenciano. Corominas actúa como un médium transmisor de conceptos idiomáticos y geopolíticos ocultos, llegando a alterar la documentación histórica.

Por ejemplo, la documentación que dice "Regne de Valencia e Comtat de Barcelona" la transcribe como "Principat de Catalunya i País Valenciá". De igual modo, como no le convence que Covarrubias afirmara que "chulla es vocablo valenciano", el etimólogo catalán adivina que el licenciado, en realidad, quiso escribir "xulla es vocablo catalán".

Corominas, en un intento de justificar su postura, menciona que en la capital valenciana de la época se empleaba la grafía "ch". Sin embargo, la primera vez que se documenta "chulla" es en Valencia, en el "Thesaurus" de Pou, quien dejó en caracteres de imprenta la voz "chulles" junto a otras tan valencianas como "allyoli", "chufes", "chapes", "taronges de Xátiva", "chic", "punches", etc.

En consecuencia, la primera documentación sobre la "chulla" (no "xulla") la proporcionan un catalán, Pou, y un castellano, Covarrubias, lingüistas imparciales que estudiaron el idioma valenciano y dejaron constancia impresa.

La Familia Lingüística de "Chulla"

Al igual que la mayoría de las voces, "chulla" pertenecía a una familia descendiente del étimo latino vulgar "absungia" o "exungia" (grasa para untar ejes). De tal padre nacieron el antiguo portugués "enxulha", el catalán "ensunia" o el castellano "enxundia", usado por el Arcipreste de Hita. Todas estas palabras significaban gordura o grasa del cerdo.

Del caótico romance surgieron otras variables modernas como la castellana "enjundia", la italiana "sugna" y la occitana "enjun", con la acepción de tocino o grasa de puerco. Entre todas las lenguas neolatinas, la valenciana creó la voz "chulla" con singularidad semántica, aparte de morfológica, al designar a las chuletas de cordero o ternera.

Mapa de la difusión de palabras derivadas de

Pou opuso la valenciana "chulla" a la catalana "carbonada" y a la latina "offella", con el deseo de presentar equivalencias entre valenciano, catalán y latín. La voz "carbonada" era castellana y catalana, pero en valenciano no tuvo excesiva aceptación, limitándose su polisemia a escasas y desagradables acepciones: «Carboná: cantidad grande de carbón, excremento de niños» (Escrig, 1871).

La Definición de Chuleta según Covarrubias

Respecto a la voz que nos interesa, Covarrubias fue concreto: «Chulla. Las costillas de carnero cortadas en piezas de dos en dos, que la gente pobre compra quando no tiene caudal para más. Es vocablo valenciano, y diéronsele del sonido que haze sobre las brasas quando se asa» (Tesoro, a.1611).

Covarrubias da la equivalencia exacta de costillas de cordero, mientras que Pou fue lacónico, factor que aprovechó Corominas para restar antigüedad a la acepción de chuleta, con la argucia de que Pou incluyó "chulla" en una lista de "menjars preparats" (DELLC). Como en el texto de Pou no hay más que una enumeración genérica, Corominas oculta lo que alteraría su lista: «carn rustida, carn de cordero…». También sustituye el punto y aparte que separaba "chulla" y "golosina" por un punto y coma.

Además, la traducción latina de Pou era flexible; por ejemplo, traduce "lo qui menja carn crua" como "omophagus". Es evidente que el latín "offella" aludía a las pequeñas chuletas de cordero, comida de pobres según Covarrubias. Tenían hueso (ya que Pou cita en la misma relación la "cara sens ossos"), y eran pequeñas comparadas con las chuletas de ternera que comían las clases pudientes.

