El Puerto de la Cruz, con sus orígenes en el siglo XVI, se configura como entidad urbana a partir de la centuria siguiente, al convertirse en vía de salida de la rica producción agrícola del Valle de La Orotava y foco de atracción de una activa burguesía comercial. La trama urbana que se configura a lo largo de los siglos siguientes, asociada a la expansión económica y social, ha conservado muchos de los elementos arquitectónicos y urbanísticos desarrollados secularmente y que conforman el actual casco histórico de la ciudad.
El barrio del Centro: Núcleo fundacional y arquitectura burguesa
El conocido como barrio del Centro constituye el núcleo fundacional del Puerto de la Cruz, albergando dentro de su perímetro territorial buena parte de los edificios y elementos urbanos singulares de la ciudad, tales como plazas, templos, conventos, así como las viviendas de los ciudadanos principales. Es este el dominio espacial de una arquitectura doméstica en el que se imponen los inmuebles de dos y tres plantas, organizados en torno a patios claustrados, con dos o tres galerías superpuestas.
En las viviendas tiende a predominar la composición simétrica de vanos en las fachadas de mampostería, que se refuerzan mediante esquinas vistas en cantería. Sus ventanas son mayoritariamente de guillotina o de cojinetes labrados, siendo igualmente característicos los balcones cubiertos, de varios cuerpos, decorados con celosías o balaustres y variados diseños de cojinetes en sus antepechos.

Eje comercial y edificios emblemáticos
El eje comercial del Puerto de la Cruz lo representa la Plaza del Charco de los Camarones, como elemento organizador de la estructura social y urbana de la ciudad portuense, y centro económico vinculado a la proximidad del desembarcadero. En su fachada occidental se conservan algunos de los inmuebles que sirvieron como almacenes y casas comerciales, siempre articulados en dos plantas en torno a patio central y cubiertas de teja, alternando con azoteas.
Destaca el inmueble nº 12 de la plaza, dotado de un estrecho torreón del siglo XVIII, galerías superpuestas y una labor de carpintería de gran riqueza en la que son notorias las gárgolas antropomórficas. Al fondo aparece la Plaza del Charco, cuya fecha de construcción no puede precisarse pues existía como espacio abierto y de reunión desde antiguo. Su nombre está relacionado con la existencia de un charco de agua de mar que se formaba en su centro.
Avanzando hacia el puerto, La Casa de la Real Aduana, construida a partir de 1620 por la familia Franchy -y localizada junto a los restos de la antigua Batería de Santa Bárbara-, se caracteriza por su porte voluminoso, distribuido en dos niveles y entresuelo. Esta edificación esencial en la historia de la ciudad fue levantada entre los siglos XVII y XVIII, organizándose en torno a un patio rectangular sobre el que se dispone una notable galería con presencia de gárgolas zoomórficas. En la fachada principal las puertas y ventanas muestran una decoración de cojinetes, existiendo un balcón de un cuerpo con idéntica decoración. La Casa de la Real Aduana, fundada en 1620 y arrendada por la Real Hacienda para acomodar en ella las dependencias de la aduana como residencia de los almojarifes o administradores hasta 1833, en que pasa a Santa Cruz de Tenerife. Junto a ella se encontraba la batería de Santa Bárbara, de la que hoy se conserva la escalerilla para bajar al mar (construida en 1741).

Continuando por la calle de las Lonjas, que rememora una de las actividades económicas secularmente esenciales, la antigua lonja de pescado del siglo XVIII muestra una escalera exterior a la segunda planta, y en el extremo de la calle, esquina calle Santo Domingo, la Casa Miranda (siglo XVIII) posee un patio trapezoidal consecuencia de la ubicación del solar entre dos vías. Sus dos plantas evolucionan a una tercera hacia la calle las Lonjas, mostrando una notable carpintería en sus numerosos balcones, puertas y aleros. En la calle Santo Domingo se localizan varios inmuebles de tres plantas, de los siglos XVIII y XIX, representativos de una arquitectura más cuidada, entre los que merece citarse el antiguo convento de Santo Domingo.