La Influencia Valenciana en el Léxico

La voz "chulla" arraigó en el idioma valenciano, como demuestra su inclusión en la paremiología, «la chulla y la dona» (Galiana: Refrans, h.1760), figurando "chulla" en el diccionario de Lamarca (a. 1839) o en el vocabulario de Rosanes (a. 1864). Tampoco falta en el teatro del siglo XIX: «pa blanc y chulles» (La tertulia de Colau, 1866); «bones chulles» (Els microbios, 1884). Igual que el derivado: «dos chulletes» (Qui tinga cucs, 1855), «una chulleta» (La vanitat castigada, 1855).

Resumiendo: "chuleta" y "chuletón" proceden de "chulla"; voz del idioma valenciano, no de la "xulla" catalana. La versión para engañar estudiantes que ofrece el DRAE pertenece al realismo fantástico.

Hacia 1600, Andreu Bosch se desesperaba por la tendencia extendida en Cataluña de dar supremacía “e imitar a la Lengua Valenciana” (Títols d´honor. Perpinyà, 1628). Esta influencia también afectaba al mismo Bosch, pues, aunque critica que sus compatriotas “mudaran la vocal a, en e” (p. 27) razonaba que escribir “las nostras ciencias” era menos correcto que “les nostres ciencies”.

En las mismas fechas, el catalán Onofre Pou, con su “Thesaurus”, llevaba hasta Perpiñán el léxico valenciano: "otonyo" (no "tardor"), "chiquet" y "chiqueta", "iglesies", "chulla", "mija", "servisis", "carchofa", "giner", "puncha", etc. Con esta inmersión idiomática (deseada, no impuesta), una parte de Cataluña y Aragón valencianizaron su idioma a fines del siglo XVI. Fuera de esta influencia quedaron la parte oriental del territorio, incluida Barcelona. Eran tiempos en que el mismo Cervantes diferenciaba la dulzura del valenciano de la ruda “lengua gascona y catalana” (Quijote, II, Cap. 60), aludiendo erróneamente al occitano como gascón.

Gráfico de la influencia del valenciano en el léxico catalán y aragonés en el siglo XVI

La Defensa del Valenciano por Martí y Gadea

Curiosamente, si hubo un autor preocupado por la lengua valenciana fue precisamente Joaquín Martí y Gadea, que pasó su vida tratando de conocer el alma de “nostre Reyne de Valencia” (él escribía Reyne).

Martí y Gadea destacaba la singularidad de “La Llengua valenciana, per la riquea de veus, modismes y gracia (…) superant a la catalana” (Gadea: Tipos, 1908, p. 298). Valga de ejemplo estas frases, respetando ortografía y léxico del alcoyano:

  • “U que va pedre en Alcoy, ariava en peus de plom.”
  • “Com es riurán de nosatros els companyers, per tindre rellonges d´arena y de boljaca.”
  • “La Llonja te riquea y bellea.”
  • “Els jagants junt a la casa vestuari.”
  • “La sencillea y el títul d´atre; vorán y llegirán els articuls per primera vegá els jovens, ahon hia festa.”
  • “En el sigle dènau contava en tres millóns en dinés, terrés y molíns de paper.”

Gadea depuraba su léxico y adoptaba libremente vocablos foráneos, sin imposiciones; aunque sean discutibles algunos. Por ejemplo, él (lo mismo que todos los valencianos en 1900), no usaba la preposición “fins”; prefería escribir el neologismo “dasta”, por coherencia con el habla viva. Lo de “fins” lo reservaba para traducir el plural del adjetivo castellano fino: “Alicantins, pocs y fins”, locución de origen alcoyano que incluye en “Tipos y modismes”.

Sin embargo, las decisiones sobre el rechazo o aceptación referentes al idioma las debieran tomar los valencianos (no los inmersionistas del catalán, claro). Todas las innovaciones léxicas y gramaticales que el pueblo valenciano ha ido incorporando a su idioma son “científicamente” desprestigiadas, puestas en la lista de indeseables y -como es sabido- sustituidas por las dictadas por el Institut d´Estudis Catalans. Y lo peor es que estos culturicidas viven de los impuestos.

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