Patrimonio religioso y cultural
El otro polo, en este caso simbólico, del Puerto de la Cruz está representado por la iglesia parroquial y su plaza, que constituyen el conjunto más relevante de la misma. En su entorno se desarrollaron los tres conventos (con sus respectivos templos) de las órdenes franciscana y dominica. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Peña es el edificio religioso más importante del Puerto de la Cruz, organizado en tres naves separadas por columnas, con artesonados mudéjares. Sobresale la capilla principal, ricamente decorada con columnas y motivos vegetales. Su fachada sufrió modificaciones desde finales del siglo XVIII. En sus inmediaciones, la casa parroquial se levanta en este mismo siglo.
Del antiguo convento franciscano se conserva su iglesia, edificada a partir de una ermita del siglo XVI, a la que se le adosa una nave paralela. En la calle Agustín de Bethencourt nº 6, aparece un inmueble que debió pertenecer al complejo conventual y del que sólo conserva su fachada y la galería. Casi al final de la calle San Juan se alza la Iglesia de San Francisco y Ermita de San Juan, edificada en 1599, cuya construcción supone la edificación más antigua de la ciudad. Este templo tiene carácter ecuménico y es utilizado por las diferentes comunidades extranjeras de religión cristiana afincadas en el Puerto de la Cruz. Dejando atrás esta construcción llegamos a la plaza de la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia. La imagen de esta Virgen, co-patrona de la ciudad, preside el retablo mayor. Hacia 1620 los vecinos del lugar vieron la necesidad de transformar en iglesia la pequeña ermita que fundara el regidor Franchy Lutzardo, y es en 1684 cuando comienzan las obras de la misma. La torre es un añadido posterior (1898). La importancia de la presencia de las familias irlandesas que arribaron al Puerto de la Cruz queda patente en la capilla de San Patricio, de la verde Eire, que se conserva en su interior.
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En el entorno urbano de la iglesia, que incluye el sector de La Hoya, se concentran algunas de las principales vías urbanas y edificios de la ciudad. En la calle Quintana se alternan inmuebles del siglo XVIII de dos plantas -como el Hotel Marquesa, que destaca por su patio cuadrado delimitado por cuatro galerías altas y una destacada labor de carpintería- y algún otro, de factura modernista (nº 2), que constituye una singularidad dentro de la arquitectura portuense. Las calles de San Juan, las Tiendas, La Hoya, Zamora, Iriarte y Luis de la Cruz completan la red viaria tradicional, conservando numerosos inmuebles de indudable valor patrimonial. Desde el nº 4 de la calle la Hoya, que, con sus dos plantas y el balcón en la fachada, constituye uno de los edificios más antiguos de la ciudad; hasta la célebre Casa Iriarte, con un patio cerrado por ventanales y dos bellos balcones en sus fachadas. El barrio de El Centro se completa con los inmuebles localizados en la calle Blanco, Dr. Ingram, Nieves Ravelo, calle Valois y Pérez Zamora. Predominan las viviendas de los siglos XVIII y XIX, con modificaciones en el último siglo, dos y tres plantas y patios con galerías abiertas o cerradas mediante ventanas de guillotina. Sobresalen los inmuebles alineados a ambos lados de la calle Pérez Zamora, en su mayor parte de dos plantas y entre los que destacan la antigua Casa del Pueblo (nº 32) o el nº 36, una de las viviendas más antiguas del Puerto de la Cruz.
El nº 38 ofrece un original balcón central con decoración vegetal y columnillas salomónicas. En el patio existe otro balcón, éste en estilo neoclásico. En la calle Blanco, el nº 22 -o antiguo casino de la ciudad- cuenta con un torreón-mirador, mientras que el nº 19 ocupa el antiguo emplazamiento de la casa donde nació Álvarez Rixo, erigiéndose como uno de los elementos patrimoniales más valiosos del Puerto de la Cruz. Destacan sus ventanas delimitadas por pilastras estriadas y cornisa moldurada, así como los balcones -de gran originalidad-, gárgolas en la fachada y mirador. También debe citarse la Casa de la Familia Luz en calle Valois nº 2, del siglo XVIII y organizada en dos plantas y entresuelo en torno a un patio rectangular y aun sus huertas y muro de cerramiento posterior. Este conjunto acoge, igualmente, elementos de arquitectura contemporánea igualmente valiosos, como la gasolinera de La Estrella (obra del arquitecto Luis Cabrera) o el Callejón de Las Damas, de indudable resonancia histórica para la ciudad. Estos ejemplos de arquitectura burguesa portuense se complementan en estas calles con otros de arquitectura más popular -casas terreras-, relacionadas con el antiguo entorno rural que rodeaba el casco urbano desde el siglo XVIII al XX y cuyos ejemplos más destacados se alinean en la calle Cupido y en la calle Valois, erigiéndose en testimonio postrero de un tipo de vivienda característico de la periferia del Puerto de la Cruz y asociada a su historia.
Al doblar la esquina que da paso a la calle Valois nos tropezamos con la elegante figura del Torreón de Ventoso, integrado en uno de los conjuntos arquitectónicos del siglo XVIII mejor conservados de la ciudad y que presentan un claro exponente del esplendor que para el Puerto de la Cruz supuso dicha centuria. A pocos metros, tras cruzar la calle de Las Damas, descubrimos la Plaza Concejal, situada en una encrucijada de calles peatonales y en cuyo interior encontramos un monumento erigido en honor al alcalde portuense y gobernador civil de la provincia Francisco Afonso Carrillo.
Instituciones y reconocimientos
En el costado norte de la plaza se erige un busto que recuerda la insigne figura de un portuense ilustrado, el ingeniero Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824), que llegó a obtener el rango de General en el ejército de Rusia en la época del Zar Alejandro I. Fue el primer director de la Escuela de Canales y Caminos de Madrid. Subiendo por la calle Quintana nos encontramos con el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, sede cultural donde se celebran conferencias, exposiciones y cursos de español para extranjeros. Cuenta con una biblioteca que puede ser visitada por las tardes. Sus fondos incluyen una interesante colección de cerámica aborigen y otros utensilios de gran valor, restos momificados de guanches, mapas del siglo XVII, etc. Periódicamente organiza exposiciones temáticas sobre aspectos de la historia y la cultura de Canarias.

El barrio de La Ranilla: Arquitectura popular
Junto a esta arquitectura de mayor calidad constructiva, el Puerto de la Cruz alberga notables ejemplos de arquitectura popular (en gran parte desaparecidos), que se concentraban mayormente en el barrio de La Ranilla. El auge demográfico de este núcleo urbano a partir del siglo XVIII configuró una trama urbana de calles rectas organizadas bajo una retícula de tendencia ortogonal, en la que la casa terrera de gran desarrollo longitudinal y articulada en torno a un patio central o lateral constituye el rasgo definidor de su arquitectura. Utilizando materiales más modestos, las casas presentan fachadas estrechas en las que se abren dos o tres vanos, prolongándolas en altura a medida que avanza el siglo XIX y, en especial, a partir del XX, con objeto de enmascarar las características cubiertas de tejas. Es entonces cuando proliferan, igualmente, viviendas de una planta con azotea, como evolución constructiva propia del siglo pasado.
El barrio de La Ranilla se extiende al oeste de la Plaza del Charco y se ha caracterizado tradicionalmente por un modelo de vivienda popular, levantada con materiales de menor calidad y una tipología bien definida: casa terrera, de planta rectangular organizada en torno a un patio central o desplazado respecto al eje de la edificación, y cubierta de teja. La Plaza Pérez Galdós, la calle Mequinez, calle Puerto Viejo, calle El Lomo o calle San Felipe acogen numerosos ejemplos constructivos de estas características, alternándose con otros edificios de mayor porte (dos plantas) y, ocasionalmente, elementos historicistas, neoclásicos; si bien el aspecto más delicado de la conservación patrimonial de este barrio ha sido, además de las modificaciones que han sufrido algunas fachadas, la sistemática destrucción de los testimonios de esta arquitectura popular, que se han reducido aceleradamente en los últimos años.
Capillas de cruz y festividades
En este barrio se documentan algunas capillas de cruz, unas modestas construcciones relacionadas con la importancia concedida a la festividad del 3 de mayo, que conmemora la fundación de la ciudad desde 1851, cuando el alcalde José Agustín Álvarez Rixo instauró nuevamente esta celebración sobre la fecha en que la ciudad había conseguido la Real Cédula de 1651 que le otorgaba su independencia como entidad local. Fueron construidas entre los siglos XIX y XX y suelen caracterizarse por su planta rectangular, fachadas rematadas -en ocasiones- por un frontón, cubierta a dos aguas y cruz procesional en su interior. Han de citarse las dos de la calle Mequinez, la de Las Maretas y, fuera de La Ranilla, la de la calle las Lonjas y, en la periferia del Conjunto Histórico, la de Cruz de Cuaco, El Durazno, Dña.

Conjunto Histórico: Grandes haciendas y Sitios singulares
La delimitación del Conjunto Histórico se completa con una serie de islotes que corresponden, en general, a grandes haciendas (en su mayoría pertenecientes originalmente a comerciantes extranjeros), que conservan una tipología singular al integrar aspectos arquitectónicos y ambientales o naturales, junto con los históricos, pues la mayoría de estos edificios disponen de espléndidos jardines y antiguas explotaciones agrícolas, configuradas bajo una clara influencia británica. En otros casos se trata de infraestructuras históricas asociadas a determinados servicios -los cementerios, la Biblioteca británica- o edificios de carácter religioso: capillas de cruz y ermitas-.
Sitio Luna y Sitio Lavaggi
El Sitio Luna -construido por el comerciante portugués F. Caballero Sarmiento y epónimo de Doña F. de Orea y Luna, mujer de B. Renshaw, quien lo compró a Sarmiento- fue levantado a finales del siglo XVIII. El soportal de la entrada, con columnas de fábrica cilíndricas y molduras que describen arcos de carpanel sobre los dinteles, sugiere formas más propias del neoclásico americano y, más concretamente, de la ciudad de procedencia de Caballero Sarmiento: Filadelfia. Más tarde, F. El Sitio Lavaggi es un gran inmueble de dos plantas y azotea, rematado por un mirador con balaustre. Su forma de gran cubo rectangular se inscribe dentro de la estética neoclásica del siglo XIX, y constituye una de las primeras mansiones del casco antiguo portuense. La portada, de madera, se abre entre cuatro ventanas de composición simétrica.
Sitio Litre y la familia Little
El Sitio Litre o Little es un inmueble de planta rectangular, con fachada principal hacia el norte y trasera hacia el sur. Está emplazada en lo alto de un malpaís y la fachada principal se halla elevada sobre el camino de acceso a la casa. Bajo el patio delantero, aprovechando el desnivel del terreno, se ubicaron las caballerizas y el pajar. Frente a estas dependencias hallamos una pequeña casa de servicio. En la fachada norte destaca una galería alta cerrada, de fábrica, con cubierta de teja árabe, en la que se abren ventanas de cristalera de doble batiente con montante acristalado. Sobre estos montantes se despliegan sendos toldos de madera listados en blanco y verde. Esta galería descarga en el patio mediante unos pies derechos de madera, de fuste liso, base de piedra y zapatas de moldura mixtilínea, originando un corredor frontal o un amplio soportal abierto. La cubierta es plana, compuesta por vigas de madera, astillado, torta y baldosas. El jardín es aterrazado, con una vía central perpendicular a la puerta trasera de la vivienda y dos laterales que enlazan con la principal. El pavimento de estos caminos es de losa chasnera. Llegados al centro del jardín, una glorieta o cenador con columnas de piedra y travesaños de madera sostiene una enorme buganvilla. La denominación de Sitio Litre le viene dada por deformación del epónimo Little. James y Archibald Little se asociaron con su tío, John Pasley, vínculo del que resultó la Pasley Little & Co. La habilidad en el trato social, la desahogada posición económica, el conocimiento de la colonia inglesa y su natural hospitalidad, procuraron al Sr. Little una privilegiada posición.

Casa Cólogan y Ermita de San Antonio
La Casa Cólogan se localiza en el sector de La Paz, en el centro de una antigua finca de viñedos, emplazada en el borde del acantilado de Martiánez. La belleza de esta hacienda llegó a ser alabada por científicos extranjeros que recalaron en el Puerto. El inmueble presenta planta cuadrada y dos cuerpos, con cerramiento de cubierta plana. La distribución de los vanos es rigurosamente simétrica, con tres huecos por planta y la puerta en posición axial. A ambos lados de la entrada, separados por el paseo que divide los dos parterres, se emplazan sendos módulos independientes. La ermita de San Antonio fue fundada a mediados del XVIII por el alférez Antonio José Borges Temudo y María Perera Guervalán, su esposa. Terminada la construcción de la ermita se hizo la plaza, que posteriormente se incluyó en la casa de los White o Blanco. El inmueble cuenta con una planta en forma de "U", con la ermita adosada a uno de sus brazos (este). Un muro almenado que parte desde la ermita conforma una pequeña plaza.
Otros puntos de interés y servicios
La avenida de Colón concluye en la Plaza de los Reyes Católicos; a pocos metros se alza la Ermita de San Telmo, fundada en 1780 por el gremio de Mareantes. Está dedicada al padre dominico San Pedro González Telmo, patrón de los marineros. La imagen del santo que se conserva actualmente data de finales del siglo XVIII y sale en procesión, junto con la Virgen del Carmen, en las fiestas mayores de la ciudad que se celebran en el mes de julio. Prosiguiendo nuestro paseo, nos encontramos con la Playa de San Telmo, un pequeño embarcadero jalonado de charcos naturales de gran tradición para los portuenses. Al final, el Mirador Punta del Viento, presidido por la obra escultórica Spectator del artista portuense Arnoldo Evora.
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Siguiendo el curso de dicha vía, llegamos al Ayuntamiento, cuya edificación remodelada data de 1973. Al frente encontramos la Plaza de Europa, un auténtico monumento arquitectónico en forma de fortaleza balconada sobre el mar, construida en 1992, donde se alza un busto en homenaje a un prócer de la independencia de la República de Venezuela, Francisco de Miranda, descendiente de un portuense que se vio obligado a emigrar a las Américas en el siglo XVIII. La empalizada que corona el paseo superior está adornada con seis cañones de los siglos XVIII y XIX, cedidos por el Ministerio de Defensa y la Zona Militar de Canarias.
Durante los siglos XVII y XVIII este puerto fue de muchísima importancia para toda la isla: el 80 por ciento de todas las exportaciones del archipiélago pasaban por el entonces Puerto de La Orotava. De ahí el título concedido por el rey Felipe IV en 1648 de "Llave de la Isla".
El Jardín de Aclimatación es un establecimiento de perfumes y oro. Millares, de árboles, plantas y arbustos lo pueblan. Hay en él calles. El cementerio protestante y católico son los dos lugares de recogimiento que acompañan al Castillo de San Felipe. Notable por su antigüedad y arquitectónica construcción, es digno de visitarse. En ella existe un tupido bosque de palmeras, prados y andares preñados de flora indígena. Tuvo este solar ribereño un "apóstol del arbolado, don Domingo Aguilar y Quesada; otro de la enseñanza, el benemérito don Benjamín J. Recuerdos nos ha dejado el monasterio de Santa Catalina, devorado por las llamas en el Carnaval de 1925. Su celda fue convertida en salón de actos por el Ayuntamiento y contenía un hermoso tapiz, representando la fundación del pueblo, obra delicadísima de la pintora genial doña Lía Tavio. Del ex convento franciscano, donde se distinguió Fray Juan de Jesús y el padre Guzmán, sólo nos queda la antigua capilla de San Juan Bautista, (primer templo) y la nave mayor.